Cuento corto
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Prototipo

La gente estaba aburrida y totalmente absorbida en luz e instantaneidad. Y Cyberchance vio en esto una oportunidad: reconectar a las personas con sus instintos. La propuesta de Cyberchance se trataba de un reto al que cada persona podía acceder desde sus dominios con solo aceptar en voz alta.

Elliot se sentía intrigado. ¿De qué se trataría? ¿Escalar montañas nevadas como antaño? ¿Andar en auto o en bicicleta que ya no existían? ¿Ver una película? ¿Leer un libro? Las hipótesis que alimentaba en aquel momento le proveyeron el primer estímulo y pagó sin miramientos la monumental cifra de dinero que pedía la corporación. Según su experiencia, si era costoso debía valer la pena.

Llegó su encargo a las pocas horas de haberlo pedido. De todas las cosas que se había imaginado nunca pensó que lo que entraría en sus dominios sería una persona. Una mujer, para ser más claros. Una mujer vestida de negro y armada hasta los dientes.

― Hola, soy Hope― dijo en cuanto reconoció a su usuario que en ese momento se desconectaba del mundo para volver toda su atención a ella. En el saco de microcuero negro que llevaba puesto se podía distinguir el logo de Cyberchance. Sus ojos de cristal iban y venían escaneando al usuario y apreciando los alrededores. Una sonrisa enigmática había curvado sus labios.

― ¿Y cuál es tu mágia, Hope? ― inquirió Elliot levantándose de su robusto sillón. Sintió que su cuerpo tardaba en responder después de haber estado durante tanto tiempo en la misma posición. Se estiró y desperezó mientras esperaba la respuesta de la mujer, pero ella no contestó con palabras sino que extrajo un karambit del cinturón lleno de armas blancas y se acercó lentamente a Elliot sin perder la sonrisa. Elliot se preguntó durante un instante si debía dudar, la situación le resultaba antes que adrenalínica, alarmante. La mujer lanzó con agilidad la primera puñalada y Elliot la esquivó justo a tiempo. Llamó enérgicamente a la I.A que operaba en sus dominios para que controlara la situación y desactivara el producto, pero no obtuvo respuesta. El robot que había comprado estaba bloqueando todo el sistema adrede. Entonces, probó controlarla él mismo con los comandos tradicionales.

― ¡Suspender!― rugió mientras esquivaba otra puñalada. Se alejó corriendo de la mujer que al percibir la distancia de su objetivo optó por cambiar de arma.

― ¡Apagar! ¡Reiniciar! ¡Detener funciones! ¡Inactivar!―. Buscaba desesperado algo con qué defenderse mientras esquivaba sablazos ardientes. Intentó bajar las escaleras corriendo pero cayó de espaldas en el primer descanso cuando la baranda partida al medio por un golpe bien asestado le quitó el soporte. El golpe compacto contra la espalda le cortó la respiración y por un instante su vista se vio nublada. La confusión duró pocos segundos, en cuanto vio a Hope bajar pacientemente escalón por escalón con el sable de hoja al rojo vivo apuntando a él, se las apañó para descender hasta el primer piso en cuclillas. Una mirada rápida al entorno le aportó una esperanza. A pocos pasos se encontraba el cuarto de baño. Entró y bloqueó la puerta. Tomó el duchador con una mano y se escudó con él mientras que con la otra mano luchaba por abrir la llave de paso atascada de tanto tiempo sin uso.

Hope irrumpió en el cuarto de baño de un sablazo que dejó la mitad de la puerta en el piso y la otra mitad colgando de los goznes. Elliot logró abrir la llave de paso y un chorro de agua caliente le dio a Hope de lleno en el rostro. Ella retrocedió en cuanto su capacidad visual se vio interrumpida y Elliot aprovechó el instante para arrebatar el sable de sus fuerte agarre. Hope no alcanzó a desenfundar ninguna otra arma, Elliot le cortó ambos brazos que cayeron con un ruido pesado al piso y a continuación dividió el rostro de la robot de un tajo. La máquina se derrumbó en el suelo entre espasmos eléctricos. La sonrisa metálica era ahora una mueca horrorosa.

Elliot se desplomó junto a los restos del robot para recobrar el aliento. Cuando pudo hablar, llamó a la I.A que respondió instantáneamente sin la interferencia de Hope. Elliot se quedó pensando, allí acostado junto al montón de cables y circuitos que había intentado asesinarlo. ¿Cuántas personas habrían adquirido una Hope y estarían sangrando de una herida de muerte en ese momento en sus dominios? ¿Es que eso podía de verdad ser algo bueno y deseado? ¿Debía denunciar a la corporación? ¿O quizás solo se trataba de que no había leído las instrucciones de uso?

― Llamar a Cyberchance― ordenó a la I.A. El rostro de un hombre joven de tez clara apareció suspendido frente a él. Se fijó en los restos de Hope y en Elliot de hito en hito con los ojos muy brillosos y las mejillas ardientes. Elliot soltó una risita discreta y sin más preámbulos, anunció:

― Me encanta. Envíenme dos más.

9 de Septiembre de 2019 a las 02:05 2 Reporte Insertar 0
Fin

Conoce al autor

Helena Kamenov Disfruto escribir. Ojalá les guste lo que tengo para contar. ¡Bienvenidos!

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Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
Qué macabro! Es este relato puede dar a mucho, las posibilidades son infinitas!!
September 09, 2019, 15:26

  • Helena Kamenov Helena Kamenov
    Me alegra leer esto! Está bueno que cada lector pueda armarse un mundo aparte a partir de lo que lee. Gracias por comentar! September 12, 2019, 13:55
~