Cuenta regresiva para La Copa de Autores 2020. Regístrate ahora y ten la oportunidad de ganar premios!. Leer más.
andres_dm Andrés Díaz

Un hombre camina desesperadamente en medio del bosque, perdido, cuando se encuentra con una niña misteriosa que deambula solitariamente por ahí. Una situación extraña y... sorprendente está por ocurrir cuando el protagonista descubra que aquella chiquilla no es una niña común... El tiempo apremia en esta historia —y en todas partes—, pero, ¿por qué? ¡Atrévete a leer este breve cuento y a enredarte tú también! Esta historia ha ganado varios premios en Wattpad. © TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS, 2019. No se reclama derecho alguno sobre la imagen original de la portada. Versión en inglés: "Uncontrollable", también disponible en Inkspired.


Cuento Todo público.

#niña #hombre #bosque #reflexión #psicología
Cuento corto
8
10.0mil VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

La niña del bosque


Dedicado a mi maestra Velia H.


Aquel maduro hombre caminaba desesperado por ese bosque raro, dando vueltas por todas partes. Creía llevar horas y horas haciéndolo, preguntándose en dónde estaba. Miraba entre los troncos de los altísimos y frondosos árboles pero no ubicaba un punto fijo al cual dirigirse: había perdido toda noción del tiempo que llevaba vagando sin rumbo alguno en ese sitio. Iba con prisa, mucha prisa, y no tenía la más mínima idea de cómo salir de esa vereda por donde creyó que podría hallar un atajo para llegar más temprano al trabajo esa mañana.

No obstante, lo que más le preocupaba era retrasarse para atender las citas pendientes en la oficina, pues ese día se llevarían a cabo una serie de reuniones para firmar algunos contratos. Siguió andando, tratando de no manchar su costoso traje ni sus elegantes zapatos, sosteniendo consigo un pesado maletín negro con forro de cuero, atestado de importantes documentos.

De repente, durante su andanza, se encontró con una pequeña niña solitaria que vagaba libremente por ahí, descalza, jugueteando con las hojas secas de los árboles sobre el piso del bosque: ella se agachaba para recogerlas en sendos manojos y después lanzarlas muy alto en el aire, viéndolas caer nuevamente mientras bailaba una melodía imaginaria bajo la lluvia de hojas. Tenía una melena de largos cabellos rojizos y facciones muy simpáticas. Reía alegremente de lo mucho que se divertía sola en la quietud del sendero, a la sombra de los árboles.

Cuando la vio, el hombre se apresuró a pedirle orientación.

—Oye, chiquilla, ¿sabes cómo puedo salir de este bosque? —preguntó sin siquiera presentarse, haciendo que la niña interrumpiera su juego.

Ella volteó y lo miró de reojo. Aunque era un desconocido, le sonrió y después respondió con cortesía:

—No. No sé, señor.

Enseguida continuó recogiendo y lanzando al aire otro manojo de hojas para inmediatamente recostarse sobre el suelo y dejar que estas cayeran sobre su rostro y su vestido, causándole un nuevo estallido de pueriles risas.

El hombre se sintió un poco frustrado por la respuesta de la pequeña niña, además de molestarse por el hecho de que esta simplemente siguiera jugando, como si él no estuviese ahí, preocupado e impaciente, cargando con su pesado maletín. Sin embargo, trató de contenerse y probó haciendo otra pregunta:

—¿Sabes acaso qué hora es, niña?

—No, señor, eso tampoco lo sé —respondió aquella, todavía acostada en el piso del bosque, agitando los brazos y las piernas para formar la silueta de un ángel sobre la alfombra de hojas amarillas y rojizas.

Para ese momento, el hombre comenzó a sentirse decepcionado. Se le ocurrió que no podría salir jamás de ese lugar o que perdería los jugosos tratos que esperaban por él en la oficina, además de sus bonos por la perfecta racha de puntualidad que había mantenido con tanto esmero desde el día de su contratación y hasta antes de esa mañana, cuando quiso llegar todavía más temprano para preparar su discurso ante los inversionistas que acudirían al prestigioso despacho… Se arrepentía amargamente de su decisión al probar ese atajo y una nube gris de ideas abarrotó su cabeza.

—¿Sabes al menos qué día es hoy, chiquilla?

—Eso sí lo sé, señor —contestó ella, sentándose primero y después poniéndose de pie con un solo brinco. Enseguida se limpió las hojas de su vestido y acomodó sus largos cabellos con las manos antes de aproximársele—. El día de hoy ya es mañana.

El hombre se quedó sorprendido por la respuesta y creyó haber oído mal.

—¿Qué has dicho?

—Dije que ya es mañana, señor —repitió ella con una sonrisa.

—¿Cómo? Eso no puede ser… Explícate ahora mismo.

—¿No me entiende, señor? Tan solo le he dicho que el día de hoy ya es mañana. Es lo que usted me preguntó.

—Es que eso que dices no tiene ningún sentido.

—Mire, señor —explicó la niña—, en este lugar el tiempo es más difícil de comprender. Aquí no es como en la ciudad…

Él frunció el ceño: imaginó que todo era parte de un juego infantil y que, tal vez, la chiquilla lo subestimada. Pese a ello, y pese a su urgencia por salir del bosque, intentó conservar la compostura.


—Está bien, niña —dijo, inhalando y soltando lentamente una bocanada de aire para mantener la última pizca de calma que aun le quedaba—. ¿Podrías decirme, por favor, qué día será mañana?

—Eso también lo sé —contestó risueña—: mañana ya fue ayer, señor.

—¡¿Cómo puede ser eso posible?! —exclamó.

Ahora no tenía dudas: la niña le estaba tomando el pelo, ¡pese a notarlo tan desesperado!

Ella lo miró, sorprendida, pero respondió con toda serenidad:

—Señor, ya le aclaré que en este lugar el tiempo está más… enredado. Acá las cosas están todas patas arriba.

—¿Cómo que patas arriba, niña? ¿Incluyendo el orden de los días?

—Eso supongo… —dijo, sin embargo, ahora era un poco más alta y comenzaba a adquirir los rasgos de la pubertad: la niña había empezado a crecer en ese preciso momento—. Le sugiero no romperse la cabeza intentando entenderlo.

—¡¿Cómo dices eso, jovencita?! —farfulló el enojado sujeto. Por su mente cruzó la idea fugaz de que la primera reunión del día ya había iniciado en la oficina, y que ahí estarían sus demás compañeros… y también su jefe… mientras que él seguía perdiendo el tiempo. Eso lo desesperó más—. ¡¿Acaso no entiendes que necesito saber qué día es?!

La adolescente frunció el ceño ante la insistencia de ese sujeto.

—¿Por qué tanta urgencia por los días, señor?

—¡Porque necesito saber en qué día vivo!

—¿Y para qué? ¿Por qué no solo vivir los días y ya?

—Porque no puedo… Necesito saber qué día es.

—¿De verdad necesita saberlo? ¿No puede vivir los días así y simplemente disfrutarlos?

—No, jovencita. —Su voz sonaba cada vez más hosca—. Yo no me paso los días enteros únicamente jugando. No puedo vivir sin saber qué hora es o mínimamente en qué día de la semana me encuentro. Necesito estar bien ubicado para planear las cosas.

—¿Planear? —preguntó la muchacha, rascándose el cabello—. No entiendo lo que usted me dice, señor.

—¿Qué? ¿Acaso no sabes lo que significa planear? ¡Semejante cosa había oído yo antes! Planear es llevar un orden de las cosas que vas a hacer en el futuro.

—Oh, ya veo… Y usted siempre está planeando todo, ¿cierto?

—Claro, así puedo controlar mejor mí tiempo y aprovecharlo —dijo con soberbia, completamente seguro de sus palabras pero, al oírlo, la simpática adolescente soltó una risita y eso lo enfureció hasta casi ponerle la cara roja—: ¿Acaso te burlas de mí?

—Perdone, señor —le contestó esta cortésmente, mientras seguía creciendo poco a poco, haciéndose cada vez más alta, hasta convertirse en una joven mujer—. Es que me parece, más bien… que el tiempo lo controla a usted. ¿No lo cree?

—¡Bah! ¡¿Qué vas a saber tú?! —exclamó él, riendo con cinismo—. ¡Apenas acabas de descubrir hoy qué significa planear!

La muchacha no pudo contener su indignación ante tan pedante actitud de ese hombre con el maletín.

—¿Y acaso usted cree que es posible controlar el tiempo, señor? —le preguntó elevando su voz—, ¿cree que puede retorcerlo o enderezarlo quizá? Dígame.

—No. No me estás entendiendo… No hablo en ese sentido.

—Pues mire, ¡qué curioso! Porque el tiempo no puede controlarse ¡en ningún sentido!

Su nueva actitud era retadora, muy propia de su edad, y parecía no temer la reacción del desconocido.

—Sigues sin entenderme: te estoy hablando de cómo dividir el tiempo para aprovecharlo y…

—Eso tampoco lo entiendo, señor. ¿Cómo puede hablar usted de cortar el tiempo si este es siempre continuo? ¿Puede acaso también cortar el agua de un río?

El hombre la miró sorprendido, tachándola de ser una insolente.

—No, no, no… —comentó él, cansado—. ¡Me estás tomando muy literal las palabras!

—Y usted no me entiende a mí, señor —añadió la mujer también bastante exaltada—. Es que no existe metáfora para el tiempo. ¡El tiempo es literal… o si no, no es!

Entonces el hombre del traje no supo qué responder. Y se quedó callado. Estaba perplejo ante las respuestas de aquella muchacha.

Respiró hondo y se sentó cuidadosamente sobre la alfombra de hojas en el suelo del bosque para pensar en todo lo que estaba pasando. La situación era tan rara… y cada afirmación de esa niña, adolescente y ahora mujer, le desconcertaba más y más. Echó una largada mirada en derredor, contemplando los altos árboles a cada lado de la vereda, viendo los tenues rayos del sol colándose a través de las frondosas copas e iluminando cálidamente el sendero. Miró también hacia arriba, donde una pequeña hoja seca se desprendió de las altas ramas, precipitándose hacia el suelo lentamente, en un rítmico vaivén, meciéndose en el aire, girando como una diminuta bailarina de vestido amarillo en una pacífica danza hasta llegar al piso, a los pies descalzos de aquella mujer, esa mujer que lucía ahora casi de su misma edad.

Se sintió raro. Un nuevo torrente de dudas fluía por su mente, como empujando hacia todas partes, como si la llave de algún grifo hubiese sido dejada abierta una vida entera hasta inundarle la cabeza de preocupaciones, sin siquiera haberlo notardo hasta antes de ese momento en que, por fin, se había dado una pausa. Sintió ganas de preguntar tantas y tantas cosas pero... permaneció callado un poco más.

Después, pasado un tiempo —un raro tiempo—, se atrevió a hablar de nuevo:

—¿Cómo le haces para vivir así? —preguntó a la madura señora delante de él, mirándola desde el suelo donde yacía sentado.

—¿A qué se refiere? —contestó aquella. En su rostro, ahora más tranquilo, comenzaban a aparecer tenues arrugas.

—Te pregunto cómo puedes vivir así.

—¿Así? ¿Cómo? —le dijo, devolviéndole la pregunta con una sonrisa amable y juguetona.

El hombre sintió que una vez más le estaba tomando el pelo, pero se abstuvo de alzar la voz y se mesó el cabello con ambas manos.

—¿Cómo puedes vivir así? ¿Cómo vives sin saber nada respecto a qué día es o cuánto tiempo pasas haciendo esto o aquello otro? ¿Cómo lo logras?

La dama le miró con ternura genuina. Aguardó unos segundos antes de contestar y luego dijo serenamente:

—Pues así. Solo vivo y ya. Dejé de preocuparme de todo eso porque es algo sobre lo que nunca he podido hacer mucho.

—Explícate, por favor —dijo, casi rogando, lleno de dudas y con un semblante distinto—. Es que… me siento tan confundido.

—Mire, señor: solo se puede vivir y hacer las cosas con el tiempo que se tiene mientras se está vivo o viva, ¿sabe? Hubo una época en que también solía angustiarme ante el paso de las horas… Pero hace mucho que ya no me preocupo por el día, por la semana o por nada en específico. Los días y las noches van y vienen, vienen y van… y luego regresan. Al final, sé que el tiempo siempre fluye, aunque a veces parezca enredado —concluyó tranquilamente, mientras seguía envejeciendo cada vez más y sus ojos mostraban el brillo de la sabiduría y la íntegra seguridad de la experiencia.

—Me sorprenden sus palabras… señora.

—Es que no importa cuántos planes hagas. El tiempo siempre te gana. El hoy se convierte en mañana antes de que te logres dar cuenta y el mañana se vuelve un ayer más pronto que un parpadeo —explicó con su voz mucho más madura, ligeramente más débil, y sus cabellos rojizos comenzaron a teñirse de blanco frente a los ojos del incrédulo sujeto que ahora era, sin dudas, mucho más joven que ella—. Por lo menos yo así lo creo, señor. Quizá es cuestión de perspectiva.

—¿Es eso otra metáfora?

—No. No sea terco —dijo ella riendo y mostrándole una sonrisa amigable—. Ya le dije que el tiempo siempre es literal. Pronto se dará cuenta de que, aquí y allá, en este bosque y en la ciudad, el tiempo es incontrolable.

El hombre asintió. Hizo una pausa antes de decir cualquier otra cosa. Volvió a mirar a los árboles y la quietud le hizo sentirse tranquilo. Entonces su rostro se iluminó también con una sonrisa. Se levantó del suelo, tomó su maletín, se limpió la tierra y las hojas secas que se habían quedado adheridas a su traje; luego se despidió cortésmente de la encorvada y simpática anciana que conoció aquel día en la silenciosa vereda. Y continuó su trayecto. Mientras, aquella mujer se reclinó sobre el suelo para tomar una hoja seca con su escuálida mano llega de arrugas, y la lanzó al aire antes de reír nuevamente con una risa llena de juventud.

Y el hombre siguió andando, esta vez con más calma. No tardó mucho en encontrar de nuevo el resto del atajo a través de los árboles. Así descubrió que había que ir despacio para no perderlo de vista. Al salir del bosque y volver a las calles de la ciudad, se dio cuenta de que la vida todavía marchaba con su veloz ritmo habitual: la gente, los autos, todo el mundo iba con prisa. El ajetreo era el mismo de siempre, el tiempo seguía corriendo… pero él ya no. Continuó caminando por la acera con un paso tranquilo, sintiendo el aire cálido de la mañana mesándole el cabello.

Cuando arribó finalmente al edificio de su oficina, entró por la lujosa puerta giratoria de cristal: algunos de los otros empleados presentes, igualmente vestidos con sus trajes elegantes y sosteniendo algunos papeles en mano, se detuvieron a medio pasillo al verlo llegar. En la sala de la recepción, una joven secretaría, que atendía llamadas y escribía notas en una libreta, se quedó perpleja al observarlo, sorprendida porque esa era la primera vez que él llegaba después que ella.

El hombre miró entonces un viejo y costoso reloj que colgaba en el muro detrás de la recepcionista: las diminutas manecillas del aparato marcaban casi la hora de siempre.

Él sonrió sereno y murmuró:

—Estoy a tiempo.



Nota del autor: Comencé a escribir esta historia en septiembre del 2017 a raíz de un debate mental por mis clases de psicología: en ese entonces, este pequeño cuento quedó inconcluso. En marzo del 2019, después de una tarea encargada en la universidad por una maestra, Velia Herrera —a quien dedico este cuento—, la última parte fue añadida (comprendida desde el penúltimo comentario de aquella simpática mujer hasta el punto final) y la historia pudo ser terminada. Algunos detalles más fueron añadidos y editados en agosto del 2019. La presente versión, la más extensa hasta ahora, fue escrita en marzo de 2020.
17 de Agosto de 2019 a las 02:47 11 Reporte Insertar Seguir historia
8
Fin

Conoce al autor

Andrés Díaz Bienvenida/o a mi perfil, acá encontrarás historias macabras y de ficción. Soy psicólogo clínico. Escribo desde los 12 años. Mis autores favoritos son Poe, Lovecraft, King, Pacheco, Rulfo, Dávila, Quiroga, Cortázar, Borges, entre otros. Sígueme en: Instagram: andresdiaz_escritor Cuenta en inglés: andres_dm_eng Wattpad: Andres22DM

Comenta algo

Publica!
W. E. Reyes W. E. Reyes
Un relato entretenido. El usar el ayer, hoy y mañana, provoca ciertas complicaciones. Yo prefiero entenderlo como un simbolismo. La niña sería algo así, como el fantasma de la navidad futura, y el bosque sería la mente del hombre perdido. Me quedo con el corolario final, siempre hay tiempo para disfrutar nuestra propia vida y enfocarse en lo que realmente importa. Saludos.
May 23, 2020, 04:54
Jorge F. Carrero Jorge F. Carrero
Hola. Quiero decir que tu relato me pareció muy confuso, carece de lógica en ciertos puntos y el comienzo es poco verosímil. Saludos.
May 05, 2020, 20:17

  • Andrés Díaz Andrés Díaz
    Antes que nada te agradezco la lectura y el comentario. En efecto, es una historia complicada, no en valde elegí el título. No pretendía que fuera inaccesible pero sí que fuera un reto para los lectores. Por otra parte, tampoco esperaba que fuera verosímil. La fantasía no debería serlo, y la magia de la escritura es poder librarnos, al menos durante un rato, de la realidad. No todos los libros o relatos son para todo el mundo, eso sí, y lo genial es poder encontrar aquellos que sí lo sean. Insisto en el agradecimiento por la lectura y por el comentario. ¡Te envío un saludo! May 05, 2020, 21:26
Tadeo Ibarra Tadeo Ibarra
Muy buen relato. No puedo evitar imaginarme a Alicia de Lewis Carroll (al principio de tu historia) creciendo rápido. Un agradable cuento con un muy buen mensaje.
April 22, 2020, 14:15

  • Andrés Díaz Andrés Díaz
    Aprecio mucho el comentario. Aunque te confieso no he leído el cuento original de Alicia, eres la segunda persona en indicarme algo similar. Quizá tuve alguna influencia aunque en el momento de la escritura realmente apenas y se me cruzó por la cabeza. Leeré pronto el original. ¡Y que bueno que la historia te haya hecho eco! ¡Te mando un saludo! May 03, 2020, 02:25
K. Derivè K. Derivè
Buscando entre la maraña de historias que hay por aquí, encontré tu relato. Me ha parecido curioso; con un comienzo confuso, pero con un final bastante claro. Al principio cuestioné muchos detalles. Sin embargo, más tarde me di cuenta de que era absurdo buscar la lógica. No sé si era lo que querías causar en el lector, pero desde luego que conmigo funcionó de esta forma. Creo que a veces pecamos de hacernos tantas preguntas... Como te comentaba, «El enredo» me ha parecido un relato atractivo. Aunque, yo le daría otra vuelta. Hay un par de tecnicismos que, si los mejoraras, te quedaría más limpio :) Eso no quita que la narrativa y, la historia en sí, me haya atrapado desde el principio. Sobre todo el final: no me esperaba la frase reflexiva. Tiene sentido, sobre todo ahora que no paramos de contar los días para poder salir a las calles, al menos en España. En fin... He leído que tienes más escritos, quizá me pase a leerlos :) ¡Un saludo!
April 11, 2020, 17:27

  • Andrés Díaz Andrés Díaz
    Aprecio mucho tu lectura y también tu comentario. Me gustaría saber más sobre los detalles a los que te refieres :) Estoy abierto a las críticas constructivas. Siempre son bien recibidas :D Y claro, a veces buscamos darle sentido a todo, aunque no todo lo tiene. Te mando un saludo afectuoso hasta España, y que ojalá la situación mejore muy pronto. April 18, 2020, 22:43
  • K. Derivè K. Derivè
    ¡Con gusto! A mi me pasa que por más que leo lo que escribo, muchas veces no detecto los errores que cometo. Entonces enseño mis redacciones a mis amigas, a mi pareja y hasta a mis padres. ¡Y no te haces una idea de las cosas que encuentran! 😁 En tu lectura pude detectar que, quizás, con otros signos de puntuación la narración podría quedar más limpia. A veces utilizas puntos suspensivos seguido de una palabra en minúscula. En algunas ocasiones sería mejor que, después de los tres puntos haya una coma seguido de la minúscula. También noté algunos errores ortográficos sin trascendencia alguna. A mi me pasa todo el tiempo. Creo que nuestro cerebro va tan rápido que sin querer y aun sabiendo cuáles son las palabras que debemos tildar, se nos olvida hacerlo. ¡Qué rabia! Otra cosa es el verbo «dicendi» después de los diálogos, lo que expresa movimiento en los personajes y esto está bien, mas considero que no se debe abusar. Si yo te dijera las veces que edito mi novela y me encuentro con este error, seguro que me preguntarías: ¿y tú de qué hablas si eres igual? En fin, no soy editora profesional ni mucho menos, solo te doy mi opinión y espero que sea constructiva. A mí me sirvieron muchísimo los consejos de una buena amiga. He de reconocer que, tras sus observaciones mejoré un montón. Y eso, espero haberte ayudado un poco. Ya te digo, la historia es fascinante; no había leído nada parecido. Sin embargo, lo que te comenté, yo me daría otra vuelta para pulir los signos de puntuación y la ortografía. ¡Un saludo! April 21, 2020, 15:30
  • Andrés Díaz Andrés Díaz
    Te agradezco muchísimo las observaciones, en verdad que ningún escritor/a podría mejorar sin antes recibir comentarios tan objetivos como este, y más que nada también te agradezco la gentileza y el buen trato n.n Aprecio mucho los puntos que me señalaste y me daré una vuelta para editar nuevamente algunos detalles. ¡Y te envío un cálido saludo! Espero te encuentres muy bien. Nos seguimos leyendo :D May 05, 2020, 17:53
Sebastian Silvestri Sebastian Silvestri
Hola Andrés! Te equivocaste cuando me dijiste que me podía gustar, porque no me gustó... Me encantó!! Tenés una narrativa hermosa, además de casi perfecta técnicamente hablando. La forma en la que jugás con los personajes y sus características tan marcadas es preciosa. Me encantó ese toque, tal vez involuntario e inconsciente, de "El Principito" que tiene... Una niña diciendo tanta verdad desde su supuesta ingenuidad. Sin dudas voy a leer muchas más cosas tuyas.
April 06, 2020, 02:14

  • Andrés Díaz Andrés Díaz
    Muchísimas gracias, mi estimado Sebastian. Esperaba que te llamara la atención. Tus palabras me llenan de optimismo para seguir creciendo. Te soy honesto: aún a la fecha no he leído "El Principito"... sé que es lectura casi obligada pero... prometo que pronto la leeré. Me encantaría que nos sigamos leyendo, También te estaré dejando comentarios, observaciones y reseñas. Un saludo enorme! April 09, 2020, 03:16
~

Más historias

Bochica - relato de la gran inundación Bochica - relato de ...
Jacuzzi Jacuzzi
Sueño tétrico Sueño tétrico