El Viejo en la Ventana Seguir historia

frank-boz1536880595 Frank Boz

Esteban es un joven pueblerino sin muchas luces, y demasiado curioso. Cierta noche, descubre que unos de sus vecinos guarda un horrible secreto, y esa noche, lo obsesionará hasta cometer lo impensado. Una atrapante historia de terror, suspenso y horror clásicos.


Horror No para niños menores de 13.

#ElViejoEnLaVentana
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Capítulo I

Don Osmar era un viejo muy extraño. Para algunos aparentaba ser demasiado sabio, para otros, simplemente estaba demasiado loco como para saber algo, para mi eran ambas cosas. Todos los amaneceres, aún cuando el alba solo era una delgada línea blanca en el horizonte, el viejo ya estaba sentado en la ventana, inmóvil, con esa mirada paciente y determinada ¿determinada a qué? fija en algún punto en específico o quizá perdida en la misma nada. Desde que tengo memoria, se corría el rumor que practicaba un antiguo arte esotérico, como una especie de religión.

–No, no es satánica, tampoco luciferina, porque esos grupos se largaron del pueblo cuando proliferaron los peregrinos en la ascendente marea del cristianismo –decía la señora Angela, ya retirada del clero.

Esto era algo más, harina de otro costal. Pero como todo rumor, no era posible determinar su veracidad. Gozaba de cierto... anonimato litúrgico, si se quiere.

Mientras duraba el día, incluso hasta tarde en la noche, se quedaba allí, viendo, escrutando todo lo que sucedía en las rúas. Desde lo alto de la colina, su casa era solamente una mancha marrón y grisácea, que contrastaba con el cielo a veces azul de Marjon. Con esa chimenea de piedras ripio siempre humeando, algunos pájaros volando errantes sobre su techo, y esa mirada, esa mirada del viejo que parecía absorber los colores de su tierra, dejando todo muerto y triste. Un árbol viejo y chueco se alzaba al cielo con sus ramas deshojadas, a un lado de la casa. Tal vez, era hasta más viejo que ese mismo pedazo de tronco casi muerto. Vaya uno a saber. Siempre tuve cuidado de meterme con él, porque mi papá contó, que en varias ocasiones, habían encontrado al viejo hablando solo al pie de las montañas que rodean el pueblo, a unos tres kilómetros hacia el norte.

–A lo mejor hablaba con alguien –recuerdo haberle dicho a papá.

–No sé hijo. Estaba solo. Está viejo y la gente vieja suele hablar sola.

–¿Y de qué hablaba? –pregunté, y aunque papá no contestó, pude ver en él cierta incomodidad que expresó con una mueca en su rostro, pero que no alcanzó a ser una expresión del todo.

–Vete a dormir hijo. Mañana tienes escuela, recuerda.

Esa noche, escuché a mis padres murmurar del tema con cierto temor en su cama, a la luz de un candelabro de queroseno.

–Encontraron al viejo Osmar hablando solo de nuevo ¿sabes?

–Por Jesús, ¿qué decía ahora? –preguntó mamá.

–Lo de siempre. Roberto dijo que divagaba algo acerca de un amigo suyo que bajaba de las montañas en las noches. Y que ya venía a verlo. Lo vieron arrodillado en el piso, mirando al suelo, abriendo sus brazos, con las palmas de sus manos apuntando hacia arriba, como si le orara a algo. Cuando lo trajeron de vuelta en si, comenzó a gritar como un loco ¿puedes creerlo?

Mamá quedó muda un instante.

–¿Y qué gritaba?

–No sé, cosas sin sentido. De un rey púrpura que pronto llegaría.

–Dios me libre –creo que se persignó–. Un hombre que vive solo a esa edad, no puede ser nada sano, nada normal. Habría que hablar con el diácono Miguel de esto. Él podría ayudarle. La iglesia siempre está dispuesta a ayudar.

–Solo está viejo, y algo loco. Es todo, amor –sentenció papá.

Si, viejo, loco y extraño. Era así como todo el mundo lo veía, como todo el mundo lo sentía. Rara vez caminaba por las calles, con ese paso arrastrado, medio cojo y casi haragán, yendo a las montañas de vez en cuando. Algunos vecinos casi podían jurar, haberlo visto en sinuosas actitudes. Hablaban de cosas que solo un pueblo ignorante y temeroso puede hablar. De la manera en la que solía encerrarse en su cabaña, totalmente aislado, o cuando se lo veía caminar de vez en cuando por el pueblo, esquivando con sus ojos la pregunta que nadie quería hacerle, sin embargo, no había necesidad de ser un detective para darse cuenta que Osmar escondía algo. Los pocos ancianos que quedaban en Marjon, pobladores de las más remotas épocas del pueblo, decían que jamás se recuperó de una pérdida. Que luego de eso, comenzó a comportarse raro, a mantenerse apartado de todos, y que su mirada había cambiado notablemente. Ahora, desde la ventana, con esos ojos que alguna vez fueron verdes y que ahora estaban casi grises y ciegos, pero astutos y quizá malévolos, esperaba algo. Sea lo que fuere, yo no quería saberlo.

20 de Agosto de 2019 a las 00:16 7 Reporte Insertar 9
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Zaycko Joria Zaycko Joria
Yo no me acercaría a ese viejo. A quién espera? Tuve un "vecino" a dos cuadras que sacrificó a su amigo en su sala en un rito "váyase a saber cuál". Y, pues así de compas les sacó el corazón. A veces creo que vivo en la mente de Stephen King.
1 de Septiembre de 2019 a las 01:28
Florencia Aquileia Florencia Aquileia
Excelente.inicio frank. Muy intrigante. Lo seguiré leyendo :)
29 de Agosto de 2019 a las 08:47

  • Frank Boz Frank Boz
    Gracias por comentar Flor. Espero puedas terminarlo. 29 de Agosto de 2019 a las 12:53
AC Alexandra Candia
intrigante, muy buena tu forma de narrar
26 de Agosto de 2019 a las 16:50
Lihuen Lihuen
Un excelente comienzo, con todos los ingredientes de intriga y misterio que tienen las buenas historias y obviamente con la narrativa elaborada y sugerente típica de tus escritos, incluso hubieron términos que tuve que buscar por que no sabia el significado.
20 de Agosto de 2019 a las 17:36
Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
Un buen inicio! Seguiré leyendo más tarde
19 de Agosto de 2019 a las 22:14

  • Frank Boz Frank Boz
    Muchas gracias Baltazar. Espero te guste. 20 de Agosto de 2019 a las 19:07
~

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