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julieta_oviedo Julieta Oviedo

Narrador protagonista. No veo nada, no sé por qué y eso me asusta pero llega algo que me tranquiliza


Drama No para niños menores de 13.

#ficción #microrrelato #drama
Cuento corto
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Mi tacto

Desperté. No podía ver nada. No recordaba, no oía, no sentía nada dentro de mí. Pero lo más importante era que no veía.

Me asusté. No voy a mentir y decir que lo primero que sentí no fue un terror a lo que llegara a pasar.

Toqué mi cara y en la zona de mis ojos había una bandana. Me tranquilicé un poco, solo un poco. Hasta que sentí una mano humana en mi hombro, ahí me descontrolé. Me moví todo lo que pude ¿por qué no me podía mover? ¿tenía mi cuerpo inmovilizado? ¿pero eso qué importaba? YO NO PODÍA VER.

Pero esa mano...

Esa mano empezó a recorrer todo mi cuerpo y a acariciarme la cara, lenta y dulcemente. Me acariciaba lenta y dulcemente. Esa mano me devolvió el calor que yo creería haber perdido si recordara algo de mi pasado. Pero yo no recordaba nada y esa mano fue como lo primero que me recibió en el mundo y la amé como un hijo ama a su madre.

Ahora recuerdo esa situación y me pregunto el por qué confié en esa mano tan rápidamente. O por qué no me pregunté dónde estaba su otra mano, si eso que me tocaba era un ser humano.

Pasó bastante tiempo. Treinta minutos o doscientos años ¿ a quién le importaba? y esa mano seguía junto a mí, acariciándome. Hasta terminé olvidando mi ceguera por la bandana o ¿alguna vez existió la bandana? era cuestionable porque esa mano se volvió mi mundo, a mí solo me importaban sus caricias.

Había veces que se separaba de mí. Yo lloraba mares y era muy doloroso, dolorosa mi soledad y dolorosas mi lágrimas acumulándose en la bandana. En esos momentos me temía lo peor. Que ya no estuviera más, que su calor desaparecería ¿ qué haría sin sus caricias? Aunque esa separación durara minutos. No sabía lo que eran los minutos.

Luego de mil años o una hora con esa mano pude sentir otra mano, sabía que era una diferente, después de tanto tiempo de ceguera llegue a desarrollar mi tacto como lo más importante.

Me asusté.

¿Otra mano?

NO, no quería otra mano NO QUERÍA.

La nueva mano se iba acercando más y más a mi bandana ¿quería sacármela? NO NO. Yo estaba muy cómoda con mi ceguera, con las caricias.


Al final lo único que logre fue hacerme daño en el cuerpo por querer moverme tanto y no poder por estar imposibilitada a mover ninguna extremidad de mi cuerpo ¿era una soga lo que ataba mi cuerpo todo este tiempo? nunca me di cuenta.

Y lo inevitable pasó

la bandana cayó a mis hombros

No me gustó lo que vi

El dueño de la mano que me acariciaba, que me acariciaba lenta y dulcemente, con su otra mano sostenía una pistola apuntándome.

8 de Septiembre de 2019 a las 22:54 0 Reporte Insertar 0
Fin

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Julieta Oviedo Y...si querés leer, hacelo

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