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valerializgeden Valeria Liz Geden

Hannah ha sido premiada con una beca en una prestigiosa firma de Nueva York. Adam no está feliz con la llegada de la novata. Hannah es alegre, espontánea y risueña. Adam es arrogante, escéptico y orgulloso. Hannah es golpeada por una noticia que podría cambiar su mundo. Adam es atormentado por un recuerdo que no lo deja avanzar. Hannah está huyendo del futuro. Adam está huyendo del pasado. Él tiene límites; Ella los rompe. PROTEGIDA POR DERECHOS DE AUTOR: Historia registrada en SafeCreative bajo el código: 1810158727853 y protegida por los derechos de autor de la República de Chile. PROHIBIDA su copia, reproducción, o adaptación total o parcial.


Romance Erótico Todo público. © Todos los derechos reservados

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PRÓLOGO

Los ojos de mamá ya no brillaban con la intensidad que lo hacían hace unas semanas atrás. Su mano estaba más huesuda y a su mirada le faltaba color y vida. Su voz era áspera, como si no hubiese tomado agua en semanas y su sonrisa apenas se dibujaba en sus labios secos. Estaba ahí, postrada en esa camilla de sábanas blancas, pero no era ella. Esa mujer no se parecía en nada a la que hace tan solo trece días me hacía cosquillas en la barriga cada vez que me pillaba rebuscando en el frasco de galletas.

Mamá era una vela que en medio la noche oscura trata de que su llama no se apague por el frío que irradia la penumbra.

De pronto, su sonrisa forzada se disolvió. Sus labios se relajaron y a continuación se quitó la mascarilla de oxígeno con sus manos huesudas que acostumbraban a amasar hojaldre y pan. Susurró a papá que estaba al otro lado de la cama con Haru en brazos.

—James, cariño —Hizo una pausa más larga de lo habitual —: ¿por qué no me dejas un rato a solas con Hannah? Extraño nuestras conversaciones de chicas.

Papá no se vio muy convencido con la petición. Vaciló unos segundos hasta que aceptó con un movimiento de cabeza y sin decir nada se retiró de la habitación llevándose consigo a mi hermano de apenas un año.

La puerta se cerró detrás de él.

Mamá abrió los ojos para asegurarse que ya no había nadie más en la habitación. Tras comprobarlo y regalarme una sonrisa traviesa, me invitó a subir a la cama con unas palmaditas en el colchón.

Obedecí.

Sus brazos me envolvieron. Cuando respiraba, podía sentir el aullido que hacían sus pulmones mucho más que los latidos de su corazón. En ese entonces, no sabía que su problema era justamente ese: Su corazón.

Con todo, el calor de su piel me daba tranquilidad. Estaba viva. Estaba conmigo. Eso era lo importante.

—¿Me amas? —preguntó de repente quebrando el silencio.

—Sabes que sí.

—Vale, vale, pero es importante escucharlo ¿no crees?

—Te amo.

—Y yo a ti, Han —Y entonces, tuvimos esa conversación que nadie quiere tener con su mamá moribunda. Ese tipo de charlas que sabes que significan un adiós —¿Cómo te imaginas el futuro?

—No lo sé, creo que enseñándole a caminar a Haru.

—Eso no es tan lejano, ¿por qué no te imaginas en diez años más o en quince? ¿veinte, tal vez?

—¡Mamá, falta mucho para eso! —Me ruboricé.

—Los años pasan volando, en un abrir y cerrar de ojos yo ya estaba casada con tu padre y te tenía a ti.

—Yo no, yo seré una gran cocinera como tú y abriré mi propio café, aunque también quiero ser fotógrafa y viajar por el mundo. ¿Crees que pueda ser ambas?

Mamá ladeó su rostro y cerró los ojos. Creí que era para prestarme más atención, pero lo cierto era que apenas podía mantenerse consciente. Con el tiempo supe que el dolor que sintió en sus últimos días era muy grande como para estar con nosotros en la habitación, pero aún así lo deseó.

—Puedes ser lo que tú quieras, Han.

—Me gustaría ser científica.

—¿Científica? A ti no te gustan las ciencias —Sus labios se curvaron en un amago de sonrisa.

—Faltan científicos. Si hay más científicos en el mundo estarías mejor de salud ¿verdad?

Mamá buscó mi mano y la puso en su pecho. De vez en cuando, podía sentir su corazón latir bajo la delgada piel.

—No tienes que hacer algo por mí, debes hacerlo por ti. Venga, imaginemos que eres una gran cocinera y fotógrafa. Ahora también imagina que yo estaré aplaudiendo cada uno de tus logros aún cuando no me veas. Estaré cuando te gradúes de la secundaria y en tu primer día de preparatoria; estaré cuando te titules y cuando tengas tu bello café. Te daré un abrazo cuando te rompan el corazón por primera vez y secaré tus lágrimas de felicidad cuando te cases. Estaré siempre contigo, Hannah, porque las personas somos más que un cuerpo y órganos.

Boqueé para decir que se detenga, que no diga cosas como esas, que no quería tener esa conversación porque a mis doce años ya había visto suficientes películas trágicas donde el sujeto que está a punto de morir dice cosas así y luego le viene una muerte súbita dejando una frase importante a la mitad y un misterio que resolver. Lamentablemente, mamá me conocía muy bien y no me dejó hablar.

—Algún día tendrás tu primer empleo, pero recuerda que será solo el inicio de algo grande. Algún día deberá partir de casa para hacer tu propia vida y créeme que dolerá, pero deberás ser fuerte porque será por tu futuro y tu vida. Algún día, tus miedos podrían hacerse realidad, pero debes usarlos para avanzar y no para retroceder.

—No me está gustando esta conversación —Traté de bromear.

—También te van a romper el corazón. También te sentirás inútil. También tendrás que soportar que te ignoren, que te critiquen, que te mientan. Te van a odiar, quizás o tal vez te traten de hacer sentir menos de lo que eres. Pero todo eso te enseñará a ser valiente y fuerte. Sé íntegra. Sé humilde. Sé comprensiva. Sé apasionada. Sé tú. Y en todo ello enséñale al mundo lo increíble que puede ser la vida. Nada te puede derribar si tú no lo permites. Sueña. Ríe. Aprende. Vive. Vive, Hannah. Quiero que vivas, aun cuando la vida sea muy corta. Vive no importa el tiempo ni las circunstancias.

—¿Te vas a morir?

Fue ahí cuando sus parpados volvieron a abrirse. Ladeó su cabeza y apegó su frente a la mía. Nuestras narices rozaron y nuestras manos se enlazaron.

Quería tenerla siempre frente a mí y que mi piel pueda abrigarse con sus abrazos. Pero aún cuando eso hubiese podido pasar habría sido demasiado egoísta.

No respondió y después de todo agradecí que no fuese así. Que lo hubiera verbalizado solo habría materializado el dolor y que la realidad nos golpeara de forma anticipada.

—En este mundo tienes dos formas de vivir la vida. Una es solo existiendo, pasando por él de la misma forma en que una nube atraviesa el cielo. Lenta, imperceptible, silenciosa; La otra es viviéndola y dejar que el brillo que hay en ti arda en cualquier momento y lugar. Quiero que estés en este último grupo, Hannah. Quiero que mi hija sea extraordinaria aún en los momentos grises. Quiero que nadie apague tu luz. ¿Vale?

Asentí.

—Promételo —extendió su mano hacia mí e hizo nuestro gesto.

—Lo prometo —Le seguí, completándolo.

No sabía que el dolor podía asfixiarte hasta ese día. Ella sabía lo que iba a pasar y yo, en el fondo, también.

El corazón de mamá dejó de latir dos días después. Siempre me asombré de lo serena que se le había en medio de esas paredes blancas y frías. Siempre me pregunté por qué seguía sonriendo o porqué se mantenía tan optimista acerca de nuestro futuro con Haru cuando ella sabía que no sería parte de él.

—Tu madre hizo todo cuanto deseó —me contestó papá la primera navidad que pasamos sin ella.

Nunca pude entender como alguien que falleció con tan solo treinta y nueve años podía haber hecho todo cuánto deseaba en este mundo. A diferencia de Haru, nunca me lo creí, pero él era más pequeño y nos encargamos de hacerle saber que su madre era extraordinaria y que, donde quiera que esté, lo seguiría siendo. Y lo decíamos en serio. De verdad lo creíamos así. Sin embargo, con todo lo increíble que fue ella, aún me preguntaba si mamá había hecho todo lo que deseaba, si al morir se había ido tranquila de que todo estaría en orden. Pero, la peor duda de todas era la que me atacaba en cada navidad, cumpleaños, aniversario o celebración importante: ¿Cómo saber si realmente se fue feliz? ¿Cómo saber si realmente fue feliz?

Catorce años después supe la respuesta.

Cuando conocí a Adam entendí que la felicidad no estaba ligada al tiempo que pasas vivo, si no, a cuanto disfrutas de los momentos que pasas mientras vives. Entonces, pude entender todo lo que mamá había querido enseñarme esa noche.

Y ahora, en este momento cuando todo se ha quebrado, necesito que sea él quien lo entienda.

—Es mejor que te vayas —insiste Adam.

Abro la boca, queriendo decir algo, pero me interrumpe con brusquedad:

—Yo tenía razón, fue un error dejar que te entrometas tanto —Pasa la mano por su cabello al tiempo que se da vuelta en dirección a la enorme ventana que abarca toda una pared de su oficina. Me da la espalda —. Lo único que te pedí fue que te mantuvieras al margen, que no te involucraras, que respetaras las reglas. Debiste hacerlo. Debiste hacerlo, Hannah. Si ibas a mentir con algo así, tu debiste continuar con tu vida por otro lado y…

Pero mentir es una palabra demasiado grande para lo que nos ha pasado.

—No te mentí, Adam —espeto —. Nunca te...

—¡Lo escondiste! —alza la voz. Aún así, no voltea — ¿Acaso no es lo mismo? ¿No podías decirme la verdad aquella noche? ¿no podías ser sincera?

—No lo ibas a comprender, ¡maldición, Adam! —Doy vueltas en círculos con las manos en mi cabello.

Quisiera que el tiempo se detenga y me de un espacio para poder respirar.

—Eso no lo sabes, ¡tú supusiste que no! Toma tus cosas y vete, Hannah —Se dirige a su escritorio y de uno de los cajones saca una carpeta. La abre y firma la primera hoja que hay en ella. Sin más, la extiende hacia mí sin levantar la mirada —: Y no te preocupes por la calificación aprobaste tu pasantía con un sobresaliente. Eso es lo que te importa ¿verdad?

No se lo recibo.

Tras notarlo, lo deja caer al suelo. Los papeles se esparcen por esa alfombra roja que tanto odié el primer día que pisé el despacho.

Suspira.

Yo sollozo.

—Me iré yo —se apresura a decir.

Coge su abrigo, su maletín y avanza a pasos agigantados hacia la puerta. Cruzamos miradas por última vez y siento una punzada en el pecho al saber que nuestro último recuerdo serán dos miradas frías y tristes.

Quiero coger su brazo para detenerlo. Quiero callar con un beso los argumentos que se han levantado como un muro en su mente. Quiero abrazarlo y no dejarle ir. Quiero mirarlo a los ojos y explicarle por qué le mentí, pero es tarde.

La puerta se cierra detrás de él y la brisa que ha dejado ese acto está impregnada de su aroma. Y de pronto, me veo arrastrada hacia el pasado. Nuestros recuerdos, momentos e historia pasan frente a mí.

.

.

.

Hey, lector, muchas gracias por darle una oportunidad a esta novela. Confío que te guste y te apasione de la forma en que lo harán Hannah y Adam.
No te olvides de comentar tu impresión. Me encantaría leerlos <3

¡Un abrazo!

Valeria.

23 de Agosto de 2019 a las 05:09 0 Reporte Insertar 0
Leer el siguiente capítulo SUFICIENTEMENTE BUENA

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