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baltazarruiz154 Baltazar Ruiz

Lourdes tiene una habilidad peculiar: Atraer a entidades paranormales. Una familia ha sido acosada por el terror por generaciones y desean respuestas, la joven, aun ante un peligro latente, buscará la verdad para dar fin a la maldición que recae sobre el patriarca de cada generación: ahorcarse al cumplir cuarenta y cinco años...


Horror Historias de fantasmas Todo público.

#oscuridad #muerte #espectros #fantasmas #sombras #horror
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Una Pesadilla Sin Fin

I


Desde que puse un pie en el pórtico todo era un crujir incesante. La madera vieja y bastante descuidada, se apretaba tabla contra tabla a cada paso. Mientras que los Willington, acostumbrados a desplazarse en su propia casa, caminaban sin hacer ruido, yo sentía que hasta mi respirar era demasiado sonoro, quizás debido a lo espacioso que era aquel lugar.

Vestían ropa anticuada, gastadas. Arturo, el patriarca, era muy canoso para la edad que aparentaba, al contrario de Miriam, su esposa, quien se veía joven y fresca. Los niños, entre los diez y los catorce años, eran menudos y tímidos. No salieron de sus habitaciones desde que bajaron a saludar por indicación de su madre.


Estábamos en la estancia principal, adornada por fotos antiguas como la casa misma, algunos recuerdos de caza y algunos libros clásicos. Miriam había colocado una taza de té con miel en la mesa frente a mí y esperó a que lo probara para servirme unas galletas. Todo aquello con una inusual tensión perceptible a flor de piel. Los Willington vivían con un temor constante. Sus ojos no podían engañarme.


—Entiendo que usted es nieta del señor Colling —dijo con nerviosismo Arturo, desde que se sentó frente a mí no había dejado de frotarse las manos.

—Suelo llamarlo tío William, de hecho, es el hermano de mi abuelo Tomás.

—Oh, entiendo. El señor Colling, siempre ha sido una persona en la cual podemos confiar, aunque usted debe conocer mejor su personalidad hermética. No sabíamos que tenía familia.

—Eso se debe en parte a que mi tío se mantiene al margen de los demás Colling, incluso no llevaba bien la relación con mi abuelo, hasta que este enfermara. El día que fue a verlo postrado en cama, llevaban ya unos veinte años sin hablarse —respondí de forma natural, pretendía que naciera entre nosotros cierta confianza, el señor Willington estaba muy tenso.

—Me gustaría hablarle de esta casa...


Con un gesto interrumpí a mi anfitrión, un sonido proveniente de la pared llamó mi atención, pensaba que quizá una rata andaba por ahí, pero después de unos segundos, un libro en el estante cayó al suelo. Por instinto intenté recogerlo, pero detuve mi intención de tocarlo, esperé a que aquello que lo tiró se alejara o que su energía se extinguiera para no verme afectada de forma negativa.

Siendo sensible a estas fuerzas, debo cuidarme en todo momento y, siendo la casa el centro de algún cúmulo de sentimientos negativos, al menos hasta donde había podido percibir, debía pensar dos veces mis pasos.


—¿Eso suele pasar a menudo? —pregunté.

—¿No está asustada? No veo reacción en su rostro.

—¿Asustada por un libro que cae al suelo? —Me acerqué al libro y lo coloqué de nuevo en su lugar, en efecto, ya no había rastro de energía en él—. Supongo que puedo considerar esto una bienvenida.

—¿Cómo? No logré escucharla.

—Hablaba para mí, descuide. Le pregunté si es algo que ocurre a menudo.

—Lamentablemente sí, lo usual es que caigan cosas, como acaba de ver, aunque también hay sucesos más... inquietantes.

—Entiendo, no existe un patrón, ¿verdad?

—Así es, al menos no uno que pudiéramos haber notado.


La señora de la casa se mantuvo callada, con la mirada fija en el corredor que daba al lado izquierdo de la casa. Al notarlo, volví a hacer un gesto a Arturo, esta vez para que esperara en su asiento. Entonces, me dirigí en esa dirección, el corredor en cuestión llevaba a un comedor. Al asomarme por la puerta, una sombra cruzó de un lado a otro, siendo capaz de verla apenas por el rabillo del ojo. Todas las sillas estaban desordenadas y todos los cajones abiertos.


—Tiene unos niños muy traviesos por aquí, señor Willington.

—¿Niños?

—Son unos pequeños los que echan las cosas abajo, los que corren por ahí.


Arturo apretaba sus manos con fuerza, entendí que aquellas manifestaciones no eran las que preocupaban a su familia. En ese momento, una abrumadora ansiedad invadió mi pecho. Mi corazón se aceleró alocándose en su cavidad torácica y, al mismo tiempo percibí que, desde la oscuridad, algo que buscaba arruinarme.


Resollé, intentaba llenar lo más posible mis pulmones y llenar mi sangre de oxígeno para así calmarme. Luego, ya tranquila, fui hasta donde estaba aquel hombre temeroso, tomándolo de sus manos frías comprobé que temblaba, también pude notar que su rostro estaba cubierto de sudor.


Era la primera vez que tenía contacto físico con alguien de la casa. Era una especie de ritual que ejercía para no contaminarme de las energías de sus habitantes y no ser víctima de una sugestión de su parte, pero ya era tarde, había sido marcada y era el mejor momento para hablar.


—Veo en sus ojos una historia que debe ser contada, lo escucho —dije sin apartar mi mirada de la suya.

—Sobre eso... Querida, ¿están los niños arriba?

—Sí, pero iré a procurar que no bajen, señorita —Se acercó y colocó su mano sobre mi hombro, también temblaba—, escuche a mi esposo con paciencia, es muy difícil para él hablar de esto.

—Descuide, lo haré.


La mujer abandonó la estancia, no sin sonreírnos antes de salir.


—¿Sabe?, el próximo año cumpliré cuarenta y cinco años. He vivido toda mi vida en estas tierras, conozco cada hectárea desde aquí hasta el río Holmes, donde termina nuestra propiedad. Lo que quiero decir es que, durante la semana de mi cumpleaños, cometeré suicidio.


Arturo dijo aquello con tal certeza en su tono de voz que me dio a entender que no se trataba de una broma. Su rostro asustado, ahora tornándose pálido, un hombre así no mentiría al respecto.


—¿Es algo que ya ha decidido?

—Yo no, sino quienes rigen sobre mi destino.

—¿Alguien dictó que usted acabará con su vida en poco menos de un año?

—Así es, aunque parezca difícil de creer.


Tragué grueso, no supe elegir mis siguientes palabras de inmediato. Tuve que regresar a mi asiento y bebí un poco de té, aunque ya estaba tibio. La extraña sensación que me acompañó desde el inicio tenía una connotación oscura, un velo de maldad me había rodeado sin darme la oportunidad de percatarme, no por completo al menos. De pronto me encontraba nerviosa, estaba siendo atacada por mis propios temores y dudas, pero si seguía así, mis instintos básicos me controlarían y todo habría acabado.


—¿Aquellos quienes rigen sobre su destino, son de este mundo o de otro plano?

—Supongo que de otro lugar, diferente a este —dijo y luego suspiró—, la historia se remonta a cuatro generaciones atrás...


Arturo fue por un álbum familiar enorme, estaba lleno de fotografías antiquísimas y retratos hechos a mano. Eran grupos familiares que mostraban el paso de los años con cada generación. Había comenzado con el final, enumerando el parentesco de cada persona y una pequeña biografía, sabía todo de memoria. Parecía animado, hasta que llegó a la fotografía de su tatarabuelo.


—Virgilio Willington, cometió suicido ahorcándose en uno de los árboles de esta propiedad, tenía cuarenta y cinco años cumplidos. Luego esta mi bisabuelo, Leonardo, murió ahorcado de la misma manera. Seguido de Pascal, mi abuelo y el último fue Ricardo Willington...

—Su padre, también murió ahorcado, ¿verdad?

—A esto me refiero que el siguiente seré yo.


De nuevo sentí el pesar en el pecho, aquella sombra que me observaba se puso inquieto de repente, el rostro de Arturo reflejaba pánico, por lo que asumí que también lo había percibido. Comprendí porqué Miriam dijo que no le gustaba hablar de esto, tenía plena consciencia de lo que ahí sucedía mucho mejor que yo.


—Mi tío sabe de esto, ¿no es así?

—Nunca hablamos de esto de forma directa hasta unas semanas.

—Ese idiota...

—¿Idiota?

—No es nada, siempre hace lo mismo, me dice que investigue algo pero no me da toda la información. Supongo que prefiere que me entere de las cosas de primera mano.

—Ya veo... ¿Tiene una idea de lo que sucede?

—Una maldición...

Un grito desgarrador interrumpió nuestra conversación, venía de arriba.

—¡Miriam!


Corrí tras Arturo hasta la habitación de los niños, quienes gritaban apuñados en una esquina de esta, Miriam era arrastrada por debajo de la cama por una sombra, era pestilente y emanaba maldad por todos lados.


—¡Arturo, no la suelte por nada del mundo!

—¡Ayuda, por favor! —gritaba la mujer llena de pánico.


Los gritos de todos los Willington no dejaban concentrarme, pero con un esfuerzo extra, pude hacer conexión con el espectro. Su nombre era Norman.


—Norman Taylor, este lugar no te pertenece, ni en tiempo ni en espacio. Abandona este espacio de inmediato, «Dómine, quam multi sunt qui tribúlant, Erípe me, Domine, ab hómine malo, Dómine, clamo ad te: cito succurre mihi».


La sombra soltó a Miriam de inmediato al escuchar los salmos, regresando a la oscuridad de donde había salido. Ella y los demás se unieron en un solo abrazo. Yo tuve que apoyarme a la pared. Poco después empecé a sangrar por la boca.


—¡Señorita Lourdes!

—Arturo, ¿está bien su esposa?

—Lo está, ¡pero eso no importa, mírese, está sangrando!

—No importa —dije arrastrándome de forma lenta hacia el suelo—, viertan sal en esta habitación y si alcanza, hagan lo mismo por toda la casa...


Caí en un sueño profundo.


Al abrir los ojos, me encontraba en un páramo desolado, la hierba seca y los árboles muertos predominaban en la escena. Comencé a caminar y, poco después, encontré una figura espantosa, Virgilio Willington, con una edad aparente de no más de una treintena de años, sentado sobre un tronco contemplaba una docena de árboles frente a él.

En cada rama colgaba una persona del cuello. Hombres, mujeres y niños.


Cuando me acerqué lo suficiente para hablar con él, pude distinguir en su rostro una mueca macabra, una obscena sonrisa de satisfacción. Cuando abrí los ojos, el tío William sostenía mi mano.


—¿Cuánto tiempo estuve dormida?

—Día y medio.

—Norman, soñé con él. Era uno de los que colgaban en la propiedad de Virgilio.

—¿Fue el espectro que te atacó? Casi te destroza el hígado.

—¿En serio? Casi no sentí nada.


El tío William me explicó que los Willington abandonaron la casa y que estaban en un hospedaje de forma temporal. Aún con la edad que tenía, mantenía un porte cautivador, me recordaba a mi padre más que mi propio abuelo.


—Descansa, compraré la propiedad de los Willington y la venderé a unos inversionistas después —dijo limpiando sus lentes.

—No servirá, no solo la tierra es la que está maldita, sino también su sangre y su apellido. Vayan donde vayan, Norman y los demás los seguirán. Si un alma cualquiera pudo hacerme esto, ellos no tienen salvación, vivirán en una pesadilla sin fin, heredada de generación en generación.

—Entiendo lo que dices, arreglaré todo para regresar. Lamento haberte metido es esto, no pensé que llegaría a tanto —dijo el tío, se veía preocupado.

—He estado en peores, sobreviviré.


A duras penas logré ponerme de pie. La casa de los Willington había sido implacable conmigo desde el momento que puse un pie en ese lugar. Pero esa familia merecía un futuro mejor. Fui por un manual de la Iglesia del Sol para buscar consejo. Aún podía sentir el desgarre en mis entrañas, ese espectro no buscaba asustarme sino acabar conmigo de forma directa, el daño que me causó me dejó un mal sabor de boca en todos los sentidos.

Partí de nuevo a aquellas tierras infectas la mañana siguiente, una de las dos, la casa Willington o yo, caería esa noche.

21 de Agosto de 2019 a las 14:31 14 Reporte Insertar 20
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Andréss Navas Andréss Navas
No me deja reseñar pero está muy buena!
1 de Noviembre de 2019 a las 08:26
Francisco Rivera Francisco Rivera
Amigo Baltazar, lectura del material y capítulo de mi agrado, Buen contexto y manejo de la trama. Diálogos logrados y mantenimiento de la tensión, del suspenso. Continuaré la lectura del siguiente capítulo. Y gracias por tu atención.
20 de Septiembre de 2019 a las 01:52
DARIO VENTURA DARIO VENTURA
Una escena muy bien construida, seguridad en las acciones, manifiesta coherencia de ideas y hechos que enriquecen la lectura y crea la sensación para el lector de estar a la par de los personajes.
13 de Septiembre de 2019 a las 11:15
Joel Alberto Paz Joel Alberto Paz
Interesante historia. Me gustó mucho. Aprovecho para invitarte a leer mi historia, Vale.
8 de Septiembre de 2019 a las 22:35
Joanna Daniela Joanna Daniela
Me gustò mucho, continua asì. Espero te pases por mis historias y puedas leer,comentar y votar, gracias.
8 de Septiembre de 2019 a las 10:58

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    Será un placer, muchas gracias; 8 de Septiembre de 2019 a las 12:43
Loooove :3 Ojeda Loooove :3 Ojeda
WOW me encanta!!!
4 de Septiembre de 2019 a las 17:56
Loooove :3 Ojeda Loooove :3 Ojeda
WOW me encanta!!!
4 de Septiembre de 2019 a las 17:56
Loooove :3 Ojeda Loooove :3 Ojeda
WOW me encanta!!!
4 de Septiembre de 2019 a las 17:56
Michael Dantés Michael Dantés
Exito.
1 de Septiembre de 2019 a las 13:39
Gerhard Wolf Gerhard Wolf
Excelente, cosa que no es para menos, el autor es Baltazar
29 de Agosto de 2019 a las 17:24
Ana Jiménez Ana Jiménez
Simplemente genial. Me encantan tus historias, esperare con ansias el siguiente capítulo.
22 de Agosto de 2019 a las 12:29
Flor Aquileia Flor Aquileia
muy pero muy bueno!! felicitaciones balta!!
21 de Agosto de 2019 a las 16:22
~

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