Cuento corto
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Phalloptychus Eingenmanni

La oscuridad incorruptible de la noche ya no es un consuelo para mis ojos cansados y hoy más que ayer estoy colérico por carecer de la opción de no ver. Deseo no ver pero no puedo elegirlo y hay tanta belleza en este mundo como crueldad.

Me pregunto si es posible que alguien escuche el fino hilo de mis pensamientos en este silencio tan soberbio que es posible percibir los latidos del propio corazón. El instinto de supervivencia viste de indiferencia a mi rostro sin párpados. Y los demás hacen lo mismo, existen, solo existen, temerosos y cobardes, con el pensamiento en pausa.

Arrobado en mis penas, suspendido en la inmensidad, enclaustrado en mis manías, actúo ahora como un proscrito y pienso en dejar atrás el cálido abrigo de Brasil y dirigirme a los inhóspitos abismos del sur, o ceder a la locura de un tirón en la herida que me conduzca a la luz, allá donde habitan las voces y se extingue el aliento.

Mientras tanto, los terrestres afirman que nosotros no tenemos memoria y dudan que sea carne de lo que nuestros cuerpos están hechos.

6 de Septiembre de 2019 a las 21:09 2 Reporte Insertar 2
Fin

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Helena Kamenov Disfruto escribir. Ojalá les guste lo que tengo para contar. ¡Bienvenidos!

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Diego E. Diego E.
Interesante!. Este escrito invita a imaginar. Saludos!.
18 de Septiembre de 2019 a las 17:20

  • Helena Kamenov Helena Kamenov
    Diego, muchas gracias por tu comentario :) ¡saludos para vos también! 19 de Septiembre de 2019 a las 19:55
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