Ferra, Mefistófeles - Χάος Νέμεσις Seguir historia

khronostellus1 Allan Lanza

Dijo Howard Phillips Lovecraft, ''La muerte es misericordiosa, ya que de ella no hay retorno; pero para aquel que regresa de las cámaras más profundas de la noche, extraviado y consciente, no vuelve a haber paz.'' Solo es cuestión de tiempo para que logren soportar la locura que ha dejado libre ella... o por lo menos reir en el intento.


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#horror
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Acacio

Demasiado enfermizo se había puesto la situación en la cocina cuando los demás salieron a la gasolinera quedándome con Febes y esta, entre lágrimas y bramidos que desgarraba su garganta, cuando pretendía quitarse la vida con un cuchillo demasiado de la yugular diciendo que ya nada valía pena para seguir viviendo. El clásico y absurdo drama de cualquier persona para llamar muchísimo la atención porque sufre de algún dolor que nadie puede comprenderle. ¿Por qué me expresase de dicha forma? Francamente me burlaba o mofaba de este tipo de situaciones, un montón de niños queriendo fastidiar el rato. ¿Tengo alguna excepción con mi amiga para evitar que cometa estupidez semejante? Bueno, no tengo ánimos de limpiar la sangre que vaya chorrear por todo el lugar, asique me convéniese convencerla que pare.

Intenté acercarme a ella diciéndole suavemente que bajara el cuchillo, pero la idiota lo acercaba más a su cuello. Luego a la segunda tentativa que me háyase como un metro de ella pretendió atacarme y me alejé rápidamente. La tercera volví a insistirle, pero me terminó escupiendo a mi rostro. ¡Agh! No me jodas, entre regaña dientes

Estaba demasiado fatigado para seguir arreglando la situación, digo son las 2:30 a.m. y por un carajo quiero dormir, o al menos asemejarla con la triste realidad que fuese algún torcido sueño, asimilando la destrucción de mis neuronas por las acciones irracionales y el tétrico empalamiento que se iba tirar Febes con esa lanceta, todo esto lo confirmaba con vigorosidad gracias a que no era una maldita pesilla sino un momento angustioso… y estúpido en su esplendor lascivo.

No sabía que decir, todo seguía tornándose difícil de manejar. Una parte de mi decía que mejor observará como se quitaba la vida ella. La otra parte también añadía que apresurara en cortarse para irme a dormir, pero por un carajo no quería limpiar el desastre que iba hacer ella. Esta trama me sofocaba mucho.

Bastante forzado se veía el instante. Para no hacer tan aburrido el acontecimiento, iracundo dije: - al diablo, tu vida es tu vida. Yo me iré a dormir, no hagas escándalo.

Ella solamente agachó la mirada, bajando el arma, y dándose la vuelta mientras comenzaba llorar, significativo alguno de pena u remordimiento. Me sentí un poco de bajeza viendo su condición que destila un eterno ciclo de torturas en su propia psique, y falsas esperanzas al darnos a nosotros para que cambiase ella. Hice, prudentemente, un gesto para ayudarla y poder llevar la fiesta en paz; agarrar la primera olla de presión y aventársela con fuerza directo a su cabeza para noquearla, y al final poder descansar.

Lo dije bien claro, sentí un poco de bajeza en ella.

O, casi nada.

Bueno, mentí.

No solamente fue aquel impacto que recibió de mi pulso, sino también que, golpeó contra la pared ya que la olla desvió su postura. Seguido que rápidamente caía fugazmente al piso, también se terminó lastimando su cara contra la cerámica. Luego una quietud perfecta. No miraba mucho que indicase lo contrario que… estuviese viva. Dios, comenzó a sangrar, me faltase decir eso frunciendo el ceño. Está muerta la hija de… ah no, acaba de estirar la pierna y moverse una centésima de segundos indicando que se háyase consciente.

Decidí acercarme, retirar las cosas tiradas.

Seguido, arrastrarla sacándola de ahí para curarla… Threnody y Athlios habían regresado de la gasolinera y presenciaron el acto.

- Déjame adivinar – dijo Threnody - ¿Otra vez con lo de Acacio?

Asenté.

- Coño, es la octava vez en este mes. - dijo Athlios tocándose las cienes – Tío, nadie de aquí puede seguir con esta locura.

- No tenemos opción – dije – Tenemos que ingresarla de urgente al…

- Yo… - Threnody se quedó callada cuando intentó replicarme, pero me encontrase yo en mi mayor facultad para proponerlo, porque ninguno de los presentes podemos continuar en esto. Luego preguntó ella: - ¿Y él de acuerdo en que la ingresemos…?

- Créeme, lo está.

Athlios llamó a una ambulancia mientras Threnody y yo la recostamos en el sofá limpiando la sangre salpicada. Yo me salí un momento afuera para que pudiese refrescar con una brisa de madrugada. Desvelado, tomando decisiones que fuesen lo mejor para Febes, me sintiese incomodo por los hechos. En especial por la descarriada circunstancia entre ella y con nuestro amigo, Acacio. Los escenarios son doblemente obvios, pasa que una cosa es que una persona tenga sentimientos hacia otra en un afecto para establecer una relación. Pero no me jodan que la otra situación es que uno sea doblegado por una horrida, demasiado grotesca, obsesión al parte de cortarte las venas por ese amor correspondido. Hasta incluso se arrancaba las uñas contando los días que no podía estar cerca de él. Y como tortura tuvimos que primero hacerla entrar en razón cada día, convenciéndola, e intentando calmarla… pero todo se iba muy pronto a la mierda.

El punto más crítico de mis obsoletas presencias era… la divina locura y momento rabiosas en que ella quería quitarse la vida porque no podía estar con mi amigo… la inquietud superaba cualquier segmento mencionado, y ese anhelo, ese vacío debía ser rellenado con demencia pura en miedo. Sin embargo, sigo conservando una cordura.

Sonrió por eso.

La muerte… la muerte no podrá oprimirla para seguir tirando demonios hacia el destino, decía en mi cabeza, cuestionando de todo. Tan solo llegasen los del hospital para evaluarla y que sepan donde lanzarla.

El miedo, sin embargo, no podía ser apagado en mi agobiado interior. ¿A qué? Pues, algún día pagué los errores que haya de cometer Febes más adelante.

La incertidumbre por la cual estamos pasando no deja de cesar, y por mucho que intentásemos disimular como si las mierdas nunca hubiesen pasado, siguen retorciéndose como serpientes en nuestras cabezas, más que todo en Threnody quien ha sido la más afectada. Athlios, en sentido diferente, prefería tener empatía por la pobre muchacha y darnos esperanzas rezándole a Dios… esperanzas de mierda son las que recibimos en mi opinión. Reiteradamente, perdiendo el placentero efecto de dormir, el estrés me hacía sentir un ardor en el pecho, luego unos estiramientos en los hombros y en la espalda. ¡Quiero descansar por un demonio! Pero no podía. No podíamos descansar.

Desease terminar dicha majadería.

En tales instantes, puedo anexar y permanecer en el mismo sentido que, solo sea cuestión de tiempo que las personas se quiebren mentalmente, a extremas degradaciones difíciles en comprender.

Un montón de niños mimados que quieren llamar la atención de los medios, como si las redes sociales no fuesen lo suficiente.

Entre cierto tiempo, vi que venia la ambulancia. Athlios sacó cargando entre sus brazos a Febes. Threnody y yo lo seguíamos de atrás. Se bajaron dos paramédicos que atendieron para atenderla. La colocaron en una camilla, y la introdujeron al vehículo, junto a ello me dieron el asiento del frente junto al conductor, y ellos iban atrás acompañándola.

Íbamos callados mientras nos dirigíamos al hospital. En serio, diría que es el silencio mas callado que teníamos. Incluso las sirenas yacían apagadas y se sintiese una pesada, quieta, muerta atmosfera como si estuviésemos flotando.

No lo estaba soportando y dirigí vista en aquel conductor, demasiado enfocado directo sus ojos al camino despejado, pregunté que, si podía poner algo de música en su radio, lo cual ellos ocupaban para emergencias. El sujeto, sin responderme, asentó con la cabeza y él fue quien buscaba en alguna emisora. Primero, se dejó en una donde se hallasen reportando una noticia inquietante sobre unos asesinatos contra las trabajadoras sexuales que se daban en Barcelona, lo cual la policía no tiene indicio alguno de tales crímenes. Luego cambió de estación. Se presentaba como un hecho, pero narrada por alguien que se sonase perturbado, al grado de forzar su voz en señal que lo estaban haciendo sufrir. Antes que cambiase a la siguiente estación, dijo estas palabras: La maldita pesadilla de todos los días… La muerte cuya imagen era un cuello siendo abierto por algún objeto punzante. Estaba un tanto asustado por lo que había escuchado. Y se agregase al hecho de que el tipo no se inmutaba por ello, seguí viendo al camino. Se dejó ya finalmente para traerme un poco de armonía una de las estaciones mas escuchadas de la ciudad, La Calma Y El Corazón, donde pasaban música romántica las 24 horas. Me sintiese aliviado y poniéndome cómodo para divagar esta cabeza.

Un poquito de paz.

Carajo, ya llegamos.

Nos detuvimos y nos bajamos para abrir las puertas de atrás del vehículo. Los paramédicos llevaron amarrada fuertemente a Febes, quien, reaccionando, comenzó a bramar y gritar el nombre de nuestro como si nada, mientras la introducían urgentemente. Nos indicaron que fuésemos a la recepción para dar algunos que requerían para ingresarla y poder hacer dicha evaluación psicológica en determinación de algún mal en su cabeza. Ellos se estaban retirando cuando, sorpresivamente antes de ingresar al local, vi al conductor que tenia clavado sus ojos fríos en mí. Me incomodó. Luego esté me sonrió macabramente. Se marcharon después. Incomodo, bastante.

No di mucha importancia y proseguí a realizar el caso. Me fije que Threnody y Athlios estaba conservando con un doctor. Fui donde ellos.

Entonces pregunté: - ¿Ellos la explicaron la situación?

- Absolutamente – afirmó el doctor Marcelo Balenciaga, fijándome rápidamente en su placa que llevaba su nombre tallado. – Tenga fe que nosotros tomaremos nuestro tiempo para ayudar a su amiga.

- Claro.

– Este hospital ha tenido las mejores historias de nuestra ciudad. Muchos casos de intento de suicidio e intoxicación por consumo de tranquilizante para caballo.

- Dígame algo novedoso.

- Os recuerdo el curioso caso de una mujer que atacó a su hombre, sospechando que tenia él una aventura con alguna mujer por ahí, con una ardilla. Heridas graves recibió, pero pudimos salvarle la vida. En cuanto al hombre, murió por un ataque al corazón porque tenia pavor hacia las ardillas.

- Que torcido.

- Ya nada puede seguir sorprendiéndonos.

Nos quedábamos viendo los unos a los otros, jodidamente pudimos comprobar la fama que adquiriese a través de los años el hospital cuando un empleado de ahí estaba tambaleándose, hablando incoherencias, junto con una botella de Brandy y una de tequila en cada mano. Seguidamente, con una expresión amarga, nos miró… y nos bisbiseo aun en dicha condición: - Odio mi trabajo… pero el sueldo es hermoso.

- Tranquilo – dijo el doctor sonriendo – Él es así.

Un rato después… Threnody y yo se ocupó de los papeleos y gastos necesarios. Athlios, a través de un teléfono del hospital se intentaba comunicar con otro amigo nuestro para informarle de nuestra situación. Viendo el reloj que tenían, marcaba las 3:30 de la mañana. Nos sentamos afuera del hospital mientras esperábamos la diurna para… para nada la verdad. Solo estar ahí.

- ¿Realmente… estamos bien? – preguntó Athlios.

- Fue necesario, por ella para que se recupere y deje de auto lastimarse. – contestó Threnody.

- Pero… tengo miedo que le pase algo.

- Os estamos aquí para apoyarla en todo lo que se pueda. Somos sus amigos.

- Tenéis razón.

- Solo Dios tiene la última palabra. Pero me siento terrible por lo que está pasando. Febe

Me toqué ligeramente la nariz.

- Siento mayor pena por Acacio quien tuvo que pasarla horridamente. – dije bostezando.

- ¿Cómo? – me preguntó Athlios.

- Un problema menos que lidiar, y sepa como uno puede manejarlos a su manera.

- Tan seco te habéis escuchado. – dijo Threnody cruzando sus brazos hasta el pecho. – Ambos fueron víctimas de esta chifladura.

- ¿Perdón? – dije viéndola y frunciendo el ceño – Uno estaba cuerdo de la cabeza que hacia lo posible para llevar una vida tranquila siendo víctima de alguno que no era para él. Y el otro se volvió un loco, un enfermo posesivo e irracional atacando de las peores maneras para tenerlo entre sus manos. Dime quien de los dos es el que sufrió demasiado por un castigo tan mas estúpido.

- Te poneis en ese plano sin meditar las consecuencias. Ella es mi amiga, yo se que no es así… ella no es así.

- La cordura el ser humano es aún más delgado que el hilo. Solo era cuestión de tiempo. Y yo no iba seguir soportando dicha demencia conmigo, jurando preferir verla que se cortará o se degollará antes que malgastar mi tiempo.

Threnody se levantó y me dio una patada en el rostro haciendo tirar un lejos de ellos. - ¡Eres un imbécil! – me gritó.

- ¡Por el amor a Dios no empiecen! – dijo interviniendo Athlios – Este no es lugar para hacer eso.

- Da igual. – dije masajeándome levemente donde tenía el golpe – No estoy en disposición alguna para discutir contigo, Threnody, ya está hecho. Ahora depende de nuestra amiga, porque ni siquiera la pudiese considerar, si quiere salir de ahí como una persona normal, o seguir jodiendo. Debemos ser realistas; sea lo que sea y la mierda que lleve dentro de su cabeza, es problema de ella, no nuestro.

Threnody refunfuñó entre dientes y me dio la espalda.

- Ojalá puedas arrepentirte y ver que, todos podemos cambiar, pero no siempre solos. – me dijo - Es aquí cuando sabemos quiénes somos amigos.

En un tono burlesco y sarcástico viniendo de ella, me levanté con los brazos en jarras, alejándome de ellos intentando calmar las ansias de mi colera. Preferí guardar compostura, debido a que no podríamos pasar si continuásemos discutiendo. Dije: - No estoy para discutir por quien deba sentir lastima, o la manera en que veo las cosas. Me interesase conocer el origen. ¿Cómo fue que Febes terminó jodida y se volvió eso que metimos a fuerza?

Diestramente, nadie tuviese respuesta sobre lo sucedido. Vagamente ocurrió de la nada y todo lo demás es ilógico para mí. Casi nada por decirlo.

- Hace ratos – habló Athlios levantándose del piso y sacudiéndose su pantalón – He intentado comunicarme con él, pero no me responde.

- Puedo asegurarme que debe estar con… ¿Francesco?

La misma ambulancia donde nos trajeron regresó urgentemente, acatando en el mejor detalle a Francesco bajándose desesperadamente mientras por atrás llevaban a… carajo, ¡Acacio estaba mal herido! ¡Jodidamente mal herido!

Al cabo de varias revisiones que le hacían al pobre, esperando afuera todos de la sala de emergencia, teníamos nuestras consternaciones sobre Francesco que se aisló de nosotros viendo hacia la puerta de la sala. Ni siquiera yo me atreviese a preguntar por la reacción que soltase sin mediar palabra. Una enfermera salió de ahí, comunicándonos que Acacio se encontrase un tanto estable, y dentro de un momento lo trasladaran para una de las habitaciones del lugar. Nuevamente, regresó hacia adentro ella. No me aguanté mucho y me dirigí rápidamente para sacarle respuestas, porque mi horror va creciendo poco a poco… no es una perfecta noche para seguir aguantando mas estupideces, por mucho una situación agravante para todos y cada uno de nosotros.

Zanjó a confrontarme mi amigo viendo a la cara.

Dios, una expresión pálida que mezcla muchos sentimientos relacionados al terror y trauma de haber contemplando algo que no debió hacerlo.

Threnody se acercó para consolarlo con un abrazo, sin que Francesco despegase su vista en mí.

Reflexión alguna: que todos vamos cayendo al mismo infierno que intentamos salir. Vaya joder con ello.

Tuve un torcido escalofrió que me agarró desde el hemisferio izquierdo de la nalga, subiendo por la espalda y terminar en un frio áspero y sórdido.

Fuimos interrumpidos por el conductor que se acercó lentamente con un objeto envuelto en una bolsa negra. Sin hablar se lo entregó, Francesco aturdido por la emoción inherente de tristeza y horror lo cogió. Él tipo volvió a sonreírme mientras se retirada como un pervertido.

Di respeto.

No continué más en conseguir réplica de los hechos.

El reloj marcaba las 7:15 a.m., cuando nos avisaron que podíamos pasar a verlo.

Dios, el idiota de Acacio estaba con varias vendas que cubrían una facción de su rostro, arañazos en cicatrices tuvieron que ser cosidas en suturas metálicas, y con suero… pero en lo demás seguía vivo el cabrón. Me alegrase un poco.

Francesco y Athlios se colocaron a la izquierda de la cama, Threnody junto a mí a la derecha.

Pero, aun por la compañía que estábamos haciéndole, Acacio mostraba una superficial expresión de pavor, taciturno viendo hacia el vacío del cuarto.

Cuando quise hacerle una pregunta, enseguida Threnody no me lo permitía. Reiteradas veces intenté, pero no lo concebía. Carajo con la prudencia, no soportaba verlo así.

Mejor iba sugerir que viniésemos mas tarde cuando pasase aquel estado catatónico de nuestro amigo…

Acacio…

Él se incorporó como pudo a sentarse mientras le decíamos que no lo hiciera, pero se negó. Entonces, asistido por Athlios, solamente comenzó a narrar en un tono solemne y pesado, cruento y frio, lo siguiente:

Robusto, violento, con una fuerte pestilencia sobre su cuerpo virulento, como el de un toro cubierto de puras sombras y destilando sangre por sus ojos. Los dientes estaban afilados y en línea recta, como sus cortantes pero extenuadas uñas. Un despiadado ser como llegase a describir mis ojos en estos horridos momentos. Lo que clavase la descripción en la cumbre misma es que lo teníamos enfrente. Y por si fuese poco, esa bestia gustaba devorando algún indigente que fue atacado sanguinariamente por esta cosa.

Desgarrándole la carne, quebrando sus huesos, lambiéndose la sangre chorreada en su rostro, el sujeto gimiendo suplicando que lo mataran, estábamos parados ahí viendo con demencia y asco.

Lánguidamente retrocedía, sin despistar la mirada entelerida conformidad en la voluptuosidad de la muerte. Respirada levemente y contenía mis alaridos de suplicios en desear salir corriendo… fugazmente observada atrás… sin embargo, el vértigo no desaparecía y lo dificultaba mucho…

De ahí se quedó callado en la misma posición donde se hallase.

Francesco, con el objeto curioso entre sus manos, me hizo señas que saliéramos los dos afuera. Threnody y Athlios se quedaron con él.

Antes que saliéramos, la expresión de Threnody mostraba un signo de inquietud, como de confusión, pero solo asenté con la cabeza indicando que, absurdamente, saldría bien esto. Cerré la puerta. Francesco se arrimó contra la pared y yo me coloqué a un lado, solamente viendo a otra parte.

- La verdad – dije, seriamente volteándome para verlo.

Francesco un tanto nervioso, sacó de la bolsa lo que pareciese tener la forma de un texto, un libro específicamente.

Η Χιμέρα Άθως, llevaba estas palabras grabadas en rojo mientras su cubierta era de cuero pintada de blanco. Todo en griego.

Luego me comentó:

- Febes ha estado al borde una quebrantable locura con nocivos episodios que desenfrenaban el más complejo miedo del que ninguno desearía vivir y recorrer con agallas al suicidio.

- Dime algo que no sepa. – dije en un tono seco.

- Mas aun, que dichos delirios enardecen la cordura para sostenerse, una completa bestia que se corrompía entre dichos sobresaltos arduos en referirse como un desborde de esquizofrenia, pero esto llevaba más allá de los limites en la personalidad y gnosis central que rigen al ser humano.

- ¿Sí?

- Puede que yo estuviese, sin justificaciones congruentes, exagerando sobre tipa persona.

- Suenas como Threnody. Intentando buscar un lado quizás optimista.

- Ojalá lo fuese.

- Sin embargo, no estaré mintiendo aun con una perfecta sonrisa porque soy de aquellos que prefieren la comedia en tiempos fúnebres. Ella ha estado desvariando, lo pude notar paulatinamente su consternación cuando intentaba quitarse la vida.

La psique del ser humano cada día me sigue aterrando demasiado. Evolucionando hasta desenvolver incontables plagas mentales o psicóticas, y estamos hablando de una mujer cuya madurez en promedio era 4 años mayor que el de los hombres. Es impresionante, pero, un turbio pasaje que muestra la horrida realidad del ser humano expuesto a la vida y a la muerte misma.

- Por favor Francesco, ella está loca. – dije irritándome.

- Puede ponerse bastante intranquilo. – expresó él.

- ¿A qué te refieres?

Pareciese que mirabas en ambos lados, pretendiendo que nadie nos estuviese observado a hurtadillas. En perspectiva, me dejase mas confuso por este gesto. Él jamás se ha comportado de la manera en que yo estoy apreciándolo.

Habló:

- La Quimera De Athos, es el nombre del libro que os enseñé. Hace meses sospechaba de Febes mucho antes que se jodiera la tía. Ella iba todos los días a la biblioteca a leer eso. Lo sé porque yo la seguía, y el mismo archivero me comentó del texto. Ya después dejó de asistir cuando comentó del texto. Ya después dejó de asistir cuando comenzaron los brotes mentales de ella. Así que lo pedí que me lo prestara el tiempo que fuese necesario.

- ¿Qué mierda…? – pregunté embrollado - Ella ni siquiera puede leer en griego.

- Yo tampoco puedo explicarlo. Hablé con un amigo que si le hace con este idioma. Me ayudará.

- Dudo mucho que haya un margen de diferencia entre nuestro pensares en colegir que la raíz proviene de esto.

- Dame tiempo para investigar.

- Pero ¿Y Acacio? Lo de él me tiene enredado. ¿Qué fue lo que ocurrió? ¿Lo intentaron asaltar? ¿Atacar?

- Os diré que apenas iba dormir por esta revisando en internet alguna fuente del texto, escuché gritos que viniesen de afuera. Salí. Ahí estaba él demasiado lastimado para levantarse… Y ahora estamos aquí.

- Carajo… y en estos momentos no nos sirviese hablar con él por el ajetreo que tiene…

Threnody y Athlios salieron un momento con nosotros.

Ambos explicamos la situación presente, de la cual nadie se viese innegable de afrontar esto. Miradas y movimientos de desasosiego acompañando con inexplicables agujeros en las vidas de estos dos. Nada nuevo para mí, una forma de fastidiar el rato. Pero de ser así, se acordó vigilar tanto a Febes como al catatónico de Acacio.

Athlios regresó nuevamente al cuarto para ver como seguía nuestro amigo.

No deseábamos hablar y nos quedamos ahí afuera.

Empiezo a husmear un curioso hedor saliendo de la habitación. Seguido, que todos avistamos con suspenso, sangre que salía por debajo de la puerta.

Exclamamos y de un solo entramos a ver que había sucedido…

No sé cómo puede seguir empeorándose la situación, de tales puntos en que ya todo se está volviendo una jodida pesadilla que se tornaba cada vez torcida y diabólica para mí. Dos cosas que puedo destacar:

Acacio había desaparecido de la nada.

Athlios estaba siendo devorado por una atrocidad que se hallase trepada en la esquina derecha de la habitación. No, estoy loco.

No estoy sorprendido absolutamente. Al contrario, espantado. Se me pasase la cognición distorsionada. Estoy sonriendo como cínico para disimular las ganas de orinarme del miedo...:

– ¡Ayúdenme! – gritó nuestro amigo en desasosiego y congoja.

Pero no respondimos.

- Por favor, ayúdenme quien sea. – volvió a suplicarnos.

Callados. Threnody conteniendo sus lagrimas y Francesco paralizado. Al cabo, la cosa terminó de atragantárselo.

El panorama se hacía visible.

Era como un cuerpo decrepito vestido en una toga negra de tirantes rojos, múltiples extremidades saliéndole como si fuese un arácnido. Interesante, su cabeza era el de un carnero esquelético que brotaba humo negro de sus ojos. Trepado ahí bañado en la sangre de Athlios. Y obviamente, se devoró a Acacio. Puedo confirmar algo más. Ninguno de los tres estábamos alucinando. Debido a que, asomé un poco mi cabeza fuera del cuarto vislumbrando que había más de esas cosas atacando, mutilando, devorándose a los pacientes y demás encargados en un mórbido festín de tripas y bilis. Preferí cerrar mis ojos fingir que yo estoy durmiendo. Solamente la oscuridad de mis ojos, mientras escucho los gritos de angustia de mis amigos siendo mutilados delante de mi mientras imploraban que los salvara. Pero me mantuve ahí. Me reí. Me reí levemente. Luego elevando el tono de mi risa. Y finalmente ahogarme con mis carcajadas de miedo para aliviar el terrible dolor de la muerte que me aguardase ahora… mismo.

1 de Septiembre de 2019 a las 01:25 0 Reporte Insertar 0
Continuará…

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