LA PROFECÍA ROTA - Libro 3 de la Saga del Círculo - VOL 2 Seguir historia

adriana-wiegand1544364809 Adriana Wiegand

LA PROFECÍA ROTA es el tercer libro de la Saga del Círculo. Se recomienda leer el Libro I: LA PROFECÍA DE LA LLEGADA y el Libro II: LA PROFECÍA DEL REGRESO, antes de leer este, para poder comprender la historia. Lug regresa al Círculo a completar su misión, a enfrentar a la fuerza más maligna y mortífera que subyace y corrompe el lugar que tanto ama. Pero su regreso triunfal no encuentra eco en los pueblos del Círculo que están viciados más allá de la razón por la Nueva Religión. El otrora héroe se convierte en un fugitivo que deberá encontrar la forma de llevar a cabo su misión casi sin apoyo, si logra primero permanecer vivo... HISTORIA REGISTRADA. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS. PROHIBIDA SU COPIA.


Fantasía Épico Todo público.

#aventura #poderes #mundos-paralelos #héroes
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TERCERA PARTE: EL SUJETADOR DE DEMONIOS - CAPÍTULO 92

ADVERTENCIA: ESTA ES LA CONTINUACIÓN DE:

LA PROFECÍA ROTA - Libro 3 de la Saga del Círculo - VOL. 1

Para comprender la historia, sírvanse leer la parte anterior primero. ¡Gracias y feliz lectura!

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CAPÍTULO 92

Colib bajó como tromba por las escaleras al ver a Lug desde uno de los balcones superiores del palacio. Llegó a la puerta principal casi sin resuello.

—¡Lug! ¡Lug! —le gritó, desesperado.

Lug frunció el ceño al ver el rostro preocupado de Colib.

—¡Lug! ¡Gracias al Círculo que está aquí!

—¿Qué pasó? —preguntó Lug con urgencia.

—Es Ana —dijo Colib, tomando a Lug de la manga de la camisa y tironeándolo hacia adentro del palacio.

—¿Qué pasa con Ana? —preguntó Lug—. ¿Dónde está?

Colib solo lo tironeaba de la ropa, arrastrándolo por los pasillos del palacio.

—¡Colib! —le gritó Lug desde atrás, corriendo tras él—. ¿Qué pasó?

—Ana está inconsciente, no despierta. Le advertí que no lo hiciera, se lo dije, se lo dije, le juro que se lo dije…

Lug tomó a Colib de los hombros y lo detuvo en seco.

—¿Qué fue lo que hizo? —le espetó.

—Sanó a la reina.

Ante esas palabras, a Lug se le hizo un nudo en el estómago.

—¿Dónde está? —preguntó con urgencia.

—La llevaron a su habitación.

Lug salió corriendo, la capa plateada flameando detrás. Colib enseguida quedó atrás. Lug corría como si en ello le fuera la vida, atropellando sirvientes en los pasillos sin siquiera darse cuenta. Subió las escaleras de piedra de a dos escalones por vez, casi tropezando en la desesperación por llegar hasta Ana. Con el corazón agitado, abrió bruscamente la puerta y se metió en la habitación. Se quedó helado por un momento ante la escena: Ana yacía inconsciente en la cama, Randall estaba de un lado, sentado junto a ella, tomando su inerte mano entre las de él. Del otro lado estaban Althem y la reina Diame de pie. Los tres volvieron la mirada hacia él al verlo irrumpir de golpe en la habitación.

—¡Colib te encontró! —dijo Althem, esperanzado.

Lug se acercó lentamente a la cama. Althem y Diame se corrieron para darle lugar. Casi sin pensar, extendió su mano para posarla en la frente de ella. Sintió que alguien lo tomaba de la muñeca para detenerlo. Lug levantó la vista de golpe y vio que el que lo sostenía era Randall.

—Suéltame Randall —le gruñó.

—No.

—Puedo sanarla sin tocarla —dijo Lug, desafiante.

—Por favor no lo haga, por favor —le rogó Randall, soltando su muñeca.

—Por favor, Lug, escuche el consejo de Randall —dijo Diame desde atrás.

Lug se volvió hacia ella.

—Esto es su culpa —la acusó.

—Lo siento —se disculpó la reina.

—No es su culpa sino mía, yo le pedí que sanara a mi madre —dijo Althem.

—Ana no es estúpida, no aceptaría hacer algo así. Ella sabía muy bien que era peligroso. ¿Con qué la amenazaste? —tronó Lug.

—No la amenacé, solo le dije que pusiera su precio. Me dijo que lo haría a cambio de que te volviera a recibir en el palacio y te diera el ejército que necesitas para liberar Cryma y otros pueblos de la Nueva Religión.

—Oh, Ana… —murmuró Lug, volviendo la mirada hacia ella—. ¿Por qué hiciste eso?

—Solo quería ayudar —dijo Colib desde la puerta, acababa de llegar.

Con lágrimas en los ojos, Lug se arrodilló junto a su cabeza. Tomó su mano fría y la besó con ternura. La respiración de Ana parecía normal, serena, al menos no parecía estar sufriendo.

—Wonur está ahora dentro de ella, si intenta sanarla, solo logrará quedar atrapado —dijo Diame.

—Lo sé —dijo Lug con la voz quebrada.

—Es una joven muy valiente, su energía me dio la fuerza para despertar.

Por primera vez, Lug observó a la reina detenidamente. Estaba parada allí, erguida, fuerte, saludable; hasta su voz parecía más firme. Al menos se había resuelto el problema de despertar a la reina para que concretara una cita con Wonur, pero el precio había sido muy alto, demasiado alto, pensó Lug. Lug sabía que la recuperación de la reina era solo aparente y transitoria. La energía que él y Ana le habían dado a costa casi de sus vidas solo iba a sostenerla por un tiempo; Lug no sabía por cuánto tiempo. Lo más lógico era arreglar el encuentro con Wonur lo antes posible, pero Lug no podía dejar a Ana así, tenía que hacer algo.

—La fuerza que siente ahora es solo pasajera —le dijo Lug a la reina.

—Lo sé.

—Ni Ana ni yo podemos sanarla, Wonur habita todavía en usted.

—Lo sé —dijo la reina, bajando la vista al piso.

—Mi madre me lo contó todo —intervino Althem—. Quiero pedirte disculpas por haber dudado de tus palabras.

—No me importa eso —dijo Lug—, pero no sé si pueda perdonarte que hayas expuesto así a Ana.

—Tienes razón en odiarme, pero quiero que sepas que haré todo lo que esté a mi alcance para solucionar esto.

—Yo también —dijo la reina.

Lug miró a Althem:

—No hay nada que puedas hacer por ella —luego se volvió hacia la reina, poniéndose de pie—. En cuanto a usted, hablaremos después.

Y sin decir más, Lug salió con paso rápido de la habitación.

—¿A dónde va? —le gritó Colib desde la puerta, mientras Lug marchaba con paso decidido hacia las escaleras.

—A buscar ayuda —dijo Lug sin volverse.

2 de Agosto de 2019 a las 14:21 0 Reporte Insertar 3
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