El enredo Seguir historia

andres_dm Andrés Díaz

Un hombre perdido en el bosque. Una niña misteriosa que deambula solitariamente. Un encuentro extraño y... sorprendente. El tiempo apremia en esta historia —y en todas partes—, pero, ¿por qué? ¡Atrévete a leer este breve cuento y a enredarte tú también! ------------------------------------------------------ Queda rigurosamente prohibida la reproducción parcial o total de esta obra: previamente registrada en SWEEK y Wattpad: TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.


Cuento Todo público.

#niña #hombre #bosque #reflexión #psicología
Cuento corto
2
1.2mil VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

Un encuentro enredoso...


Aquel hombre caminaba por ese bosque raro, desesperado, dando vueltas por todas partes. Creía llevar horas y horas haciéndolo, preguntándose en dónde estaba. Miraba entre los troncos de los árboles pero no ubicaba un punto fijo para dirigirse: había perdido toda noción del tiempo que había estado vagando sin rumbo alguno. Iba con prisa, mucha prisa, y no sabía cómo salir de ese lugar por donde creyó que podría hallar un atajo al trabajo.

No obstante, lo que más le preocupaba era llegar tarde para atender las citas pendientes en la oficina. Siguió andando, tratando de no manchar su traje o sus zapatos, sosteniendo consigo su maletín lleno de importantes documentos. De repente, se encontró con una niña solitaria: tenía cabellos rojizos, era delgada y de rasgos muy simpáticos. Lucía amigable y vagaba libremente por ahí, jugueteando con las hojas del piso. El hombre se le acercó a pedir algo de orientación:

—Oye, chiquilla, ¿sabes cómo puedo salir de este bosque? —preguntó.

La niña volteó y lo miró de reojo, sonrió y después respondió tranquilamente:

No. No sé, señor.

Él se sintió un poco frustrado por la respuesta pero trató de mantener la calma. Entonces, probó con otra pregunta:

—¿Sabes acaso qué hora es?

No, señor, eso tampoco lo sé.

El hombre comenzó a sentirse un poco más decepcionado y desconcertado.

—¿Sabes al menos qué día es hoy, niña?

Eso sí lo sé —contestó—: Es mañana.

—¿Qué has dicho?

Ella repitió:

Dije que ya es mañana, señor.

—¿Cómo? Eso no puede ser… Explícate.

El día de hoy es mañana.

—No te entiendo.

Mire, señor: en este lugar el tiempo es algo más difícil de comprender.

—Está bien, niña —dijo sorprendido, intentando mantener la calma—. ¿Podrías decirme qué día será mañana?

Eso también lo sé: mañana ya fue ayer, señor —contestó.

—¡¿Cómo puede ser eso posible?! —exclamó molesto, pensando que la niña le estaba tomando el pelo.

Ella lo miró y dijo:

Señor, ya le expliqué que en este lugar el tiempo está más enredado. Acá las cosas están todas patas arriba.

—¿Incluyendo el orden de los días?

Eso supongo… Le sugiero no romperse la cabeza intentando entenderlo.

—¡¿Cómo dices eso?! ¡¿Acaso no entiendes que necesito saber qué día es?!

La pequeña niña frunció el ceño.

¿Por qué tanta urgencia por los días, señor?

—¡Porque necesito saber en qué día vivo! —respondió, ya bastante enojado.

¿Y para qué? ¿Por qué no solo vivir los días y ya?

—Porque no puedo, ¡necesito saber qué día es!

¿De verdad necesita saberlo? ¿No puede vivir los días así y disfrutarlos?

—No, niña. No puedo vivir sin saber eso. Necesito estar bien ubicado para planear las cosas.

¿Planear? No entiendo lo que me dice, señor.

—¿Qué no sabes lo que significa planear? Planear es llevar un orden de las cosas que vas a hacer en el futuro.

Oh, ya veo… Y usted siempre está planeando todo, ¿cierto?

—Claro, así puedo controlar mejor mí tiempo y aprovecharlo. —Al oírlo, ella soltó una pequeña risita y entonces él refunfuñó—: ¿Te burlas de mí, niña?

Perdone, señor. Es que me parece que, más bien, el tiempo lo controla a usted —contestó la chiquilla, cada vez más crecida.

—¡Bah! ¡¿Qué vas a saber tú, jovencita?! ¡Apenas acabas de descubrir hoy lo que significa planear!

En su rostro, la misteriosa chica no pudo ocultar su molestia con ese hombre.

¿Y acaso usted cree que es posible controlar el tiempo?, ¿retorcerlo o enderezarlo quizá?

—No. No me estás entendiendo, muchacha. No hablo en ese sentido.

Pues mire, ¡qué curioso! Porque el tiempo no puede controlarse, ¡en ningún sentido! —exclamó ella, con una actitud retadora propia de su edad.

—Sigues sin entenderme: hablo de dividir el tiempo para aprovecharlo.

Eso tampoco lo entiendo: ¿cómo puede hablar de cortar el tiempo si este es siempre continuo? ¿Puede usted cortar el agua de un río?

El hombre vio a la joven mujer delante de él y dijo:

—No, no, no. ¡Me estás tomando muy literal las palabras!

Y usted no me entiende a mí, señor —añadió ella, ya bastante exaltada—. Es que no existe metáfora para el tiempo: el tiempo es literal… o si no, no es.

Entonces, el hombre se quedó callado. Estaba perplejo ante las respuestas de esa jovencita.

Cuidadosamente se sentó sobre las hojas secas en el suelo del bosque para pensar en todo lo que estaba pasando. Aquella situación era tan rara… y cada afirmación de esa niña, adolescente y ahora mujer le desconcertaba más y más. Echó una largada mirada en derredor, contemplando los árboles y entonces vio a su curiosa acompañante.

Después, pasado un tiempo —un raro tiempo—, él habló de nuevo:

—¿Cómo le haces para vivir así?

¿A qué se refiere? —contestó la crecida mujer, ahora más calmada.

—Te pregunto cómo puedes vivir así.

¿Así? ¿Cómo?

El hombre sintió que una vez más ella le tomaba el pelo, pero se abstuvo de alzar la voz.

—¿Cómo vives sin saber nada respecto a qué día es o cuánto tiempo pasas haciendo esto o aquello otro?

Pues así: solo vivo y ya —contestó ella—. Dejé de preocuparme de todo eso porque es algo sobre lo que una nunca puede hacer mucho.

—Explícate, por favor. Es que… me siento confundido.

Mire: una solo puede vivir y hacer cosas con el tiempo que tiene, ¿sabe? No me preocupo por el día, por la hora o por nada en específico. Al final, sé que el tiempo siempre fluye, aunque a veces parezca… enredado —dijo tranquilamente, mientras seguía envejeciendo cada vez más.

—Me sorprenden sus palabras… señora.

Es que, no importa cuántos planes hagas, el tiempo siempre te gana. El hoy siempre es mañana antes de que te des cuenta y el mañana se vuelve ayer más pronto que un parpadeo —dijo, con una voz más madura, mientras sus cabellos rojizos comenzaban a teñirse de blanco frente a los ojos del incrédulo sujeto—. Por lo menos yo así lo creo, señor. Quizá es cuestión de perspectiva.

—¿Es eso otra metáfora?

No, señor. Ya le dije que el tiempo siempre es literal. Pronto se dará cuenta de que, aquí y allá, el tiempo es incontrolable.

Él asintió. Se levantó del suelo, tomó su maletín y se despidió cortésmente de la encorvada anciana que conoció aquel día. Y siguió andando, esta vez con más calma. No tardó mucho en encontrar de nuevo el resto del atajo: descubrió que había que ir despacio para no perderlo de vista. Al salir del bosque y volver a las calles, el sujeto se dio cuenta de que la vida marchaba con su veloz ritmo habitual. El tiempo seguía corriendo… pero él ya no. Cuando llegó a la oficina, el reloj mostraba casi la hora de siempre.

—Estoy a tiempo —murmuró.


17 de Agosto de 2019 a las 02:47 0 Reporte Insertar 0
Fin

Conoce al autor

Andrés Díaz 22 años. Futuro psicólogo clínico. Escritor amateur. Escribo desde hace una década: este año he decidido compartir mis creaciones. Mis mayores referencias literarias son: Pacheco, Rulfo, Poe, Lovecraft, King, Verne, Sade, Conan Doyle, entre muchos otros. Busco encontrar mi propio sello, aunque suelo explorar distintas narrativas. Mi sueño es que mi obra sea causa de asombro, pesadillas y escalofríos. Wattpad: @Andres22DM Sweek: @AndresDM Instagram: @andresdiaz623 Twitter: @Andres22DM Litnet: Andrés Díaz

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~