Memorias de un hombre enfermo Seguir historia

leonidasguiles Leonidas F. Guilles

Mi invalido tío me ha pedido que buscara en su cabina abandonada los recuerdos de su vida pasada, el acordeón que usaba para tocarle a sus hijos en el porche, un cuadro de su primer perro y una foto de mi difunta tía.


Cuento No para niños menores de 13.

#terror #locura
Cuento corto
1
515 VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

Memorias de un hombre enfermo

Esta llave se siente extraña, rasposa, fría, me la entregó mi tío Jorge, ya él tenía unos 5 años quedándose en mi casa, lo habíamos acogido luego de su complicada operación, era la llave de su cabina a las afueras del pueblo, él sabía que se le haría difícil volver, se le había gangrenado el pie derecho debido a una infección, fue demasiado tarde cuando fue a emergencias, no había más opciones que cortar el pie, para que no tenga que ir a su lejana casa mi padre le había regalado de su ropa y le dio el zapato izquierdo de su mejor par, mi tío lo apreció.


Ahora que el anda en silla de ruedas ir colina arriba a su cabina era una tarea imposible, había vivido 32 años allí y le causaba impotencia y tristeza que solo podía verla en la lejanía, me hubiera gustado poder cargarlo y llevarlo pero él es un señor gordo no podría cargarlo, pensé en llevarlo a caballo pero igualmente, iba a ser difícil montarlo, él prefirió que fuera solo y que buscase unas pocas cosas que echaba de menos; Un cuadro de un perro que tenía colgado en la pared de su habitación, una foto de mi difunta tía y su viejo acordeón, me entregó la llave con la diestra y la siniestra en el corazón, abrió su huesuda y temblorosa mano y dejó caer la llave en mi palma.


Ya con solo ver la cabina desde la lejanía me pongo nostálgico, mis primos jugando al pie de la colina, mi tía llamándolos a comer, puedo escuchar muy de lejos la música que hace el acordeón en mis memorias, el dulce olor a tarta de limón, las risas.


Siento que mientras más camino a la colina más lejos la tengo, este terreno es increíblemente enorme, todo es de mi tío y aún así la pequeña cabina fue lo único que se construyó, es increíble como todo esto cambió hace 5 años con la muerte de mi tía Alejandra, se había enfermado de la mente, perdió todo tacto con la realidad, se volvió una completa psicótica, deliraba todo el tiempo, decía que las ratas le susurraban secretos y acertijos tras las paredes, se despertaba en mitad de la noche gritando nombres al azar con temblores y fiebres increíbles, se le olvidaba el nombre de sus hijos y muchas veces se olvidaba que tenía, su muerte fue completamente aparatosa, fue una tarde de septiembre del 1964, el sol ya se estaba ocultando tras la montaña, un viento violento venía desde ella, su soplido sutil era lo único que se escuchaba, la cabina allá arriba de la colina estaba en paz, esa chimenea de piedra que ahora está apagada tiraba humo gris al cielo, aquel silencio, aquella tranquilidad se marchó para no volver más con una estruendosa bala, la chimenea y las luces se apagaron, Alejandra perdió la vida y la casa también la perdió.


Se disparó en la cabeza con la automática calibre 45. de mi tío, la que había usado en la guerra.


Recuerdo su bello pelo rubio que se tiñó de rojo por su propia sangre, una vida entera, un aparente sinfín de días y noches murieron en una décima de segundo.


Aún la chimenea está apagada, las luces no van a volver a encenderse.


Una nube oscura se acerca, tendré que agilizar el paso ya que algunas gotas frías han caído en mi nuca.


Llego al porche, los tablones de madera crujen, cada paso dado es anunciado, la puerta de madera se ha descolorado, está gris y con telarañas, algunos arañazos sospechosos abajo, parece como si un hurón trataba de agujerearla con sus garras, siento en mi bolsillo la rasposa llave, la coloco en la cerradura, la puerta se abre lentamente crepitando, dejando ver la penosa sala principal, hay algunos muebles que faltan, no veo ni la mesa para el café ni la mecedora de madera, hay cristales en el suelo, han roto la ventana, las fotos familiares han sido puestas boca abajo, los cuadros se los han robado y el tapizado se despelleja, cierro la puerta tras de mi, le pongo seguro con la llave, pero ni siquiera pude sacarla bien cuando escuché un crujido, se ha roto la llave, solo pude sacar la mitad.


La lluvia empieza a caer más fuerte de lo que había pensado, el cielo se ha nublado por completo y me he quedado a oscuras, chorros caen del techo agujereado y el viento entra por la ventana rota, me dirijo a la cocina a buscar una vela y con mi mechero hago la luz, tenue y cálida ilumina la casa, la primera luz encendida en esta casa desde hace 5 años, al menos que yo sepa.


Me he fijado que el tapizado ha sido roído también abajo, lo he alumbrado bien para ver si es de ratas, no puedo parar de pensar en los delirios de mi tía, estoy empezando a dudar de que si lo de las ratas era falso ya que también puedo percibir cierto olor nauseabundo que proviene dentro de las paredes.


Mis pasos crujen y con lentitud voy a la habitación de mi tío, dónde puedo ver que la cama está volteada, la ventana también está rota y las lamparas no están, no sé porqué mi tío esperó tanto para entregarle la llave a uno de nosotros.


El sabueso en el cuadro encima de la cómoda me mira fijamente, me sorprende que aún no se lo han llevado, el único cuadro que ha quedado y es el que me ha pedido, lo descuelgo y lo pongo al lado de la puerta principal.


Pude sentir que algo me pasó por los pies, es una rata que corre hasta la pared, voy tras ella intentando pisarla, no sé por qué, se me escapa burlona y escurridiza.


Se ha vuelto de noche y la lluvia ha parado, el silencio vuelve salvo el sutil viento de las montañas, el acordeón de mi tío si aún no se lo han llevado debe estar en su armario, quisiera apresurarme ya que aquel olor desagradable ya no es casi imperceptible, ahora es lo único que percibo.


El armario estaba cerrado con llave, en parte es conveniente, me asegura que el acordeón sigue dentro de este, pero lo que no sé es dónde se encuentra la llave.


Tengo unos 10 minutos buscando la llave desesperado, no está en las gavetas de la cómoda ni debajo de la alfombra, no la veo arriba de la nevera, ni tampoco entre los libros de historia, pero en un agujero en el suelo vi algo brillar, pero para mi sorpresa no fue ni una llave ni un espejo, es la pistola con la que mi tía se voló los cesos.


Arriba mío escucho una especie de tamboreo y chillidos, acerco mi mano para tomar el arma entrando esta en el agujero, pero unos colmillos afilados muerden mis dedos, la saco rápidamente y veo dos puntos de sangre en mi dedo indice, el dolor se vuelve cada vez más agudo e incomodo, siento algo extraño por todo el brazo derecho, no puedo durar mucho más en esta casa, abriré el armario a patadas y me voy de aquí.

Mientras corría hacia la habitación juré haber escuchado algo extraño.

Me recordé cuando corría con mis primos en el campo, mientras mi tío sentado en su vieja mecedora tocaba amore mio con su acordeón, aquellas tecleadas aveces fallidas y ese viejo instrumento que aveces sonaba cómo si de momentos se ahogara, juré haber escuchado el acordeón ser tocado dentro del armario, pero cuando llegué, la música paró al instante.

Encima del armario habían 3 ratas vigilando a la puerta, como si esperaran mi llegada, las tres saltaron hacia mi así que corrí a la cocina, nunca había visto ese comportamiento en esas alimañas.

Tomé el cuadro e intenté irme por la ventana que estaba rota, pero cuando me acerqué a ella estaba tapada con planchas de madera, la sangre se me heló ya que no había escuchado a nadie martillar.

Volteé rápidamente y aquella sensación de que algo estaba detrás mio desapareció, pensaba que estaba solo con las ratas, pero al parecer hay algo más tras las paredes, ya que la sala, la cocina, el baño y las habitaciones están completamente vacías.


Tenía que tirar la puerta abajo, no había de otra forma, con la ventana de la sala tapada y la otra ventana en la habitación dónde estaban las ratas sospechosas no veo otra salida que no sea haciéndola, me preparé para dar la primera patada, esta hizo temblar toda la casa y a mi pierna, tomé un pequeño descanso para luego dar la segunda patada, hice retumbar la casa nuevamente, escuchaba como las ratas se alborotaban tras las paredes con cada golpe, algunas salían del agujero que escondía el arma, me ponía más nervioso y empecé a golpear con más fuerza.


Ya empezaba a romperse la puerta en la décima patada, antes de dar la undécima patada un grito estalló desde la habitación -¡Cállate!- Me dijo una voz que me costaba reconocer, empecé a temblar y la fiebre vino de sorpresa, con rapidez me dispuse a dar la undécima patada, la que destrozaría la puerta de una vez por todas, podía escuchar como pasos pesados venían por el pasillo, alguien se acercaba a gran velocidad, diciendo groseras y amenazándome con matarme, las ratas se acercaban a mi y se me subían por el pantalón y di mi ultima patada con mi pierna derecha, estaba en muy mala posición, logré tirar la puerta abajo pero al impactar un dolor increíble subió por mi pierna e invadió todo mi cuerpo, caí al suelo y Jorge puso la pistola en mi frente gritando -¡Estoy harto de ti Alejandra! ¡De ti y de tus malditas ratas!- Disparó y mi pelo rubio se volvió rojo, las ratas cubrieron mi cuerpo y las luces se apagaron para nunca más encenderse.

14 de Septiembre de 2019 a las 01:12 3 Reporte Insertar 1
Fin

Conoce al autor

Leonidas F. Guilles Joven aspirante a escritor, nacido en Santo Domingo el 2001, República Dominicana, acaba de salir del bachiller y busca su identidad en la escritura para luego perfeccionarla. Mi cuenta en Ig para mensajes directos y también para mantenerte atento de futuros proyectos de Inkspired y de otro tipo: leonidasf.guilles

Comenta algo

Publica!
Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
Un relato interesante, pero se vuelve algo confuso llegando al final, entendí lo que sucede, pero debí releer la escena; quizás revisando los tiempos verbales y describir lo que sucede con mayor detalle ayude a sea más fácil de asimilar. La idea es muy original, eso sí, saludos.

  • Leonidas F. Guilles Leonidas F. Guilles
    Gracias por tu tiempo Baltazar, esta noche me sentaré a ver que puedo hacer para arreglar eso, tienes razón 4 weeks ago
~