Hielo y acero Seguir historia

kaiproyects Kai Proyects

El trabajo era sencillo, nada fuera de lo acostumbrado. Tan solo quería marcharme de este paraje muerto y helado, con los bolsillos llenos de ser posible. ¿En que momento se me cruzó siquiera por la mente que era una buena idea confiar en aquel extraño? Promesas de oro y riquezas, cuando debería haber tomado lo que estaba frente a mi y conformarme. Ahora, es demasiado tarde.


Aventura Sólo para mayores de 18.

#drama #fantasía #humor
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Eventos indeseados

Un manto de puro hielo cubre la totalidad del lugar, hasta donde alcanza mi vista no puedo distinguir si no pocas rocas de suficiente tamaño como para destacar entre su espesor. Me concentro, atento al más mínimo ruido; solo ligeros crujidos procedente de la poca vegetación a mi alrededor, haciendo esfuerzos extra para no doblarse ante su peso.


Sujetando con firmeza los binoculares, obtengo una panorámica de los alrededores. No tardo demasiado en tener una buena vista de mi objetivo, un carruaje de tonos verdes y oro se podía apreciar cruzando por la única senda del lugar. La he nombrado como senda, pero es simplemente un paso usado por los ganaderos de Yak cuando deciden cruzar estas llanuras.


Rodeando el carruaje, un grupo de hombres armados forman su escolta. Rifles de precisión y cañones cortos, nada fuera de lugar. Los jinetes al frente montando esos malditos bichos emplumados, podían darme problemas sin embargo. Bajo los binoculares, reposandolos suavemente sobre el suelo helado, a la vez que doy un vistazo a un pequeño manto frente a mi. Prácticamente todos mis bienes se encuentran sobre aquel trozo de tela.


10 cartuchos de Splitfire

2 granadas de foco

4 bolsas con polvo de pantano

2 cuchillos de mango largo

20 agujas de acero

Un silenciador que ha visto tiempos mejores

Mi rifle de precisión y algunos víveres


No es mucho que digamos, por lo que vuelvo a dar otro vistazo al carruaje. Cuento una decena y poco... No, quizás una veintena de escoltas, sumándole un total de 5 jinetes de Avelotriz. Se estaban desviando demasiado a la derecha del sendero, lo que les haría evitar las trampas colocadas a su largo. ¿Tan difícil es seguir un camino del ganado? las mierdas de esos bichos son del tamaño de un niño, maldición.


Con un suspiro algo más fuerte de la cuenta, comienzo a equiparme. Tengo que rodear por el borde del acantilado sobre el que me encuentro, si quiero alcanzar el carruaje con la suficiente velocidad para que no se acaben hundiendo solos en algún punto blando. El manto níveo es sin lugar a dudas, una trampa mortal. La sensación de espesor, como suelo firme, a llevado al desastre a mas de un viajero o Yak despistado. Antes de darse uno cuenta, está aplastado varios metros sobre el nivel del suelo, con una asfixiante capa de nieve taponando sus vías respiratorias. Se dice que si algún día desapareciera toda la nieve de las llanuras de la ventisca, uno podría caminar sobre los cadáveres de aquellos desdichados sin llegar nunca a tocar el suelo.


Para mi eso significa que perdería mi única fuente de ingresos de este mes, por no hablar de la tarifa por la información, la cual me acaba de endeudar hasta el cuello. Por si no he sido lo suficientemente claro, eso es malo.


Una vez todo se encuentra en su sitio, compruebo el estado del rifle. Extendiendo sucesivamente el percutor y dejando que este se deslice solo hasta volver a su posición en la recamara. Desmonto el mango, retirando con suavidad el pasador situado frente al gatillo, asegurándome que el muelle de la suspensión cuente con la flexibilidad suficiente para aguantar la mayor parte del retroceso. Para el cañón por su parte, usé una de las agujas de acero, con la intención de encontrar cualquier síntoma de atasco en él, lo cual podría acarrearme serios problemas.


Listo.


Con mi única mano libre, extiendo el manto sobre mi cuello, el cual cuenta con una rara y sedosa piel de Yak albino, difícilmente distinguible en estos parajes. Me permitiría no ser detectado hasta estar a la suficiente distancia de mi objetivo como para causar estragos. Vuelvo a recoger los binoculares, dando un último vistazo antes de ponerme en marcha. El carruaje se encontraba entre los 700 a 1000 pasos, me espera una larga caminata si quiero alcanzarlos antes de que termine de amanecer.


El caso es, que no es tan sencillo salir de mi escondite. En teoría, el sendero debería haberlos conducido a un par de centenares de pasos desde mi posición, desde ahí solo restaría deslizarme sobre el acantilado con calma, por la parte que quedaba oculta a la vista. Ahora sin embargo debía bajarlo a toda velocidad, de forma tosca, y teniendo cuidado en no abrirme la cabeza contra el suelo en un mal paso.


Cuando finalmente mis pies se hundieron con suavidad sobre aquel manto níveo, estaba completamente sin aliento. Mi pecho se contraía y expandía a una velocidad alarmante, mientras lucho por tomar aquel aire helado. Pero, no hay tiempo para pausas. Inclinándome hasta que casi mis manos podían tocar el suelo, extiendo la manta de Yak sobre mi, confirmando que ningún punto queda expuesto fuera de él.


Mi paso es lento, usando la culata del rifle para localizar posibles puntos blandos; rodeándolos a la mínima que no pudiera confirmar su consistencia. Debería estar cerca, a estas alturas el sonido del carruaje debería ser claramente audible. Asustado, retiro tanta nieve como me es posible, hasta que una gruesa capa de hielo queda a la vista. Coloco mi cabeza sobre esta, cerrando los ojos y concentrándome, omitiendo cualquier otro sonido.


Tras unos instantes, puedo escucharlo, aunque no son la clase de sonidos que esperaba. Las ruedas del carruaje se han detenido, una serie de pasos apresurados, el ruido de metal contra el suelo. Al primer sonido de disparo, alzo mi cabeza con cautela. El olor a sangre golpea con fuerza mis fosas nasales, todo ha sido sustituido por una cacofonía de gritos histéricos, fuego y muerte.


La escena al otro lado, es ciertamente interesante.


En algún punto, las ruedas delanteras del carruaje se han hundido en un punto blando, de las bestias de tiro no hay rastro. Los cadáveres se acumulan a su alrededor, un vistazo rápido me permite ver que no son heridas de bala. Hay miembros amputados y laceraciones repartidas por los cuerpos, uno de ellos incluso con su cabeza a los pies. Los disparos se suceden contra el blindaje del carruaje, donde cuentas de oro salen desperdigadas sobre la nieve debido a la fuerza de los impactos.


Cuento una decena de muertos, entre ellos dos jinetes, pero un único animal reposa sobre la fría nieve, con su lomo completamente cubierto en su propia sangre. Los escoltas habían formado una fila, una formación común que permite el fuego rápido, el resto de jinetes por su parte, estaba empezando a rodear el carruaje, evitando el punto blando.


Observo con tranquilidad, mientras retiro el seguro del rifle. Comienzo a deslizarme por la nieve, permitiéndome colocarme detrás de la batería de escoltas. Coloco la pequeña mirilla de acero orientada a la sien del soldado mas cercano, y espero. No pienso desperdiciar munición cuando por primera vez, me sonríe la dama fortuna.


Finalmente, el primer Jinete de Avelotriz alcanza su objetivo, para ser lanzado súbitamente contra el suelo, a la vez que un impotente sable le siega la garganta limpiamente. Al otro lado, un hombre de aspecto corpulento limpia el arma contra su uniforme de un tono grisáceo, donde la sangre deja visiblemente una linea de color carmesí. El ave por su parte, continuó su carrera como si la perdida de su jinete no fuera con ella.


Los 3 jinetes restantes son algo mas inteligentes, rodean a su objetivo, mientras que unas alargadas picas trazan círculos a su alrededor. El hombre no da síntomas de prestarles atención, con una fuerte pisada, se lanza contra el carruaje, sujetándolo con su mano libre, lo que sorpresivamente consigue que este deje de hundirse en la nieve, momento que aprovechan los jinetes para lanzarse a la carga.


El primero cae con una rapidez abrumadora, la cabeza de su corcel y la mitad de su torso se separaron en un instante, cayendo el resto con fuerza a los pies del guerrero. El segundo aprovecho el momento para lanzar una estocada con la pica, apuntando a la cabeza del uniformado. Pero, esta ya no se encuentra en la misma posición, sino debajo del Avelotriz, atravesándola limpiamente con una estocada, alcanzando la ingle del jinete. Ambos se desplomaron sobre el sable, lo que obligo al hombre uniformado a abandonarlo, no sin cierta reticencia.


El último jinete, por su parte, decidió abandonar la batalla perdida y se retiro hacia el muro de rifles, donde estos volvían a abrir fuego contra el carruaje. Esto pintaba ahora peor para nuestro gigantesco amigo, que tuvo que cubrirse al otro lado del carruaje, aunque dudo que pudiera aguantar en esa posición demasiado tiempo. Trozos enormes de madera verduzca empezaban ahora a desprenderse de él, dejando el interior parcialmente al descubierto. Una plancha de metal estaba incrustada en su interior, aunque resistía a duras penas los disparos continuos.


Jinete y Avelotriz atravesaron el muro de rifles y se dirigieron hacia el sendero de Yak, donde cabalgaron a toda velocidad, dirección oeste.


Respiro hondo y deslizo mi dedo indice contra el gatillo. Cambio mi objetivo, entre el muro de rifles existe uno que destaca entre los uniformes grisáceos, una pluma de vivos colores rematan su gorra, y por supuesto, parece que es él quien decide el tiempo entre ráfagas. Preparándome para disparar, contengo la respiración, cuando con un fuerte zumbido, una jabalina se clavó limpiamente en el cráneo de nuestro uniformado amigo, atravesándole la frente e incrustándole contra el suelo.


No fue suficiente para detener a soldados bien entrenados, la siguiente ráfaga se sucedió enseguida después de la caída del comandante al cargo. Esta vez, otro soldado de los situados en la segunda linea de fuego marcaba las pautas, antes de que con un segundo zumbido, su tórax fuera atravesado limpiamente y lanzado varios pies hacia atrás, donde no se volvió a levantar. Una pausa y la primera linea cargo hacia el titan, sin dejar de disparar mientras avanzaban, la segunda por su parte seguía en su sitio, manteniendo la formación.


Finalmente, el gigante uniformado abandonó la seguridad detrás del carruaje y con una rapidez sorprendente para alguien de su corpulencia, comenzó a segar a la primera linea como si no fueran mas que meras hojas de papel. Una nueva ráfaga de fuego, varios disparos perdidos, aunque algunos consiguieron dar en el blanco, pude ver como un trozo de carne se desprendía con violencia de la mandíbula del gigantón, catapultándolo otra en el abdomen contra el suelo. A estas alturas, solo dos soldados restaban de la primera linea, que se apresuraron a incrustar sus bayonetas contra el masivo cuerpo.


Doy un vistazo a los soldados frente a mi, mientras algunos se dejaban caer contra la nieve en un suspiro de alivio. Soltando con suavidad el aire que tenia acumulado en los pulmones, el primer cartucho sale disparado de la recamara con apenas un silbido como respuesta, repartiendo el contenido del cráneo de uno de los soldados entre sus compatriotas. Rápidamente, tiro hacia atrás del percutor, permitiendo que otro cartucho se aloje en la recamara. Con otro movimiento de mi dedo indice, el segundo disparo produce un resultado similar con otro de los soldados.


— ¡Tirador! —gritó uno de ellos antes de que el tercer cartucho atravesara limpiamente su garganta, separando así esta del resto del cuerpo.


Quedan solamente cuatro, más los restantes de la primera linea que seguían ensañándose con los restos del gigante uniformado. Aprovecho la confusión, para cambiar de posición, a la vez que retiro el cordel de uno de los sacos de polvo de pantano. Coloco una de las granadas de foco en su interior, retiro el seguro y acabo realizando el lanzamiento contra el sorprendido grupo. Estas granadas no provocan una explosión, no una demasiado fuerte al menos. Su utilidad recae en que emiten un brillo capaz de cegar a cualquiera que la mirase directamente por varios segundos, el polvo de pantano se encargaría del resto mientras se colaba por sus vías respiratorias, agujereando sus pulmones.


Observe como una masa informe de cuerpos se desplomaban contra el suelo con las manos sobre los ojos, mientras chillidos de puro dolor quebraban sus gargantas, permitiendo que aún mas polvo penetrara en su interior. Sin detenerme, giro el cañón del splitfire, apuntando a una pequeña mota grisácea que se puede ver a lo lejos por el sendero de Yak.


Unos 400 pies, corrijo la mira, desviándola ligeramente 2 palmos sobre la figura. La humedad es patente, la brisa algo fuerte. Vuelvo a desplazar la mira, un palmo a la izquierda mientras lleno mis pulmones de aire. Espero con paciencia al momento oportuno, que se da cuando oigo un fuerte grito en la lejanía; el jinete había dado con una de mis trampas a lo largo del sendero.


Dejo que el aliento escape ligeramente de mis pulmones y aprieto el gatillo, lo cual ocasiona el casi silencioso zumbido por cuarta vez. Espero, siempre enfocando en la misma posición, hasta que varios segundos después, el grito se detiene. Sin pararme un segundo, giro la mira hacia los dos escoltas restantes, de los que ahora uno yace en el suelo, separado en dos mitades. Puedo ver una pica asomar del último de ellos, por su garganta. El gigantón esta en pie, observando los alrededores mientras empuja el cuerpo del escolta contra la nieve en un abrupto gesto.


Me desplazo con sigilo, siempre con la manta de yak cubriéndome completamente. Retiro el percutor, alojando mi quinta y ultima bala del cargador dentro de la recamara. Apunto a su sien mientras rápidamente pulso el gatillo, seguido del correspondiente zumbido. Su gigantesco cuerpo se gira en mi dirección, lo que ocasiona que la bala se aloje sobre su pecho, lanzándolo contra el suelo a varios pasos de su posición original. Maldiciéndome a mi mismo, retiro el cargador mientras me deslizo por la nieve en busca de una nueva posición; no había conseguido tocar ningún punto vital.


A estas alturas, no me cabe duda de que nuestro gran amigo es un élite. Su cuerpo se regenera a marchas forzadas, es rápido y preciso. Por lo que tenía entendido, no suelen ser tan grandes, lo cual no se aplica a quien se estaba volviendo a reincorporar, dirigiéndose rápidamente hacia mi posición. Deslizo el cordel de un segundo saco de polvo de pantano y sumerjo varias agujas de acero en el interior, colocandolas luego firmemente en mi boca, procurando alejar lo máximo posible su punta de mi cavidad.


He agotado la mitad de mis recursos, y el maldito élite no parece dar muestras de cansancio. Mi error el no haberme asegurado de que acababan primero con él. Cuando sus pisadas son tan nítidas que apenas las distingo de las mías, retiro el seguro de mi ultima granada de foco, esperando al último momento para lanzarla fuera de la piel de Yak. La suerte me sonríe, el gigante está ahora cegado, aprovecho la ocasión para lanzar una tras otra las agujas de acero impregnadas sobre su voluminoso cuerpo.


No fallo ninguno de los blancos, todas se incrustan sobre sus brazos, piernas y torso. Me alejo a una distancia prudente de él, a la vez que acabo de recargar mi arma. Por seguridad, me aseguro que los cuchillos están en su lugar, aunque no es como si quisiese entablar combate cercano con semejante monstruo. El gigantesco guerrero, empezó a quitarse una a una las agujas de su cuerpo, mientras un impresionante bramido salia de su garganta. El polvo de pantano duele a horrores, pero me esta empezando a asustar no ver espumarajos blancos salir de su garganta.


¿Ese maldito bicho es inmune u algo similar?


Finalmente el nuevo cargador se aloja en el arma, momento que aprovecho sin falta para retirar el percutor, alojando la sexta bala en la recamara. Me quedo sin opciones, dos sacos de polvo de pantano que parecen ser ineficaces, unas cuantas agujas de acero de las que se libra con facilidad y una muy limitada munición.


Mientras el gigante sigue retorciéndose, una portentosa voz se deja entrever entre bramido y grito.


— ¿Q-Quién eres tu?, no luchas como un soldado de invierno —incorporándose lentamente, apoya una de sus gigantescas manos sobre una rodilla no menor.


No contesto, no tiene sentido. Sumerjo mis manos sobre la fría nieve y hielo, dejando caer un puñado dentro de uno de los sacos. Se empezó a formar una pasta de tintes negruzcos que tuve que remover a conciencia con una de las agujas de acero. El gigante recupera la visión a marchas forzadas, enfocando esta hacia mi.


— Un carroñe... —empezó a bramar, momento que aproveche para lanzarme a la carga.


Vertí el contenido de la bolsa sobre la mano que tenia apoyada en la rodilla, la pastosa mezcla se endureció al instante, dejando ambas pegadas la una a la otra. Con un gesto sorprendido, el gigante uniformado pego un gran salto hacia atrás, desplomándose en un gesto algo cómico contra el suelo, su rodilla y palma aun pegadas con fuerza.


Me acerco a él lentamente, mientras no aparto la mira de mi rifle de su cabeza. No me puedo permitir fallar este tiro, aún necesitaría munición para volver, o no me quedaría otra que dejarlo abandonado y coger uno de los ridículos intentos de arma de fuego de los escoltas. Cuando estoy apenas a unos pasos, acerco el cañón del arma hasta que esta a unos centímetros de su sien, mientras deslizo suavemente mi dedo en el gatillo. El gigante parece comprender que es su fin, no muestra miedo, sino que sin mover su cabeza lo mas mínimo, muestra un gesto desafiante en su rostro.


Sonrio con una mueca de desprecio mientras el gatillo alcanza su ultimo punto, con su correspondiente retroceso y zumbido. El problema es que este no ocurre, vuelvo a presionarlo y oigo un ligero clickeo metálico que no suena nada bien.


Se ha debido de atascar el cartucho en la recamara.


— ¡Por favor, para! —escucho un grito un tono de tintes infantiles en algún punto a lo lejos.


Sin detenerme, tiro del percutor hacia atrás varias veces hasta que siento como la bala se aloja correctamente en la recamara. Por tercera vez pulso el gatillo, esperando otra vez el familiar retroceso del arma. Y por tercera vez, este no se produce.


Estoy empezando a mosquearme.


— ¡Para, para! —la nueva voz esta ahora a pocos pasos de distancia, y por lo que veo, parece bastante desesperada.


— Joven señor, quédese atrás —con un grito histérico, el gigantón balanceo su voluminoso cuerpo hasta ponerse entre la nueva figura y yo.


Giro mi vista con molestia hacia la indeseada visita. Se de quien se trata, uno de esos nobles élite demasiado mimados como para ver lo que sucede un palmo delante de ellos. Mi informador me había prometido que era del todo inofensivo, aunque también es verdad que nunca se me informo sobre tamaño gigante grisáceo. El trabajo era sencillo: poner unas trampas, acabar con los escoltas, saquear el carruaje y abandonar el lugar. Rápido y sencillo, como a casi todos nos gusta.


Levanto el cañón, hasta situarlo frente al recién llegado. Una larga y esbelta figura me recibe al otro lado de este. Su largo cabello castaño se desparrama sobre un abrigo oscuro que nada tiene que envidiar al que llevaría un emperador. Esta adornado de arriba a abajo con cuentas de oro, o mejor dicho, parte de sus decoraciones están tejidas con este material. Su rostro de tinte infantil me miraba con desesperación, con los ojos hinchados en rojo, seguramente por que no habría parado de llorar durante todo el evento.


Aprieto el gatillo por cuarta vez sin éxito, llegados a este punto me rindo de seguir intentando matar, estoy cansado. Coloco la correa del rifle a mi espalda, y me encamino hacia el carruaje, ahora completamente semi-hundido en la nieve.


Mierda.


Maldiciéndome por mi estupidez, pongo mis pies a toda velocidad hacia el carruaje. A mis espaldas, puedo escuchar a esos dos hablando de vete a saber que; no me preocupa. Si ese gigantón quiere retirarse la pasta de encima, va a tener que trabajar muy duro.

4 de Agosto de 2019 a las 20:10 2 Reporte Insertar 1
Continuará… Nuevo capítulo Cada 30 días.

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Mauricio Jofré Mauricio Jofré
El hecho de comenzar con una escena de acción con el primer capitulo es un gancho inmediato para meterme con la historia. Por alguna razón las descripciones me parecieron un poco mas prolijas de lo que estaba acostumbrado, y eso es realmente bueno. El universo que has construido es de primera interesante, aunque tengo muchas preguntas ¿es en el futuro? ¿es en el pasado? ¿una ucronia? ¿es otro planeta? ¿es postapocaliptico? no se, creo que lo voy a saber cuando lea mas de esta historia. Saludos!

  • Kai Proyects Kai Proyects
    Hombre Mauricio, ¡gracias por pasarte! de momento la historia esta bastante en pañales, pero tengo intención de resolver todas esas dudas en los próximos capítulos. ¡Me alegro que te guste! :) 2 weeks ago
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