Mi miedo Seguir historia

jzafra Jordi Zafra

Alex, un joven estudiante de instituto nos cuenta su difícil salida del armario y su primer amor. Una historia que engancha hasta el final...


LGBT+ Todo público.

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La verdad

Siempre he tenido miedo de decir lo que pienso, por ser juzgado, insultado o pegado por no tener los mismos gustos que los demás. Yo lo tengo claro, soy bisexual, y me alegro.
Siempre lo he escondido, tenía miedo de que mis amigos, mi familia, mis compañeros me dejaran de lado por tener un gusto diferente, no quería aceptar la realidad. Pero un día, todo cambió...

En mi grupo de amigos, todos hablaban de la homosexualidad, bisexualidad, transexualidad... de una manera muy abierta y positiva, así que con ellos me sentía muy cómodo, pero en casa eran unos temas tabú. Nunca se hablaba de ese tema, así que cuando en la televisión salían escenas de sexo entre dos mujeres o dos hombres, me sentía muy incómodo.
Una tarde, quedé con mis amigos, y Evelyn, una amiga, nos tenía que contar algo. Se puso nerviosa y empezó a llorar. Todos nos asustamos, no sabíamos lo que le pasaba. Y de pronto lo soltó. Era homosexual. Le gustaban las mujeres. Todos la abrazamos y le dijimos que no pasaba nada, que eran sus gustos y que fuera feliz, que disfrutara. Ella nos contó que 3 días antes se lo contó a su familia, y que ellos no habían reaccionado igual que nosotros. En ese momento me dio mucha pena, pero me recordó a mi situación. No sabía como reaccionaría mi familia, pero sabía que en algún momento tenía que contárselo.


Por allá las 8 de la tarde me fui para casa acompañado de un amigo mío que vivía cerca, Mario. Él sacó el tema de Evelyn y dijo que le gustaba que ella se hubiera abierto a ellos. En ese momento decidí saltar y se lo dije. Le dije que era bisexual. Se quedó quieto, congelado. No sabía que decir. Me abrazó. Me dijo que no pasaba nada, que ya había visto como habían reaccionado los demás con Evelyn. Tras decírselo, empezamos a hablar. Él me ayudaba, me daba consejos, pero como no era ni bisexual ni homosexual, no daba buenos consejos, así que decidí hablar con Evelyn.
Quedé a solas con ella y se lo dije. Evelyn reaccionó igual que Mario, con una abrazó. Más tarde me dijo que ya lo había solucionado con su familia, que tuvo una conversación con ellos y que finalmente lo solucionaron. Le pedí consejos para "salir del armario" y me dijo:
-Sólo hazlo cuando tú creas que es buen momento, y no te arrepientas de ser lo que eres, porque tus gustos no cambiaran el enorme corazón que tienes.-
Tras esa frase decidí que ya era el momento, era el momento de decírmelo a mí familia, era el momento de empezar mi nueva vida.

Llegé a casa y la cena ya estaba preparada, mis padres me estaban esperando:
-Hola Alex, te estábamos esperando para cenar.- dijo mi madre.
-¿María no cena en casa?.- pregunté.
-No, duerme en casa de una amiga. Por la mañana vendrá.-
-Ah, okey-.
En ese momento pensé en decírselo, pero no pude. Me entró el miedo. Y entonces, mi padre me dijo:
-Esta tarde hemos ido a casa de tu tía, y hemos visto a tu prima, bueno, prima ya no...-.
-¿Cómo?No lo entiendo.-dije.
-¡Pues que tu prima, es un hombre!.-.
En ese momento aprovechépara ver que pensaban mis padres.
-Ah, pues muy bien ¿no?.-.
-Sí, yo creo que si ella se siente así, que sea así. Mientras sea feliz...-dijo mi madre.
En ese momento me entraron ganas de abrazar a mi madre, hasta que mi padre habló:
-Pues yo no pienso lo mismo, a mí me enseñaron que una mujer, es una mujer, que un hombre, es un hombre, que un hombre no puede estar con otro hombre y que una mujer no puede estar con otra mujer.-
En ese momento quería morirme, mi felicidad se esfumó en cero coma, pero decidí saltar, no podía dejar que mi padre pensará eso, decidí soltarlo, sin más.
-¿Y porqué te lo enseñaron tiene que ser así?¿Un hombre no puede estar con otro hombre? ¿Porqué?.-
-Pues porque es antinatural.-contestó mi padre.
-Ah, ¿entonces yo soy antinatural no?.-
-¿Cómo?.-preguntó mi padre.
-Sí papá, como lo has oído, me gustan los hombres, y también las mujeres. Si no puedes aceptar a tu hijo por los gustos que tenga, pues mejor me voy de casa.-dije cabreado. Entonces me fui de la cocina y me encerré en la habitación.
Más tarde, vino mi madre, y me dijo:
-Ve con tu padre, habla con él, solucionarlo entre los dos, no te apartes del problema, intenta solucionarlo. Tu eres mi hijo, te quiero mucho, a mi no me importa si vas con mujeres o con hombres, mientras seas feliz...solo te pido que hables con tu padre por favor...- y me dio un beso en la frente.
Decidí ir a hablar con él, pensando que acabaría en una gran pelea, pero no fue así...

Entré en el salón, y vi su cara blanca, como si estuviera muerto. Y decidí hablar yo primero:
-Oye papá...- dije. Pero mi padre me interrumpió:
-No hijo, no digas nada, dejame hablar.-
Me sorprendió esa reacción, pero al mismo tiempo me intrigaba. Mi cuerpo estaba temblando, no sabía lo que mi padre iba a decir.
-Sé que con el comentario de antes de tu prima, primo, perdón, me he pasado. Yo siempre he pensado así, de una forma no muy positiva, pero sé que es momento de cambiar de pensamiento. Me costará pensar que te gustan tanto las mujeres como los hombres, pero si eso te hace feliz, adelante, eres mi hijo, guste lo que te querré igual.-
Lloré. Lloré de alegría. Abracé a mi padre muy fuerte. Eso era lo que quería oír. En ese momento me sentí súper aliviado. Sabía que mi nueva etapa de vida había comenzado, ahora solo quedaba disfrutarla.
Con el tiempo acabé contándoselo a mi hermana, a mis amigos y a mis compañeros de clase, todos reaccionaron muy positivamente. Cada día que pasaba era más feliz. Mi relación con mi padre iba a mejor, ya no estaba tan tenso como de costumbre. Todo me iba bien, hasta que un día, pasó algo que me estancó durante bastante tiempo. Nunca había pensado que eso pudiera pasar, pero pasó. Me enamoré, y todo empezó de una manera muy extraña...


Una tarde cualquiera, quedé con mis amigos, con Evelyn, con Mario... y Guillermo, otro amigo mío, trajo a su primo Eric, que se quedaba unos días en su casa. Era un chico alto, guapo, de unos 16 o 17 años. Era muy atrevido y divertido, y también gay. Cuando nos íbamos para casa, Evelyn, Guillermo, su primo y yo fuimos juntos. Yo ya notaba cierta tensión entre Eric y yo, pero no decía nada, solo lo miraba, y él también me miraba. Evelyn se fue por otro camino, y al irse, Guillermo me invito a cenar a su casa. Yo llamé a mi madre rápidamente y me dijo que sí.
Al llegar a su casa, Guillermo nos dijo si queríamos que Mario también viniera, Eric y yo dijimos que sí. Los padres de Guille estaban en una boda, así que cenamos los 4 solos. Cada vez le tenía más ganas a Eric, cada la vez que lo miraba, lo encontraba más guapo, era perfecto.
Durante la noche, Guille y Eric tuvieron que ir un momento al bar de delante de casa que llevaban sus abuelos, así que Mario y yo nos quedamos solos en su casa. Nos echamos unas buenas risas mientras los esperábamos. Cuando llegaron, Guillermo fue a jugar a la play y Mario fue con él, como ni a Eric ni a mí no nos gustaban los videojuegos, fuimos al salón. Al principio estábamos muy tensos, pero después nos relajamos y hablamos. Todo fluía con normalidad, hasta que Eric se lanzó y me dio un beso. No lo negaré, besaba muy bien, pero al besarme me di cuenta de algo, entre Eric y yo solo había cierta tensión sexual no resuelta. Yo no estaba enamorado de Eric, sino de Mario. Él me entendía, a él le podía contar todo, con él siempre estaba cómodo, él era mi chico perfecto.

La noche acabó con yo sin hablarle a Eric y mirar todo el rato a Mario. Por allá las 12 mis padres me vinieron a buscar y llevamos Mario a casa. En el coche no paré de mirarlo, y pensar si él sentía lo mismo que yo por él, solo había una forma de averiguarlo.
Tras dejar a Mario en casa, llegamos a la nuestra y me encerré en la habitación. Le envié un mensaje a Mario para quedar solos mañana, y él aceptó. Ya solo quedaba averiguar si él sentía algo por mí.
Quedamos a las 5 en mi casa. Mis padres trabajaban, así que estaríamos solos. Cuando llegó nos pasamos gran parte de la tarde jugando a juegos de mesa o hablando. Yo aún no tenía el valor suficiente para sacarle el tema. Mario puso música y empezamos a bailar. Cada vez me acercaba más a él, hasta llegar al punto de rozarnos. Me sentía súper cómodo, así que me lancé y le besé. Primero, se quedó en shock y después se fue sin decir nada. Corriendo.
Al día siguiente en el instituto me evitó, y así durante un mes entero. Yo no podía parar de pensar en él. Cada vez mis notas iban a peor. Mis padres me regañaban, y yo solo pensaba en Mario, así que decidí hablar con él.
Un día en el instituto cuando lo vi en el pasillo me lancé:
-¿Vas a pasar de mí toda la vida?.-
-Pues sí, porque me molestó lo que me hiciste.-contestó.
-Ah, claro, ahora lo entiendo todo mucho mejor. Tú lo que no quieres es que te digan gay.-
-!Pues tienes razón, no quiero que me llamen gay, porque no lo soy!.-gritó.
Todo el mundo se giró y se nos quedaron mirando. Mario se fue cabreado. Salió del grupo de amigos y encontró otro. Nunca más volvimos a hablar.
Poco a poco fui olvidándome de Mario y volví a sacar buenas notas. Con mis amigos, familia y compañeros volví a ser feliz, a disfrutar la vida. Cada día, cada mes, cada año que pasaba iba a mejor.
Acabé el instituto y fui a la universidad a estudiar derecho y conocí a una chica preciosa. Nos enamoramos y hoy en día seguimos juntos. Ahora mismo estoy en el último curso de derecho en la universidad, y estoy contento. De Mario, no sé nada desde que acabamos el instituto, pero vaya, que tampoco me interesa saber algo de él. Yo solo quiero ser libre y feliz.


9 de Septiembre de 2019 a las 00:00 0 Reporte Insertar 2
Fin

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