La tarántula y el alacrán Seguir historia

letras_inquietas Martha Treviño

Historia de la vida de un alacrán y una tarántula, un dia que se encontraban conversando en la cochera de una señora, que en teoría, ama a todos los animales.


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Historia de una tarántula

El alacrán


Señora, ¡buenos días! ¿Ya va usted a regar?

¡Ahhhhhh! gritó a pecho y pulmón.

¡No!, ¡espere! No la pienso atacar.

Nooo, mire que quizá estoy feo, pero... ¿Por qué me mira así? ¿Señora? ¿Es en serio?

¡Espere! ¿Por qué toma la escoba?, ¿piensa matarme?

Mientras le hablaba a esta mujer, ella parecía no escucharme. Me vio y comenzó a actuar de una manera bastante extraña. Tomó su escoba de cerdas plásticas y me persiguió justo después de aventar su manguera. ¿Por qué me ataca? pensaba mientras mi cola se ponía en plan de contra ataque. Pero, ¿cómo ataca un alacrán a ser humano semejante? No era de aspecto dudoso, claramente era una hembra y las hembras bravías son de temer.

Y ahí iba yo, corriendo por la cochera de esta mujer. ¿Qué delito e cometido? pensaba mientras corría. Y de pronto, lo esperado. Los pelos plasticosos de su escoba comenzaron a empujarme, cada vez mas fuerte. Tan fuerte que de un brinco, ya estaba en la banqueta.

Uff! me largo, pensé cuando de pronto.... .


La Tarántula


¡Dios! ¿Qué fue eso? Pensaba mientras intentaba escabullirme entre las ruedas de una bicicleta. Y de pronto...

¡Ya valió! pensé mientras la dama me descubrió.

Me vio, la vi. Gritó, brinqué. Al caer corrí hacia la pared, atravesando un charco todavía tibio del agua que acababa de salir de la manguera.

De la nada, un señor de masa abundante aparece y grita:

¿Por qué gritas tanto?

La dama, muda, me señala y responde: ¡Me asustó!

¡A la madre! ¡Está gigante! respondió el señor

¿Qué hacemos? preguntó la dama mientras iba por su escoba. El arma mortal.

¿Pues que haces tu, no? a ti te gustan los arácnidos, ¿que no dices que son animalitos del Dios? Dijo el señor.

Okey, okey... déjame pensar. Dijo la dama mientras le mostraba, le mostraba... una masa acuosa embarrada en la banqueta. A pesar de que pensaba comérmelo, soy sincera que me dolió verlo así en su final. Nadie sabe su momento, pero este alacrán si que murió feo.

¡Ayyy! ¿Qué pasa? ¿Qué me hace? Le gritaba a la dama mientras intentaba levantarme con un pedazo de cartón. ¿Por qué no me tomas simplemente con la mano? ¿Tanto asco te doy? le decía pero ella no me contestaba.

Segundos mas tarde, decidí cooperar con ella y me subí. ¿A dónde me lleva? ¿A la basura? ¿A la hoguera? Señora, señora, escuche por favor. Tranquila, no le haré daño. Mire quizás estoy fea pero, no vine a lastimarla. De hecho, el señor alacrán me comentaba que su primo le picó a su perro pomeranian la semana pasada y que usted, muy desgraciada, lo mató a cambio. El venía a decirle, en realidad, que pues no le guarda rencor y que deseaba hacer las pases con usted, pero usted, en cuanto lo vio, lo mató.

La señora, no me escuchó o habla otro idioma por que no se inmutaba con mi conversación. Y ahí me llevaba sobre el cartón, caminando 6 cuadras hacia un terreno abandonado. El punto de encuentro de todos nosotros.

Y ahí estaba yo otra vez. Libre y sin entender la mentalidad de los humanos.


20 de Agosto de 2019 a las 18:29 0 Reporte Insertar 0
Fin

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Martha Treviño Hola! Soy Martha. Amo el Arte y las Letras. Sobre todo, en su formato poético. Romántica y muy inquieta.

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