Patricio y Patricia: Después de la Tormenta Seguir historia

mauromartinprimero1 Mauro Martin

Tras su ruptura con Sergio Baltazar, la vida de la joven Patricia Solís jamás volvería a ser la misma. O al menos, es lo que parecía ser, pues a las pocas horas después de haber terminado con su novio, tan sólo a vísperas de su boda, un chico misterioso aparece en la vida de la joven, con una sola misión: Mostrarle a la propia chica una verdad imperceptible para ella hasta entonces. ¿Cuál sería esa verdad y cómo podría afectarle a la propia Patricia? ¿Su tormento acabará o seguirá cuan diluvio en los tiempos bíblicos? Lo invito a leer esta interesante historia, parte de la serie Patricio y Patricia, del cual estoy seguro que lo sorprenderá, o por lo menos, lo dejará con esa impresión de que, a veces hay que pensar dos veces antes de tomar una decisión importante en nuestras vidas. Historia corta con capítulos por entregas. No te pierdas los capítulos que se publicarán de manera constante en Inkspired. Conoce más de mi repertorio de novelas e historias publicadas en www.harmonycreativa.tk


Drama Sólo para mayores de 18. © 2019 Mauro Martín Chicmul Chan. Derechos Reservados.

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Capítulo 1 / Encuentro con un desconocido de tercer tipo

Esta es la historia de Patricio y Patricia, una pareja de jóvenes que se habían conocido, se habían hecho grandes amigos, habían cultivados juntos una larga amistad y luego tuvieron que separarse debido a las circunstancias de la vida. Situaciones que habían provocado que, conforme iba pasando el tiempo, cada quien tuviera que tomar un camino diferente y nunca jamás volver a verse.


En esta ocasión, hablaremos de Patricia Solís, una chica como cualquier otra, con una vida cada vez más cimentada, comprometida con un chico que la quiere muchísimo, y con una oportunidad de oro para ser inmensamente feliz a su lado.

Dicho esto a modo de ironía, porque resulta que, una mañana, la chica amaneció junto a los brazos de su novio. Había dormido desnuda, igual que él. Sin embargo, ella tardó un poco más en despertar que él, momento en el cual, Sergio se había levantado de la cama para asearse y vestirse, preparar algo de desayunar y sorprender a su chica con una comida que sólo a ella le gustaba que él le hiciera.


Hasta aquí, todo iba miel sobre hojuelas.


No obstante, en el momento en que Sergio estaba terminando de cepillarse los dientes, alguien toca la puerta. Algo raro, pues ninguno de ellos esperaba a nadie y menos a tan tempranas horas de la mañana. Pero para matar su curiosidad, Sergio fue a ver quién era, y con tremenda sorpresa, resulta que la chica era nada menos que Evelyn, su amante.

Los dos comenzaron a discutir al poco rato después. Por un lado, Sergio intentó hacerle saber a la joven Evelyn que su relación con él no podía ser, puesto que Sergio amaba por encima de todo a su novia y se había sentido muy mal por haberla engañado de esa manera, con otra mujer. Mientras que, por otra parte, Evelyn trató de convencer a Sergio que ella era mejor opción que Patricia. No obstante, era de saberse que Evelyn era quizás demasiado joven para Sergio, otra razón por la cual él se lamentaba el haberse metido a la cama con ella un par de veces.

Y después de aquella acalorada discusión, al parecer la chica había aceptado su derrota.

Por otra parte, momentos antes de la discusión, Patricia seguía durmiendo. Estaba tan plenamente dormida, tan relajada, que lo único que la terminó despertando de su largo descanso era los ruidos que se estaban produciendo desde el otro lado del cuarto. La voz de su amado se hacía presente, y de paso la voz de una mujer, que no era ella. “¿Con quién estaría discutiendo Sergio? ¿Acaso es con una chica? ¿De qué estarían hablando que hasta tienen que alzar la voz y no dejan descansar a gusto?”, se dijo a sí misma. Y de inmediato se levantó de la cama.

Se puso algo de ropa y rápidamente quiso salir de la recámara. Abrió la puerta y para su sorpresa, vio a Sergio discutir con otra mujer. “¿Evelyn? ¿Qué hace con…? Se dijo a sí misma. Se preguntaba qué estaba pasando, por qué estaban los dos primos discutiendo tan acaloradamente a plenas horas de la mañana. Lo peor estaba por empezar todavía.

Resultaba que el momento de la verdad se estaba haciendo más que evidente justo en ese momento: Sergio se estaba besando con Evelyn, su prima. O al menos con quien Patricia había creído era su prima. Y no sólo eso, sino que había visto algo que no podía entender a la primera porque estaba tan encabronada por lo que acababa de ver, que lo único que quería era irse de aquel lugar y no volver a ver a Sergio nunca jamás.

Sabía que, en algún momento, todo esto pasaría. No sería la primera vez que se vería engañada por un hombre. Y, de cierta forma, ya sabía lo que tenía que hacer.

— ¿Qué está pasando aquí? —preguntó ella, sintiendo indignación y enojo por lo que acababa de ver—. ¿Sergio? ¡No!...

— Puedo explicarlo, Patricia—replicó Sergio, intentando justificar lo que estaba pasando—, por favor, no es lo que parece.


Minutos después…

— ¿Ya terminaste de darle cariños a esa otra mujer? —dijo ella, estando ya a unos pasos lejos de la casa de Sergio.

— Patricia, déjame explicarte lo que sucedió—decía Sergio, tratando de justificar lo que había pasado.

— ¿Qué vas a explicar, Sergio? ¿Qué mentira me vas a decir ahora? —. Estaba que se la llevaba el demonio. Y no era para menos. Había visto a su novio besándose con otra y eso era algo que no perdonaría en él, quizás nunca jamás—. ¿Vas a decirme que esto no fue real? ¿Vas a decirme que lo que vi no fue más que una actuación de telenovela barata o algo así por el estilo? ¡Lo que acabas de hacerme no tiene nombre, Sergio! Ay Dios, ¿por qué carajos me tenía que pasar esto a mí? ¡A mí, con un cuerno! ¿Qué chingados hice yo para merecerme esto, maldita sea? En serio Sergio, ¿qué coños te hice yo como para que me hagas una pendejada como esa? ¡¿Y ahora cómo te justificas ahora, eh?! ¿Quién coños es esa puta mujer con la que te andabas besando, además de ser tu dizque prima?

— Escúchame, Patricia, ¿quieres calmarte? Estás llamando la atención—. Al ver que Patricia se disponía a proseguir su camino, la sujetó del brazo, tratando de detenerla y explicarle lo que hubiera que explicar—. Escúchame por un momento. Debí habértelo dicho antes. Jamás debió haber pasado, jamás debí permitir que todo esto sucediera. Evelyn en realidad no es mi prima... Es mi amante.

— Ya lo suponía. Esa prima sólo traía lo de “prima” de etiqueta. Menos mal que no fue la tía ni la madre, porque iba a estar peor—. Seguía Patricia caminando, y Sergio la siguió.

— Ella es la que no quiere dejarme en paz, Patricia. Dice estar enamorada de mí, pero le he dicho varias veces que tengo novia y me voy a casar, pero ella...

— Sí, ya veo. Seguramente trataste de “correrla” de tu casa sin que yo me diera cuenta de ello, ¿no? Debí haber pensado que eras igual que todos. Pero no te preocupes, Sergio. No tienes que darme explicaciones. Debí haber imaginado que no te sentías satisfecho conmigo, y en lo que llegaba aquí, aquí en esta bendita ciudad, resulta que, en todo este tiempo has estado consolándote con otra. De acuerdo, ahora anda, ve tras ella, ve a terminar lo que estabas haciendo con ella—. Patricia siguió caminando hasta cruzar por una calle que tenía enfrente, sin siquiera saber hacia dónde estaba yéndose exactamente. Lo único que deseaba en ese momento era escapar de su prometido, de las circunstancias, de su realidad, de todo.

— Estás siendo irracional conmigo, Patricia.

— ¿Y acaso tú no lo has sido conmigo? ¿Quieres que te recuerde que me acabas de engañar con otra mujer?

— ¿Quieres dejar de correr al menos por un minuto? —. Patricia se detiene nuevamente, no quedándole de otra que enfrentar la situación y detenerse a escuchar a su prometido.

— Escucha. Lo que viste hace un momento es cierto, ¿para qué te lo niego? Tus ojos no te engañan, yo andaba con Evelyn mientras tú no estabas en la ciudad; y en vísperas de nuestro matrimonio, ya pensaba en terminar con ella, aunque había decidido terminar con ella de todos modos. Es mi culpa por haber cedido a esa pasión prohibida. Sinceramente espero puedas perdonarme, porque yo te amo, Patricia. Es a ti a quien amo de verdad. Te lo juro. Más que darte lo que tengo, eres tú las que me has dado mucho, mucho más de lo que te imaginas. No espero que me perdones enseguida, pero piénsalo, ¿sí?

— ¿Ya terminaste? Porque no quiero que te molestes en seguir dándome más explicaciones. Además, ya no tiene caso. Acabo de tomar una decisión y hasta aquí llegué contigo, Sergio. En tanto que no tengas una situación muy clara sobre tus sentimientos con respecto a tu dizque “prima”, o quien sea que sea esa tal Evelyn y conmigo, ¡hasta aquí tú y yo terminamos! ¡La boda se cancela, ¿me oíste?! ¡Se cancela!

Habiendo escuchado esas últimas palabras, Sergio tomó el brazo de Patricia antes de que ella empezara a echar su andar.

— ¡No Patricia! No quieres acabar con todo esto, tú no quieres terminar conmigo. ¡Dime que no quieres!

—Claro que quiero terminar con todo esto, Sergio. ¿Es que no lo entiendes? Se trata de mis sentimientos, del simple hecho de que tú cometiste una grave falta, y ahora lo estás queriendo lamentar. Que curioso que no lo hayas hecho antes y hayas sacado a esa maldita vieja de tu casa. ¡Adiós y olvídame para siempre! ¡Ahora, suéltame!

— ¡No te voy a soltar! Te voy a decir una y otra vez y hasta el cansancio que a quien amo es a ti y no voy a descansar hasta recuperar tu amor. No me hagas esto, Patricia, por favor.

— ¡Quieres hacerme el favor de soltarme ya!

— No lo haré.

— ¡Suéltame!

Y de una forma casi efusiva, Sergio la agarró y la besó. La chica se fue resistiendo, a tal punto en que ella le tuvo que dar tremenda bofetada, consiguiendo así soltarse. Sergio, por su parte, le lanzaba una advertencia.

— Bien, está bien, Patricia—decía Sergio mientras se sobaba la mejilla, que había quedado roja por lo fuerte del bofetón—. ¿Quieres terminar conmigo? ¡Adelante! Pero de una vez te digo, que llegará el día en que volverás a mi lado, me llorarás, me suplicarás y terminarás estando conmigo, ¿lo oíste? ¡Algún día volverás conmigo, Patricia! ¡Volverás! Si… Algún día… ¡Maldita sea!

Sergio se quedó viendo a Patricia alejarse hasta perderse por el horizonte. Se sentía impotente ante el hecho de no haber podido impedir algo que pudo haber evitado desde hace mucho tiempo. ¿Por qué permitió que su amante la besara antes de que ésta se vaya de su casa? Si este hecho no hubiera pasado, su engaño no se hubiera descubierto tan pronto, y habría tenido tiempo suficiente para terminar con la otra. Todo sin que Patricia siquiera se enterase y quede como una relación pasajera típica de hombre soltero a punto de casarse.

Ahora tenía que tragarse su coraje o buscar a Patricia para… ¿Para qué? Como ella misma lo dijera hace un momento, ya no tenía caso. No tenía demasiado caso continuar con aquella relación y menos caso tenía seguirla, al menos por ahora.

No viendo otra cosa que hacer en la calle, el tipo regresó a su casa.

Por otra parte, Patricia jamás había sospechado que su novio le haya estado poniéndole el cuerno con alguien más en todo este lapso de tiempo en que ella no había estado con él. Y peor aún, con alguien mucho más joven que ella.

Una vez más terminó por volverse testigo de aquella escena tan pasional, tan única y llena de un aparente amor, en la que ni siquiera ella había sido partícipe.


Patricia caminaba por aquellas calles de la ciudad sin darse cuenta hasta dónde estaba hasta ahora. La calle que estaba recorriendo no la conocía, y de repente se empezó a escuchar una música estridentemente horrenda. Música de banda para ser exacto, de esas melancólicas que hablaban de relaciones que acababan muy mal y engaños por todas partes. Y esa música provenía de un bar que se hallaba cerca de donde estaba ella. Que coincidencia.

Menuda ocurrencia tuvo que la de meterse en ese bar a desahogar las penas, y además sola, con lo poco de equipaje que había traído.

Al entrar a aquel lugar, aquella canción de banda que se reproducía se había hecho más ruidosa. No había mucha gente, sólo unos cuantos tomándose por lo menos una cerveza. Algunas personas, sobretodo hombres, veían a la chica pasar con cierta curiosidad, algunos hasta con cierto morbo. Pero a ella no le importaba.

Al llegar a la barra, la chica pidió una bebida fuerte, aunque no especificó cuál. Y el cantinero le sirvió una en una copa pequeña, famosa por ser la más fuerte y quizás la que mejor aliviaba las penas, aunque no era usual pedirla a tan tempranas horas de la mañana. La chica se lo tomó de un solo trago y nuevamente le pidió otro al cantinero. Y en lo que se lo servían, un chico se le acercó a ella e inició la conversación, empezando por pedir una cerveza.

— Un mal día, ¿no? —dijo aquel chico.

— ¿Qué? —dijo ella.

— La expresión en su rostro—dijo aquel muchacho—. He visto esa mirada, cientos de veces. Y sí, es claro que usted no pasó muy bien la noche.

— En realidad, yo creo que es otra cosa. Así que se ha equivocado—dijo ella.

— Sí, supongo—dijo él, sin más—. ¿Le gusta esa música?

— ¿Esa aberración de música que reproducen aquí? Claro que no. supongo que a usted sí, ¿verdad?

— Tampoco, pero no pude evitar venir hasta aquí por una chela. ¿Usted es Patricia Solís?

La chica se quedó desconcertada ante aquella pregunta. ¿Cómo sabía aquel chico su nombre? De entrada, jamás lo había visto, nunca en su vida. Pero tampoco dijo nada, así que sólo se limitó a responder.

— Eso depende de quien la busca.

— Ah, claro, claro, esos modales míos—respondió el individuo sin siquiera inmutarse—. Me llamo Bernardo Flores, y no me lo va a creer, pero precisamente me mandaron por usted para un asunto de extrema importancia.

— ¿Un asunto de extrema importancia? —responde ella, quedando todavía más desconcertada que hace un rato—. ¿Ya se le subió tan pronto, ilustre caballero andante?

— ¿Disculpe? —dijo el muchacho, tras haber tomado un trago de aquella cerveza que el cantinero le había dado.

— Me refiero a que no lleva ni una y ya anda pedo. ¿Cómo sabe mi nombre?

— Es una larga historia. Si se la cuento ahora, seguro no me va a creer y posiblemente no lo entendería—decía Bernardo, para luego tomarse otro trago de aquella cerveza negra, que para él era como un manjar hecho líquido.

— Ya caigo, ¿y puedo saber cuál ese “asunto de extrema importancia” de la que me está hablando? —replicó ella, no creyendo muy en el fondo lo que aquel muchacho le había dicho—. ¿Quién es usted y quién lo mandó a buscarme? Porque si usted vino de parte de Sergio o de alguien cercano a él, dígale a ese maldito idiota que ya no quiero nada con él.

— Creo que es a usted a quien ya se le subió muy pronto, señorita. Lo que diría que es normal y más con ese coctel que se acaba de tomar—dijo Bernardo—. En fin, sólo vine aquí para decirle algo que puede interesarle. Es sumamente importante.

—Ya caigo—dijo ella, mostrándose aun incrédula ante la situación—. Ahora resulta que un desconocido viene hasta acá a buscarme para un “asunto de suma importancia”, en vez de querer conocer a una mujer sólo para pasar el rato y ya. ¿No será que usted viene precisamente a eso, a querer cogerme, como todos los de su tipo?

— No, en realidad usted no me atrae en absoluto— contestó el chico rotundamente—. Sólo le pido me acompañe, y si lo desea podemos ir a un lugar donde haya más personas y mejor ambiente.

— Suena interesante, pero aún no me ha dicho quién es usted. Sólo sé que se llama… que se llama… ¿cómo se llama? —decía ella a la vez que se volvía a beber de un solo trago la segunda copita de ese coctel quitapenas.

— Bernardo Flores, señorita—respondió el chico—. Y no me lo creerá, pero vengo de muy lejos precisamente para verla a usted. Necesito decirle algo importante.

— Entiendo—dijo Patricia, sintiendo un poco el efecto de aquellas copas que se acababa de tomar—. En fin, no importa, ya no estoy comprometida, le acabo de romper la madre a mi relación con mi último galán, porque me salió bien fallado. En fin, qué más da, un rato de diversión con alguien más podría ayudar. En fin, chico viajero, vámonos pues, aunque todavía sigo sin saber de dónde me conoce, porque a usted no lo había visto para nada. Pero, así de plano, para nada.

— ¿Qué le parecería si le dijera que vengo del futuro? —dijo Bernardo luego de haberse tomado otro trago de cerveza, como reuniendo valor en aquella bebida para responder a lo que la chica quería saber.

— ¿Qué cosa? —decía ella, como queriendo reconfirmar lo que acababa de oír—. ¿Que usted viene de dónde?

— Del futuro—confirmó nuevamente Bernardo, al momento de sacar de su cartera una licencia de conducir—-. Sólo mire mi licencia. Pertenece a un año futuro. Si se da cuenta, aún no he nacido.

La chica lo miró un tanto estupefacta. Todavía seguía sin creerse que aquel chico provenía de un lugar tan distante como lo era el mismo tiempo futuro.

— Válgame. Que chida licencia. No sabía que ya habían cambiado la licencia. Aunque esta es rara. Yo recientemente renové la mía y no luce así de colorida.

— Es una licencia con chip. Con esto, tanto tránsito como la policía me pueden rastrear a donde sea que vaya. Pero por supuesto, este tipo de licencias con chip integrado todavía no existen aquí. De seguro aquí siguen siendo puro plástico.

— De hecho, sí. Pero mejor dígame exactamente de dónde viene, de qué año viene o lo que sea. Dígame algo que me pueda sorprender hasta creerle.

— Es por eso que le había dicho que, si le contara todo esto, no me lo iba a creer. Y es obvio que usted no me cree ni tampoco lo entiende.

— Sabe creo que ya se le subió lo pedo. Fue un placer conocerlo. Ah y dígale a quien lo haya mandado a por mí que no se preocupe tanto, que estoy bien y que me recuperaré muy pronto de todo este relajo.

— Está bien. Le diré. Vengo 25 años delante de este tiempo, soy Bernardo Flores y una persona conocida suya me mandó por usted, pero esta persona es del futuro también. Usted aun no la conoce.

— ¿Y esperas que me crea esa tontería, niño? Sabes, creo que mejor me iré sola.

— ¿Y si le dijera que la razón por la cual estoy aquí es porque usted necesita saber algo que está precisamente relacionado con su relación con Sergio?

— Entonces usted sí que viene de parte de Sergio. Mire usted…

— Sólo le estoy pidiendo que venga conmigo, por favor. —comenzó a suplicarle—. Le prometo que no tomará mucho tiempo en que usted sepa de algo muy importante que tengo que decirle. Y si lo desea, podríamos ir a un lugar más concurrido y menos deprimente que este lugar. O dígame, ¿tiene algo mejor que hacer, además de pretender irse de viaje a algún lado con esa minurcia de equipaje?

Patricia no sabía si corresponder o no a la proposición de aquel chico desconocido. Por un lado, pensaba que podría ser alguien con intenciones de engañarla para luego secuestrarla. Pero por el otro, consideraba que no cualquier tipejo llegaría hasta ella, tan sólo para decirle semejante sarta de disparates. Y notó que aquel chico no parecía ser nada peligroso. Además, ella fue la que había salido de la casa de Sergio con equipaje en mano, con la intención de volver a la Ciudad de México con su familia y contar toda aquella tragedia que había vivido con Sergio. A pesar de ese deseo de querer regresar con los suyos, en realidad no tenía ninguna prisa por irse. Así que, luego de ese breve momento que tuvo para pensar qué hacer ahora, le respondió a Bernardo.

— Por lo visto usted es persuasivo. Persuasivo mas no peligroso. Creo que no me costará nada ir con usted y me intente conquistar con sus historias futuristas. Pero antes, caminemos un poco. ¿Le parece?

— Está bien, señorita Patricia. Quizás y el solo mero hecho de caminar un poco se le vaya quitando lo peda.

— No estoy peda, sólo estoy un poco mareada, pero nada más. Aun así, puedo caminar. Así que vámonos, antes de que me arrepienta.

Y ambos se fueron de allí para caminar un poco. Y en lo que iban caminando, Bernardo le fue contando a la chica ese asunto de tan extrema importancia que iba a decirle.


CONTINUARÁ…

5 de Septiembre de 2019 a las 03:16 0 Reporte Insertar 0
Continuará… Nuevo capítulo Cada 30 días.

Conoce al autor

Mauro Martin Joven con aspiraciones en la vida. Su primera historia publicada hasta ahora es la mini historia conocida como "El Monje Rebelde", el cual es inspirada en los actos de generosidad hacia el prójimo, no siempre contemplado entre la gente. Desde niño, nació su interés por escribir, tanto que escribió pequeñas historias. Algunas de éstas las podrá leer de manera gratuita por las principales plataformas de lectura online, incluida ahora Inkspired.

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