Contrabando Seguir historia

Javo Valderrama

Elish es un piloto novato que deberá emprender una misión secreta para salvar a los animales que habitan un remoto y primitivo planeta.


Ciencia ficción Todo público.

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Contrabando

Los asientos estaban todos ocupados, era la primera vez en varios ciclos que no faltaba ningún directivo. Era todo un precedente, pero para ser sinceros, era una decisión muy importante, y no había existido otra así desde que comenzaron los trabajos en el planeta rentado. Había mucho dinero en juego, y cuando se trata de ganancias y pérdidas, los tiburones siempre aparecen.

- ¿Ya estamos todos?- Preguntó el más viejo, con su piel color verde opaco.

Los demás asintieron y se acomodaron para discutir el futuro de sus inversiones. Junto al más viejo estaba el más joven, sus escamas aún relucían ese brillo característico de la juventud. Se aclaró la garganta y comenzó a exponer.

- Los experimentos de los que hablaremos ahora están detallados en el informe que tienen frente a ustedes. No está mal recordar que son confidenciales. –Todos se giraron hacia un extremo de la mesa, donde un regordete miembro de la junta sonreía con una expresión idiota, intentando opacar el turbulento error que cometió hace un tiempo atrás. El joven continuó-. Los resultados han sido favorables, pero se requiere de más tiempo para lograr sacar un verdadero provecho de ellos. Hemos sido pacientes, pero los ingenieros y científicos nos piden que lo seamos más.

-¿Cuánto más?- Interrumpió un miembro delgado, de aspecto poco aseado.

- Cuarenta millones de ciclos. Es mucho tiempo… – Respondió el joven, firme.

- El tiempo no me importa, no así cuanto cueste ¿Y cuando vence el contrato? – Agregó otro, de ojos viscos.

El joven apuntó a la carpeta que contenía el informe-. El detalle del contrato está adjunto en el mismo documento-. Por un segundo, los fríos y calculadores ojos de los accionistas se posaron en el papel. Con escrutinio, los ojos recorrieron frenéticos por las cifras, enfocándose solo en los números y evitando las palabras. Una vez que terminaron, se miraron entre ellos, y asistieron, como si ya se hubiesen puesto de acuerdo con anterioridad.

- La junta ha decidido no seguir con el proyecto. – Sentenció el más viejo. Sin dar espacio a contraargumentos, los demás miembros se pusieron de pie, y en el camino de salida palmearon con paternalismo el hombro del miembro más joven, quien una vez solo, en silencio, vio como su practicada defensa no sirvió de nada. Su sueño de infancia se iba a la basura, a pesar de haberse concretado de una forma u otra. Tomó aire y recogiendo las carpetas dispuestas para cada miembro de la junta, se imagino subiendo una escalera mecánica que avanzaba hacia abajo. « ¿Cuántos pasos tendré que dar para llegar a la cima?» Pensó para sí mismo, al apagar la luz y salir de la sala.

Los numerosos botones, palancas y corta corrientes que llenaban la consola de mando lo tenían tenso. Era su primer día fuera de la academia y tenía que demostrar su seguridad. Había repasado los manuales, los procedimientos en el simulador, sabía cómo funcionaba cada cosa, solo en la teoría. La práctica, en cambio, era otra cosa. Los manuales y las clases no contaban con elementos sentimentales como el nerviosismo, la ansiedad y la presión psicológica que ejercía tener que rendir cuentas a un superior, que hasta ahora se mantenía en silencio.

El viaje a través de los portales espacio-temporales era lo más fácil, por lo que la programación en la computadora de navegación no fue problema. Elish había demostrado un correcto manejo de su conocimiento, su pericia estaba aprobada, pero su instructor ni se había molestado en dar una retroalimentación. Ya llevaban dos horas de un trayecto de tres, y ni una sola palabra. Tampoco sabía su nombre. En la academia le habían dicho que las relaciones entre el comandante y el copiloto debían de ser cercanas, ya que estaban solos a cargo de toda la operación. La comunicación fluida era vital, pero este no era el caso. « ¿Habrá algo en mí que le moleste a su instructor?» Pensaba nervioso el pobre primerizo.

Sin que el absorto capitán se diese cuenta, Elish apuntaba, de vez en cuando, su mirada de reojo para ver que hacía el misterioso superior, y siempre lo encontraba de la misma forma, con la vista perdida en la infinitud del viaje intergaláctico. La travesía se le hacía eterna, y el silencio era desesperante. Esto no era lo que él había imaginado para su primer día. Desde que se abrió paso por la cáscara de su huevo supo que era distinto, diferente de los demás reptilianos. Nunca logró calzar del todo con la frialdad característica de su especie. Nibiru no parecía que fuese su real hogar. Cuando creció y pudo formar parte como ciudadano del concilio galáctico inter-especie, logró hacer buenas migas con razas más cálidas, pero las leyes eran claras, debía servir a su raza, a su planeta natal Nibiru y rendir honor a su patria, sin excepción.

Volvió a mirar de reojo a su superior, esta vez él se la regresó. Con nerviosismo, Elish puso sus manos en los controles, fingiendo que chequeaba el mapa una vez más.

- Ya falta media hora- Dijo el instructor. Su voz era diferente, aún así, de alguna forma le parecía cercana.

Elish asintió. Sintiendo los ojos fijos de su superior en él, volteó la cabeza con lentitud.

- Repasemos la misión, novato.- La voz del comandante fluctuaba entre la cercanía y la lejanía militar.

- Si señor. Viaje rutinario desde Nibiru hasta el planeta en concesión conocido como tierra. – Elish repetía de memoria las instrucciones, tal y como las había leído en el informativo que se le otorgaba antes a cada tripulación-. La misión consta de mapear la zona para determinar el punto de impacto del meteorito que permitirá restablecer el planeta a su estado original para los siguientes arrendatarios.

El comandante asintió y de nuevo el silencio se apoderó de la cabina, pero esta vez había algo distinto. Una energía que anticipaba un cambio, una fuerza extraña que le indicaba que había algo más que su superior quería expresar. El novato volvió a posar sus ojos en el experimentado comandante.

- ¿Qué tan apegado a la patria eres? – La pregunta del misterioso evaluador fue directa, como un puñetazo que buscaba testear la fuerza de su oponente.

- Mucho, señor.

- No es necesario el papel del ciudadano perfecto, ¿Sabes? Te elegí yo mismo entre los demás primerizos. Leí cada memo, cada biografía. ¿Sabes por qué?

- Por…- Elish titubeó, no sabía si esto era una prueba o parte de una revelación real-. ¿Vamos a hacer algo diferente a lo que expresa el informe?

El comandante sonrió mostrando todos los afilados dientes. Su raza no se caracterizaba por lucir bien demostrando felicidad, sus facciones siempre tenían un aire malicioso que levantaba sospechas en los más prejuiciosos. A Elish le ponía la piel de gallina, a pesar de ser uno de ellos, también sentía esa desconfianza por su propia raza, la cual consideraba como calculadora, fría y oportunista.

- Eres diferente a los demás, eso hizo que te eligiese. Cuando di aviso de mi decisión, los directivos intentaron convencerme de que eligiese a Marek, pero no quise.

Marek era el mejor de su generación, casi una máquina de tomar decisiones, comprometido con los ideales y sueños reptilianos. Una decisión obvia a la hora de pilotar una nave intergaláctica. Elish también se sorprendió cuando lo llamaron a él primero. Hubo miradas de disgusto por parte de sus demás compañeros, pero Elish estaba comprometido a dar lo mejor de sí mismo.

- Mi hermano trabajó muy duro para lograr un proyecto que ha llevado soñando desde pequeño – Comenzó el capitán-. La verdad, es que los dos lo soñábamos, pero yo desistí, crecí y me volví... ¿Cómo decirlo? Más concreto. Queríamos fabricar nuestro propio planeta, lleno de criaturas diversas, misteriosas, diferentes. Mi hermano estudió, se graduó, hasta que lo hizo. El muy idealista nunca dejó de soñar, soñó tan fuerte que convenció a la realidad de cumplir su anhelo.

- ¿cómo vamos a salvarlo? – Elish respondió de forma impulsiva, sin recordar el papel que había ensayado para demostrar su fidelidad. Nibiru era un planeta altamente jerárquico, las decisiones que tomaba la casta empresarial no eran cuestionadas por la casta militar, y las decisiones tomadas por los militares no eran cuestionadas por las castas siguientes. Al darse cuenta que había metido la pata, cerró los ojos esperando las penas del infierno, pero no llegaron.

- No voy a mentirte, hay mucho en riesgo. – Continúo el superior, obviando la cara de miedo de su pupilo-. Mi hermano y yo nos hicimos de una pequeña luna, lo suficientemente lejos de las garras de nuestra especie como para no levantar sospechas. Vamos a llevar todas las especies que podamos, de la tierra hasta allá.

-¿Cuántas son? ¿Vamos a poder salvarlas a todas? ¿Y las plantas? – Un escalofrío recorrió la escamosa espalda del copiloto.

- No, no vamos a poder salvarlas a todas, pero lo intentaremos. De la vegetación mi hermano ya se encargó. Al igual que del agua. Solo necesitamos de tu ayuda. Tengo jaulas de contención y trasporte, de esas que se adaptan y miniaturizan al espécimen dentro, para permitirnos más espacio.

- ¿Entonces no es una prueba?

- No, Elish. ¿Entonces, que dices? ¿Nos ayudas?

Al salir del agujero de gusano la luz se refracta de formas muy llamativas, los simuladores la imitan bien, pero nunca van a estar a la altura del fenómeno real. A pesar de su magnificencia, Elish estaba concentrado en los comandos que debía accionar para poder detener de forma segura la nave. Una vez que terminó los procedimientos y protocolos, levantó la vista hacia el planeta rentado. La tierra. En el pasado, una esfera sin vida que giraba en un sistema solar recién nacido. Hoy, tras la experimentación reptiliana, una masa repleta de criaturas bellas, feroces e impredecibles. Una variopinta jungla de seres únicos e irrepetibles creados bajo el diseño de la ingeniería genética, con un poco de la cadena de ADN de los propios reptilianos. Los llamaban dinosaurios, por su amenazante tamaño y exótica factura.

El novato no podía despertar de su asombro. Tanto verdor, tanto mar. Nibiru era una tierra yerma, seca por la explotación desmedida, calurosa y agobiante. La antítesis del edén que se develaba ante los emocionados ojos de Elish.

- Es una pena que los quieran extinguir.- se acercó diciendo el comandante-. Los inversionistas ni siquiera quisieron visitar la zona de trabajo. Si solo los hubiesen visto, se habrían rendido a sus pies.

- ¿Para que los crearon? – Preguntó el novato sin despegar su vista de la cada vez más cercana tierra.

- En un comienzo, para tener una fuente de alimento. Aunque no lo creas, hace un tiempo atrás, Nibiru era muy parecido a esto. Un planeta muy bello, pero el exceso de explotación y la extensa longevidad que alcanzamos como raza, la arrasaron. Mi hermano vendió su sueño como una excusa para producir carne de alta calidad, de bajo costo y a largo plazo. En secreto, hizo que el sabor de la carne fuese horrible, por lo que dejarían a los animales tranquilos. Y así él crearía el santuario que ambos habíamos soñado de niños.

Hubo silencio. Elish sentía que el misterioso y rebelde compañero de trabajo quería decir muchas cosas más, pero no había tiempo. El contacto con tierra firme estaba cada vez más cerca. El ingreso a la atmósfera comenzaba a hacer vibrar la cabina de mando, pero el capitán parecía estar atrapado en sus recuerdos de infancia.

- Señor – Se atrevió a interrumpirlo Elish-. Tenemos que comenzar el protocolo de re ingreso.

Con una sacudida de cabeza, el superior asintió-. No me llames señor. Dime Sarak.

Al fin un nombre, por fin una forma más cercana de sentir a su superior tras varias horas de incertidumbre. Qué curioso es haber formado un vínculo de confianza antes de saber la identidad del otro. El nombre era la última pieza que se necesitaba para cimentar la complicidad entre ellos y así poder ejecutar el plan. Elish sentía que ya no había cartas bajo la manga, el juego ya se había revelado. Solo quedaba jugar.

Las delgadas nubes se apartaron del camino de la aerodinámica estructura de metal. Sobre ellos, un sol joven y fuerte irradiaba calor a los boscosos parajes cercanos al mar que se desplegaban como una tierra fantástica, allá a lo lejos, bajo los pies de los visitantes.

- Tenemos veinticuatro horas para rescatara todas las criaturas que podamos.- Declaró Sarak-. Tenemos armas tranquilizantes que nos deberían ayudar ¿Qué tal tienes la puntería?

- ¿Cómo la vamos a hacer con el mapeo? Si los rescatamos, no tendremos la información y la misión no estará encubierta.

- No te preocupes, mi hermano ya se encargó de eso. Solo tenemos que concentrarnos. Si tenemos suerte, podremos atrapar unas ciento y algo especies.

- ¿Solo terrestres? – Elish parecía preocupado. Temía no poder ver a todas las formas de vida que habitaban ese planeta. Deseaba que existiese un gran catalogo, con imágenes, vídeos y detalles de cada uno de los ejemplares. Quería que todas pudiesen trascender de alguna forma, superar la barrera de la muerte anónima y lograr hacer notar su existencia para las futuras generaciones.

- No, iremos por todo, aéreas, acuáticas. Todas.

El joven sonrió.

El arma tranquilizadora era pesada para los delgados brazos del novato, y el disparo no iba a ser fácil. La astronave se mantenía en modo de espera, controlado por el piloto automático a varios metros de altura por sobre la espesura vegetal, a pesar de la potencia de los motores, el viento mecía de vez en cuando al ingenio espacial. Bajo ellos, una densa capa de árboles se agitaba con suavidad. Estaban esperando el momento preciso en el que el follaje se abriese y revelase a la criatura, que en silencio los miraba fijo desde la seguridad del bosque.

- ¿Cómo se llama este animal? – Dijo en voz baja Elish.

- Ninguno está bautizado. Es un animal un tanto extraño, tiene unos cuernos en la cabeza, dos patas, brazos cortos, pero tiene una belleza exótica. Esta en particular es una hembra, y enseguida tenemos que buscar al macho.

- Sabe que estamos acá ¿Cierto?

- Si, por eso está quieta. Es un animal carnívoro. Cazador, por lo que no está acostumbrado a ser cazado. – Los ojos de ambos se posaron nuevamente en la vegetación, que se movía en vaivén relajadamente con la briza de fines del verano-. Mantente preparado, yo iré por la grúa para subirla.

Elish se había cuestionado la razón por la que Sarak le había confiado el disparo, hasta que vio el armatoste metálico que se arrastró lentamente tras él. ¿Cómo una herramienta tan simple se transformó en una maraña de botones, palancas y luces? Claramente los ingenieros que la diseñaron olvidaron el concepto de la simpleza.

El viento aumentó, y la astronave se movió con el. Elish recordó su tarea, tomo el arma, apuntó y tras unos segundos, los árboles se abrieron develando la enorme y robusta cabeza de la criatura. El disparo fue silencioso, no así el golpe de semejante bestia cayendo desplomada al suelo por la anestesia. Una captura después de una hora y media. Tendrían que apurarse.

Con cada criatura, la velocidad de ejecución se hacía más rápida. En menos de cuatro horas, ya habían atrapado diez razas distintas, casi todas en parejas. Elish había fallado en algunos disparos, pero la cantidad de munición era virtualmente infinita. « ¿Cómo logró el capitán cargan tantas municiones sin que nadie lo notase?» Quizás la respuesta estaba en la avariciosa naturaleza de los reptilianos. El dinero movía al mundo, el dinero era poder, y el poder lo era todo, incluso mayor a la obligación patriótica. Con algunos sobornos de varios miles de créditos se podía lograr todo. Y todo ese dinero debió de salir de los bolsillos de Sarak y su hermano, el par de soñadores comprometidos a la causa, tal como él.

Un mar calmo y calipso se lucía bajo los pies colgantes del copiloto, quien se mantenía sentado al borde de la plataforma de carga abierta. Era la primera captura marina, un reptil acuático de diez metros de largo, enormes fauces, alargados dientes y cabeza en forma de punta. Otro cazador carnívoro, por lo que se había lanzado un cebo al agua para llamar su atención. Elish estaba enfocado, esperando el momento, quería lograr salvar todo lo que pudiese, pero esta era la segunda vez que les tomaba tanto tiempo hacerse de la criatura. Sus manos se apretaban con fuerza en el cuerpo del arma. El segundero sonaba imaginariamente en su cabeza.

- Elish- Interrumpió Sarak-. ¿Por qué quisiste ser piloto? - Ante la cara de desconcierto de su subordinado, el comandante creyó necesario desambiguar su pregunta-. Leí tu expediente, Desde pequeño te mantuviste alejado a las labores obligatorias, absorto, y según tu superior en tercero de academia, en la nubes. Para ser piloto debes demostrar fidelidad máxima. La actuaste muy bien, pero siempre se supo que era un papel. Entonces ¿Por qué ser piloto?

- No lo sé, quiero estar lejos de Nibiru lo que más pueda. Pensé que era la única opción. Siempre supe que mi papel era lo suficientemente convincente, pero que mi historial lo desmentía. La verdad, me sorprendo a mí mismo lo lejos que he llegado.

- ¿Qué planeas hacer a futuro? ¿Después de esta misión?- Sarak se sentó junto a su compañero, a la orilla de la plataforma. Posó sus ojos en el mar, calmo, bello, primordial.

- Quiero trabajar lejos- Elish dejó caer los hombros, su cuerpo se veía más relajado, pero sus manos no dejaban de aferrarse con fiereza al arma tranquilizadora-. Pensaba postular a una base en alguna luna lejana, quizás a una embajada y trabajar allá como piloto privado de algún político.

Sarak iba a responder, pero de golpe, el enorme reptil marino salió de la nada, con sus enormes fauces abiertas y gigantescos dientes afilados. Cerró su dentada trampa con el cebo entremedio, a solo unos centímetros del pie del copiloto, quien instintivamente disparó el tranquilizante, acertando en el blanco.

- Voy a traer la grúa. – Dijo perplejo el asustado capitán.

Elish se volteó e intentó contar las cajas apiladas después de ocho horas de trabajo. En total deberían ser una treintena de especies, en su mayoría, terrestres y carnívoras. Las herbívoras tendrían que ser el foco de las siguientes horas, para luego capturar más especies voladoras y marinas. El novato estaba comprometido, pero su cansancio era evidente, por lo que no se sorprendió cuando el experimentado instructor se le acercó con una taza de bebida energética tibia.

- Aun quedan dieciséis horas por delante. Te enviaría a dormir, pero no puedo operar la grúa y disparar solo. Te necesito. – La voz del capitán ocultaba algo, su voz firme pero amable tenía otro tono, entre palabras y silencios se escondía algo más. Elish era muy perspicaz y observador, por lo que intentaba analizar los sentimientos que disfrazaban los demás alrededor. Cuando eres diferente, la gente tiende a evitarte, y si por alguna razón tienes que interactuar contigo, mienten. Por esa razón se debe aprender a leer entre líneas para extraer la honestidad.

-¿Cómo lograron que estos animales se desarrollen tan rápido? – Elish iba a sondear a su superior, buscando la forma de acercarse de la forma más respetuosa al asunto que lo incomodaba. No todas las personas son iguales, hay algunos a los que les gusta hablar las cosas de frente, otros prefieren no hacerse cargo, mientras que los demás quieren decírtelo, sin verbalizarlo.

- No fue difícil gracias al ciclo acelerado que tiene este planeta. Los días duran menos que en los demás astros miembros del consejo, por lo que su metabolismo y demás estructura base se adaptaría a ese tópico.

- ¿Cómo lo hicieron con los ciclos? Nuestra raza es bastante longeva, pero creería que para llegar a este nivel de evolución, tuvieron que acelerar un poco su capacidad adaptativa.

- Eres muy observador, pero, ese es un secreto que no puedo revelar. – La chispa perdida volvió a sus ojos-. Vamos, tenemos que seguir trabajando.

Sarak salió de la bodega. Elish entendió que a s superior no le gustaba hablar las cosas de manera frontal, por lo que decidió no intentar resolver el asunto. Antes de salir, prestó atención a los durmientes animales que, en tamaño diminuto, dormían profundamente dentro de sus cajas transparentes. El joven piloto respiró profundo, en las próximas horas, el sueño iba a ser su principal adversario.

Veinte horas de trabajo, muchas bebidas energéticas y un centenar de capturas exitosas son las que reflejaban los cansados ojos de ambos rescatistas. La hora límite se acercaba y con ella, el plazo final para salvar a las demás especies que habitaban ese hermoso y primitivo planeta. El informe enviado por el hermano de Sarak ya estaba listo para ser entregado, y había tiempo para atrapar algunas especies más, pero no bastaba. Para ninguno de los dos era suficiente, a pesar del esfuerzo, del combate contra el sueño, del hambre, las extremidades engarrotadas, sentían que podían dar más. Bajo la piel de Elish, se ocultaba un extraño sentimiento de cariño hacia la biosfera que habitaba este pequeño planeta. De una forma u otra se había logrado conectar con aquellos salvajes y bellos animales. Sentía que algo sacro se alojaba en la libertad y existencia de esos animales, algo que su raza había olvidado hace tiempo. Tenía que intentar salvar más.

Ninguno de los dos se atrevía a hablar. Simplemente continuaron con la cacería, era el turno de una esquiva especie verde amarilla, delgada y con cabeza alargada que le gustaba correr y esconderse entre los árboles caídos. La habían divisado antes, pero disparares a tanta altura había sido todo un dolor de cabeza, por esa razón, ahora intentarían un nuevo enfoque.

La tierra se sentía esponjosa al tocarla con la palma de la mano, y el olor que emanaba su humedad era algo nuevo para el novato. Arriba, Sarak permanecía atento a los movimientos que acusaba el radar biológico, por si algo más grande y peligroso se acercaba al novato. Elish, en cambio, no podía ocultar la sonrisa que tenía al estar rodeado de tanta vegetación. Él estaba en un claro lo suficientemente grande como para formar una planicie en medio del bosque se dominaba los horizontes a su alrededor. Tanta vida, y al mismo tiempo, tanta quietud. Según el radar, los esquivos animalillos solían usar este claro para cazar, correteando a su presa hasta llevarla al enmarañado terreno boscoso donde su agilidad y delgadez tenían la ventaja.

Elish se sentó en el suelo, quedando tapado por el pasto largo y grueso que crecía en esa zona. El sol de la mañana estaba ya reinando sobre el paisaje, la humedad ya se estaba condensando en pequeñas pero gruesas gotas de agua, y fue en un pequeño momento de silencio total cuando las pequeñas criaturas comenzaron a moverse. Esta vez, el tiro fue fácil, pero hubo algo que le llamó a atención al joven copiloto. Un ser pequeño, peludo y veloz que huía sagaz de sus cazadores. Solo fue un segundo, pero su imagen se clavo en su cabeza. Había otra forma de vida, distinta a la que creó el hermano de Sarak, quizás este planeta iba a desarrollar su propio ecosistema y el experimento había interrumpido su ciclo normal. De regreso en la nave, se lo comentó a su compañero mientras cargaba las nuevas adquisiciones.

- ¿Estás seguro de lo que viste? – Le preguntaba el incrédulo capitán- Porque yo no lo vi en el radar.

- Por lo mismo, creo que es algo distinto. – Explicarlo era algo complicado, pero tenía que intentarlo-. Tu hermano injertó un patrón secuencial que tu escáner detecta, ese patrón es común al de nuestra especie. Este animal era distinto, tenía un filamento que cubría su cuerpo.

- ¿Espinas?

- No, era otra cosa.

- Cuando llegamos a este planeta, estaba desierto. ¿De dónde salió esa criatura? Quizás alguien más implanto vida aquí.

- ¿Con un contrato vigente y a ojos de todas las razas conocidas? No creo, esto es autóctono.

Un sonido melodioso de llamado interrumpió la discusión. Sarak presionó el botón para aceptar la llamada en su intercomunicador. La delgada y escasa voz de un miembro del consejo inundó el ambiente por algunos minutos. Al comienzo, Elish pensó que los habían descubierto, pero se relajó cuando se entero que no era eso. Al colgar, el brillo en los ojos de su superior regresó para hacerse notar.

- Ya tenemos que irnos. El reporte está enviado y ese era nuestro llamado de regreso. – La voz del piloto volvía a opacar el brío. El copiloto asintió y con los hombros caídos dejó el arma de lado.

- Entonces, nos vamos.

- Elish, hay algo que he querido preguntarte. – Era el momento, aquello que se había guardado durante toda esta jornada iba a ser revelado-. Tengo una oferta de trabajo. Mira, sé que no deseas regresar a Nibiru y…

- Acepto.

- ¿Qué? – Una sonrisa apareció en la cara de Sarak, sin dejar de lado ese tinte malicioso-. Serás considerado un desertor. Solo tenemos unos meses antes de que llegue el meteorito y va a ser peligroso.

- No me importa. Acepto.

No se tuvo que decir nada más. La nave hizo caso omiso a la señal de regreso y puso rumbo al otro extremo del planeta, donde un nuevo espécimen los esperaba. Elish deseó en silencio que el meteorito restaure el orden natural de las cosas, para que un día, aquel pequeño ser que vio por solo un segundo, se abra paso, pueda evolucionar y reinar el mundo con su propio ecosistema.

Fin

26 de Agosto de 2019 a las 20:59 3 Reporte Insertar 1
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Conoce al autor

Javier Valderrama Estudie cine en chile, me desempeñé como guionista donde reafirmé mi pasión por escribir.

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Mauricio Orta Mauricio Orta
Una lectura agradable. Me pareció interesante el planteamiento de la historia y las interacciones de sus personajes, que se salen de los "clichés" villanescos que su tipo de especie suele tener en el género. La narración es fluida y tiene buen ritmo, pero te recomiendo repasar el texto ya que hay varios errores pequeños pendientes por corregir. Si no te importa te puedo mencionar algunos para que te sea más fácil localizarlos.
26 de Agosto de 2019 a las 17:30

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