Heridas Que No Sanan Seguir historia

bea-rodriguez1563679891 Bea Rodriguez

El pasado no se puede cambiar, pero tampoco tiene que afectar nuestro presente. Las cicatrices se vuelven parte de nosotros, solo hay que aprender a vivir con ellas.


Cuento No para niños menores de 13.
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Cicatrices abiertas

La puerta tenía un gran letrero con el nombre “Julieta Mercedes” estampado. La miré por unos segundos, lamentando en el fondo el solo echó de que estaba parada ahí, frente a ella. Finalmente toque la puerta un par de veces, lo hice lo más despacio posible con la intención de que nadie oyera y tener una excusa para poder largarme. Pasaron unos 30 Segundos y volteó a ver a Gaby con cara de “hora de irnos”, cuando la puerta se abre abruptamente haciendo que me echara para atrás.

Una señora bajita de pelo esponjado y ojos chinos me mira de arriba para abajo y exclama “¿Emily?”. Quise rodar los ojos pero sabía que no podía. No quería estar ahí. “Si.” Exclame rápido y al momento ella se hace a un lado y me hace señas para que entrar a su oficina. Volteo hacia Gaby y le extiendo mi cartera y llaves para que ella las sostuviera mientras yo estaba ahí adentro.

Cuando entro al lugar sigo a la señora hacia una habitación con tres sofás, uno en cada esquina. También, con diplomas de diferentes universidades, pude leer que uno era de la universidad de Boston.

“Siéntate donde te sea más cómodo” y por casi que reflejo, me siento en el sofá más cercano a la puerta.

“Aquí tengo los papeles que me dieron para usted” mientras me siento le muestro un montón de papeleo que tenía en la mano.

La señora se acerca y me agradece mientras agarra los papeles y se sienta a leerlos.

Mientras lee los papeles veo que su cara no es necesariamente de felicidad, pude ver que algo no estaba bien. “No tienes el reporte de la policia?”

“No.”

“Bueno la próxima vez que nos veamos se lo puedes pedir a la encargada de tu caso, necesito ese documento para poder llenar el informe de gratuidad”

Quise rodar los ojos de nuevo. En primer lugar no estaba ahí porque quisiera, lo hacía por mi madre. En segundo lugar podía ver que a esta señora lo que le importaba era la plata, digo desde el momento que entre no me ha hecho ni una pregunta más que por papeles.

“Esta bien.”

Sabía que no iba a volver a ese lugar, así que seguir el juego no estaba mal.

La pequeña señora sonríe, pero con una sonrisa que creo que fue más forzada que la mía cuando ella abrió la puerta.

Finalmente la pequeña señora se sienta al frente mío y me mira como si estuviera esperando que yo empezara a hablarle. Pero no lo hice. Hubo un silencio incómodo hasta que ella lo decide romper.

“Bueno... y que pasó?”

La miro extrañada. Cuando fui a consejeria hace más de un año, la consejera ya sabía toda mi vida antes de yo decir una palabra.

¿Se supone que esta mujer iba a ser mejor?

“Acaso no sabe de mi caso?”

“No... yo no tengo ningún informe desafortunadamente”

Me irritaba escucharla hablar. Por todos lados se le notaba lo latina, pero la pobre mujer apenas y podía pronunciar el español correctamente .

“Oh...”

la verdad no sabia ni por donde empezar. ¿Que se supone que diga?

“Solo dime que te pasó, porque hoy estás aquí”

La miro con mi cara de -no sé que decir- y ella vuelve a sonreír fingido.

“Quiero que sepas que nada de lo que me digas saldrá de aquí, esto es privado. Claro a menos que me digas que quieres matarte o algo así, que en cuyo caso tendría que hospitalizarte” lo último lo dijo con una risa nerviosa como quien diría -espero que no sea tu caso-

¿Y yo que? Aunque fantaseará con morir casi todos los días y ya haya intentado matarme repetidas veces. Se supone que le iba a decir -Si, señora me quiero matar, por favor intérneme- si ajá.

“Jajaja, si claro”

“Pues entonces dime, porque estás aquí.”

“Es una larga historia”

“Empieza por donde quieras”

No quería hablar del tema y menos con una persona que no me inspira ni una gota de confianza.

“Bueno...” La voz me salía mas aguda de lo normal, y a la vez mas temblorosa.

“Hace más o menos un año atrás, fui sexualmente abusada.” Cada vez que tenia que hablar de este tema era como si todo mi cuerpo se pusiera en modo automático. Las palabras simplemente salían de mi boca con mucha facilidad, como si lo que estuviera narrando le hubiese pasado a otra persona y no a mi misma.

“¿Como lo estas llevando?” Pregunto mientras me miraba a la cara, esperando alguna reacción de mi cuerpo que no fuese fría y indiferente.

Yo ya estaba muy alterada. Odiaba tener que explicar mi situación a gente que tiene que fingir que les importa. Me tuve que aguantar las ganas de pararme e irme y comencé a hablar.

“Pues bien, ahora nada mas estoy de nuevo en terapia porque mi madre me lo pidió.” Era la verdad, amaba a mi madre, pero me irritase que esta fuese su manera de ayudarme.

La señora me miro y escribió en su mini libreta. Odiaba que hicieran eso, como si fuese un conejillo de indias y no una persona. También, odiaba la manera en la que ella me trataba, tengo 18 años pero en los ojos de esta señora seguía mirándome y hablándome como si fuese una niña.

“Muy bien, entonces ¿Por que crees que tu madre quería que hablases conmigo?”

Pues bien es porque mi madre lo ha intentado muchísimas veces y pues en su mente de seguro piensa que porque una persona tiene varios títulos colgados en su pared lo puede hacer mejor que ella.

Ojalá pudiese decir eso.

”Pues creo que es porque me la paso en mi cuarto y no hablo mucho con ella”

No estoy hablando mentiras, en un solo año hasta yo estoy sorprendida en lo que me he convertido.

He intentado estar mejor. Simplemente no es tan fácil.

“¿No te gusta estar con tu familia?”-Me pregunto mientras seguía escribiendo en esa mini libreta apoyada en su falda.

“No exactamente... Simplemente no tengo ánimos de estar con personas, me gusta estar conmigo misma.”- Cuando dije eso en voz alta me di cuenta de lo estupida que sone.

Eso no era lo que sentía. No quería estar sola, simplemente me sentía mas triste al estar con mi familia. El pensar de que no puedo sonreír ni siquiera cuando estoy con ellos me abruma y me hace sentir peor conmigo misma.

La señora me miro por unos segundos directamente a los ojos, parecía que estuviese tratando de leer mis pensamientos, cosa que me perturbo bastante.

“Esta bien.” - Exclamo casi con un suspiro. “A todos nos gusta tener privacidad, especialmente a la gente de tu edad.”

Bueno, no toda la gente de mi edad pasa por lo que pase yo.

Esta señora me irritaba, sentía que ella ya tenia un discurso echo para cada persona que pasase por su oficina. Sus preguntas no me ayudaban a sentirme mas cómoda, definitivamente esto ha sido una perdida de tiempo bastante mala.

“Aja.”- exclame mientras cruzaba los brazos.

“Porque no mejor me cuentas que fue lo que paso hace un año.”

Y ahi va de nuevo.

No, no y no.

Hay momentos por los que uno pasa que simplemente quieres enterrarlos en lo mas profundo de tu mente y no volver a mencionarlos. Pues yo tuve que contar ese momento con todos los detalles a un montón gente. Hasta tuve que hablarlo una vez mientras me grababan y una mujer me pedía que ocupase las palabras exactas y los detalles mas especificados.

No, no quiero que gente ajena a mi, me siga preguntando. Yo no se nada de esta señora, aparte de que es una de las pocas terapistas que mi seguro medico puede cubrir.

Simplemente me quede callada.

Hubo otro silencio incomodo, aun mas largo que el anterior.

“¿No quieres contarme?”

“No realmente, es una historia bastante larga.”

Me miro resignada, ella sabia que no estaba logrando algún progreso conmigo.

“¿Has tenido pensamientos suicidas?”- la pregunta la hizo de la nada y bastante directa que me sorprendió un poco.

Cuando me hablaban de este tema, todas mis barreras internas se derrumbaban y sentía como quedaba totalmente expuesta.

“Ya no.”

“¿No?” Su cara era de duda y de desconcierto.

No soy estupida. Sé que vivo en un país donde si dices que quieres matarte, te internaran en un loquero, con la intención de ‘protegerte de ti mismo.’

“Intente matarme en dos ocasiones, con pastillas para dormir. Pero eso fue hace tiempo.” No debí haber dicho eso, pero aun así, simplemente lo dije. Supongo que quise confesarme. Quizás mi yo interior aun tiene esperanzas que alguien me pueda ayudar.

“¿Ya no quieres tomar pastillas?”

“No, ya no.”

Mi respuesta no fue del todo cierta.

Ambas estuvimos calladas por otros largos segundos.

“¿Por que las tomaste?”

En el fondo, me costaba entender el porque.

Las primeras semanas después del incidente, fueron las peores de mi vida.

Recuerdo como dormía muchísimo. Cuando dormía no pensaba en nada y tenia sueños bonitos la mayor parte del tiempo. Luego me despertaba y poco a poco recordaba todo lo que había pasado.

Deseaba tanto que todo nada mas fuese una pesadilla, pero no lo era. Cada vez que me despertaba recordaba cada segundo y cada sensación que tuve aquella noche.

Dormir era mi mejor medicina. El pensar sobre dormir y no despertar mas sonaba espectacular. Creo que solo no quería seguir recordando.

”No lo se.”- Respondí vagamente y sin ánimos.

No me sentía cómoda.

Me sentía como una víctima. Odiaba sentirme así.

”¿Te diste cuenta que fue un error?”

”Si, mi madre y mi familia sufrieron muchísimo y la verdad no se lo merecían.”

Era cierto. Mi madre era el ser mas bondadoso y amable en toda la tierra. Lo mas probable es que ella haya llorado incluso mas que yo este último tiempo. Siempre me repite que hubiese dado su vida con tal de que no me hubiesen lastimado esa noche.

La pequeña señora me quedo mirando por largos segundos. Como si estuviese decidiendo si tragarse mis mentiras o no.

Al final ella tomo un suspiro y se levanto del sillón. La mire extrañada.

“Bueno Beatriz, ya casi llevamos 30 minutos y aun no te puedo evaluar bien si no me traes esos papeles.” La verdad fue la sesión más corta y a la vez más larga que he tenido. Todas mis sesiones con mi ex terapeuta duraban al menos 1 hora, pero se me pasaban bastante rápido.

Me pare rápido del sillón, al fin me podia largar para nunca regresar.

“Bueno.” Aunque en el fondo sabia que nunca me preocuparía por esos papeles.

“¿Puedes venir el próximo miércoles a esta misma hora?”

“Si.” - afirme con la cabeza.

“Muy bien”- dijo ella mientras se sentaba al frente de una laptop y escribía con sus uñas largas y postizas sobre el teclado. “Te veré entonces.”

Le sonrió con la misma sonrisa falsa que ya tenia muy bien practicada, afirme nuevamente con la cabeza, me di media vuelta y salí por la puerta.

Al salir, me encontré a Gaby, estaba sentada en la misma silla que cuando llegamos. Le hago una señal con el dedo apuntando hacia la salida.

Ví su cara de alivio, seguramente ella también se la estaba sufriendo aquí sentada sin nada que hacer.

Gaby saco las llaves del auto y me las extendió, ella sabe que me gusta manejar cuando estoy estresada, después de todo, era mi mejor amiga.

Ambas salimos del horrible edificio, y caminamos hacia el auto.

“¿Como te fue?” Pregunto como si tuviese la esperanza que mi respuesta no fuese la misma de siempre.

“Como siempre.”

21 de Julio de 2019 a las 06:21 0 Reporte Insertar 0
Continuará…

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