Vivan los novios Seguir historia

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Un reconocido pintor del pueblo de Pergamino, Federico Molina, trabaja en su ultima obra.


LGBT+ Todo público.

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Vivan los novios

Vivan los novios


Federico se encuentra en su estudio con una camisa manchada de óleo y un pincel en su mano derecha. Contempla el cuadro que tiene adelante, le llega desde la cabeza hasta la cintura. Mezcla con cuidado los colores en su paleta hasta conseguir el tono avellana perfecto para los ojos del hombre que es coprotagonista del retrato encargado. Federico, satisfecho con su trabajo, da unos pasos hacia atrás para analizar el progreso del retrato. La figura del hombre casi esta lista, viva, pero la de la mujer que lo acompaña aún está bastante muerta. Federico mira hacia su derecha, a la mesita que hay lado del atril. Pegada con cuidado, junto a los tubos de pintura y vasos agua, hay un recorte de una foto idéntica al cuadro que Federico pinta. Complementando la foto hay una nota correspondiente al domingo 10 de septiembre de 1961 del periódico “Paso Grande”, publicado en la localidad de Villa Paso, provincia de Buenos Aires.

“VIVAN LOS NOVIOS. Luis José Pedraza se casó con Manuela Antonini en una emotiva ceremonia en la capilla frente a la plaza del pueblo el pasado jueves 7 de septiembre. Los acompañaron sus familiares y amigos. Estuvieron presentes figuras de renombre durante la ceremonia y festejo. Entre ellas, el padre de la novia y dueño de una importante empresa textil de Córdoba, Pedro López Antonini. Lamentablemente, se notó la ausencia de Federico Molinas, pintor prominente de la localidad de Villa Paso y amigo cercano del novio, quien con pesar debió perderse la ceremonia para guardar reposo por un estado gripal.

El festejo que siguió a la ceremonia fue uno de los más grandes que han sucedido en Villa Paso. Se vio a la parejita muy feliz y pegada por el resto de la noch...”

Los ojos del joven pintor empiezan a arder y se ve obligado a detenerse porque casi da una pincelada negra en el rostro de la novia. El fuerte y artificial olor del óleo le da nauseas, así que decide abrir una ventana del estudio para limpiar un poco el aire. El cansancio de los días anteriores posee a Federico y se sienta en el sillón de terciopelo rojo que hay en uno de los rincones del estudio antes de que las piernas le fallen. Con un suspiro se refriega la cara y luego busca una botella de vino que dejo a medio tomar hace unos días. La encuentra a los pies del sillón, y con ella, un papel sucio y arrugado. Federico mira al papel de la mala manera, lo reconoce de cuando lo recibió hace ya una semana. Aunque le gustaría poder quemarla y hacer de cuenta que nunca existió, decide levantar la carta una vez más. Con el corazón bajándole al estómago vuelve a leer esas líneas culpables de su estado actual.

Pergamino, sábado 2 de septiembre de 1961.

Mi amor:

No te podes hacer una idea de lo difícil que me resulta escribirte esta última carta. Saber que será la última de tantas, saber que no tendrá una respuesta, me rompe el corazón. Aunque seguro que no se puede comparar a como vos te debes estar sintiendo en este momento, Fede. Juro que si pudiera controlar el tiempo, nos llevaría a otro lado, a cuando nos besamos por primera vez o alguna de las noches que pasamos juntos hasta la madrugada, sin la necesidad de tener que partir a escondidas cada uno por su lado en la oscuridad de la noche.

Ambos sabíamos en el fondo, aunque tratamos de ignorarlo con fuerza, que esta historia nunca tendría el final que deseamos. Es lo que mi padre decidió para mí y la empresa. No me preguntó ni siquiera que opinaba sobre está unión, él fue y arregló todo por su cuenta. A pesar de todo, mi amor, aunque este casamiento no estuviera de por medio y pudiéramos estar juntos, no creo que las cosas serían mucho mejor. Te mereces algo más que vivir una vida a escondidas, Fede. Tenés talento, te podes ir de este lugar y hacer lo que desees. Sé que si hay alguien que puede lograr eso, sos vos. También te merecés a alguien que pueda amarte sin miedo, y perdón, mi amor, pero ese alguien no soy yo. Soy un cobarde.

La imagen que me acompañara por el resto de mi vida, Fede, vas a ser vos en tu estudio, con tu camisa manchada de pintura, tu cabello despeinado y tu cara de concentración cambiando solo cuando, cada tanto, te dabas vuelta para mirarme y dedicarme una breve pero dulce sonrisa.

Mi corazón es tuyo para siempre.

Luis.

La carta se escapa de las manos de Federico y cae sobre el piso con gracia y delicadeza. El joven no retiene las lágrimas esta vez, deja que corran libres por sus mejillas. Luego de un rato, cuando cree que ya ha recuperado un poco la compostura, Federico vuelve a pararse frente al atril. Frente a Luis. Aún tiene que terminar el último cuadro que entregará en Pergamino.

23 de Julio de 2019 a las 19:36 0 Reporte Insertar 0
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Conoce al autor

E Fregeac Subo cuentos o lo que salga cuando hay inspiración. Mucho de lo que escribo esta inspirado en pensamientos ,sueños o cosas que viví. Actualmente estoy estudiando, así que con suerte algún día edite las cosas que publique para estén un poco mejor escritas. Gracias por leer!!

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