El asesino de dioses. Seguir historia

tano-nava1568428618 Tano Nava

Drake W. Requiem fue el último superviviente de un pueblo que fue destruido por los hijos de Scarlet King, pero por una promesa decide no ir por venganza y se une a los guardianes en la casería de monstruos. Un terrible evento lo convierte en un "maldito" y ahora se verá en vuelto en la guerra santa de los 4 credos. Será su decisión si se mantiene neutral o decide acceder al mal menor, siguiendo la cuestionable guía de un misterioso Ángel, en su camino maldito que ha escrito con sangre


Fantasía Épico Sólo para mayores de 18. © Tano
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Somos el poder de lo divino.

Era verano en una pequeña villa que no pasaba por su mejor momento, lo que alguna vez fueron casas de piedra, cemento y tejas de madera, se hallaban en ruinas. Los aldeanos se dirigían hacia la plaza del pueblo. Estaban en filas con sus rostros llenos de lágrimas, llevando libros y esculturas en bolsas y siendo obligados a tirarlos a una especie de hoguera que ardía de manera desenfrenada, devorando esas valiosas posesiones que significaban tanto para los aldeanos.
Los que mantenían la fila, aquellos que tomaron la aldea, eran gente que a ojos de los aldeanos, no eran otra cosa que demonios azules, blindados con armaduras que ningún herrero mortal sería capaz de forjar, o eso creían, porque esas personas eran tan mortales como ellos.

Sus armaduras azules, cubrían todo su cuerpo, un exosqueleto con blindaje que aparentemente no daba espacio para que las armas comunes sean capaces de hacerles daño; poseedores de una resistencia inferior en las articulaciones para mayor movilidad, los cascos que cubrían sus rostros eran redondos con un visor azul que no dejaba ver los ojos; llevaban en las manos rifles de asalto y una pistola en el cinturón de la armadura. Algunas personas se resistían en tirar los objetos a la hoguera, recibiendo como única respuesta el fusilamiento. Los cuerpos eran echados a la hoguera, y la resistencia de los aldeanos se detuvo al instante.

Si los soldados del terrateniente no pudieron contra estos hombres, que no eran ni la cuarta parte de los que invadieron la zona. Esta gente armó un campamento en las afueras de la villa y obligaron a la gente a tirar sus artículos religiosos, pero no exigieron nada más. No eran simples bandidos, ahora ellos eran la autoridad. Ellos eran la justicia al grado de que meterse en problemas era sinónimo de fusilamiento o convirtiendo a los infractores en sacrificios para lo que según el pastor era la última esperanza del pueblo. Pobre, no quedó nada de él, cuándo abrió la puerta, lo que fue la maldición de la gente rápidamente se convirtió en la maldición de todos.

Han pasado días y los aldeanos viven de manera normal, pero con el miedo de faltar a la ley, los demonios azules patrullan las calles. A lo lejos se ve una persona encapuchada con una capa harapienta, caminando sin importarle los guardias que lo miran. Entra a una taberna, llena de muchas razas, mercenarios y forasteros; entre ellos enanos borrachos y animales antropomórficos jugando a las cartas.

Algunos tienen implantes mecánicos sustituyendo brazos, piernas y hasta ojos, el encapuchado va en dirección al tabernero, un hombre de alrededor de treinta años, de cabello blanco, vestido con un delantal de cocinero y un moño rojo, con un rostro sereno y tranquilo. Posa la mirada en el encapuchado que se sienta en la barra.

—¿Qué te doy, hijo? —dijo mientras limpiaba una copa de vidrio—. Tenemos de todo, vinos, elixires, sidra, cerveza, tequila. Todo lo que pudieras desear. Y si quieres una noche inolvidable, está esa dama que está sirviendo aquella mesa. Te costara, claro —agregó esbozando una sonrisa pícara, apuntando a la bailarina.

El encapuchado se limita a mirar, de su mano, un guantelete, tiene un cartel con algo escrito y una imagen. El tabernero, al verla, pierde su sonrisa, arruga la frente y suda, una cara de desagrado.

—Vengo por este trabajo —dijo el encapuchado dice con una voz tenue—. Me han dicho que darán una recompensa de más de quinientos Divits, ya que el ejército no quiere ensuciarse las manos en este tipo de cosas. Siguen con su cacería de mutantes.

—Te das cuenta de que lo quieres hacer es imposible, ¿eh, chico? ¿Cuántos años tienes?

—Los suficientes como para arrancarle la columna vertebral a un hombre bestia con las manos desnudas—. El tabernero suda frio, viéndolo con miedo y desagrado para luego suspirar resignado. Cuando estaba a punto de hablar, tres mal vivientes se acercan a la barra con cara de pocos amigos, el olor que despiden, junto a las pesadas pisadas dan a entender su naturaleza inhumana: Hombres bestias.

—Con que te crees muy rudo, ¿eh? No pude evitar escuchar tu solicitud, me gustaría jugar contigo un poco, muchos aquí somos veteranos de guerra y créeme, ninguno que haya ido a esa mazmorra ha regresado para contarlo —dijo el cerdo con forma humanoide, detrás de él estaba un hombre tigre y un hombre lagarto, los tres tienen hachas y se les nota las cicatrices en sus cuerpos.

El joven de la capucha simplemente se levanta y mira de abajo arriba al cerdo, mide poco más de dos metros y el encapuchado mide un metro ochenta, suelta una risotada irritando a sus agresores, estos sacaron sus hachas y el chico le responde con una voz burlona.

—Tengo días que no he comido nada delicioso y se me antoja un poco de cerdo.

El hombre lagarto ataca al encapuchado, pero sin titubear este solo se mueve al lado contrario, esquivando el ataque; luego sus compañeros se abalanzan sobre el encapuchado. El joven se quita la capa y se las tira encima, a los ojos. Queda con una armadura escamosa de cuerpo completo, de un color rojo como la sangre, de material completamente desconocido, sus ojos destacan, al igual que su armadura, son rojos. El lagarto, que en la confusión de sus compañeros lo trata de atacar, obtiene el mismo resultado, de repente, del guantelete de la armadura salen unas protuberancias que rápidamente empezaron a tomar forma de una espada afilada, y con una precisión que hiela la sangre lo parte a la mitad de un tajo, manchando con la sangre fría del reptil las paredes y el piso. Ha dejado a todos conmocionados.

—¡Marcos! —gritó el hombre tigre, que junto al cerdo atacan nuevamente.

El joven, con una facilidad increíble, una velocidad sobre humana, bloquea y desvía los ataque de ambos con su espada, de repente sucede algo totalmente increíble, de la espalda del joven salen tres patas como de araña con aguijones de la misma contextura que la armadura y se clavan sobre el tigre descuartizándolo, esparciendo sus viseras. Hieren el brazo de cerdo, arrancándole un pedazo del antebrazo.

El hombre bestia retrocede aterrorizado, ve a sus compañeros despedazados y al joven, cuya armadura pareciese estar viva, parte de él, como un simbionte. Temblando con ojos vidriosos suelta un quejido exclamando sus últimas palabras.

—Eres un d-demonio.

Drake suelta una pequeña risa, sintiendo una sínica burla por la comparación que le ha hecho el hombre bestia, no era un demonio, sino algo mucho peor y temido. Se mueve a una velocidad inhumana, y en un segundo aparece detrás del cerdo y antes de que pudiera hacer algo, le corta la cabeza con la espada carmesí. La espada y las patas de araña empezaron a deshacerse, volviendo al interior de la armadura como si nunca hubieran existido. Todo el mundo empezó a gritar y algunos vomitaron, gritando que llamaran a los guardias, todos menos el tabernero que con una mirada aterrada, temblando, casi perdiendo el equilibrio, habla.

—Está bien, el trabajo es tuyo. En las ruinas de las afueras de la ciudad, ahí encontraras... —Se ve interrumpido con la llegada de cinco demonios azules, sus armas de fuego apuntando con un puntero láser a la cabeza del muchacho.

—Danos una razón para no volarte los sesos a aquí mismo —dijo el que parece ser el líder del pelotón, su casco poseía un visor amarillo y las hombreras eran más anchas. Parecía que hablaba con un megáfono.

Drake simplemente se pone de rodillas colocando sus manos de tras de la nunca.
—Quiero el trabajo para matar a la quimera —dijo serio. Los soldados se miran los unos a los otros, aunque sus rostros están cubiertos con los cascos, uno de ellos vio la masacre, para luego mirar a los ojos de joven y da un paso al frente.

—¡Es uno de ellos!, ¡Es uno de esos mutantes! —gritó.

El que parecía ser el líder pone la mano en el hombro del soldado y le dice a su compañero.
—Tranquilícese soldado, lo llevaremos con el comandante Forge, él decidirá qué haremos con este sujeto, además, por mí lo enviaría con ese monstruo para que se maten entre ellos, así estaríamos mejor.

—No estoy pintado, escucho todo lo que dicen ¡Y si! Yo mataré a esa cosa. —Habló intentado tener un aire de superioridad, pero se veía que estaba algo nervioso, porque sabía que estos no eran soldados que se podían tomar a la ligera.

—Silencio escoria, te vienes con nosotros —lo calla uno de los soldados, le hace la señal para levantarse y lo encamina a salir de la taberna.

Drake es un joven de cabello corto, negro oscuro. Sus rasgos lo identifican como un hombre templario, piel bronceada con varias cicatrices en el rostro, una de forma vertical pasando sobre su labio, una que pasa a través de uno de sus ojos, aunque este se mantiene sano; otra en línea recta que pasa sobre su nariz y la ultima en su mejilla. De complexión delgada, posee un cuerpo musculoso. En su armadura, trae un cinturón con bolsas.

Al poco tiempo, los soldados del libre pensamiento escoltan a Drake a las afueras de la villa. Uno de los soldados mantiene el rifle de asalto apuntando a las espaldas del guardián, llegando a irritarle.

—Mama vergas de azul —Drake susurró entre dientes.

En el camino, el guardián se hunde en sus pensamientos. Razona sobre estos denominados demonios azules, recordando algunas de sus experiencias con los credos. Estos credos las clasifican como "traumas que deben suprimirse de su currículum de servicio". Al guardia, las guerra entre credos llega a sacarle de juicio. Por otra parte, Drake solo busca ganarse la vida matando monstruos. Ha sido atacado por extremistas de todos los credos en varias ocasiones. Incluso cuando ellos han sido sus empleadores.

Ha escuchado de sus bocas justificaciones absurdas como: "Insultaste a nuestros Dioses", "¡No quemó al demonio vivo!", "Te has recargado sobre una sagrada escultura", "¡Le has dado la espalda a nuestro Dios!" “Llevas la cabeza de una mantícora en su espalda, es señal de que es adorador del demonio”.

Casi le crucifican, solo porque estuvo teniendo sexo sobre una roca en un prado lejos de las villas, según esa piedra es el símbolo de castidad y era la hija del pastor, quien se supone que hizo una promesa de ser virgen hasta el matrimonio. Ni si quiera era virgen. Y le dejó picazón, pero nada que un buen médico no pueda curar

Drake tiene una relación de amor y odio con el libre pensamiento, así es como se hacen llamar el país de origen de esta armada. Odian todo lo religioso, si ven algo de esa índole no dudaran en destruirlo en la cara de los creyentes, lo pisotearan en el suelo. Lo único que les faltaría, sería enseñarles el dedo de en medio justo en la cara. Sin embargo, no le harán daño a nadie si no trata de impedir que destruyan la religión. Muchos los llaman los verdaderos asesinos de dioses.

Finalmente llegan a un campamento militar no muy lejos del pueblo. Tienen varias tiendas rodeando el lugar, incluso puede ver un tanque y a varios soldados llevando provisiones, no hay tantos como él hubiera esperado, son como dos escuadras las que le llevan a la tienda más grande.

Al entrar hay un escritorio con papeles regados, sentado se encuentra al que parece ser el comandante, tiene una de esas armaduras, pero era de color marrón oscuro, en las hombreras y en el pecho tiene marcas de garras y quemaduras, dando le la idea de que este hombre se pone al frente de sus soldados en las misiones: no tiene el casco puesto. Es un hombre de piel morena con cabello negro muy corto, tiene un rostro con facciones gruesas y una mirada cansada. Cuando se percata de la presencia de Drake, y de los soldados que le rodean.

« Son muchos hombres para capturar a un niño en armadura »

Piensa el comandante, estando intrigado por el suceso, mirando fijamente al preso.

—¿Y este mocoso quién es? ¿Acaso es un fanático religioso que perturba la paz? — expresó con indiferencia, al levantarse de la silla.

—No señor, es solo un alborotador. Mató a tres mercenarios en la taberna de Palistria y dice que fue enviado para ir a la mazmorra.

El comandante Forge posa la mano en su mandíbula con una expresión pensativa, pasaron un par de segundos hasta que vuelve a hablar.

—Saca tu licencia para ver si eres la persona que solicité.

« ¡Al fin! Es hora de callar a estas perras »

Con un mejor ánimo, saca de las bolsas del cinturón, una identificación, entregándose la al comandante, este solo sonríe tras darle la primera mirada.

—Tu nombre es Drake Wolf Réquiem. Tienes... ¿Veinte años?... Eres bastante alto y fornido con cara de mocosa de quince. Da igual, perteneces al gremio de Bastean, "The Night Wolf". ¿Porque pusieron ese nombre?

—Según el general Fred es por el golpe de estado que hicieron en el reino de Trisary, era un bebé en ese momento, así que no tengo idea que paso ahí, solo sé que ocurrieron cosas muy raras.

—Bien. Tu religión está en blanco. ¿Eres ateo?

—Agnóstico, señor. La verdad admiro al libre pensamiento, ustedes hicieron a un lado la religión y han obtenido tecnología que iguala a la magia, pero dejemos ese tema de lado, solo quiero limitarme a hacer mi trabajo.

Forge se ve complacido por esa respuesta. Drake sonríe enorgullecido, esos años en la Balsa donde le enseñaron a hablar con la gente para solicitar contratos están dando sus frutos.

—En cuanto a tu poder, dice que se llama la sangre de los caídos. ¿Cómo funciona? Solo dime algo breve, entiendo que muchos prefieren guardar sus mejores trucos, por ejemplo, tal vez no usemos magia, pero tenemos algunas mañas.

« ¡Por el delicioso coño de Atenea! Me disgusta un poco tener que explicar esas cosas. Pero todo por las putas y la plata »

—Es mi armadura, soy un "portador". La forma en que obtuve mi poder me la reservo, la armadura vive dentro de mí y sale cuando se lo ordeno, funciona a mi imaginación lo que me da la capacidad de crear cuchillos, espadas, hachas, lanzas, aguijones, proyectiles, cadenas, tentáculos, etcétera. Cambiando de tema, quiero hacerle una pregunta sobre la quimera.

—¿Qué quieres saber? —cuestiona poniéndose serio y entrelazando sus manos. Recarga los codos en el escritorio.

—Ustedes tienen todo un arsenal. ¿Por qué no han podido matar a una quimera ustedes mismos?

La verdad Drake ya sabe por qué, no obstante, él quiera que Forge le diga los detalles, ellos están armados hasta los dientes, pero el lugar es territorio del monstruo. Drake vio la mazmorra desde afuera cuando los guardias no miraban, y con solo una leve mirada al interior fue testigo de la inmensa oscuridad, no podían mal gastar soldados en algo así.

—No puedo perder a mis soldados en esto, ese lugar es un laberinto con pasillos trampa, y estamos muy escasos de personal y material, los refuerzos están limitados en los alrededores para asegurar el área de cualquier ataque de emergencia del terrateniente, o algún reino que cree en uno de los otros tres credos. Además, tengo a varios de mis hombres frenando el avance de necrófagos y ghouls en las montañas, esas plagas tienen un alto potencial destructivo y no pienso ignorarlas.

—La quimera se está fornicando a este pueblo como a ustedes —sonríe elocuentemente, no parece molestarse por lo que le ha dicho, hasta puede ver un indicio de una sonrisa en su cara, pero se queda en eso, un indicio.

—¡Ese puto del pastor! Cuando estábamos a punto de acribillarlo, vino corriendo a una especie de entrada a las afueras del pueblo con varios seguidores y rompió el sello que tenía a la quimera, esta salió y mató a todos los presentes, era muy rápida y no contábamos con mucha munición y esta se metió a la mazmorra. Envié algunos a el lugar y jamás volvieron, después en las noches sale para comer. Destroza y mata todo lo que ve indiscriminadamente, y su fuerza y velocidad es imbatible, aun con nuestros tanques no podemos matarla sin que se escape, ninguna de nuestras trampas funciona y no podemos plantar bombas o sellar el lugar, ya que uno de mis hombres por su comunicador me notifico que había oro escondido en el lugar, nuestro material es escaso, así que pedimos la ayuda de tu clan, que nos enviaran a un guardián que se encargue de reventarnos este grano del culo.

—Claro, solo me gustaría que me dieran un par de explosivos y me dijera de un lugar donde pueda comer algo, llevo varias horas de camino sin encontrar ni una muestra de civilización antes de llegar aquí y estuve a punto de comerme a mi caballo.

Forge le entrega los detalles y tras unas horas Drake regresa al pueblo, compra algo de comida caliente en un pequeño local que no se veía tan mal, solo ha comido avena y pan desde que salió de Arthur. Le sirven un pollo y algo de cidral ya que la cerveza le da dolor de cabeza.

Le es un poco triste comer solo. Extraña a Alice y Lance, pero de la primera se anda escondiendo que de seguro va querer le sacar dinero, usando sus encantos dejándole solo con las pelotas hinchadas. Lance, por otra parte, solo espera que no lo hayan encerrado en alguna mazmorra o se haya contagiado con alguna enfermedad venérea o ambos.

Cuando menos se lo espera, se percata de que tiene un un montón de personas atrás de él. Drake simplemente pone una cara de molestia. Siempre le ha puesto nervioso estar en presencia de mucha gente, para él es algo claustrofóbico, le hace sentir bastante incómodo. Un hombre que se veía mayor, tenía su sombrero en sus manos, vestidos con ropas de granjero, estas zonas del reino de Valermont son de los lugares más pobres y poco actualizados tecnológicamente. Apenas en el trayecto, el guardián pudo ver un tractor al momento que llegó.

—¿Es cierto lo que dicen los rumores? ¿Usted es un guardián?

Le mira como un burro capado. Drake no puede evitar sentirse hostigado, trata de mantener la calma tragando saliva, realmente quisiera activar el yelmo de la armadura pero piensa que podría ser algo impactante para estos pueblerinos.

—Podría decirse que sí. Si es por la quimera, enseguida parto, solo quería algo de comer, uno no puede irse a ensuciarse las manos con el estómago vacío.

Drake suelta una sonrisa nerviosa, la verdad nunca ha sabido porque le desagrada estar rodeado de tanta gente, hace un esfuerzo brutal en mantener la compostura,

« Si llego a cagarla y mancho el nombre del clan, Bastean y Sebastián me colgaran de mi prepucio »

Pensó Drake, con los nervios encima.

El anciano se ve aliviado, desprende un brillo esperanzador en sus ojos, una mala señal para el guardián.

—Estamos muy aliviados que un profesional venga a nuestro pueblo a matar al monstruo, a pesar de que te ves tan joven, pero queremos ofrecerte un trabajo aparte. Uno discreto —agregó.

Drake levanta una ceja y frunce el ceño.

« ¿Habrá otro monstruo por aquí? No, los soldados ya me lo hubieran dicho, creo que ya se lo que quieren »

Razonó el guardián con cierta molestia.

—Vera, nosotros... —empezó a decir, pero una mujer mayor se mueve entre la multitud y lo interrumpe.

—¡Por favor, mate al comandante Forcé! ¡Ese hombre es un verdadero monstruo! —gritó.
Todos empiezan a hablar al mismo tiempo.

Drake no puede ni escuchar sus propios pensamientos, hasta que el primer hombre que le habló los calla.

—Todos aquí tenemos problemas, pero no podemos atosigar al joven guardián con toda esa carga, le diré un breve resumen de lo que hace el comandante Forge. Ha subido el tributo que le pagamos de manera desmedida, si no le pagas se llevara todo lo que poses, se ha llevado a varias de nuestras mujeres e hijas, solo para violarlas y los que no han dejado que se las lleven son arrojados con la bestia. »Y ahora cualquier delito es sentenciado a ser devorado por ese monstruo, incluso por tirar basura en la calle, ha amancillado nuestras creencias y nuestro querido pastor que poseía una sabiduría y bondad tan grande, fue arrojado a la morada de ese monstruo. Tal vez él fue quien abrió la puerta, pero no quería que pasara esto, por favor sé que no tenemos mucho, pero le daremos todas las cabezas de ganado que nos quedan, incluso dejaremos que pase una noche con nuestras hijas o hijos como usted lo prefiera. ¡Por favor, ayúdenos!

Lo último lo dice rompiendo a llorar, dejando sorprendido al guardián.

« ¿Tanto odian a ese hombre como para darme todo lo que poseen? »

Al escuchar sobre las cabezas de ganado se despierta algo de tentación. El código al que juró seguir retumba en su cabeza, arrancándole esa ideas. Antes de que pueda hablar, una anciana se le acerca jalando de mi brazo, suplicando.

—Por favor. Vengue a mi nieto.

Drake cambia su rostro de uno de incredulidad y suelta una sonrisa cínica.
—Me están mal interpretando, los guardianes tenemos un código de conducta estricto, y la verdad no soy ningún héroe, soy un cazador de monstruos profesional y no mato a esa clase de monstruos. Además, ustedes saben que el pastor liberó al monstruo y lo siguen poniendo como una blanca palomita, los guardianes no nos metemos en conflictos de los credos, ahora si me disculpan, tengo que trabajar.
Las palabras de Drake son contundentes y sin tacto, lo que enciende la cólera y odio en los aldeanos.

—¡Maldito cerdo¡ ¡Y se hace llamar caballero!
Un gesto frío se dibuja en su cara antes de marcharse a la mazmorra.

—Yo nunca me llame caballero, voy a quitarles de encima lo que su pastor liberó, adiós y que el viajero los bendiga a todos.


14 de Septiembre de 2019 a las 03:03 0 Reporte Insertar 2
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