La Niñera (reescrito) Seguir historia

frank-boz1536880595 Frank Boz

Durante el transcurso de sus vacaciones, Matías debe compartir largas horas en su casa al cuidado de Claudia, una misteriosa niñera que se hace cargo de él hasta que sus padres regresan en la tarde noche. Las horas pasan lentas mientras el pequeño siente que algo no anda bien con su niñera y deberá mantenerse alerta a todo lo que lo rodea hasta que un imprevisto personaje interviene en la situación.


Horror No para niños menores de 13.

#LaNiñera
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Capítulo I

Matías ya no bajaba a despedir a sus papás cuando se iban a trabajar. No desde hacía tres semanas luego de Rosa llamara avisando que había enfermado y que por algún tiempo no podría ir. Primero fue durante una semana, luego fueron dos, tres. Murió. Aneurisma, dijo el doctor.

Pero ahora Claudia cuidaba del niño hasta que ellos regresaban en la tarde-noche, además de hacerse cargo una que otra sencilla tarea del hogar como preparar las tres comidas para el pequeño entre otras varias. Esto no hacía muy feliz a Matías, porque siempre sospechó que Claudia, era una joven demasiado extraña. Sentía que había algo inusual en ella, aunque sin llegar a ser extravagante, solo molesto, como una espinilla en el dedo índice la mano buena. Aunque lo suficiente para inquietarlo. Nada tenía que ver con Rosa, su vieja y gentil niñera. Le parecía sentir y ver algo raro en la sonrisa de Claudia cada vez que llegaba a su casa para compartir las largas horas de cuidado y compañía. Matías se encontraba de vacaciones de la escuela. El Instituto Católico San Agustín. Sus modales adquiridos en la institución, aunque demasiado pulidos para su joven edad de diez años, siempre le traicionaban al momento en el que la niñera ponía un pie en su casa. No se atrevía a que Claudia viera que no le caía muy bien, y se encerraba en su cuarto y bajaba solo para el desayuno, el almuerzo y la merienda. Dichos momentos, eran los únicos que compartía con ella sentado en la mesa del comedor en la soledad de la jornada.

–¡Eu Matu!... ¡La chocolatada y las galletas ya están!... –gritó Claudia apoyándose en la baranda de la escalera.

El estómago de Matías crujía del hambre como las maderas de un barco en aguas turbulentas. El solo hecho de imaginar la espumosa leche chocolatada y sus Oreos con abundante crema de coco, era una necesidad mucho más fuerte que su desconfianza hacia Claudia, y no podía evitar sentirse seducido por ese mágico hechizo de aquel suculento sabor en su boca. “No seas tonto, si quisiera cocinarte ya lo hubiera hecho” se dijo al juntar algo de valor para bajar.

Pero al girar la perilla para abrir la puerta, algo que más que un escalofrío aterrizó en su pequeño cuerpo al ver a Claudia del otro lado. Ni siquiera escuchó sus pasos al subir por la escalera.

–Mati... tu chocolatada se va a enfriar –dijo mirando al pequeño a los ojos. Aquel contacto visual era perturbador para Matías, pero se sentía mágicamente transportado hacia ellos. Succionado.

Claudia se había tomado la libertad de llevar la merienda del pequeño hasta su cuarto, pero era una libertad que inflamaba de terror la volátil imaginación de Matías, que, aterrado como estaba, los segundos en recibir la bandeja le parecieron meses.

¡Ella estaba ahí! ¡Invadiendo su espacio! Mirándolo con sus enormes y marrones ojos, con sus negros cabellos despeinados cayendo sobre sus hombros, con esa sonrisa de desquiciada que iba de oreja a oreja y que dejaba ver todos sus blancos dientes, vistiendo su remera negra estilo punk con manchas de vaya uno a saber qué y esa pollera escocesa descolorida que llegaba hasta sus rodillas con aspecto de no ser nada más que un trapo viejo, sus gastadas botas negras con hebillas combinaban a la perfección con las uñas pintadas de un verdinegro vetusto, y lo que más terror producía en el pequeño... ese collar de pequeños huesos que colgaba de su lánguido y pálido cuello.

Matías imaginaba como sería que lo habría conseguido.

“¿De donde habrá sacado esa cosa fea?” se preguntaba el pequeño que no paraba de hacer extrañas suposiciones acerca de ello.

Recibió la bandeja evitando tocar los blancos dedos de Claudia y su mirada se desvió hacia un costado. No pudo evitarlo.

–Gracias –dijo rogando para que se marchara.

–De nada –respondió–. Oh... veo que has estado dibujando –soltó mientras entraba al cuarto y observaba la pizarra donde Matías pegaba sus dibujos.

–¡Dibujaste tu casa, que linda está!

Matías, aún con la bandeja en sus manos, se quedó de piedra al ver el tétrico contorno que su niñera dejaba ver al estar parada contra la luz de las seis de la tarde que entraba por la ventana abuhardillada. Una imagen casi espectral ¿Pero quien o qué era su niñera exactamente? Solo podía imaginarlo, porque hasta donde sabía, solo era una jovencita que hacía su trabajo, aunque más allá de sus más raros sueños y sus pesadillas más dementes, no podía imaginar a una jovencita tan extraña como ella; una jovencita que seguramente a ciertas horas se reía a carcajadas con una escoba voladora entre sus piernas, profanando tumbas en antiguos panteones malditos, con enormes ollas negras hirviendo en su casa de jengibre de techo holandés; una jovencita rodeada por gatos negros traspuestos a la luz de lunas en cuartos crecientes, y esbozando hechizos y conjuros en latín dentro de un pentagrama invertido.

Abracadabra

Patas de cabra.

–Si, es mi casa –contestó con la garganta entumecida. Aunque el hecho de haber recibido el cumplido por su dibujo, le hizo calmar un poco sus alterados nervios.

–¿Sabes algo?

–¿Qué?

–También dibujo.

“Algo en común” pensó Matías.

–¿Qué dibujas? –preguntó curioso.

–Algunas cosasss...

Su respuesta no hizo sino despertar la inocente curiosidad de Matías mientras engullía una Oreo empapada de chocolate.

Observó un par de dibujos más, dio unas vueltas más por el dormitorio y finalmente se fue, no sin antes impregnar al pequeño con su aroma a ropa guardada y a viejos inciensos baratos.

–Virgencita, qué miedo, menos mal que se fue –espetó Matías.

22 de Julio de 2019 a las 00:02 1 Reporte Insertar 1
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Ayatan Mestre Ayatan Mestre
jajajaja comienza bien, la niñera es todo un personaje! lo unico que podría decirte de este cap es corregir en la parte donde habla el doctor de la siguiente forma: Aneurisma—dijo el doctor. por lo demás esta muy bueno Frank!
22 de Julio de 2019 a las 11:11
~

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