E S T I G M A Seguir historia

elimna Elim Na

April experimenta fuertes sentimientos desconocidos, sin poder comprender sus motivos. Sin embargo, esta a punto de saberlo.


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#estigma #cielo #inspiracional #distopia #drama #381
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“Inicia la emisión número 11.032, favor de guardar silencio y prestar atención a la siguiente información difundida por la corporación MÁ(C)S bajo la autorización del gobierno actual. No apto para humanoides menores, discapacitados y nómadas”

—Buenas noches ciudadanos de El Valle le traemos buenísimas noticias, ya que la presidenta y cofundadora de la corporación MÁ(C)S llega a la ciudad este lunes diez de diciembre con el objetivo de escuchar nuevas propuestas y ayudar a quienes lo necesitan para mejorar las provincias del país mediante el tour que esta realizando desde el año pasado. Cabe destacar que, a excepción de otras ciudades, Francis se quedara una semana en El Valle a evaluar con profundidad los rasgos positivos y negativos para ver si es recomendable fundar una dependencia de la corporación, así la comunicación con las localidades más pequeñas, como la nuestra, no es apartada de la protección de MÁ(C)S —narro una voz masculina anónima en la radio de la ciudad.

Cada vez que se hacía una transmisión las personas debían dejar de hacer sus labores para escuchar los reportajes de la ciudad y del país. De lo contrario estaba filmado que el humanoide que se negara a cumplir con el deber como ciudadano formaría parte del libro de ejecuciones. Y nadie quería que su nombre estuviera escrito allí. Sin embargo, había algunos que aún no comprendían la gravedad del asunto, hasta que lo experimentaban. Creían que las diez cámaras que se ubicaban en cada habitación y rincón de las casas de los vallenses, exceptuando el baño, se apagaban en algún momento o dejaban de funcionar por tantas grabaciones; solo porque a una de cuarenta familias le sucedían, los rumores corrían sobre que los ojos ajenos (denominados así entre los ciudadanos) podían fallar. Porque la corporación MÁ(C)S dentro de todo no era tan perfecta como pintaba. Si, su presidenta Francis protegía a la gente de la maldad de unos pocos que continuaban existiendo, sin embargo las noticias que pasaban por la radio, al menos no se reflejaban en El Valle como en otras localidades. Allí todavía predominaba la humanidad.

La excepción se veía en el hogar del doctor Rodrigo, quien se hallaba sentado en el living de su casa oyendo la endemoniada radio. La odiaba, vaya que si.

No había nada ni nadie que pudiera sacar de quicio al doctor porque era un hombre de buen carácter, pero el único medio de comunicación “avanzado” que se conservaba entre los humanoides no lo dejaba ser. Se decía de los humanoides de mayor edad que hace una década atrás había más aparatos que el hombre creo, sin embargo fueron eliminados por completo de todos lados del mundo porque entorpecía a los humanoides, los volvía dependientes de esas maquinas, hasta tal punto que se creaban humanoides artificiales que pudieran abastecer todos los deberes comunes por ellos, como atarse los cordones y esto lograba que se volvieran inútiles. No obstante solo eran chismes y nadie llegaba a creer que había sucedido porque los humanoides de edad avanzada eran los más medicados por la corporación MÁ(C)S para que pudieran vivir por más tiempo y ellos informaron en reiteradas oportunidades mediante sus emisiones diarias que un efecto secundario de las pastillas de la vida eran las alucinaciones.

En ese caso Rodrigo no podía refutar ni mucho menos estar de acuerdo, porque hace diez años atrás tenía veinticinco años y lo único que recordaba de esas épocas era haberse perfeccionado como profesional. Pensó que posiblemente el estrés que cargo sobre sus hombros esos años no permitía recordar con claridad que hacía además de ser lo que es actualmente. Aunque eso no encajaba con el hecho de que todos los que conocía les ocurría lo mismo.

Sin embargo, el doctor era de los pocos que creían que los humanoides mayores a él eran los más sabios y que nada de lo que decían eran calumnias. Y de alguna manera sentía que estaba en lo cierto (algo que estaba prohibido) No obstante, nunca aprobó en público las opiniones diferentes de la mayoría. Eso, sin dudas, lo llevaría al libro de ejecuciones y no podía arriesgarse. No ahora que tenía algo preciado en el sótano, donde los ojos ajenos no llegaban.

Aún no estaba permitido porque la misma corporación tenía como una regla “proteger al ciudadano sin invadir su intimidad integral” (de todas formas ya lo estaban haciendo, pero no del todo, ya que no estaba aprobado las cámaras en los baños, sótanos ni áticos; el primero por razones obvias y las dos últimas porque no había nada que vigilar debido que allí se ubicaban simplemente pertenencias) y era de las pocas cosas que el doctor le contentaba de esa corporación.

Se removió incomodo en su sillón al ver que la emisión todavía no finalizaba. Algunas veces resultaba tan irritable, que llegaba a creer que las transmisiones eran un lavado de cerebro. Porque, ¿qué necesidad había en anunciar los movimientos de la corporación y como supuestamente preservar a los humanoides? Pero hasta ahí llegaba su pensamiento diferente. Nunca lo había conversado con nadie, ni siquiera con Adrian, su mayordomo y más grande confidente en su vida. Sabía no que no debía reflexionar tanto a causa de que estaba penado en el libro de los humanoides; en el primer tomo decía claramente que estaban censurados ciertos sentimientos y pensamientos que solo los humanoides nómadas sienten. Pero, ¿de que forma la corporación notaba que esas reglas se quebrantaban? Es algo que ocurría dentro del humanoide y hasta el día de hoy no existía ningún aparato que tuviera la capacidad de leer la mente de los humanoides.

Observo a su alrededor preguntándose en que momento de su vida las cosas se volvieron tan dominadas.

—Y así concluye la emisión número 11.032, agradecemos a todos nuestros humanoides de haber escuchado, continúen con sus actividades —dijo el hombre desconocido.

La voz era siempre diferente en cada transmisión, algunas veces era hombre, otras una mujer, pero todos distintos. Estaba permitido ser voluntario para narrar las noticias con la condición de pasar por un examen físico y mental. No era fácil llegar a ser el orador de las trasmisiones, porque una vez, hace bastante tiempo, alguien había aprovechado los cinco minutos para hablar cosas que generalmente los humanoides desconocían. Pueden imaginarse donde termino ese hombre. No solo en el libro de ejecuciones, sino que hasta el presente se burlan de él en cada oportunidad por las falacias que escupió en esa oportunidad. Lo llamaban “el desquiciado de las doce” por el horario que se difundió ese día.

El doctor se levanto y suspiro fuertemente. Eran las ocho y treinta y cinco en su reloj pulsera. Como todas las noches a esa hora finalizaba las emisiones, dentro de todo eran puntuales.

—Rodrigo, ¿sirvo la cena? —hablo Adrian.

El doctor negó con la cabeza. Hoy era una noche especial y no quería desaprovechar ningún segundo sin estar en el sótano. Además de que los ojos ajenos se daban cuenta a donde iba cada noche, debía ser cauteloso con el tiempo que pasaba allí dentro.

—Iré a acomodar las cosas —sonrió—. Hoy se arma el arbolito

—Por supuesto —dijo risueño Adrian—. Pero antes de que te vayas —saco de su delantal una carta—. Llego hoy. Siento tener que dártela ahora, es que estaba esperando el momento adecuado.

El doctor hizo una mueca de desagrado. Sabía de quien se trataba, para su mala suerte.

—Trabajo —murmuro intencionalmente para los oídos ajenos—. No te preocupes, lo leeré mientras desenredo las luces —forzó una sonrisa.

—De acuerdo —respondió su amigo.

Adrian dio medio vuelta y se dirigió a la cocina con un nudo en la garganta imaginándose palabras desgarradoras que lo harían llorar de impotencia. Todos en la casa sentían que algo se aproximaba: Brenda, la mucama; Lorenzo, el cocinero, hasta el jardinero Ernesto que no estaba todos los días con ellos. Sin embargo nadie pronunciaba palabra alguna, porque pondrían nervioso a Rodrigo invadiendo su cabeza de millones de incógnitas que lograrían que solo se enferme.

Ahora debían esperar a que el doctor la leyera y ver la decisión que tomaría al respecto. Lo apoyarían porque de algo estaban seguros y era que al doctor le sobraba sabiduría y a ellos confianza.

15 de Noviembre de 2019 a las 00:33 0 Reporte Insertar 0
Continuará…

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Elim Na Escribo para no morir

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