La Encrucijada Seguir historia

david-lara1566830404 David Lara

El brujo Geralt de Rivia llega a el pueblo de Tomillo, en una recóndita región de Temeria, uno de los principales reinos humanos del norte. Ejerciendo su oficio de cazador de monstruos tendrá que realizar un trabajo para proteger las vidas humanas que pueblan la aldea. Pese a eso muchos le miran con recelo y incluso con desprecio por su condición de mutante y por las muchas difamaciones de el clero contra los brujos.


Fanfiction Juegos Sólo para mayores de 18.

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La Llegada

Era una noche lluviosa, de tormenta para concretar mas. Sonaban truenos que contrastaban con el sonido relajante de la lluvia al caer. Un jinete cubierto con un capote con capucha llego a la entrada del pueblo, Tomillo. Se acerco a paso lento al guarda que estaba vigilando la entrada y que en ese momento estaba maldiciendo a Melitele porque le hubiera tocado en suerte ese turno, aunque eso si en voz baja como hombre temeroso de los dioses que era. Estaba empapado y distraído con sus pensamientos cuando presto atención al jinete que se acercaba y que paro junto a el.


Parecía un tipo alto y corpulento, entre la oscuridad y su capucha no llego a poder vislumbrar con claridad su rostro o sus facciones pero le parecía que sus ojos tenían un resplandor un tanto anormal. Puede que simplemente antes hubiera abusado de la hidromiel. Igualmente encontró extraño que una persona llegara a Tomillo un día tan lluvioso y mas a una aldea algo apartada.


- ¿De donde venís con este asqueroso tiempo viajero? - pregunto el guardia mientras observaba a su misteriosa nueva compañía.


- Pues de lejos, de aquí y de allá, depende de a donde me pueda llevar mi oficio - . El acento del jinete era peculiar, nunca lo había escuchado hasta ahora pero sin duda le pareció singular por lo cual no pudo identificar su procedencia.


- ¿Y puede saberse cual es vuestro oficio y que os trae a esta aldea?. No es que quisiera importunar al viajero pero el su capitán había ordenado estrictamente no dejar entrar a cualquiera por las noches. El poblado estaba rodeado de una muralla de madera y algunas torres de vigilancia donde había apostados arqueros.


- Esa es una buena pregunta, podría decirse que me dedico a limpiar la mierda que otros no quieren limpiar. Pero por aquí solo estoy de paso, tengo que reunirme con un conocido mas al norte pero la tormenta se me ha echado encima y no me apetece pasar la noche a la intemperie. Por curiosidad buen señor, ¿no sabríais de un buen lugar donde hospedarme y pasar la noche?.


El soldado se preguntaba a que se refería exactamente con lo de limpiar, pero pese a que el tipo le parecía un tanto extraño también le pareció cordial y como estaba francamente arto de su turno y de estar mojándose preferido dejarle entrar al pueblo y de paso recomendarle el lugar que el viajero reclamaba.


- Si proseguís desde la entrada hasta la plaza del ayuntamiento, a mano derecha hay una callejuela fácilmente reconocible porque es ancha y mas alargada, desde la plaza veréis al fondo de esa calle un edificio grande, algo destartalado por fuera y con una chimenea desproporcionadamente grande. Esa es la posada el caballo salvaje, también tienen establos para vuestro caballo.


El jinete dio las gracias al vigilante soldado y cuando este abrió las puertas que daban a la pequeña villa entro trotando. Los soldados que estaban en lo alto de la muralla le miraron y analizaron mientras se alejaba, Seguramente susurrando entre ellos quien podría ser el extraño viajero que llegaba a este recóndito lugar.


El pueblo era bastante humilde, se fijo en las casas, muchas algo destartaladas, no debía tener demasiados habitantes a lo sumo medio millar tirando por arriba. Como estaba lloviendo a cantaros el sitio le daba una sensación triste y melancólica acompañada por los truenos y algún que otro rayo en el horizonte nocturno. Esta no era la ruta que había ideado para llegar a Kaer Morhen pero por el camino se encontró con algo grotesco, algo que le hizo desviarse parcialmente de su ruta. Ya hacia tres días de aquello. De ese hallazgo.


Mientras cabalgaba de camino a Kaedwen para dirigirse al norte y encontrarse con Vesemir encontró en el camino unos carruajes, eran tres. Parecía una pequeña caravana. Habían sido atacados, seguramente por bandidos pero los cadáveres ya estaban siendo devorados por los carroñeros. No se habían salvado ni los caballos. Los cadáveres que encontró eran una familia. Dos hombres, dos mujeres y un niño pequeño. La mujer mas joven estaba bocaarriba en el suelo, en una posición obscena, totalmente despatarrada y con sus faldas echas jirones. Era fácil imaginar lo que le habría sucedido. El hombre mas mayor estaba sentado en el carro, desde donde antes sujetaría las riendas de sus corceles, con la mirada vacía y perdida mientras una flecha le atravesaba la garganta.


Quien quiera que le disparara tendría que ser un tirador certero, posiblemente elfo, por un momento pensó que podría ser cosa de los scoia'tael. Es cierto que los no humanos sufrían racismo indiscriminado por parte de los humanos; pero tan cierto es que dentro de los scoia'tel también había sujetos desalmados y auténticos asesinos que aprovechaban la excusa del sufrimiento para dar rienda suelta a sus mas bajos instintos. Al fin y al cabo el bien el y el mal no son exclusivos según la procedencia. Tal como le habían mencionado, desde la entrada de la alargada calle se podía ver el final de esta. Allí se encontraba la posada.


Detuvo a su montura cerca de la entrada y se bajo, acaricio el crin de su querida yegua sardinilla que emitió un sonido como de disgusto por ir tan empapada. Vio que cerca de la puerta, a mano derecha de la misma había un tablón de anuncios, por lo que se acerco a echarle una ojeada. En un principio eran trabajos corrientes, algunos eran destinados a brujos y otros no. Examino con los dedos todos los anuncios, el que de momento le parecía mas interesante era uno que hablaba de exterminar a unos nekkers, unos bichejos bastante molestos y peligrosos. Incluso uno mas surrealista de un tipo que pedía encontrar a una cabra perdida. Pero cuando parecía a punto de marcharse, vio el ultimo que todavía no había leído. Le sorprendió por lo parco en detalles pero a la vez por lo directo de la nota.


"Se necesitan con urgencia los servicios de un brujo". Firmado por un tal Wilhem. Recogió la nota sin mas dilación y se encamino a la posada. Abrió la puerta que chirrió al abrirse, seguramente estaba algo desportillada. Entro y vio el ambiente del interior, todo lo contrario al frió y húmedo exterior: el ambiente era cálido, y todas las mesas estaban llenas de viajeros hablando entre ellos, cenando, jugando al gwent aunque ciertamente no eran muchos dadas las dimensiones de la sala. El olor mas característico del lugar era el de la carne asada, había un par de cochinillos haciéndose a fuego a lento en un gran fuego a tierra en el que podría asarse medio corral. Guardo la nota en el capote, retirándose la capucha que aun ocultaba sus facciones. Descubrió su rostro, sus ojos amarillentos y sus cabellos blancos, largos y únicamente recogidos por una coleta.


El posadero se fijo en el con cara de asombro, algunos comensales dejaron de hacer lo que estaban haciendo de repente, dando la impresión de estar viendo algo completamente anormal. El visitante lo percibió pero no se inmuto. Estaba acostumbrado a causar esa impresión en la gente corriente. A los pocos instantes un chico de unos catorce años, de cabellos pajizos y de nariz aguileña se le acerco, hablándole con una voz algo temerosa pero manteniendo las formas.


- Mi buen señor, soy el mozo de cuadras. Guardare vuestro caballo en el establo, lo lavare y lo alimentare si así lo disponéis. El hombre asintió con la cabeza y le dio unas monedas al joven para pagar sus servicios.


- Cuídala, es una yegua algo testaruda - respondió brevemente. El niño se fue rápidamente a guarecer a sardinilla. No pudo evitar desearle suerte al muchacho, tratar con ese caballo era cuanto menos peculiar. Un hombre calvo, rollizo y con unos ojos pequeños pero tremendamente azules se le acerco. Sus ropas algo llenas de grasa y su delantal no menos sucio delataban que era el posadero.


- Bueno, esto si que es inesperado, ... ciertamente nunca espere ver a uno de tu gremio por aquí y menos a ti. Seamos directos, se muy bien quien eres brujo. El tono de las palabras del posadero si bien no era del todo hostil si que delataba que no le agradaba la idea de tener de cliente a un brujo, a un mutante extraño con mala fama.


- De nada tenéis que temer posadero, simplemente estoy de paso - respondió el brujo - pero sinceramente con este tiempo no me apetece dormir en el bosque ni en los caminos. Podría irme a cualquier caverna pero me apetece mas una cama mullida, tengo dinero con que pagarte.


El posadero seguía escudriñadole con la mirada, se fijo en sus ropas totalmente empapadas, en el rastro húmedo y mojado que había dejado en la entrada y en el suelo de madera. Parecía no querer eso si mirarle demasiado a los ojos. Era de suponer que le daban cierto respeto o directamente escalofríos.


- Hagamos un trato, señor Geralt de Rivia - dijo el posadero con un tono seco y contundente - te alquilo una habitación, te doy de cenar gratis si te vas antes de dos días. Solo te cobrare los cuidados de tu caballo, ¿hay trato?. Entiéndeme, no es que tenga nada en contra de los de tu gremio pero tu presencia altera a mi clientela y tu tienes una fama por estas comarcas.


- Hay trato. Parece que no pasan demasiados viajeros por estos lares. Ahora fue Geralt el que analizaba al posadero con la mirada. El hombre tenia un acento de otra procedencia, no era temerio, era algo rudo en sus movimientos corporales pero educado hablando.


- La verdad es que no, estas en un lugar apartado, solo hay un par de caminos que lleven hasta este pueblo, la gente es reservada y cerrada. Pero al menos hay tranquilidad. Pero por aquí no suele pasar gente como tu, ni siquiera soldados, solo la media docena que tenemos para mantener cierto orden. Creo que poca gente se animaría a venir a vivir aquí, ni aunque las guardias las hicieran fulanas en pelotas.


Geralt esbozo una media sonrisa por el ultimo comentario, ocurrente era desde luego. Le pareció divertido imaginar a mujeres desnudas, tal como vinieron al mundo haciendo guardia en la puerta empuñando lanzas y arcos. Seria algo digno de ver pensaría su amigo Jaskier. Pero tras esos segundos de divagación considero comentarle el hallazgo de hace unos días al posadero.


- Pues aunque no pase demasiada gente por aquí, y mucho menos gente extraña, por el camino del este que da a este pueblo hace unas pocas jornadas encontré una caravana, seguramente comerciantes, una familia completa que se estaría mudando a otro lugar que este de camino. Tres carros, todos asesinados, por humanos, los monstruos que encontré allí solo eran carroñeros atraídos por la carne muerta. No hacia demasiado tiempo que estaban muertos, unas pocas horas.


El posadero estaba algo sorprendido, su rostro dibujo una expresión que así lo demostró. Pero pareció serenarse rápidamente pese a la brutalidad de la escena que Geralt acababa de describirle.


- Entonces puede que haya algún grupo de bandidos cerca, no seria extraño, aunque poca gente a la que robar hay aquí, es preocupante que los hallaras tan cerca. En todo caso seria conveniente que alerte al alcalde Symzir. Gracias por el aviso brujo.


- Tengo otra pregunta que hacerte - continuo Geralt - ¿Sabes donde vive un tal Wilhem?, he recogido un anuncio suyo en el tablón de ahí fuera.


- ¿Wilhem?, el único con ese nombre que conozco por aquí es un tipo algo mayor, es un frutero, vive vendiendo verduras, frutas y todo tipo de hortalizas. Gana algo de dinero puesto que es de los pocos que vive en el pueblo que se dedica a eso. Aun así dudo que tenga suficiente dinero para pagar a un brujo y que yo sepa no ha sucedido nada raro como para que uno de los tuyos tenga que hacer nada en este villorrio. Pero se que vive en el otro extremo del pueblo, cerca de la herrería de Halbrid.


- Gracias - agradeció Geralt - por cierto, tu tampoco pareces de estas comarcas, tu acento no es de aquí.


- ¡Vaya, si eres realmente observador! - exclamo el posadero - pero tienes razón brujo, no soy temerio, ni de Redania. Ni siquiera soy del continente. Por si no te has dado cuenta soy de las islas Skellige. Me llamo Olaf.


- ¿Puedo preguntar que llevo a un nativo de Skellige a este agujero temerio?.


- ¡Ja!, por poder puedes por supuesto - respondió divertido - pero no es asunto tuyo estimado cliente. Creo que ya va siendo hora de que atienda a otras personas. Tu habitación es la segunda a la derecha según subes las escaleras del fondo. Tiene unas buenas vistas a la plaza del ayuntamiento y tiene una buena cama, un escritorio y es cálida. Luego le diré a Ingrid, una de mis chicas que te suba un asado.


- Y cerveza - dijo Geralt - el asado no baja solo. El brujo viendo que el posadero no parecía por la labor de darle mas detalles ni de Wilhem, ni del pueblo ni de el mismo prefirió hacerle caso y ir a su habitación. Lo prefería a estar abajo y comer mientras lo observaban. No es que le molestara pero le apetecía mas un espacio tranquilo, descansar y luego meditar. Olaf le dio la llave de la habitación y se encamino hacia ella.


La madera crujía a medida que iba pisando los escalones. La barandilla estaba algo polvorienta y algo de polvo se pego a su guante de cuero. Siguió mirando el ambiente del lugar, Olaf era un tipo robusto pero que se movía rápido, era ágil en su caminar y se notaba que tenia mucha experiencia despachando clientes. También vio a una chica joven y de cabellos oscuros llevar un asado a una mesa donde se encontraban un par de enanos. Parecía que de repente la gente se había olvidado de el. Cuando llego arriba acelero un poco y se dirigió a la derecha tal como le dijo Olaf.


Uso la llave y la puerta se abrió. Entro y cerro la puerta tras de si. La habitación era medianamente espaciosa. Era mas ancha que grande. La ventana si era lo suficientemente grande como para que la luz de los primeros rayos de sol iluminara la estancia. La cama estaba justo enfrente de la ventana. También cerca había una silla en la que dejo su capote colgándolo en el respaldo, estaba empapado. En la silla dejo también lo que el capote, grande y oscuro no había dejado ver a nadie. Dos espadas, una de acero y otra de plata.


Geralt se quito las botas para que los pies le respiraran un poco, se tumbo en la cama y comprobó que si era bastante cómoda aunque era algo corta para el ya que los pies le sobresalían. Estuvo unos minutos pensando sobre la familia que encontró. Nadie parecía haberse percatado de lo acontecido pese a que sus muertes se habían producido a pocos kilómetros del pueblo. Lo suficiente como para que cualquier habitante que viva del comercio exterior los hubiera encontrado y dado el aviso. Tampoco ni el posadero, ni el guardia le comentaron nada del asunto. El no se desvió del camino solo por casualidad, sino por curiosidad.


Mas que nada porque gracias a sus desarrollados sentidos de brujo diviso unas huellas en el camino, unas que parecían salir de entre los arbustos y los arboles hacia los carros. Sin duda de los atacantes. Pero lo inquietante es que había llegado a Tomillo siguiendo esas mismas huellas, cerca del camino y llegaban hasta el mismo interior del pueblo. Sus pensamientos cesaron en cuanto tocaron la puerta un par de veces. Una voz femenina y jovial le hablo desde el otro lado de la misma.


- ¡Hola!, soy Ingrid, te traigo tu asado y tu cerveza brujo albino.



































18 de Septiembre de 2019 a las 16:02 0 Reporte Insertar 0
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