Crimson Chains Seguir historia

rorscharch_oficial Alexander Rorscharch

En el año 1880, un extraño personaje con el nombre de Dio Brando llega al lugar en donde se halla alojada la familia Joestar, y estos le toman como uno más en su casta. Desafortunadamente Johnny Joestar, el heredero de dicha familia, ha sido uno de los pocos que descubrieron el verdadero plan del dichoso Dio.


Fanfiction Anime/Manga No para niños menores de 13.

#jojo's-bizarre-adventure #Jojo's
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Prólogo.

En el año 1863 ocurrió un catastrófico suceso antes de que la sociedad inglesa se enterase que un respetado investigador presenciara la caída de su carruaje por un risco, matando a su esposa en el proceso, y el haber sido expulsado del mismo posteriormente.

Pero no contaba con que cierto individuo, de ropaje un tanto descuidado, se acercaría hacia él para brindarle vigorosos frotamientos en sus entumecidos miembros. Cualquier otra persona, teniendo en cuenta el temperamento inglés de aquellas épocas, le hubiese desagradado la escena al pensar que aquel personaje era un vagabundo o un ladrón, que se movía presurosamente para robarle sus pocas pertenencias a un pobre anciano cuya humildad y espíritu libre eran bien conocidos por muchas personas de la alta sociedad.

Sin embargo, ningún hurto se efectuó en aquel momento, y luego de que el doctor recuperase la consciencia, dirigió una larga plegaria llena de gracias enviada a aquel extraño que creía caído del cielo. Luego de eso, se presentó como George Joestar¹, y contó que había estado volviendo de uno de sus tantos viajes alrededor del mundo, del cual había traído una misteriosa máscara de piedra. Ni bien acabó su resúmen, se excusó a sí mismo por no haber reconocido a su interlocutor, el cual se llamaba Dario Brando, según palabras del mismo.

Algunos meses después, el señor Joestar había saldado su deuda con aquel hombre sacándole de la cárcel, a la cual había entrado por un simple malentendido. Luego de recompensar la supuesta pérdida del falso testigo de robo, su compañero salía de la cárcel.

Eran tiempos difíciles para aquel hombre, que en el pasado tenía el lujo de considerarse un caballero, pero que actualmente se había arruinado gracias a los malos consejos y la hipocresía de la gente. Vivía con su hijo en lo alto de una colina. Su esposa, María Brando, había fallecido hace poco, y eso le causaba un enorme pesar. Contrajo un leve alcoholismo, el cual le provocaba arranques de cólera en los cuales se maldecía a sí mismo por contraer tales vicios.

Su hijo, por otra parte, se había vuelto un estafador estratégico, logrando obtener sumas considerables al whist con las cuales se mantenía a sí mismo y a su padre, junto con el sueldo decente que le generaba a su padre una miserable posada.

Mientras tanto, en los verdes prados de Liverpool, se encontraba Jonathan Joestar, el futuro heredero de la acaudalada mansión de su familia. Habían pasado casi veinte años desde que sobrevivió al mismo accidente en el cual falleció su madre, en los cuales había llevado una vida feliz. A veces, su padre solía reprenderlo por su carácter poco correcto, pero aún así le manifestaba un cariño algo severo.

Dario Brando se estaba muriendo, o al menos eso intentaba simular. Había utilizado un narcótico en forma de píldora, que suspendía las funciones vitales durante treinta horas consecutivas, suficientes para tomarle las medidas del ataúd y realizar los preparativos del entierro.

Ya enterrado el ataúd vacío, se acercó su hijo a la lápida, a la cual escupió luego de pronunciar estas palabras:

- Fuiste un padre terrible, pero el único que tuve sin duda alguna. Ahora, mientras tú descansas habiendo muerto como alguien pobre y enfermizo, yo me iré lejos, en busca de fortuna, y ni tú ni tu espíritu me detendrán en mi objetivo.

Mientras tanto, el viejo observaba todo con parsimonia, actuando como el espectador de su propia muerte, la cual fingió sin embargo.

Regresando a la destartalada casa de la colina para realizar sus últimos preparativos antes de marcharse, encontró por casualidad un arrugado sobre adentro de uno de los bolsillos del gabán de su padre, con el sello real de la familia Joestar. Por un segundo, en su mirada brilló un matiz de ambición.

- Joestar, ¿eh? -Murmuró- Entonces, iré a hacerles una visita si no te molesta. Y si son gente de buen vivir, entonces me aprovecharé de ellos -declaró, soltando una malévola carcajada mientras tomaba su maletín-

Quizá por simple deducción, o por una predicción directa y detallada, Darío especuló que su hijo encontraría el extraño sobre algún día. Tenía el presentimiento de que su hijo se arruinaría a sí mismo intentando hacerle lo mismo a otros. Tal era su inteligencia de comadreja, que una vez se salvó de ser envenenado por su propio hijo, que le tendía una botella de jarabe. Por ciertas señas, descubría el fraude y lanzaba la botella a la cabeza del bastardo, que hubiese roto de no haberla esquivado este, provocando que se hiciese añicos contra la pared.

Cuando lo tuvo en brazos por primera vez, brevemente sintió una sensación de incomodidad, como si estuviese sosteniendo un demonio y no a un niño, mientras percibía el aura maligna y diabólica que emanaba la presencia del recién nacido. Durante su juventud, más o menos hasta los cumplidos diecisiete de Dio, mostró un carácter bravucón y antipático hacia los demás. Algunos de sus pares ni siquiera osaban acercarse por la rudeza con que este respondía. Su padre había intentado curarle esa actitud a golpes, o con coscorrones como mínimo, que recibía sin quejarse, pero que aumentaban su carácter agrio².

A lo lejos, se veía circular al carro del destino, llevando a la Peste³ entre sus pasajeros, la cual estaba destinada a acabar con decenas de vidas inocentes.

Referencia



13 de Septiembre de 2019 a las 18:44 1 Reporte Insertar 0
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Conoce al autor

Alexander Rorscharch Yamamoto es, en su defecto, aquel tipo de autor que teme dar a conocer su verdadero nombre en este mundo. Aquel tipo de autor que ama entretener a su público sin esperar nada a cambio.

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