Crónicas del Purgatorio Seguir historia

byronsalva096 Byron Salva

Déjame decirte algo, querido lector: tú, estarás tan cuerdo como yo luego de esta agradable conversación.


Horror Historias de fantasmas Todo público.

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Prólogo

Estimado lector, no sé si creerás más allá de cada una de las palabras que pretendo escribirte de aquí en adelante; si pensarás en lo verídico que podrían llegar a ser los términos que contarán cada una de las siguientes historias que procuraré narrar para ti, sin embargo la decisión final para tal efecto, fue, es y será exclusiva y propiamente tuya; no obstante, creo oportuno antes de iniciar con lo que considero será una agradable conversación entre tú y yo, ofrecer a ti, el inicio posterior (porque lo que voy a plasmar para ti más adelante, es mucho más antiguo que el hecho de cómo di con ellos), de cada uno de estos relatos.

Donde vivo siempre ha sido un sector apacible, rural, de modo que el trinar de las aves te despierta por las mañanas, puedes escuchar el susurrar del viento por las tardes, haciendo crepitar las hojas de los árboles avejentados y silbar entre las copas de los joviales especímenes que siguen el rastro de la existencia de nuestro valle. Puedes sonreír a las caras conocidas en la dirección que mires y los agradables y cordiales saludos desde el más niño al más anciano y desahuciado hombre y mujer llueven cada día, aunque, aquello no impide ni borra el horroroso hecho que nos hizo relativamente famosos en su momento. Un incendio, así sin más. Un siniestro en una casona hace tantos años que más allá de ello no puedo contarte ahora, sin embargo, alguien se encargó de aclararlo todo, y te lo explicaré, pero cuando hayamos terminado.

Cierto día, unos amigos y yo decidimos ir al lugar, la casona que casi se consumió por completo la madrugada del 01 de noviembre de 1898, al lugar que las malas lenguas han lapidado desde que se descubrió aquel pequeño incidente que se creía accidental. Es un lugar deshabitado por supuesto, estimado lector, de lo contrario los cargos por allanamiento a la propiedad privada nos hubieran llovido y no nos hubiésemos librado aunque Dios hubiese querido, a fin que, poder entrar solo nos costó un par de raspones y rasguños por la caída desde los muros y las moras del perímetro (¿te he mencionado que el lugar queda casi a faldas de un cerro, alejada casi por tres kilómetros del pueblo?), y a eso agregarle un par de costillas picadas por las astillas de las tablas rotas.

Dime tú, querido lector: ¿qué esperarías encontrar en una casona abandonada? Lo mismo que nosotros seguramente, soldad absoluta y un instante de vacile entre las paredes azotadas por el hollín, por el tizne negro y casi granulado que el fuego impregnó cuando una de las enfermeras (desconociendo el motivo), decidió encender un fósforo en una de las camas (que espero y no hubiese habido nadie allí, Señor). Otra cosa: ¿te he mencionado que la casona se utilizó como centro de reposo psiquiátrico entre 1870 y 1898? ¿No?, pues, ahora ya lo sabes.

Recorrimos un par de pasillos en los que las camas de soportes metálicos ennegrecidos reinaban, habitaciones donde las paredes solo tenían un par de manchas en menor cantidad de tizne que, supondremos, lograron frenar los cuerpos que finalmente allí se calcinaron. Lugares en que la luz no se filtraba por ni un lado, por ni una ventana, ni siquiera por las que estaban mal dibujadas en medio de cada horma.

Fue en una de esas habitaciones donde, algo peculiar llamó nuestra atención: una escotilla bajo mis pies, medio chamuscada y que no soportó mi peso, de modo que me mandó volar sobre la escalera y di un violento rebote hacia uno de los catres que había abajo y aterricé de bruces tragando tierra.

Un poco más lúcido y gracias a la tenue luz del exterior que se cribaba por la escotilla, noté en aquel subsuelo una habitación perfectamente equipada con ocho camas, cada una separada por cortinas, con veladoras y una vela, con las sábanas limpias y estiradas, sin el más mínimo indicio de que el fuego hubiese pasado por allí, salvo por ese molesto olor a encierro y polvo que suele sentirse al abrir un lugar que ya ha olvidado la luz del sol. En ese instante, solo una pregunta era capaz de hacerme mirar con mayor detalle aquel (de algún modo) tenebroso lugar: ¿a quién se le ocurriría esconder o aposentar a pacientes bajo tierra (por muy amena que la habitación fuera)?

Fue extraño, y más aún al reparar en una de las camas, la única que parecía usada, la única con grilletes en los extremos y con la vela del mueble casi consumida, con un tintero derramado y un par de hojas avejentadas por el polvo y regadas en el piso, las que llegaban hasta aquel inusual rastro de diez ¿dedos, podrían ser?, que se arrastraban hasta bajo la cama, dando con un viejo libro cerrado, que contenía diez ¿cartas?, ¿vivencias?, una especie de bitácora de diez días, comenzados el 21 de octubre de 1898. La única en cuyo armazón, sábanas y paredes se extendía la frase "no juegues con él". La única cuyo rastro de aquella (para ese momento), tétrica frase, condujo hasta el centro del catre de la cama, donde un juego del ahorcado mal dibujado daba a entender que no había mayor entretención o tal vez, los excitantes deseos de acabar con esa tortuosa estancia en aquel Gólgota carcelario.

No negaré que la inquietud me consumía, y el miedo de tener ante mi tanta oración escrita en tantas partes y sostener en mis manos las palabras de alguien cuyo trastorno ya asustaba, era poco a poco más perturbador, sin embargo, me animé a no soltar el libro y a mirar un poco más allá de la luz.

No encontré gran cosa. Solo el diagnóstico médico del paciente de la cama en cuyo suelo yacían esperándome, los siguientes manuscritos.


C.D.S.O

Esquizofrenia paranoide.

Pérdida gradual de memoria con fin parcial.


No sé si llegará a interesarte tal vez lo poco y nada que logramos rescatar de los manuscritos originales, pero, al igual que esta pequeña introducción, la decisión de continuar es completamente tuya. Cuesta un poco creer que un retorcido y olvidadizo esquizofrénico se atrevió a contar esta clase de vivencias (delirios, a mi parecer), aunque... ahora que lo pienso, indagando más a fondo, aparte de aposentar a los pacientes en aquel lugar, y viendo la capacidad de este en particular, para salir de aquella execrable realidad, me pregunto ¿qué tan peligrosos serían tal vez, para solo tal vez, haberlos tenido allí?

Aunque, bueno, siendo sinceros, eso no es un impedimento para que hubiera escrito tantas fantasías. Si llegaran a serlo, claro, ¿no lo crees, querido lector?

Atte.
Byron Salva.

9 de Agosto de 2019 a las 03:19 3 Reporte Insertar 9
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Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
Un inicio prometedor sin dudas, excelente narración
15 de Agosto de 2019 a las 19:27
Gerhard Wolf Gerhard Wolf
Es muy buena tu forma de narrar.
10 de Agosto de 2019 a las 05:57
~

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