Vecindario Mágico, varitas arriba. Seguir historia

u15652836861565283686 Yéferson Muñoz Cardona

Un grupo de niños y sus familia se ven amenazados por un ente maligno que prometió en años atrás regresar. No saben que tienen magia, no saben que son especiales, pero la hechicería y magia negra están al acecho. Acompáñame a ver como la magia volverá a sobresalir y acabar con el mal.


Aventura Todo público.

#magos #vecinos #hechiceria #abuelita #inclusion
3
650 VISITAS
En progreso - Nuevo capítulo Cada 15 días
tiempo de lectura
AA Compartir

ESTAMOS EN PELIGRO

PESADILLA Y SOMBRAS

Sábado en la mañana. Un día como cualquier otro. El sol asomaba con su aureola de luz entre las montañas; cruzaba por las nubes del amanecer y atravesaba por los troncos y las hojas de los árboles hasta llegar a la ciudad. El sonido del cantar de los pájaros de costumbre y la fría brizna en el aire se empezaba a desaparecer.

La ventana que estaba a un lado de la habitación permitió entrar la luz del amanecer, comenzó a volverse algo tenue la oscuridad. Un cuerpo infantil sobre la cama se movió de manera suave adormilado. Las manos se ampliaron estirando los dedos con cierta sutileza que casi parecían mágicos. Aquel hombrecito estaba disfrutando del sueño. La puerta de la habitación se abrió muy despacio y casi que a la misma velocidad una cortina sobre la ventana se movía a un lado cubriendo la luz. Tras la puerta estaba la señora Leticia Boone, una mujer de edad, piel blanca y cabello entre rubio y canoso, labios delgados y unos ojos negros detrás de unos lentes redondos y grandes. Sus pasos eran ligeros y silenciosos; Parecía flotar. Acercándose a la cama donde estaba aquel niño, soltó un suspiro. Se inclinó a alcanzar la cobija a la orilla, movió su mano con delicadeza que sin alcanzar la cobija ésta cubrió aquel cuerpecito hasta el pecho; acarició el rostro del bello durmiente. Él se movió de sorpresa hacía un lado, parecía brusco; agarrando con fuerza la cobija y recogiendo su cuerpo a la derecha; la señora Boone se llevó ambas manos al pecho de asombro. Se retiró de la habitación, acomodando las gafas de su rostro, la puerta se cerró con cautela.

La mañana ya había avanzado, el sol entraba de manera radiante sobre la cocina, en el fogón había una olla echando vapor por una esquina de la tapa y el interior del horno había panes caramelizando. La señora Leticia, posee habilidades para la jardinería, en el jardín hay dos árboles un guayabo y un mandarino, en toda la salida al patio o jardín personal de la señora, en los lados de la casa a mano derecha e izquierda bancas para dos personas con mesas para tomar café en el atardecer, un camino en piedras hacia el centro donde estaban los dos árboles y al otro lado si estaba el verdadero jardín, unas de flores artesanales reconocidas en la ciudad, primero que todo en las esquinas en la parte izquierda una imagen a san Juan Bosco patrono de los magos y le esquina derecha una imagen de la Virgen María Rosa Mística en él están los florales de rosas y tulipanes preferidos a Leticia y en los costados están los lirios y los claveles.

Un pajarito agitando sus alas bajó al jardín interno y dando pequeños saltos se acercó a los escalones, se esforzó para subir a la puerta de la cocina y llegar hasta donde Leticia, hizo unos breves sonidos y ella no prestó atención, el pajarito lo volvió a intentar y no recibió respuesta. El pajarito se impacientó, produjo un sonido musical más fuerte y no recibió la mirada que buscaba, con desespero agitó sus alas, se revolcó y con su pico agarró los pantalones de Leticia y empezó a jalar. Ella lo sintió, se inclinó y lo observó con ternura diciendo: Tesoro, lo olvidé. Aquí está Oliver y estoy preparando el desayuno para él, ¿hueles el trigo?, ¡eso es trampa! El pajarito prestaba atención a Leticia como si entendiera lo que ella le decía. Se mantuvo cerca de los pasos de Leticia, ella se dirigió al refrigerador y sacó una bolsa, caminó al jardín y más pajaritos empezaron a llegar, el pajarito amarillo se bajó de sus pies y se adelantó al encuentro con los demás, abrió sus alas y emprendió vuelo, Leticia bajó los escalones y los pajaritos empezaron a volar a su alrededor ella caminó hasta la sombra del árbol del centro del jardín. Allí había una silla y un columpio para su nieto. Al sentarse, abrió la bolsa y roció una cantidad sobre su mano y apretó los dedos y empezó a esparcirlos sobre el suelo, los pájaros estaban a su alrededor, era un espectáculo al ver que unos se iban y otros llegaban, era bonito. Desde la puerta salió un sonido, no se logró escuchar bien, pero al prestar más atención, aquel sonido era un grito - Abuelita -

Fue tan sorpresivo que Leticia se quedó bloqueada. Los pájaros también parecía que se hubieran congelado en el instante. El sonido volvió a repetirse en la mente de Leticia, iba a sonar dos veces, su mente trabajo más rápido que el agitar las alas de los pájaros. La señora Boone alcanzó a mover sus dedos en forma de despedida, de sus labios salió un susurro, y su cuerpo se fue poniendo traslúcido rápidamente, hasta que desapareció.

Sobre la cama estaba Oliver llorando, su cuerpo se empezó a levantar como levitando, una especie de luz se fue acomodando en su rededor, la figura de Leticia estaba apareciendo. Las manos comenzaron a tomar forma, comenzó a calmarse porque sintió su abuela allí junto a él. Leticia miró con agilidad en las cuatro esquinas de la habitación, la puerta y la ventana se abrieron, la luz invadía el espacio, pero algo no la dejaba sentirse tranquila.
Leticia espero que su nieto se tranquilizara, el niño recuperaba su respiración estaba agitado, su rostro aun empapado de lágrimas. Recuperando la calma y sintiendo a su abuela, intentó hablar, pero sus palabras salían entre cortadas, su abuela le pidió respirara un poco más. Después de secar su cara húmeda, se levantaron de la cama, se sentaron en la orilla, y su abuela posando una de sus manos sobre el hombro de Oliver le dijo -¿qué ocurrió?- Oliver comenzó a temblar, y dirigió su mirada al suelo, puso su mano sobre la pierna de su abuela y dijo -tengo miedo-. Estas palabras se quedaron en la mente de Leticia entonces ella no quiso preguntar más para no molestar a su nieto, las únicas palabras que salieron de su boca fueron, -vamos a olvidarlo, es solo una pesadilla, y acompáñame a desayunar tengo pan fresco para los dos y la mañana está muy bonita-.

Oliver es un niño de 5 años, de piel clara, cabello rubio con semejanzas a rojo, a su edad un tradicional. Sus labios delgados y unos ojos de un tono leonado. Es muy tímido y miedoso.

Leticia Había dado una ducha a Oliver y sentía el agua muy fría, la toalla con un peso diferente, cuando lo peinaba tiraba su cabello rojizo hacia atrás y hubo un tipo de conexión, Ella arrojó el peine y se sorprendió, el niño la miró con desagrado y retirándose de ella, el sol se comenzó a esconder, los ojos dorados de Oliver se tornaron oscuros, recibió un abrazo y lo llevó en brazos al comedor a tomar el desayuno, algo en el bolsillo de la señora Leticia empezó a agitarse con fuerza, ella movió su mano en forma circular, se ubicó detrás de la silla donde estaba sentado su nieto, y el comedor se tornó de luz, azul muy pálida al principio y de repente azul oscuro, una sombra… un parpadear de ojos, un vacío remoto y de repente el comedor volvió a la normalidad. Oliver miró con curiosidad a la pared volvió su carita pálida y ojos temerosos, hizo una pregunta que su abuela quizá tampoco sabía la respuesta. ¿Qué había ocurrido?

Leticia sentada sobre una máquina de coser en la que pasaba la mayor parte de su tiempo, pensaba sobre muchas cosas, ese suceso con su nieto la tenía verdaderamente preocupada. Una idea cubría su mente, su nieto le tenía miedo a algo, quizá era un intento de su cuerpo por cubrir la necesidad de saber que ya faltaba poco por entrar a la escuela. Algún suceso que le causaba miedo. La ausencia de su padre, algún tipo de película o un sin fin de razones para que su nieto sufriera pesadillas. O quizás la más obvia era que sólo había sido una pesadilla.

Al parecer, la máquina de coser no le ofrecía opciones cómodas a Leticia para buscarle respuestas a ese suceso que le había ocurrido a Oliver. Como abuela llena de sentimientos se preocupaba por su pequeño nieto, estaba bien que era solo un sueño que causó miedo al niño, pero no quería que volviera a suceder. No quería preguntarle nada a Oliver acerca del sueño para no hacerlo pensar en eso. Quizá esa era la mejor manera de que aquello no volviera a ocurrir.

Pasando la tarde en el parque, había muchos niños, Oliver utilizaba una camisa blanca con pantaloneta chanclas deportivas, al parecer todos los que se divertían, entre los columpios, sube y baja y deslizaderos, ah y cómo dejar de lado la casita del árbol y el pasamanos. Al otro lado había una cancha con varios niños jugando al fútbol y un lugar de sillas para los padres sentarse a conversar, tomar un café había asientos individuales para fumar. En la calle niños en bicicletas y monopatines dando vueltas alrededor del parque, en una de las esquinas había un hombre con un cochecito cubierto y una campanita en señal de los helados, vendía las mejores paletas de agua color rojo de sabor tropical, eran la sensación a la hora de terminar de jugar. Luego de pasar un momento, algo sorpresivo empezó a ocurrir en el lugar; Oliver empezó a ver a los niños del sube y baja que se quedaban suspendidos en el aire, la niña sobre el pasamanos daba un giro que mostraba cómo se golpeaba la parte superior de las piernas, el niño del lisadero tenía miedo en su mirada, las ruedas de las bicicletas y monopatines giraban lentamente. Oliver sintió como el cuerpo se le congelaba mientras montaba en el columpio. Leticia estaba con el señor de los helados, el señor Marcus. Oliver logró captar con su mirada como desde la cancha algo así como una lluvia de arena se alzaba a una velocidad realmente sorprendente, cerró los ojos, para no sentir dolor, al abrirlos por curiosidad, vio cómo el niño del lisadero caía más lejos de lo normal, la niña del pasamanos gritaba al golpear sus piernas contra una de las barras, los niños del sube y baja lloraban sobándose su trasero por qué el sube y baja se quebró, y alcanzaba a ver dentro de la sorpresa como Marcus y su abuela estaban en cerca de él, y el cochecito de helados en la calle. Entre otro abrir y cerrar de ojos su abuela estaba cerca de él revisando las cadenas del columpio y Marcus en su carrito de helados haciendo sonar su campana. La tarde de juegos había terminado, Oliver miraba de lado a lado y no había ningún niño llorando y todos los papas como si no hubiera pasado nada, Oliver sabía que si había ocurrido algo.

Oliver se sintió oprimido y atemorizado, su abuela limpió su ropa sacudiendo suavemente con sus manos, no pasó nada Oliver solo fue un susto. El miraba a los niños que pensaba iban a estar llorando, pero todo estaba en normalidad. Sintió humedad en sus manos y se limpió con su pantaloneta, tomó las manos de su abuela. El señor Marcus los esperaba junto a su carrito con una paleta. Leticia se acercó al oído de este señor y le dijo muy suavemente mientras Oliver saboreaba su paleta, -me avisas si ocurre de nuevo-

Oliver se sentó en la sala a ver televisión con su abuela mientras ella unía unos cortes de tela sobre la máquina de coser, el tomo aliento y se escuchó: abuela, ¿aquello que aparece en mis sueños tiene nombre?, tengo miedo, aunque ya me parece algo normal, aún se agita mi corazón y me asusto, llevo soñando con cosas que me asustan dos semanas. La mirada de Oliver se quedó perpleja en las imágenes de la televisión, su abuela se ha comenzado a preocupar. Leticia movió las agujas con lentitud, reposó sobre sus piernas la prenda que cocía, miró a Oliver y le dijo: tomemos ese sueño con calma, ¿qué tal si solo lo dejamos como el sueño?, el niño con cierta curiosidad guardó silencio, ¿pero eso no es un nombre? su abuela sonrió, pero a partir de hoy sí lo será. Oliver sonrió ella lo miro y tomo la carita de su nieto entre las manos y dijo no quiero que esa sonrisa desaparezca, voy a averiguar qué es lo que molesta tus sueños. En la noche al ir a la cama a dormir, Leticia se frota las manos, parece como si moviera las manos de una manera singularmente coordinada, sus labios no se movieron. Sin darle prisa a las cosas cuando Oliver se durmió, Leticia movió las manos sobre la cabeza de Oliver, desde la punta de sus dedos una luz muy delicada, tenía cierto tipo de intermitencia como si fuera algún tipo de piedra preciosa que posee muchos ángulos de lentes de luz, muy cerca del rostro agotado del niño; Leticia sintió un bloqueo, un corrientazo eléctrico subió por su cuerpo, recordó aquel choque eléctrico semanas atrás, decidió alejarse, el miedo invadió su mente y el espacio, se comenzó a tornarse oscura y con siluetas negras. El bombillo eléctrico de la habitación no funcionó, Leticia se fue preocupada a la cama, parecía que las cosas se iban a poner muy difíciles con su nieto. Todo el sistema eléctrico de la casa se había echado a perder, y este tipo de cosas no había ocurrido hace 10 años en la vida de Leticia, el mundo de magia lo había dejado para llevar una vida común y corriente.

Oliver esa noche del sueño estaba en una piscina, había tomado una ducha luego de salir de la piscina, iba a salirse, volvió a mirar a la piscina y se arrepintió. Se sentó sobre la orilla, el sol resplandecía. Estaba tan distraído que no prestó atención a la ausencia de las voces de su familia, desde muy lejos escuchó una voz que decía su nombre -Oliver- El niño no se percató y siguió jugando con sus pies en el agua, la voz volvió a escucharse más cerca, Oliver miró hacia la entrada de la casa donde suponía estaba su mamá, el agua se fue poniendo oscura, Oliver miró a su lado buscando la voz que lo llamaba para pedir ayuda, escuchó como si la voz lo llamara desde el interior del agua oscura, al mirar con inquietud miedosa a la piscina, vio de manera borrosa como si un cuerpo lo mirara desde las sombras del agua oscura, se levantó tan rápido como pudo corriendo a la casa, al llegar a la entrada y posándose sobre la puerta vio que su mamá no estaba, y ahí fue donde se levantó llorando…

Leticia se estaba sintiendo al borde de la preocupación, y dirigió su mirada hacia una mesa en la esquina de la sala de estar, allí tenía la foto del a familia estaba conformada por su hijo Paulo Boone, su esposa Aracely Anderson, su hijo Oliver y ella. Paulo es un reconocido capitán de un puerto marino el posee un porte de madurez y carácter muy definido, una mirada de hierro con la que adquieres disciplina y obediencia de inmediato, ya posee unos gestos que parece una fotografía. Esto no le quita el amor y compromiso que tiene en primer lugar con su hijo y luego las dos mujeres de su vida, su esposa y su mama, y luego tiene su trabajo como guardián de la flota oceánica, no está cerca de Oliver por lo tanto solo lo puede ver por medio de videollamada o en el permiso anual en el que viene a pasar cerca de él. La señora Aracely Anderson es una joven muy carismática, su sonrisa es encantadora, su cabello es ondulado y transformable que acomoda de manera sorprendente para cada ocasión, es profesional en relaciones publicas así que ejerce como asistente personal de un cantante. Por la edad que tiene Oliver no puede llevarlo a todas partes en la que requieren de su trabajo, así que la señora Leticia era la encargada de velar por la crianza de su nieto Oliver. Leticia vio la foto y quería que las cosas se quedaran como estaban, pero sabía muy bien que la rutina iba a cambiar y no iba a ser para bien.

Leticia se la pasó unos días pensando en cómo enfrentar la sombra que estaba molestando a Oliver, después de pensarlo mucho y medirlo en la cama y sentada sobre la máquina de coser, los miedos de muchos de sus amigos habían regresado, el mayor temor que ella guardaba estaba empezando a materializarse, no sólo su nieto estaba en aprietos, sino toda su familia. Su corazón se hizo pequeño, decidió ir a la cocina preparar una bebida caliente con hierbabuena, frotaba con fuerza sus manos contra las piernas, se estaba sintiendo fría, pensaba en aquella tarde en el parque, como casi y sin remedio se roban a su nieto, si ella no hubiera sido más rápida que aquello que está intentando entrar al mundo real Oliver hubiera desaparecido.

Leticia llevaba muchos años aguardando el momento en que el sol saldría unos pocos días y las cosas se pondrían oscuras, el poder de la oscuridad por más que se intente ocultar siempre encuentra el espacio o el momento para tomar fuerza y así dejar sin luz, sí, esa esperanza de otro camino.

El teléfono sonó y por poco la hace soltar el pocillo que sostenía con sus manos, era Oliver para avisar que ya había llegado a casa. Ella se alcanzó a sonrojar haberla sorprendido pensando en temores la había desequilibrado.

Quedó aterrada, recordando los sucesos del parque, y todos los niños que por poco y resultan lastimados, del momento bochornoso que tenía su nieto, no había prestado la suficiente atención a las campanas del carrito de helado del señor Marcus, en el momento del ventarrón habían tenido un sonido diferente, saltó en sí misma por sorpresa presentía como si estuviera escuchando las campanas de nuevo. Semanas antes había escuchado en las noticias una desaparición de un menor de edad cerca de una parroquia en la ciudad de Valle de las luces, y en el periódico estaba como titular central que el niño fue encontrado en el parque donde había estado con su nieto el fin de semana, en la casita de vista con una capa roja que lo cubría.

Su teléfono celular sonó, se acomodó las gafas y contestó, una voz al otro lado dijo ¿qué has pensado? ¿Ya lo pensaste lo suficiente? Leticia de manera insegura se sintió ahogada, el aire le faltaba, y primero suspiró como respuesta, luego dijo: quiero esperar han sucedido muy pocas cosas, antes deberías darme más datos, eres quien está a cargo de cuidar a los niños. La voz sonó vacilante, creo que está esperando ser más fuerte. Me tiene con más preocupación ¿qué querrá esta vez?, hubo un silencio… Leticia miró al jardín, ¿ya viste el periódico? si, ¿lo dices por el niño? <Una desaparición en escena y circunstancias sospechosas> estuviste allí… lo sabes.

LA CASA DEL ÁRBOL

En el parque había un niño con un carácter muy dominante, de cabeza rapada y ojos rasgados se posicionada y apoderaba de la casa del árbol. No era un niño sociable, no le gustaba compartir la casa del árbol, si cualquiera se acercaba solamente su cara de malhumor. Bladimir tiene 7 años y lleva mucho tiempo yendo al parque y no le justa jugar con los demás, solo disfruta observar todo lo que ocurre su posición. Bladimir Torero es un completo bravucón dedos gruesos y unas grandes cejas pobladas, siempre usa sudadera y alguna camisa deportiva, unos zapatos deportivos al estilo de baloncesto.

En varias ocasiones se le ha notado abandonar la casa antes de que el sol se esconda, con las manos en los bolsillos zapateando con rabia y su mirada sobre el suelo como si lo hubieran regañado. Pero a él nadie lo regañaba.

Bladimir es muy atento visualmente, rápido a los movimientos, sus oídos fallan en cuanto a información dada rápidamente, cuando se frustra se vuelve brusco y violento, vive solo con su padre, su madre murió al él nacer así que no responde de manera correcta a las manifestaciones de afecto, se cuida de cierto modo solo, tiene llaves de su casa y su padre le deja todas las comidas preparadas antes de salir a trabajar. Bladimir está cursando el primer curso en la escuela, es muy fuerte a su edad, su estimulación entra visualmente y quiere compararse y competir como los jugadores de fútbol que ve en la televisión, se destacan en su guardería por tener buena memoria y constante participación en labores físicas, pero intelectualmente conserva la media. En los recreos de intermedio de las clases se le observa que al jugar fútbol con sus amigos muy pocas veces participa activamente del juego, no es que no juegue, sino que juega de arquero y tiene muy buenas aptitudes como líder, aunque es callado sabe dar instrucciones de juego a sus compañeros de equipo, y sin resaltar su función como arquero dentro de la escuela, es algo denominado la valla menos vencida.

Cuando ve los partidos de fútbol en el televisor presta demasiada atención a detalles en el partido, y luego sube a la terraza de su casa a practicar solo, acude al parque a jugar con los niños, pero sufre de timidez y no se atreve a ir pedir que lo inviten a jugar; así que por eso decide visitar la casa de árbol y prestar atención a los demás niños y como se divierten. Un día su atención se concentró en los niños que jugaban en los juegos del parque, esta vez quería ver con atención a los demás fuera de la cancha.

Todas las tardes después de caer el sol se retiraba de la casa del árbol cuando veía que el parque se empezaba a poner solo y llegaban los niños grandes.

Oliver sabía que el parque sin niños no era lugar para él, así que cuando los niños de iban él también debía irse, aquella vez sintió que la casa le pedía no la dejara, aunque sintió temor y decidió ir a su casa como lo hacía a diario.

Bladimir ya se había fijado en Oliver, y lo veía como un niño indefenso. En una ocasión fue a jugar a los pasamanos y vio como Oliver lo miraba con curiosidad y con pena le movió su mano en forma de saludo, Vladimir terminó de usar los pasamanos y no jugó más.
Estaba usando un buzo color rojo, un jean azul oscuro y unos zapatos deportivos, no quiso usar gorra, el día estaba frío y no se veía el sol, compró una paleta y se sentó cerca de la cancha, sintió como lo llamaban desde la casa de árbol, miró con curiosidad, pero no veía a nadie, no quería subir a ese día, volvió a sentir como desde esa dirección lo llamaban, Bladimir comenzó a sentirse incómodo. Sabía que donde estaba ubicado no era su lugar en el parque. Bladimir estaba cansado se levantó arrojó el palito de paleta al basurero y caminó en dirección a su casa miró hacia la casa del árbol, y dijo: hoy no quiero ir a esa casa, y escuchó directamente como una voz le contestó todos los días te espero. Bladimir se asustó, de inmediato salió corriendo.

Tardó varios días en volver a la casa del árbol, estaba yendo a otro parque más lejos de su casa, pero no se sentía bien, los niños eran muy diferentes a los que estaba enseñado a ver. Volvió al parque, pero no miraba hacia la casa del árbol, miraba con celos hacia ella, pero siempre la veía sola, dentro de sí mismo sentía que ese era su lugar, pero no se sentía preparado aún le tenía miedo a esa voz que le habló ese día.

Después de un día agotador en la escuela, fue a la casa hizo los deberes. Estaba haciendo buen día el sol resplandecía sobre la calle, su papá lo llamó al teléfono y le dio permiso de ir al parque, fue y estaban los niños de la escuela, jugaron un muy buen partido hubo hasta un penalti y Bladimir logró taparlo, pero terminó temprano y aun no oscurecía. El partido terminó y él se dirigió a las escaleras que eran su nuevo sitio preferido, pero el sol le molestaba, miró a la casa del árbol a toda una esquina del parque, la sombra del árbol de devolvió el aliento, al mirar el tronco del árbol los peldaños de las escaleras para subir a la casa le llenaron de gratitud. La sobre la orilla de la casa se sentó, y ahora si el cansancio volvió a cubrir su cuerpo, miró hacia el interior y el suelo estaba limpio, se quitó la camiseta la puso sobre el suelo, se movió un poco hacia atrás para que sus pies no quedarán fuera y se recostó, fue la peor decisión que pudo haber tomado. Al mirar sobre el techo este empezó a darle vueltas, primero fue lento y normal sin causar molestia, fue aumentando de velocidad, en ese momento fue que Vladimir quiso levantarse, pero ya era demasiado tarde, no tuvo control de su cuerpo, sin ni siquiera se capaz de levantarse.

Al parecer se había quedado dormido, abrió los ojos, sintió mucho frío buscó su camisa, se la puso en su breve conocimiento de lo que pasaba, Bladimir pensó que estaba en su casa, al buscar su cama para volver a dormir descubrió que no había nada, era una habitación sombría, Bladimir con su carácter fuerte y decidido no quiso dejarse invadir del miedo, iba a sentarse a pensar las cosas y esperar que todo pasara, pero tuvo la idea de más bien conocer dónde estaba, empezó por mirar que había en el interior de aquella habitación, comenzó por mirar la habitación, era algo así como ladrillo y cemento, tocó el piso y estaba demasiado frío, se acercó a la ventana, estaba muy alto, así que solo prestó atención a ver si escuchaba algo. Su cuerpo se volvió frío, el miedo empezaba a invadirlo, se empezaba a sentir solo de verdad, de la calle no se escuchaba nada, el peor miedo de un ser humano descubrir que está solo. estaba preparado para ir en busca de la salida, salió por la puerta miró a lado y lado y camino hacia lo que él creía era otra puerta, decidió ir corriendo y era una habitación con las mismas características de la habitación donde había despertado, al salir y regresar y salir al pasillo y correr a la habitación anterior, se percató que las habitaciones eran muy similares, pero no quiso prestar atención a eso y quiso buscar algún otro lugar dentro de la casa, salió y miró hacia dónde dirigirse, pero algo le pareció más extraño, siempre aparecía que debía correr hacia su derecha, sin fijarse en eso volvió a correr a esa dirección, era de nuevo la habitación, ingresó e inspeccionó la habitación, no quiso acelerarse salió a la puerta y de nuevo el pasillo correr a la derecha, lo hizo se detuvo frente a la puerta miro hacia dentro y escucho que su nombre era gritado desde la ventana. Su deseo de encontrar algo hizo que las cosas cambiarán de inmediato, al gritar como respuesta que estaba allí, todo se hizo borroso y cerró los ojos para volver a quedar dormido.

Mientras tanto en la ciudad el padre de Bladimir estaba llegando a casa y ve las luces apagadas, llegaba preocupado después de intentar comunicarse con su hijo y no obtener respuesta. Estaba llegando a su casa y siente algún tipo de susto a ver todas las luces apagadas, ingreso las llaves a la puerta con muchos nervios casi temblando, el temor que esperaba se estaba haciendo cada vez más grande, su hijo no estaba. La locura lo estaba desesperando, todas las cosas por hacer estaban empezando a escasear, llamar a la guardería, llamar a sus vecinos, preguntar en la calle con los conocidos. Dirigirse al parque era la última opción, el parque parecía más solo de lo normal, más oscuro y tenebroso, la noticia la iba a escuchar Marcus que aún estaba allí barriendo la calle donde había trabajado toda la tarde, si había visto al niño, aunque lo que también le inquietaba era que no lo había visto marcharse. Marcus no quiso mencionar lo del tornado de arena que había pasado en el medio de la tarde.

Bladimir estaba abriendo los ojos, y estaba sobre la misma habitación, frotó su cabello sentía que le dolía, se percató que tenía puesto un buso que con la poca luz no logró ver de qué color era, eso sí le quedaba grande, se estaba concentrando en las cuatro letras que había en su pecho, se desconcentró en su buso y no en cómo salir de esa casa. Como no prestaba atención a los sonidos, no escuchó unos pasos que se acercaban hacia él, pero al presentir y ver como unos zapatos se asomaban en la puerta, sin alcanzar a ver la figura completa de aquella persona, al estar tan oscuro, solo logró reparar las piernas. Sintió como una mano se posaba sobre su cabeza, quería levantar la cabeza y aquella mano hizo fuerza para que no se moviera. La mano empezó a deslizarse hasta llegar a la espalda, Bladimir comenzó a sentir miedo, era un desconocido, y al obligarlo a quedarse quieto tenía miedo de que lo golpeara y él no tenía como defenderse. pero sintió que lo empujaban a que se pusiera de pie, casi que temblando Bladimir se puso en pie en posición de soldado, con los ojos cerrados sintió como se quedó solo en aquel lugar, quiso esperar un momento, pero tenía miedo, levantó la cabeza con temor, tenía ganas de llorar, abrió los ojos completamente y confirmó que estaba solo, miro a lado y lado y la casa era la casa del árbol donde solía pasar sus tardes, al mirar hacia la puerta veía la cancha de fútbol, con temor dio un paso, y veía como si estuviera muy de noche. Saliendo de la casa y al bajar cada uno de los escalones veía como se hacía de día, al pisar el suelo sintió cierta seguridad, pero al intentar correr el cuerpo no respondía con la misma velocidad, y se sentía obligado a caminar muy despacio, se percató que el buso con las letras ya no lo llevaba puesto, miró hacia la casa del árbol con desafío y rabia, Bladimir no veía a nadie en el parque y seguía su camino a casa sin percatarse de nada más. Lo que no sabía era que aquello que lo secuestró en la casa de árbol le seguía observando.

SONRISAS

En el corredor de Vista Suramericana, la última casa de la calle era la más llamada casa de colores, la casa fantástica, era de una madre soltera con cualidades artísticas de circo. Allí vive con su hija Helena Powell una jovencita muy similar a su madre aunque no tan extrovertida y feliz. Es una jovencita de ojos grandes azules muy pálidos, un cabello castaño muy largo, en el sol, las pocas veces que se le logra ver, es como un cabello de la hija del campo un color trigo encantador. Tiene un rostro infantil muy delicado y sutil, es muy juiciosa y no del todo amigable. Ha aprendido mucho de todos los amigovios de su madre, aunque ella los llamaba como amistades convenientes, todos sus caprichos amistosos eran muy variados y no se contaban con los dedos de la mano, sus conquistas eran de gran variedad profesional desde electricista y pintor al profesor de baile al evangelista pastor, y tenia amigos de un peligroso listado, esta mujer pertenece a la historia legendaria. Era de las mujeres que tenía una mirada depredadora, de esas que comúnmente al mirar comen. Helena tiene habilidades de todos los amigos de la mamá, todo lo que pasa por sus ojos lo aprende.

Melanie Powell le tenía un principio a su hija de tan solo 5 años, debe de saber mirar a todos lados para poder aprende de todo y de todos, en su casa había espejos por todos lados, en la sala de estar, en el comedor, en las habitaciones, el balcón y obvio en el baño. Las dos tenían muy buena observación, tenían muy buena mirada y nada pasaba desapercibido, a Melanie le quedaba muy bien jugar con los movimientos de su cuerpo, y la niña le enseñaba a jugar con su sonrisa, aunque la niña ya tenía suficientes talentos a su corta edad, ya sabía cantar, pintar, jugar un poco al tenis, y tenía unos movimientos de baile que encantaba a quien la viera, aunque tenia algo prohibido por su madre y era tocar las agujas y los hilos.

Para aquel día que ocurrió el suceso del parque, Helena estaba en la sala de estar con su madre viendo como se peinaba el cabello, resulta que ella estaba poniendo unos ganchos en para acomodar el peinado, uno de estos ganchos cayó al suelo y Helena se agachó a recogerlo, cuando lo puso sobre la mano de su madre, tuvo un vacío en el corazón como si tuviera susto, y pidió a su mama que si podía salir a balcón que tenía calor. Empezó a pensar en lo que había pasado y sintió una atracción hacia el color del crepúsculo de la noche, ese negro azuloso gris petróleo, entro con los ojos brillantes y la sonrisa mas deslumbrante que nunca había reflejado, mamá ya se cual es mi color favorito, la mamá miró con interés a su hija, Helena se mordió el labio inferior con pena hacia su mamá y dijo con un tono de voz enérgico, el gris azulado. Y quiero aprender teatro y la magia de la los telones voladores, quiero dominar el viento y acabándose su aliento cerró los ojos y su rostro bajo hacia el suelo, o ¿las mujeres no pueden ser piloto de aviones? Su madre cogió su cepillo con el que se peinaba, lo paso por el cabello trigueño y le dijo, tú vas a ser lo que mas desees en la vida, y ¿sabes quién te va a estar contigo apoyándote en lo que desees? La niña se quedó callada tomando aire, pues yo tu madre, me esfuerzo para que seas la mejor.

Mientras en el parque corría lo del ventaron y había ese estrepitoso momento de Oliver y Vladimir, Helena tuvo un micro sueño, se vio en un espacio montañoso, parecía seguro, Helena miraba a lo lejos y había un bonito anochecer, sintió que algo se movía debajo de sus pies, empezó a correr. Deteniéndose cuando ya su respiración se agotaba, volvió a mirar a sus pies, y aún estaba moviéndose algo baso sus pies, pero esta vez no se asustó, la curiosidad le ganó, así que se acercó, a mirar mas de cerca, al mirar era un juego de cuerdas en forma de cuadriculas, y no había una orientación de movimiento, era que unas cuerdas jalaban al sur, otras al norte, otras oriente y occidente, el corazón de Helena se aceleró pero no le preocupó mucho, le parecía inofensivo.

Melanie sintió como su hija había perdido el conocimiento, cuando el cuerpo perdió el equilibrio y se fue hacia ella, a coger a su hija entre sus brazos, miraba que si estuviera respirando, pues si, algo de calma, el temor invadió su corazón cuando intentó abrir su ojos para mirar sus pupilas, pero estaba totalmente en blanco, dentro del desespero, cogió con mucha fuerza su hija y corrió para ponerla sobre la cama.

Dentro del sueño, Helena miraba las cuerdas moverse de un lado a otro, pero estas se levantaron como si fueran una malla de pesca, perdió el equilibrio, e intentaba agarrarse de donde le fuera posible, empezó a ver como si la noche tranquila donde estaba, empezaba a tener un tipo de luz blanca.

Melanie estaba con su hija sobre la cama, apretándole las manos y pidiéndole despertara. Helena abrió los ojos y descubrió que había quedado dormida y estaba teniendo un sueño.

LA MANZANA DORADA

Una de las casas esta bajo la sombra de un árbol. Es un manzano que inspiró al gran diseñador de joyas crear una de las tiendas de joyas más emblemáticos de la ciudad, <la gran manzana> el niño esta casa es Thomas Oviedo, un niño resguardado en la televisión la música y la religión, muy católico, muy creyente de la virgen y de los mandamientos de la iglesia. Su familia le ha exigido buenos modales y comportamiento ejemplar frente a la ley de Dios. En su casa a parte de los símbolos católicos hay muchas cosas de valor como cuadros con líneas de marco de oro, relojes de pared bañados en oro y lo mas valioso es una reliquia familiar y es una manzana dorada mordida como pecado natural de la humanidad y su familia agradece a las manzanas lo que hoy en has logrado adquirir.

Thomas tiene todo lo que un niño puede desear, su padre le dice que mientras tenga para darle todo no hay razones para quejarse. Aunque lo deja que vea la televisión y escuche en la radio lo que desea, tienen un compromiso todos los sábados, ir a jugar al Golf, Thomas se ve como un adulto envuelto en cuerpo de niño, una camisa color azul claro y unos pantalones cortos, con su cabello negro desflecado resalta con su visera blanca. Así es cuando se le ve elegante, porque en la casa es un niño tímido y friolento, utiliza mucho un buso a tres colores, blanco en la parte superior, una línea negra que separa de un tono rosado flamenco, y el pantalón corto azul rey oscuro, y unos tenis deportivos.

Él se sentía muy orgulloso de su papa, cuando llegaron a la nueva casa con lágrimas en los ojos le dijo: hijo esto será para ti algún día, aquí empezará un nuevo comienzo para nuestra familia. Cada vez que su padre llegaba del trabajo y le daba un abrazo recordaba aquel momento que lo llenaba de valentía de nunca defraudara su padre.

Thomas es muy atento auditivamente, presta mucha atención a el tono de voz de lo personajes de la televisión, y en la radio con los cantantes y locutores. No es de prestar mucha atención a el tipo de música, aunque no le gustan los ritmos lentos, según el no hay suficientes variantes en la voz, es de ritmos ligeros y de gran capacidad vocal, tropical, merengues, baladas en inglés, aunque no las entiende le gusta los cambios de estilo musical con la voz, en la parroquia a la que asiste los domingos le gusta cuando el padre cambia los tonos de voz para dirigir la eucaristía y quisiera pertenecer al coro musical de la parroquia, pero luego se acuerda que es penoso y se abstiene de postularse.

En el momento del suceso del parque estaba escuchando un tango, empezó a sentirse mareado y se recostó sobre uno de los muebles al frente del televisor que estaba apagado, comenzó a escuchar un respirar muy fuerte. Su corazón estaba por salirse de su pecho, estaba muy asustado, volvió a escuchar la respiración, al mirar a su pecho se dio cuenta que no provenía de si mismo, casi que sentía como si respiraran detrás de él, pero no lograba mirar hacia atrás con total claridad, si se esforzaba sabía que perdería el conocimiento, escuchó por ultima vez el respirar, allí descubrió que no era una respiración normal de un ser humano. El tango siguió sonando, el padre de Thomas tomo a su hijo entre brazos y lo llevo a la cama, sin sospechar que había pasado.

UN VIAJE ENTRE OJOS

Aquella noche era la mejor oportunidad, se desharían de todo el peligro y de las desgracias que estaban acompañando sus vidas, un mejor futuro. La noche era oscura pero había que escapar, el clima no había aportado, pero no sería un inconveniente para salir de allí. Había que esperar la hora exacta y salir a cumplir su propósito. Virginia era la niña de la casa, ella no sabía que estaba pasando. La Familia Woolf son unos afrodescendientes del norte del país, en un pueblo agobiado por la violencia y la narcoguerra, su familia había decidido que la mejor decisión era dejar ir a las dos mujeres de la casa para que tuvieran un mejor futuro, Genoveva es la Hermana mayor profesora, y Virginia es la niña de la casa, la última bendición que había llegado a la casa. Vivian en una finca en medio de la montaña. Virginia no tenía muchas cosas en su maleta, su hermana Genoveva le había dicho que el viaje debía ser ligero, el lugar donde llegarían a vivir sería mucho mejor y le iba a gustar mucho, Virginia pensaba no alcanzaba a comprender muy bien porque se la estaban llevando si ella le gustaba su casa, su Padre y su hermano la abrazaron con mucha fuerza, sus ojos evitando llorar para no poner triste a Virginia, Genoveva estaba afuera de la finca y entró a la casa, es hora de irnos. Virginia miro a los ojos de su padre ¿Por qué estas llorando? Su padre le sostuvo el rostro y le dijo todo va a estar bien, no estoy llorando es que es tarde y estoy cansado. Le dolía decirse esas mentiras tanto para el como a su pequeña hija.

Estando en la carretera, Virginia y Genoveva no se veían verdaderamente, la noche oscura, la penumbra de la montaña oscura, ni un rastro de luz. Virginia sostenía la mano de su hermana, Geno ¿A dónde vamos? Geno, apretó su mano y con un tono de voz muy suave le dijo: en el automóvil te respondo y ahora guarda silencio no podemos hablar quizá nos escuchan. La montaña respiraba muy fuerte, hacia frio. El carro que las iba a acercar al pueblo estaba tardando demasiado, Virginia comenzó a asustarse, sacó de su bolsillo un rosario y se puso hacer oraciones a la virgen María. Virginia tiene el cabello rizado, es muy normal verla de cabello suelto, para esta ocasión su hermana le había envuelto es cabello en dos bollos para que no se le fuerza a enredar en el viaje. Virginia es la que se queda todo el día en la finca, es muy atenta y escurridiza, a la hora de almuerzo va caminando de un lugar a otro en medio de la montaña, conoce mucho de los árboles, de la montaña, al ser afrodescendiente su piel es muy resistente a los vientos fríos, no es de la niñas que se queje mucho.

El carro había llegado, Genoveva saludo al copiloto, este le abrió la minivan. Azul claro, que se le notaba el acecho a la noche, porque estaba manchada de pantano y tierra a corta viento, El piloto al Genoveva entra le dijo hija falta recoger más personas, hay que tener fe de que logremos llegar al pueblo antes del amanecer. Genoveva vio que si era seguro el interior de la minivan, subió a Virginia que estaba pegada de su rosario, aunque casi que por arte de magia al tocar el asiento quedó dormida. Genoveva debía estar pendiente estaban usando ese medio de transporte para poder escapar de la violencia, debían dirigirse a el puerto del rio y así poder llegar a el pueblo Ibargüen. La minivan viajaba por la carretera destapada solo faltaban pasajeros por recoger, entre curvas altibajos, velocidad y frenos. Se empezó a hacer riesgoso no llegar antes del amanecer al puerto. Genoveva abrazó a su hermana con fuerza, al parecer tenían que acelerar y no prestar atención a la diversa carretera por la que viajaban, era descender montaña abajo, Virginia agarró su rosario con ambas manos, parecía un viaje suicida.

Para el viaje en la lancha Genoveva y Virginia decidieron continuar vestidas igual, además el tiempo se les estaba terminando. El viaje por el rio fue de lo más normal, esta no tenía la sensación de riesgo. Virginia se disfrutó mucho este viaje porque el viaje era rio arriba, y estaba asombrada al ver salir el sol entre las montañas, le parecía maravillosamente hermoso ver salir el sol, aunque sentía que no era la mejor manera como lo podía ver, pues debía concentrarse en sostenerse de la lancha y de igual manera ver el proceso como el sol salía. El copiloto acompañaba en el viaje, miró a Genoveva y le dijo no nos da tiempo de llegar al pueblo, ya hice una llamada y el expreso nos va esperar en el puerto, para poder tener tiempo de cambiarnos de ropa. Geno respondió con una mirada de gratitud. Tenía ganas de peinar a su hermana, pero en la lancha no era fácil peinarla con cuidado, y de pronto la lastimaba. Virginia miró a su hermana y dijo Geno ¿A dónde vamos? Genoveva le cogió el rostro, le dio un beso en la frente se acercó a su oído y le dijo a salvar el mundo. Virginia se asombró esa respuesta y casi que por instinto infantil casi que gritó yo no soy capaz el mundo tan grande. Genoveva se sonrió recuerda lo que dice papá – Piensa en grande – No se trata de salvar el mundo de los demás, vamos a salvar nuestro mundo. La ciudad nos va a cambiar la vida. Y ve alístate que llegamos, vamos a ponernos lindas ya va a ser de día, Virginia usó un vestido blanco de día de camping, un buso. Genoveva no la hizo usar medidas veladas, pero si las baletas de charol, el cabello suelto le llegaba casi gasta la cintura, y una balaca para llevar su cabello hacia atrás.

Mientras Genevive se cambia sintió como su celular regresaba a la vida. Era una llamada era su novio Daniel Michaels, era uno de esos romances que se empiezan y toman forma mediante las redes sociales. Esa llamada hizo poner nerviosa a Genevive, palabras tiernas y promesa de que cada vez más cerca. El nuevo viaje había comenzado, el viaje debería durar solo unas horas, en la parada del almuerzo el conductor del expreso les comunico que llegarían al siguiente día por unos inconvenientes en la vía, así que debían de tomar un camino alterno, y era algo así como dar una vuelta entera a su destino.

En el viaje la tarde comenzó a caer, Virginia y Genoveva hablaban, miraban por la ventana y llegaban a dormir, la esperanza de un futuro más seguro era su fuerza para aguantar el viaje tan extenuante. Aunque ya era más tranquilo, más seguro y sin temores de frenos o de escapar de algo, montadas en el bus por más de 10 y horas y sabían que faltaba más tiempo para poder llegar. Antes del anochecer el Expreso se detuvo para que tomaran algo para comer para hacer esa última parada y no detenerse hasta llegar a la ciudad. Virginia se fue a un espacio donde se podía mirar a lo lejos, el sol se veía caer, solo habían montañas a la vista, sacó el rosario que tenía entre sus manos y se dio la bendición, quiero llegar a la ciudad quiero conocer el novio de mi hermana en persona. Virginia se alcanzó a sentir avergonzada, mientras se susurraba una oración de protección para sí misma, su hermana llegó y la puso las manos sobre los hombros, Virgi, estamos muy cerca de la ciudad estoy segura que te va gustar mucho la casa.

Todos estaban dormidos en el viaje estaban pasando por un tipo de bosque de árboles delgados y bambús, Virginia despertó con un tipo de calor que la sofocaba, giró su cuerpo, se sujetó el cabello se acomodó en el asiento, intentó volver a dormir. El bus se detuvo y Virginia no quería quedarse despierta, abrió la ventana y miró a las afueras y no vio nada diferente a lo que llevaba rato viendo, buscó el celular de su hermana y estaba descargado, el bus se arrancó de nuevo, Virginia iba con sus ojos abierto esperando que el movimiento de bus la arrullara y así volver a dormir. El calor ya había desaparecido y el frio de nuevo volvió a entrar, distraída sin mirar el cambio en el tamaño de los troncos de los árboles y cantidad de ramas y hojas, el bus volvió a detenerse, y vio como una figura gigante se movió desde el interior de los arboles hacia la orilla. Alcanzó a ver bien la figura porque siguió detrás de los árboles, y en medio de la oscuridad la noche Virginia no logro identificar muchos detalles, solo había algo que si estaba claro, era muy grande y no era algo normal, ella quiso asociarlo con un oso, pero esos caminan en 4 patas, un gorila no podía ser porque no habían gorilas tan grandes, y un humano, no un humano no era. El bus continúo su camino, Virginia se concentró en intentar dormir, pero no la dejaba tranquila pensar que era eso que estaba tras los árboles, volvió a mirar afuera y veía como si esa figura anduviera al lado del bus, no corriendo sino como saltando para no perder la velocidad del bus. Virginia se asustó tanto que se quedó sin respiración, un pensamiento pasó por su mente, el mismo diablo. El aquel por el que oramos a diario está en la tierra, tapo sus ojos con sus manos. No tuvo conocimiento del tiempo, hasta que sintió como le frotaban su cabello, abrió los ojos y estaba sobre las piernas de su hermana, sus manos le dolían, Genoveva le dijo por poquito y te acuestas en el piso. Ya entramos a la ciudad en la terminal nos va a recoger Daniel. Virginia terminó de abrir los ojos, se frotó un poco los ojos sentía los parpados pegados y no la dejaban mirar bien, saludó a su hermana y de inmediato miro a la ventana, pero si ya es de día ¿no pasó nada? ¿Y la bestia? ¿El diablo? Su hermana la miró y dijo ¿qué estás diciendo? ¿De qué estás hablando? Virginia intentó enfadarse pero recordó que su hermana no es del todo creyente. El expreso se detuvo abrió las puertas, Había un hombre de un aspecto muy singular, era un afroamericano de un aspecto de superhéroe, más alto de lo normal, unos músculos muy aparentes, unos ojos pequeñitos al igual que sus labios, era Daniel, ayudó a bajar a Virginia, la soltó sobre el andén y Genoveva saltó en sus brazos con una efusividad exagerada, hubo un beso al que Virginia volteó su cara para no ver eso.

El carro los dejó en la puerta de una gran casa en la calle de vista sura, Virginia se sintió como si estuviera en una estación del cielo, distraída mirando las casas de los lados de la era su nueva casa, alcanzó a observar a los vecinos que habían en la calle, le parecieron hermosas unas flores que había en la casa de los Boone, Genoveva estaba muy nerviosa, tomada de la mano de Daniel dirigiéndose a la puerta de la casa dijo que esperara, estaba tan emocionada que parecía como si fuera a desmayarse, Virginia estaba detrás de ellos, Daniel la miró y preguntó ¿quieres entrar? Virginia apenada no fue capaz de pronunciar una palabra, Genoveva se tranquilizó Daniel le tomó la mano, aun temblaba.

Fanny estaba lavando los platos del desayuno y organizando una verdura para el almuerzo, tenía una taza de café caliente que bebía mientras, escuchó que llegó un carro y se parqueo en la casa del negro, se dirigió a la ventana del balcón y con sus particulares ojos observadores miró con chisme todo acerca de las mujeres que habían llegado a la casa del negro, se tapó la boca, no por imprudencia se había quemado con el café, Daniel había traído la familia. Debía de averiguar quiénes eran ellas.

CERRAR LOS OJOS

La casa de los Boone se encuentra ubicada en un sector valle de luces, en el sector conocido como Vista Suramericana, en diminutivo le dicen <vistasura>. Hay casa de un solo piso, de dos y hasta tres pisos, con ante jardín, con parqueadero o simplemente el anden peatonal. El barrio cuenta con lo normal, iglesia, tienda, carnicería, legumbrera, panadería, papelería, peluquería, parque infantil, cancha polideportiva, coliseo cubierto, escuela y colegio. Y así como es normal en todo conjunto de casas la gran variedad de vecinos y vecinas es abundante, Leticia tiene vecinas muy cercanas con las que comparte el juego de las cartas o hasta las tazas de te en las tardes soleadas y frías. Pero así como existen buenos vecinos no ha de faltar la vecina que no comparte las buenas costumbres y principios de convivencia, y todo lo contrario busca entrometerse y escabullirse en todo lo que no debe, es de esas que llega donde no la han invitado, y aparece como por arte de magia preguntando como una profesional en el asunto, es bastante común vecinas así. Es la chismosa del vecindario, aunque las poquitas que hay se autodenominan como las comunicadoras sociales, obtener y dar información no es un delito, si en algún momento quieres saber acerca de algún suceso del barrio acércate a ellas, y si ellas no lo saben van y lo averiguan por ti. La vecina alerta de vistasura es Fanny Barbara, es de lo mas envidiosa y casi siempre intentando superar o al menos igualar a su vecinas, ella anhela un jardín como el de Leticia. Le gusta sentarse en el balcón a mirar quien pasa y quien no por la calle del vecindario, nadie sabe cómo lo hace pero sabe todo lo que ocurre en el barrio y lo malo es que alcanza a tener relaciones amistosas con todos los del barrio porque no llega al nivel de ser desagradable, alcanza a parecer amable y de confianza.

En la casa de los Boone había una celebración, pues estaba reunida toda la familia; preparaban las cosas para el ingreso de Oliver a estudiar a la escuela primaria, y adivinen quien no estaba reunida con toda la familia, pero si en presencia desde una ventana ajena, y no estaba feliz por lo del niño, estaba más que todo enamorada de la relación de la pareja de esposos Aracely y Paulo.

Aracely tiene un estilo de vida muy femenino y de ama de casa fiel y determinada su hogar, en la mañana se le veía encargada de preparar a su hijo mientras tenía la lavadora encendida, y la estufa del fogón a todo vapor, en un momento limpiaba y en otro tendía y planchaba ropas, brillando los cristales de las ventanas y organizando su cabello al finalizar todas sus tareas, y Oliver siempre había estado impecable. Luego las comprar, saludar el vecindario, preparar las tareas del siguiente día, y como la última tarea luego de cuidar que su hijo estuviera en cama durmiendo llamar a su esposo para recordarle el lazo que los unía, su infinito amor.

En los noticieros anunciaron que se aproximaba una tormenta jamás vista en la ciudad, mencionaban que quedaría guardada en nuestra memoria. Recomendaban que todas las personas se debían preparar para la tempestad que se acercaba. Aracely se dirigió a su habitación para tomar nota de todos los consejos que iban a proporcionar en el noticiero para dárselos a Leticia y no afectara a todas sus flores el invierno. En el instante que copiaba con atención los consejos, su celular vibró sobre la mesa, se preparó. Utilizó un vestido rojo oscuro con un corte al estilo muy católico, casi que hecho bajo la similitud de una cruz, quería utilizar un sombrero, pero al ver su reflejo en el espejo no le quedaba bien por la noche. Dio su ultimo vistazo a la imagen de cuerpo completo que reflejaba en el espejo, tomó un bolso que hacia juego con su vestido, con una mirada diferente se dirigió a la foto familiar que había en la entrada de la casa, al volver su rostro y encontrarse con su nuevo rostro de vio que ya no era misma, esa mirada maternal había cambiado, una mirada vacía y sin sentimiento, era como si la Aracely que conocemos se hubiera desprendido y era una nueva mujer. Salió de la casa y se lograba ver la dificultad con la que caminaba, algo no le permitía alejarse, como si su cuerpo presentara resistencia a abandonar su casa. Leticia sintió un breve dolor en su corazón, de sus labios salieron las palabras – algo ha ocurrido – Paulo la miró y tomó con fuerza la mano de su hijo, pareció un sentimiento mutuo, que continuaron el camino a casa con rapidez. Aracely había tomado un taxi y se había bajado en uno de los puentes más altos de la ciudad, en medio de la autopista vehicular, recibiendo en el rostro el viento frio acompañado de gotas de lluvia salvajes, no mostraba rechazar a estas, el rostro no mostraba ninguna reacción, no era ni triste ni angustiada, se detuvo y miro hacia el cielo y tomó aire para gritar, en ese momento hubo flujo vehicular y no se logró escuchar muy bien lo que había gritado, pero si se vio la figura en sus labios el sonido de la letra “m”. Su vestido era alborotado por las ráfagas de viento, aquel viento violento de tormenta. Las gotas de lluvia empezaron a caer con fuerza, eran de esas gotas de lluvia que lastimas al hacer contacto con tu cuerpo. Aracely se encontraba unida a la tormenta, su vestido completamente mojado, aún conservaba belleza, el cabello se esparcía por el rostro de Aracely, aquella sonrisa encantadora se vio reflejada al mirar la hora, ver que el puente y todo el tráfico vehicular estaba inverso en una espesa niebla, aquella mujer dedicada se había convertido en un terror, con una mirada triste empezó a correr, confiaba en que su fe en Dios la perdonaría, no hubo más a donde correr.

Esta vez el dolor en el corazón lo sintió Paulo, sintió un dolor parecido al despertar soñando que cae de la cama, respiró, vio a su hijo junto a él. No se asustó, sospecho que se estaba quedando dormido en el tráfico vehicular, Oliver estaba entre los brazos de su abuela, ella si estaba concentrada en los automóviles que pasaban a su lado, no lo hacía por gusto sino que algo muy dentro de sí le decía que algo malo estaba ocurriendo.

Aracely cerró los ojos, no por miedo a morir, no por miedo al dolor, ella sabía que más que ella, lo que importaba era su hijo. Era su hijo quien sufriría las consecuencias de sus actos. No había pensado en de dónde sacará fuerzas Oliver para soportar su partida. Un sentimiento invadió su nostalgia, pues reconocía que con su muerte no solucionaba nada. Había dejado solo a su hijo.

La señora Fanny vio el momento exacto en que Aracely había abandonado la casa, ella sabía que la casa había quedado sola, quiso esperar un momento por prudencia, no quería ser maleducada, al salir de su casa no sabía si llevar cartera o bolso. Para parecer inofensiva decidió por la cartera, con una agilidad impecable, con la ayuda de un tipo de depilador de cejas y un billete, logró abrir la puerta, a unos ojos inescrupulosos era una ladrona muy experimentada. Al dar el primer paso dentro de la casa, se sintió realmente insegura, pues tenía tantas cosas en mente por hacer en la casa de los Boone, que no sabía por dónde empezar y no sabía cuál tenía prioridad, pero Fanny tenía una actitud humanista muy particular y lo sabía utilizar como emblema personal, -soy la mujer que más se preocupa por sus vecinos- y revisar su casa no es un delito si se hace por prevención, según ella nadie la miraba con malos ojos. Al encontrarse de frente con el gran espejo de la sala, su mirada fue que la juzgo. Vio una figura fría y sombría, sin felicidad ni agrado. Como Fanny es buena para verle el lado bueno a las cosas, dijo, aquí lo que falta es la luz, y su reflejo en el espejo cambio igual que su imagen y ya esa mirada que juzgaba, ya la felicitaba. Su mirada se concentró en la fotografía de la mesa, eso si la hizo sentir miserable, sabía que por más casas que visitara o vidas siguiera no lograría tener, y era una familia. El sentimiento la hizo sentir tan mal que sentía como si la foto tuviera vida, se acercó tomó la foto, y la puso bocabajo para no sentirse observada. Ahora si estaba preparada para chismosear dentro de la casa de los Boone, miró el gabinete de Aracely, miro los artículos de maquillaje, olió todos sus perfumes, y todo las telas de sus vestidos. Vio con orgullo los uniformes de Paulo, sostuvo en sus manos con ganas de llorar los símbolos de reconocimiento. Miro en dirección al jardín, su gran ambición, las flores de Leticia. Se le hizo arroz la piel, desempacó las tijeras de su cartera, eran esas flores las que quería tener en su balcón. Al cortar cada una de las flores, un piecito como le dicen las señoras que saben de jardinería, también sintió un tipo de dolor en el corazón, miró hacia la casa y sabía que ya era hora de marcharse, al dirigirse a la salida se percató que había visto el celular de Aracely, sus cejas se arquearon como si hubiera visto un lindo gatito, eran unas intensas ganas de ver todo que tenía Aracely en el teléfono, y una pregunta invadía toda la mente de Fanny, ¿Por qué la señora Aracely había dejado su celular cuando había salido tan bien organizada? Al acercarse al teléfono, vio como este estaba vibrando, sus ganas de chisme aumentó, y en la pantalla estaba un mensaje que decía – Hola, soy M –

Fanny salió de la casa de los Boone corriendo con el afán que llevaba, sus nervios iban de punta, no tenía suficiente control, no sabía si correr, si sostener las rosas, o soltar todo y ver el contenido del celular de Aracely. Aunque la verdad quería saber con urgencia quien era - M -. Franklin el papá de Vladimir, le pareció muy curioso ver como ella iba muy ocupada y parecía propensa a caer, este de inmediato se dispuso a ayudarla, a lo que ella por intentar esquivarlo, el celular resbaló de su mano, él lo recogió y alcanzó a ver en la pantalla la fotografía de Oliver. Doña Fanny… sin terminar sus palabras, Fanny se acomodó las flores en un brazo, y le arrebató el celular a Franklin, por favor, no te metas en lo que no te invitan, y siguió su camino a casa muy indignada.

En la autopista un cuerpo, un accidente y mucho caos, sangre lluvia. Leticia, Paulo y Oliver llegaron a casa y no sospecharon nada por la ausencia de Aracely. A Leticia le pareció raro encontrar la fotografía de la sala bocabajo. Se dispusieron cada uno a preparar su cama para dormir, Paulo fue quien recibió la llamada, su rostro se puso sin color, totalmente frio, se quedó sin voz y no sabía cómo responder. Fue a buscar asiento en el comedor, el cuerpo de su esposa había sido encontrado en el accidente en la autopista, no se sabe mucho de los detalles, el flujo vehicular y la fuerte tormenta no permiten tener claridad. Leticia había dejado durmiendo a Oliver y recibía la noticia con desagrado, abrazó a su hijo. Ahora los dos sentían el vacío al que Aracely le tenía miedo al saltar del puente. Tengo miedo fueron las palabras de Oliver, no quiero dormir solo en mi habitación, Paulo se arrodilló, y dijo, claro que si, dormirás conmigo esta noche, Leticia preparó té para poder dormir tranquilos.

Paulo sobaba con delicadeza el cabello de Oliver estaba en medio de la cama con sus ojitos cerrados durmiendo con dulzura. Estaba frio aun por afrontar la idea de que su esposa había sido la víctima en un accidente de tránsito. Oliver respiró con mucha fuerza, sus ojos si mostraban lucidez de descanso, Paulo decidió descansar y prepararse para ser un mejor padre al siguiente día. En el vecindario ya se sentía una paz inquebrantable, todos se encontraban durmiendo, habían cerrado los ojos sin pensar que cuando los volvieran abrir las cosas no serían como el día anterior y la vida va cambiar completamente. Para el bien o para el mal deben de despertar y afrontar el presente.

+

8 de Agosto de 2019 a las 17:18 1 Reporte Insertar 2
Leer el siguiente capítulo FUERZA DE VOLUNTAD

Comenta algo

Publica!
Joanna Daniela Joanna Daniela
Buenas tardes, me gustò. Hay pequeño detalles, de resto està bien, me gustò. Por favor podrìas, comentar la mia? de forma constructiva y poder leerla Gracias.
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 5 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión