La vida de Raquel Seguir historia

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Esmeralda Arroyo


PRÓLOGO. Mi nombre es Raquel, tengo 32 años y un bebé de 20 meses. Tuve una infancia muy feliz, mi madre era profesora de filosofía y mi padre fontanero, eran la pareja perfecta, se amaban, respetaban y sobretodo se comprendían. Es verdad eso que dicen, la pasión pasa, pero el amor queda. Mis padres se amaron hasta su final, un trágico accidente quiso que ese amor fuera eterno. Perdí a mis padres a los 17 años y me fui a vivir con mi abuela, mi vida no cambió tanto como pensaba, pero el no tener a mis padres me marcó siempre. Mi abuela me cuidó como si fuera mi madre hasta su último día, me dio todo lo que pudo y me enseñó que la vida pase lo que pase es maravillosa. Desde pequeña quise estudiar bellas artes, pero la vida no siempre sale como uno desea, con esto no quiero decir que no haya conseguido metas que me haya propuesto, pero el mayor logro y de lo que estoy más orgullosa es de Álvaro, mi hijo. La vida pasa muy deprisa sin darte cuenta, y vivimos en una sociedad de mentiras. Vidas maravillosas, fotografías irreales, historias increíbles que muchas veces son falsas. Unas historias que todos queremos vivir y muy pocos pueden. Y en ocasiones nos sentimos tan avergonzados de situaciones que vivimos que somos incapaces de pedir ayuda, hablar e incluso creer que nos está pasando. Por eso quiero contaros mi historia, una historia sin filtros, sin hashtags, una historia real. Quiero que conozcáis la historia de Raquel, una madre de 32 años, que acaba de ser asesinada.


Drama Sólo para mayores de 18.

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5 de julio de 2005

Raquel se despertó temprano, quería hablar con sus padres para que la dejaran salir esa noche, aunque era lunes, eran las vacaciones de verano y el cumpleaños de Rafa, un compañero de clase. Al llegar a la cocina los vio allí sentados como cada mañana desayunando.
Marta era una mujer muy comprensible y cariñosa, trabajaba en un instituto impartiendo clases de filosofía y era muy querida en el barrio. Llevaba casada con Jesús 21 años y Raquel era la única hija de la pareja. Jesús trabajaba como fontanero, había conseguido tener su propia empresa a base de mucho esfuerzo, ahora contaba con 7 empleados a su cargo y estaba muy orgulloso de lo que había conseguido. Su infancia no fue fácil, nunca conoció a sus padres y fue de una casa de acogida a otra hasta que cumplió la mayoría de edad. Marta y Jesús se conocieron en la primavera del 84 y nunca más se separaron.

-Buenos días – dijo Raquel con voz cansada.

- Cuando te levantas tan temprano es por que quieres algo, buenos días cariño – contestó Marta, mientras besaba en la mejilla a su hija.

- Buenos días pequeña, lo que sea tendrás que hablarlo con tu madre, tengo que irme ya – dijo Jesús a la vez que se ponía de pie para irse.

- A ver, ¿cuéntame qué es eso tan importante que quieres, que ha hecho que un lunes de verano estés en pie a las 8 de la mañana? – Le preguntó Marta a Raquel.

-Mamá hoy es el cumple de Rafa y celebra una fiesta en su casa, ¿puedo? - preguntó Raquel, con voz más animada.
Ella sabía que la dejarían y también sabía la charla que venía a continuación, no bebas, pronto en casa, no te vayas con desconocidos...

-De acuerdo, esta tarde llegaremos tarde papá y yo, tenemos que ir a ver el local para la nueva oficina, te dejaré dinero en el mueble de la entrada y ya sabes, nada de beber, llega pronto y no te vayas con nadie que no conozcas. – contestó Marta.
Raquel se fue a su habitación feliz, Rafa era más que un amigo para ella y esa fiesta era muy importante, lo que todavía no sabia era que esa noche cambiaria su vida para siempre.

Mirándose en el espejo, pensaba todo lo que había sucedido ese último año, ya había acabado el instituto y faltaba muy poco para saber si la habían cogido en la universidad de bellas artes. Nunca fue una excelente estudiante, pero tampoco sacaba malas notas. Su sueño era estudiar bellas artes e irse a Paris, Viena, Nueva york... pero para eso todavía quedaba tiempo, ahora lo importante era ponerse guapa para la fiesta de Rafa.

Tenía que convencer a su madre para ir de compras, estaba en una nueva etapa y quería entrar en la universidad con un aspecto menos adolescente. Mientras se cepillaba el pelo pensaba que podría hacerse unas mechas, su padre le diría que tiene un pelo precioso, que no lo destrozase. Raquel había heredado el pelo de su padre, pelirrojo y rizado, aunque ella con mucha más mata y un rojo más intenso, en cambio la cara era idéntica a la de su madre, unos ojos verdes profundos, pómulos señalados y labios gruesos, con un baño de pecas que hacían su cara única.

Eran cerca de las ocho y Sandra estaría a punto de llegar, se puso una falda vaquera y un top verde que le encantaba, se recogió el pelo con una coleta y salió a esperarla.
Al llegar a la fiesta se dieron cuenta que había más gente de la esperada, pero a Raquel le daba igual, lo único que quería era ver a Rafa, su compañero de clase desde primaria. Rafa era un chico muy guapo, extrovertido, buen estudiante. Tenía el pelo un poco largo y ondulado, moreno de piel y ojos azules, le encantaba todo lo relacionado con la Nasa, su sueño era estudiar ingeniería aeroespacial y viajar al espacio. Pero esa noche no fue como Raquel había imaginado. Al entrar en el salón lo buscó, pero no estaba, estuvo preguntando un buen rato y nadie lo había visto, así que se sirvió una copa y se puso a bailar junto a Sandra y un grupo de chicos ya universitarios, de segundo o tercer año.
De repente lo vio y se acercó a hablar con él.

- ¡Hola! Llevo buscándote toda la noche, ¿dónde estabas? – preguntó Raquel.

-Estaba enseñándole la casa a Miriam, y una cosa llevó a otra y nos perdimos – contestó Rafa con un guiño de ojos.

- No entiendo, ¿os perdisteis?

- Ya sabes, nos metimos a una habitación y una cosa llevo a otra, por eso estaba desaparecido, esa chica me tiene loco desde hace años. – se dio media vuelta y volvió a desaparecer.

Raquel se quedó absolutamente en blanco, no supo reaccionar. Volvió con Sandra y los chicos y empezó a beber una copa tras otra, cuando se dio cuenta estaba desnuda en una cama, las sabanas tenían gotas de sangre y el pánico se apoderó de ella. Se vistió rápidamente, salió de la habitación y como pudo apartando la multitud que había salido a la calle, sacó su teléfono móvil y llamó a su madre.

Eran la doce y media cuando a Marta le sonó su teléfono, volvía con su marido de cenar en casa de su madre, era su hija.

-Raquel, ¿ya has llegado de la fiesta?
-Mamá tienes que venir a por mi, por favor – gritó alterada Raquel.
- ¿Qué pasa? ¿Te ha pasado algo?
- ¿Le ha pasado algo a Raquel? – Preguntó Jesús a su mujer mientras

conducía.
-Mamá tenéis que venir a por mi ya, creo que me ha pasado algo. - ¿Qué dices?, vamos de camino.

Y lo próximo que escuchó Raquel fue gritar a su padre mientras un conductor cansado invadía su carril.

EL tanatorio estaba lleno, la gente entraba y salía. Raquel no podía creer que eso estuviese pasando, no podía parar de pensar que era por su culpa, no tenía que haber llamado a su madre, no tenía que haber bebido, no tenía que haber ido a esa maldita fiesta. Su mente todavía estaba borrosa, estaba en shock, sin duda alguna ese día le marcaría de por vida.

-Raquel – escuchó la voz de Rafa a su espalda.
Lo odiaba, todo era culpa suya, no se lo perdonaría jamás.

- ¿Qué haces aquí? – contestó con la voz más débil que jamás había tenido.

-Quería verte, estar contigo y decirte que lo siento mucho – le dijo Rafa mientras la cogía de la mano.

-Prefiero que te vayas, no quiero volver a verte nunca más.
Se dio media vuelta y se fue con su abuela, la mujer que a partir de ahora la cuidaría, la única familia que tenía.

1 de Agosto de 2019 a las 16:24 0 Reporte Insertar 0
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