Contracorriente Seguir historia

georyilang Georyi Lang

Una historia donde lo que se quiere, no siempre es lo conveniente; Allyson y Bradley comprenderán el significado de ir contra la corriente. Dicen que la edad es solo un número, ¿pero en la vida real, la teoría es válida?


Drama No para niños menores de 13.

#amorimposible #hombremayor #desamor #DiferenciaDeEdad
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Capítulo 1.

+Capítulo 1.

Allyson.

Mamá siempre dice que puedo lograr todo con fe y determinación. No lo dudo, porque estoy donde quiero estar. A mis dieciseís, soy una chica popular, con excelentes notas y muy amada. Tengo la familia perfecta. Mis padres comparten ese amor juvenil, a pesar que llevan más de veinte años de casados. Algún día, quizá a los veintitantos, me casaré con el soñado príncipe azul. Por supuesto, después de terminar la carrera de pediatría. Me gustan los niños, aunque estoy consciente que no tendré uno hasta llegar a los veintiocho. Mamá tuvo a Gerard a los diecinueve, y sufrió mucho para convertirse en una profesional. Claramente, no haré lo mismo.

Papá es mi inspiración. Es oncólogo; uno de los mejores de Estados Unidos. Ambos son la prueba de que, con perseverancia, tus sueños son alcanzables.

—¡Tierra llamando a Allyson! —dice mamá.

Frunzo el ceño. —Lo siento, mamá —Sonrío con ternura—. Estaba pensando en papá. ¿Sabes qué le regalarás para su aniversario de bodas y cumpleaños? —Mi héroe cumple años el mismo día que se casó con mamá. Insiste en que nada de regalos, y menos fiesta sorpresa, pero es imposible pensar que dejará pasar el día sin alboroto.

Ella sonríe. —No quiere fiesta sorpresa —Exactamente lo que pensé—... Pero eso no me detendrá. ¡Haremos algo grande! Pienso invitar a todo Seattle —confiesa, con sus orbes azul marino brillando de emoción. Niego sonriendo. Siempre es lo mismo. Papá dice que nada de sorpresas, mamá invitando a todo Seattle, papá enojado durante los primeros diez minutos de la fiesta, y luego termina por elogiar el evento—. ¿Qué le darás? —pregunta luego de un silencio.

Ella sonríe. —No quiere fiesta sorpresa —Exactamente lo que pensé—... Pero eso no me detendrá. ¡Haremos algo grande! Pienso invitar a todo Seattle —confiesa, con sus orbes azul marino brillando de emoción. Niego sonriendo. Siempre es lo mismo. Papá dice que nada de sorpresas, mamá invitando a todo Seattle, papá enojado durante los primeros diez minutos de la fiesta, y luego termina por elogiar el evento.—¿Qué le darás? —pregunta luego de un silencio.

Me encojo de hombros. —No sé. Tal vez una corbata nueva... O un celular. —Suspiro, recordando el aparato espantoso y pasado de moda que tiene.

—Cielo, sabes que tu padre no le dará uso.

Me muerdo el labio inferior. —¡Le enseñaré! Ya es hora de avanzar al nuevo siglo. ¿Recuerdas cuando no sabía encender un ordenador? — Asiente divertida—. Estuve más de dos meses tratando de que aprendiera a usar Google —reniego—, pero, creo que le irá mejor ahora. Un iPhone o un Samsung es como andar un portátil... Tengo fe en él.

Mamá me da un ligero apretón de manos. —El viernes tienes cita con el odontologo. —No puedo evitar un bufido—. No es tan malo.

La fulmino con la mirada. —¡Quiere extraer mi muela del Juicio! ¡Ni siquiera tengo dieciocho! —me quejo, levantando mis manos al aire.

—Creo que exageras. Es una intervención ambulatoria, con anestesia local, no sentirás nada.

—¿Debo ir a la escuela después? —pregunto esperanzada.

—No. Es ambulatorio, pero debes descansar en casa. —Hago un baile interno—. Llegamos, Allie. —Salgo de mi ensoñación. El instituto. Suspiro mientras quito el cinturon de seguridad—. Tu padre pasará por ti.

Asiento, encontrando la ocasión perfecta para hacer mi petición. —Deberían regalarme un coche... Pronto cumpliré diecisiete —le recuerdo, batiendo las pestañas.

Mamá sonríe negando. —Vete, llegarás tarde. —Besa mi frente. Bajo del auto y espero hasta que el Porsche 4X4 se pierda entre la multitud de autos.

Camino a la entrada me encuentro a mi mejor amiga, Brandy. Es la capitana de las porristas. Una chica rubia, con ojos color ámbar. Contrario a lo que muchos piensan, debes tener buenas calificaciones, o no te dejan participar. —¡Hola, Allie! —Brandy me abraza con fuerza.

Sonrío a su entusiasmo. —¡Hola, B!

—¿Le dijiste a la señora Kassandra sobre la fiesta el sábado? —Niego, esperando la artillería pesada de Brandy—. ¡Allie, prometiste que irías! Sabes que odio ir a fiestas de fraternidad sin ti. —Hace un adorable puchero.

Quizá no soy tan inocente como mamá piensa. Al menos soy virgen, ¿eso cuenta, cierto? —Brandy, iré al odontologo el viernes. Aunque quisiera, no puedo. Me harán una extracción y debo reposar. Dile a Tina,no tendrá problemas para acompañarte.

Frunce los labios. —¡No quiero ir con Tina! Seguro se pasará de tragos... Necesito que manejes —pide con mirada suplicante.

—¡¿Por eso me quieres?! —Coloco la mano sobre mi pecho, fingiendo dolor.

—¡No! Es solo que quiero a mi mejor amiga... No es lo mismo sin ti. Sabes cuándo es demasiado loco. —Sí, sé cuándo arrastrar a Brandy de una fiesta.

—¡Lo siento! Mamá no me dejará salir el sábado. —Encojo mis hombros.

Suspira derrotada. —De acuerdo, vamos a clase. —Ambas caminamos en dirección a la entrada.

Las clases pasan sin novedad. Soy una chica aplicada, así que no tengo problemas para aprobar. Miro por la ventana pensando en cómo cambiará mi vida en la universidad. Iré a la misma donde está Gerard; Yale. Él estudia leyes, pero quiero ser pediatra. Pienso en aquel príncipe azul. Quiero alguien inteligente, ambicioso, sincero, caballeroso, cariñoso, romántico, maduro, con una buena carrera. Brandy dice que pido demasiado. Quizá sí, pero me gusta imaginar que lo encontraré pronto. Seremos los mejores amigos. Me dará mi primera vez, nos vamos a casar y por supuesto, vendrán los niños. El timbre anuncia la salida. Mientras la mayoría se marcha, debo quedarme a prácticar con las chicas. Estamos en los vestidores, dando los últimos retoques al uniforme de práctica.

Brandy llega agitada, todavía sin cambiarse. —¡Esto es Horrible! —gime. Las pocas que estamos en el lugar nos sorprendemos al ver su rostro teñido de carmesí.

Me acerco, tomando sus manos delicadamente. —¿Sucede algo?

Se deja caer en la banca, como si estuviera a muy poco de perder el conocimiento. —¡Lance no deja de perseguirme! —explica frustada—. ¡O sea, a pesar de que le dije que solo fue una salida al cine, él continúa encima de mí! Es que... ¡Odio los chicos del Instituto! —exclama teatralmente. Ya ni siquiera le presto atención a sus dramas. Salgo del pequeño cuarto, dejándola para que se cambie de uniforme. En el gimnasio me uno a las chicas que se encuentran practicando la rutina. Pronto comenzarán los juegos de Basketball.

Puedo sentir la mirada de Bruce, un chico de último año. Su reputación no es la mejor. El clásico mujeriego. Es Guapo, pero no estoy interesada en ser chica de una noche.

Después de ensayar, hacen el ritual de cambiarse y en mi caso, espero a papá en una banca, todavía con el informe de animadora. Un chico con una sudadera de capucha se acerca hacia mí. No reconozco quién es. Ruego internamente que no sea Bruce. Estaría muerta del miedo, pero es temprano y todavía hay compañeras en el estacionamiento. Se detiene frente a mí y no puedo ocultar el alivio al comprobar que es Ryan. Es lo opuesto a Bruce. Compartimos clases de historia y literatura. No está en algún equipo de deporte. Las chicas lo describen como tímido y educado. Eso es todo. Ha salido con una animadora, Keysi. No dio muchos detalles así que estoy a ciegas aquí.

—¿Te dejaron esperando? —pregunta, mirando el reloj que se encuentra en la entrada de la escuela.

Papá no es exactamente puntual. Lo comprendo; su trabajo es complicado. —No. Papá llegará pronto —respondo sonriendo.

—¿Segura? Porque podría llevarte en mi auto —ofrece, señalando un BMW que tuvo mejores días.

—Descuida, el trabajo lo retrasó.

—Entonces me quedo mientras llega. —Se acomoda a mi lado en la pequeña banca. Se hace un silencio un tanto incómodo. No soy partidaria a los silencios. Menos cuando tengo compañía a mi lado. Siento que debo hablar sobre cualquier cosa.

—Creo que te he visto en mis clases de literatura. —Ambos sabemos que sí, pero tengo que rellenar los espacios.

—Sí, soy Ryan —Extiende su mano, pero no la tomo—. Al contrario de mí, el chico no popular que reconoces por las clases de literatura, sé quién eres —dice sonriendo.

—Aunque, no significa que me conozcas. —Ladea la cabeza, mirándome con diversión. Está esperando que lo rechace. Seguro ha escuchado esas historias donde evito a los chicos—. Crees que soy presumida —afirmo, pero Ryan sigue en silencio con la mano extendida. Ruedo los ojos—. Soy Allyson. —Estrecho su mano.

—No creo que seas presumida. Es que los muchachos hablan y he escuchado que rechazas a los chicos cuando intentan conocerte.

—No quieren conocerme. Solo les interesa pasar el rato en alguna fiesta. No es lo mío. Y, para que conste, sé quien eres. Saliste con Keysi. —Levanto una ceja, echando al suelo su acusación de que soy presumida.

—Keysi —susurra su nombre. Apuesto que no se lo esperaba. Sonrío con suficiencia—. Fuimos al cine un par de veces. No diré más que eso. —Hace un movimiento extraño alrededor de su pecho.

Suelto una carcajada. —¿Hiciste una promesa de corazón? ¿Quién hace eso en estos tiempos? —digo entre risas.

—Las personas que compartimos el mundo con otras y no somos presumidas. —Le doy una mirada fulminante. No está siendo tímido como creí que era. Regresa el silencio, pero no hablaré. No caeré en su trampa de hacerme hablar primero—. Allyson, me preguntaba si quieres ir mañana al cine conmigo —pregunta sin titubeos ni rodeos.

Le miro incrédula. —¿Por qué un chico de último año querría salir con una presumida? —respondo, entrecerrando los ojos.

—Podrías demostrarme que estoy equivocado y que no eres engreída. Quiero conocerte.

—No es una buena razón —murmuro, mirando hacia la calle, todavía ofendida.

—Está bien. Lo haré otra vez. Quisiera saber si te gustaría salir conmigo porque eres linda, inteligente, y no estás desesperada por ser amiga de todos los chicos de la escuela. Eres diferente.

Su calzado deportivo rebota con insistencia en el pavimento, aunque en lo superficial se le ve tranquilo. Seguro necesitó mucho valor para venir y arriesgarse a ser rechazado. —¿Así que soy linda? —bromeo, dándole un codazo que va directo a su antebrazo.

Ryan sonríe y asiente. —Solo un poco. Así que, ¿aceptas ir al cine mañana?

¿Qué tengo que perder? Parece un buen chico. Solo por verlo sufrir, empiezo a contar un Missisipi hasta llegar a diez, para mantener la tensión. —De acuerdo. Pero, sin presiones, ¿bien? Como amigos —aclaro, solo por si las dudas. Escucho el claxon del Mercedes de papá. Me levanto de la banca, intercambiamos números de teléfono y subo al coche.

—¿Cómo estás, princesa? —pregunta, dándome una sonrisa.

—Bien —Beso su mejilla—. Papá, ¿puedo ir al cine mañana? —pregunto, haciendo mi mejor cara de perrito emocionado.

Voltea a verme. —¿Día de escuela? —Asiento varias veces—. No sé, princesa. ¿Un miércoles? —Asiento otra vez—. ¿Quién irá? —pregunta, aumentando la calefacción del auto.

—Bueno —No voy a mentirle a papá. Además Ryan es solo un amigo—... Un chico llamado Ryan —confieso, sin quitar la cara de perro implorando comida.

Me observa por un momento en lo que la luz roja nos detiene. —¿Una cita?

—No es una cita. Solo es un amigo. Me invitó y dije que preguntaría. —Creo que se me olvidó esa parte, pero igual puedo decirle que no puedo si él no me da permiso. Estrecha los ojos, mirándome con sospechas—. No hay nada, papá. Créeme —pido, mirando directo a sus orbes azul claro.

Asiente suspirando. —Supongo que este día tendría que llegar —susurra para él mismo—. De acuerdo, pero nada de pasarse contigo, o haré uso de mi permiso para disparar. —Lo último fue en tono de burla, pero seguiré la advertencia por si las moscas. Llegamos a la casa. Me dice que irá al estudio a realizar unas llamadas. Mamá está en el turno de la noche en el hospital, por lo que terminará siendo noche de pizza.

Lo bueno de vivir como la única adolescente en casa es que puedes ver la televisión sin nadie que te moleste. ¿Lo malo? Extrañas las locuras de tu hermano mayor. Encontrar Sex and the City, y que no esté Gerard para hablar sobre las tetas de Amanda, es muy aburrido. Otro día más de rutina en la casa Feder.

Miércoles.

Durante el día no tuve la oportunidad de hablar con Ryan. Hoy es un día que no tenemos clases en común. Sin embargo, nos mandamos algunos WhatsApp en los momentos libres, más que todo para estar en sincronía para ir al cine. ¿Nerviosa? No, en realidad no. Me salto las prácticas con las chicas para tener tiempo de prepararme. No es una cita, pero tampoco iré como un espanta pájaros.

Ryan pasa por mí a la casa. Salgo apresurada antes de que papá comience con el interrogatorio. El rato que estuve esperando le repetí cinco veces que no era una cita, pero sabes cómo son los padres.

—El color azul va muy bien contigo. —Elogia mi blusa azul. Le tiembla un poco la voz con el cumplido, y en vez de hacer alguna broma, digo un simple—: Gracias.

No tengo queja respecto al trato de Ryan. Es muy atento durante el trayecto, preguntándome si quiero comer antes o después de ir al cine. Me deja escoger la película que veremos y también me permitió pedir las chucherías que quisiera comer. Veremos una película de chicas. Me rio con disimulo porque luce muy incómodo con las escenas candentes de los protagonistas.

Al acabar la película me pregunta a dónde quiero ir a comer. Brandy sugirió algo así como un restaurante costoso, pero no es mi estilo si puedo evitarlo; se sorprende cuando pido ir a comer hamburguesas. Ordeno una hamburguesa con tocino, sin cebolla. Camote en reemplazo de las patatas fritas y un té helado. Ryan pide una doble hamburguesa, con patatas fritas y gaseosa, además de una malteada.

—¿Qué quieres estudiar, Ryan? —Está en último año, debería tener un plan estructurado para la universidad. Me observa por unos minutos, quizá deliberando la respuesta.

Finalmente se encoge de hombros. —Me gustaría ser cardiólogo. No sé. Definitivamente, algo de medicina. —Su mirada fija en la hamburguesa.

Hay una pregunta que me ronda ahora que empezamos a conocernos. —¿Por qué compartimos la misma clase de historia y literatura?

Mastica bien sus patatas antes de responder. —Hubo una confusión en secretaría a la hora de agendar las materias el año pasado. Me hicieron falta esas dos materias. Así que estoy dando clases extras. —Explica con simpleza.

—No puedo creer que no te dieras cuenta que tu agenda estaba incompleta —respondo como si fuese algo obvio.

—Sí lo hice, pero realmente no me importó en ese entonces. Estaba pasando por un mal momento y quise darle dolor de cabeza a mis padres. No es que sean clases tan complicadas como química o física. —Le resta importancia—. Qué me dices de ti, ¿sabes lo que vas a estudiar?

—Quiero ser cirujana pediatra —Él sonríe, tal vez porque ambos estamos interesados en la medicina.

—Mis padres quieren enviarme a Boston a estudiar —dice, el semblante poco convencido.

—Los míos no tienen problemas con que elija la que quiera, siempre que sea una buena universidad. Aunque mi meta es ir a Yale.

—Vaya… un poco lejos de Boston. —Me da una mirada rápida—. Tal vez pueda aplicar para esa. Lo consultaré con papá —dice sonriendo, parece de mejor ánimo.

El resto de nuestra comida hablamos de cosas banales. Porqué estoy en el equipo de animadoras, porqué él no practica ningún deporte. Qué le gusta de las chicas y ese tipo de cosas. La parte sobre los novios fue un poco más bochornosa.

—Creo que es hora de ir a casa —sugiero, tratando de cambiar el tema.

Ryan ríe ruidosamente. —De acuerdo, pero algún día responderás la pregunta.

Paga la cuenta y vamos al estacionamiento para subir al auto. Llegamos a casa y estoy segura que él está esperando algo más. Lo puedo sentir en el ambiente. Es un gran chico, pero no creo que sea el príncipe azul que estoy esperando.

—La pasé excelente. Nos vemos mañana. —No voy a demorar en el auto, no haré tiempo para que malinterprete la situación.

—Sí, hasta mañana. —Beso su mejilla y me bajo deprisa, agitando la mano. ¿Qué pasó aquí? ¿No recordó la palabra amigos?

—¿Allie? —Escucho a mamá cuando abre la puerta. La abrazo—. Tu padre me mandó a checar que no haya besos. ¿Todo bien, cariño?

Sonrío a la idea de papá espiando por la ventana y terminar frustrado por los vidrios tintados del BMW de Ryan. —Estuvo muy bien, mamá. Aunque estoy un poco cansada. —Entro a la casa, llego a la sala de estar, donde mi padre finge leer el periódico. Necesita ese celular. Le doy un beso en la frente, digo buenas noches y subo a mi habitación. Me dejo caer en la cama, demasiado cansada para remover el maquillaje.

...

Los jueves son días no gratos para mí. Matemáticas es difícil, agregar al profesor Randall en la ecuación es insoportable. Ese hombre la tiene conmigo. Me envía a la pizarra, dándome los problemas más difíciles, haciéndome quedar como una idiota. Lo más estúpido, es que le vale cinco pares de —inserta tu grosería favorita— cuando los resuelvo; sin embargo, cuando otro alumno lo hace, él los felicita como si hubieran ganado un premio Nobel por la hazaña. No me queda duda, ¡él me odia!

La hora de almuerzo trajo sorpresas. Pensé que Ryan me hablaría, pero no lo hace. Se sienta con varios compañeros de su clase y actúa como si no existiera. De vez en cuando le miro con disimulo, pensando que podría atraparlo mirándome a escondidas. Pero no, ha cambiado de lugar con una chica, dándome la espalda.

—¡Esto aquí! —Brandy señala un papel—. ¡Esta es la razón por la que no salgo con chicos del instituto! —recalca, abriendo la nota para que pueda ver. En la misma, Bruce le pide salir con ella—. ¿En que está pensando? —pregunta con los ojos abiertos como platos—. ¡¿Una nota?! ¡¿En serio?! ¡¿Una jodida nota?! ¿¡Qué tenemos, cinco años!? —balbucea, completamente irritada. A lo lejos, para ser exactos, al otro extremo de la cafetería, está Bruce, que se ríe con suficiencia, pensando que mi amiga está en shock porque él ha decidido rebajar su estatus para salir con ella.

Una Brandy temperamental salta de la silla y se encamina a la mesa de los chicos de Basketball.

—¡Tú! —grita tan alto, que el bullicio en la cafetería pasa a la historia, reinando el más incómodo de los silencios—. ¿Quién te crees que eres? —escupe—. ¿Es demasiado maduro para ti pedirme salir como un verdadero hombre? ¿Cuántos años tienes? ¿Acaso estamos en kinder? ¡Madura y ponte los pantalos para jugar a ser hombre! —Rompe la nota en muchos de pedazos ante la mirada atónita de Bruce. Da media vuelta dando grandes zancadas hasta la mesa. Un minuto de tensión envuelve el lugar, seguramente, esperando que el gran Bruce diga algo por su hombría pisoteada. Cuando todos confirman que el aludido es lo suficientemente cobarde para enfrentar a Brandy, vuelve al unísono el habitual bullicio.

Me permito un último vistazo a la mesa de Ryan, pero él sigue sin notar que existo. Resoplo. —Sí, es una de las razones por las que todavía sigo virgen —digo en un tono molesto a mi amiga. Asiente, pensando que hablo sobre lo sucedido con Bruce, pero en realidad es por el comportamiento loco e inmaduro de Ryan.

El día va lento para mí y cuando acaba, boto un suspiro de cansancio.

...

Viernes.

Inicio del fin de semana para muchos. Para mí, diría lo mismo, si no estuviera en medio de un ataque de asma por visitar al dentista.

Contra mi voluntad me levanto de la cama antes de que mamá venga a buscarme. Es una mujer dulce, pero carece de la virtud de la paciencia. Una vez le pregunté por qué la paciencia parecía una mala palabra para ella, y solo respondió—: Gerard y tú robaron mucho de mí cuando eran pequeños, y ahora siendo pediatra, lo poco que queda, lo guardo en un cajón especial para los niños del hospital, lo que me deja sin nada para cuando llego a casa. —Cualquiera pensaría que es broma, pero no, mamá habla muy en serio.

Luego de vestirme con mi tradicionales shorts, camiseta y las Converse negras, con la palabra Sexy en blanco por todas las zapatillas, oficialmente estoy lista. Generalmente, dejaría el cabello suelto, pero prefiero una cola alta de caballo. Tomo mi chaqueta de cuero negro y espero a mamá en la cocina. Diez minutos más tarde, estamos en el Porsche.

Llegamos al consultorio y encontramos un alboroto. Nos acercamos y escuchamos a la recepcionista explicar que el doctor Chung no podrá venir por una emergencia familiar.

—Parece que has perdido un día de clases sin necesidad —dice mamá suspirando. Me encojo de hombros. De todas formas no estoy de humor para ir—. Tendrás que acompañarme al banco a depositar dinero, luego iremos a comprar el regalo de tu padre.

—Perfecto, puedo sacar algo de mi cuenta. Estoy decidida por el Samsung.

10:46 A.M.

Estoy en la fila con mamá esperando por ser atendidas. La cola se mueve con lentitud. Quizás porque es fin de mes; para muchos es día de pago. Algunos cambian cheques, depositan o retiran dinero. Sin exagerar, hay una cantidad aproximada de catorce personas por delante.

—Cariño, saldré un momento. Me llaman del hospital —Saca el iPhone de la cartera y me la entrega—. Haz la fila por mí, vuelvo enseguida —avisa en un tono cariñoso.

La observo salir por la puerta de cristal. Su cabello color cobre brilla por un inusual día soleado en Seattle. Vuelvo la vista al frente, ladeo la cabeza para contar cuántas personas vienen por delante. Uno... dos... seis... nueve. Hago un gemido por ser la décima. Tal vez pueda convencer a mamá de venir otro día. Sin embargo, ya estamos aquí, solo debemos esperar unos minutos más. Saco el iPhone de mi chaqueta, coloco los audífonos y escucho a Rihanna- We Found Love. Me concentro en la música, tarareando una estrofa. De pronto siento que alguien empuja mi cuerpo a un lado. «¿¡Qué carajo!?», pienso para mí. La respuesta viene cuando un hombre me hace caer de rodillas al suelo.

Y ese simple acto cambia completamente mi vida.

14 de Octubre de 2019 a las 18:10 0 Reporte Insertar 0
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Conoce al autor

Georyi Lang Panameña, amante de la escritura y lectura. Disfruto de finales distintos, donde el felices por siempre no es el que esperas. Me gusta ser sorprendida; quizás por eso escribo historias con finales que me gustaría ver. Totalmente amateur, sin ánimo de ofender a verdaderos escritores. Un abrazo inmenso por darme la oportunidad y leer mis locuras.

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