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ajimene46 Ana Jiménez

Recopilación de relatos de terror, misterio y suspenso. Acompañe a descubrir la zona muerta que esta alrededor de mi casa, de mis vecinos y la tuya también. Quédate que hoy el viento canta y la sinfonía que esta escondida ha dejado que los oídos mortales logren captar su melodía oscura, por esta noche y quiere contarte un relato sin fin...


Horror Horror gótico Sólo para mayores de 21 (adultos).

#295 #oscuridad #pesadillas #fantasmas #relatos #terror #245
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La silueta carmesí

—Déjate de rodeos. ¿Dónde está Amelia?

—¿Prefieres la versión corta o larga? —Añadió con sarcasmo—. Yo prefiero la versión larga, es más detallada y la corta no te dará una respuesta tan detallada de los hechos.

—Empieza.

—Desde que se dejaron, Amelia solía recurrí a mi casa y lloraba más en mi hombro que en el de sus amigas. No es un misterio para nadie, que ella y yo, éramos más unidos que cualquier otra persona, no es que tuviese mala comunicación con Esteban, pero los mellizos tienen ese vínculo afectivo que es tan misterioso e inexplicable. Digamos que desde de la infancia siempre he percibido lo que ella siente, siempre presentía cuando lloraba, sonreía o cuando tenía cualquier emoción en sobre manera.

—¿Y eso como explica su pierna mutilada?

—Ella tenía bonitas piernas, creí que sería bueno admirarlas por un rato. Verlas detalladamente, ella hizo un gran trabajo con sus piernas, estaban depiladas y ejercitadas.

Esteban casi se lanza contra él, hasta que continuó con su relato. Algo dentro de esas primeras palabras le hizo escucharlo atentamente.

—Ella siempre fue perfecta, una muñeca de porcelana. No había hombre que se le resistiera, ni siquiera yo. Cuando llego a mi habitación hace una semana y me besó, no pude contenerme. Sabía que no teníamos una relación normal entre hermanos, pero que ella me profesara tanta pasión solo hizo las cosas más fáciles. Lo sé, es antinatural, pero yo no estaba muy consciente y ella despertó mis instintos más reprimidos. Lo que ella despertó en mí no fue lujuria o amor, era algo mucho más instintivo. No era su olor, era su determinación, no era su cuerpo era el carácter versátil e inmensurable que la acompañaba en cada día de su vida, era fascinante como ella simplemente vivía. Ella era todo lo que yo nunca fui, y eso era injusto.

»Yo siempre he pensado y analizado en mi interior, lo que soy y lo que seré, en cómo cada paso que doy me llevaba a estar más cerca de la verdad, a ser la máxima expresión de mi potencial. He intentado llegar hasta los confines de mi conciencia, pero aun así nunca lo he logrado. Cuando me miro en el espejo, porque creo que solo a través de ese objeto se pueden revelar los misterios, porque sé que solo por medio de un reflejo puedo saber lo que ansío. Aun así, desde el material transparente apreciaba mi silueta con desconcierto. Esa noche estaba ahí plantado delante del espejo sin reconocerme, sin saber la identidad de Aurelio Sandoval, sin siquiera imaginar un concepto clave para mi desconcierto, eso siempre ha sido un nudo constante de alimañas que socavan a mi ser.

Sin más preguntas que decir o hacer, Oscar le pidió que continuará.

—Esa noche caminé alrededor de mi habitación hasta casi hacer un hueco en la madera, llevaba días con el mismo sueño, era algo constante en mi mente y debía decirle a ella, la incluía a ella en todo. Ella era el misterio mismo, y yo un simple mortal que ansiaba su llegada.

—¿Qué sueño era? —añadieron al unísono Esteban y Oscar.

—Era yo, pero completo, mi identidad totalmente formada y la pieza clave era ella. Siempre había sido ella.

Como si los recuerdos cobrarán vida cada una de las palabras que salía de la boca de Aurelio se sentían escalofriantes y con un sadismo que predominaba ante cualquier otra sensación.

Él empezó a detallar como la noche del martes cinco de junio, su hermana había llegado hasta su apartamento en el edifico Ford y como él, sin más, le propino un martillazo en el cráneo. La sensación de éxtasis lo abrumó de tal manera que al ver extendido el cuerpo en el suelo, desde las entrañas de su interior, algo le reclamo lo que por derecho le pertenecía. Lo que la matriz había creado y debía ser absorbido por él, debía absorber a Amelia.

Su carne le pertenecía, su sangre y huesos. Todo lo que ella representaba, su cuerpo y alma eran suyos, debía tragar y comer la carne hasta que esta fuera consumida por su estómago para que así su cuerpo tomara la forma que había sido fragmentada.

En sus sueños Aurelio había vislumbrado su verdadera forma y no quería seguir encerrado tras una reja en lo profundo de la oscuridad. Él le había dado vida, ella no era más Amelia.

Siempre habían sido uno.

Así que, en esa noche gloriosa y oscura, arranco cada parte de su cuerpo. Hizo de su cuerpo una hermosa masa carmesí, con sus dientes arrancó su piel, parte por parte. Tomó un cuchillo y perforó su garganta, tomo de su sangre, creyendo que con ella podía purificar a su ser.

Llenar sus ansias de carne, no era por el hambre, era por algo más elemental, ni el mismo podía describirlo. Había sido hecho para este momento, era carne de su carne y él nunca había sido más feliz.

Después de comer cada extremidad y llegar hasta su débil corazón, lo sintió. Al colocar el corazón entre sus dientes, con la sangre descendiendo por su garganta, sintió su sabor exquisito, sabía a gloria. Era impresionante la dureza de sus dientes y uñas, aquel cuerpo había sido preparado para este momento, la carne se desprendía con tanta facilidad que casi le gritaba con desesperación que la consumiera.

Y lo hizo, comió cada parte hasta hacerla suya, solo conservo la pierna como un lindo recuerdo. Aurelio pretendía triturar los músculos y huesos pasaran para así pasarlos por su lengua y garganta, hasta hacer de él un sueño hecho realidad.

—Ahora soy todo lo que he ansiado, he absorbido a mi parte exterior, la carne y la sangre de Amelia me han hecho glorioso —esto último lo añadió con tanta determinación y convicción que horrorizó a Esteban.

Oscar debía tomar una decisión inmediata, Esteban estaba furioso y si no lo detenía, arruinaría todo. No había opción, debía ser rápido si pretendía salvar a todos sus seres queridos.

En un rápido movimiento Oscar clavó una varilla de hierro en la pierna izquierdo de Esteban, la cual perforó su hueso. Esteban rápidamente cayó en el suelo soltando gritos de dolor.

—Esteban, hermano mío. Sé que no entiendes el concepto de ser uno mismo, pero aquí estamos, a punto de dejar nuestra mortalidad y trascender al ser humano, seremos magníficos.

Oscar rápidamente liberó a Aurelio de sus esposas, después le dirigió una mirada entre tristeza y melancolía a Esteban, el cual seguía revolviéndose de dolor en el suelo e intentando sin ningún éxito sacar la barrilla de su pierna.

—Aurelio es ahora todo lo que yo amaría, no más inseguridades en él. No más miedos.

—Es hora de vivir los tres en uno, hermano —le dio una última mirada en forma de despedida—. Aurelio, hazlo rápido.

—Solo tomara unos minutos.

Oscar salió hasta la parte alta de la bodega, se plantó en la entrada.

La noche era fría y solitaria, una velada espectral entre grillos y el viento, los cuales se extendían por todo el campo. Oscar lentamente camino más y más, hasta llegar al límite entre la maleza y la pequeña colina. Aspiro el olor, tierra y césped, se quedó parado ahí por más tiempo del que imagino, admirando los olores de la noche y del campo.

De pronto, un olor diferente fue identificado por Oscar, el cual estaba en medio de la colina.

Oscar finalmente abrió los ojos, al darse la vuelva supo de dónde provenía aquel olor a sangre, y pues el portador de aquel olor estaba a unos escasos dos metros. Aquella era una silueta que desde lejos desprendía un color rojizo, una silueta carmesí.

La figura de Aurelio, la cual se alzaba con esplendor en medio de la noche, estaba adornada por una inmensa sonrisa.

Era el turno de Oscar para ser absorbido.

27 de Septiembre de 2019 a las 15:02 5 Reporte Insertar Seguir historia
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Ignacio Medina Ignacio Medina
¡Qué horror! El ser humano desnudado Ana, ¿qué somos sin valores y fronteras sociales?, seres básicos como estos escalofriantes personajes.
March 30, 2020, 23:33

  • Ana Jiménez Ana Jiménez
    Muchas gracias por tu comentario. Ciertamente, sin valores ni principios, ¿que somos más allá de eso? ¿Bestias? ¿Animales? April 04, 2020, 22:16
Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
Oh, mórbido y aterrador! Solo noté algunos errores, nada que una segunda lectura no pueda corregir. Me gustó mucho este relato, esperaré los siguientes!
October 05, 2019, 02:09

  • Ana Jiménez Ana Jiménez
    Oh, gracias por tu comentario. Agradezco mucho la sugerencia, más tarde corregiré eso. Espero puedas seguir con esta historia pronto subiré un nuevo relato. October 21, 2019, 17:11
~

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