Liberados Seguir historia

u15586487991558648799 Arianne Tactis

Cuatro jóvenes de distintas partes del mundo comparten algo en común y aún no lo saben, son portadores del legado mágico de sus antepasados. El despertar del mal sobre la tierra ha obligado a que sus ancestros los convoquen a cumplir una misión que solo ellos podrán enfrentar. ¿Serán capaces de lograrlo?, ¿Podrán aceptar al destino que se les ha impuesto?


Fantasía No para niños menores de 13.

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Fran


“This innocence is brilliant…I hope that it will stay”

Avril Lavigne



No puedo abrir los ojos, me duelen demasiado luego de haber copiado a Ethan mientras este detenía el tiempo. ¿Valió la pena gastar tanta energía?, ¿dónde estoy?. Mis muñecas están adormecidas, algo las aprieta, de seguro me tienen amarrada, no puedo moverme. El maldito dolor de cabeza sigue rondando, punzante. Mi vida era normal, hasta ese día en donde todo cambió.


***

―¿ya te vai?―me dijo la Carmen con esa voz nasal que me molesta tanto

―Sipo, ya terminamos acá―le recordé con un tono bastante pesado

―Ya pero no te enojí, es para ver si nos vamos juntas

―No es necesario, tengo que irme a la casa ahora

―Ok, nos vemos mañana entonces, no te olvidis de las fichas de los pendejos

―No te urjai, mañana las traigo


Me escapé del hogar de niñas al que asistíamos, no quería estar ahí ni un rato más. Habíamos tenido una jornada horrible revisando las fichas psicológicas de todas. Todas violadas y abusadas, inhumano. Me subí a la micro rural cansada y con una sensación de asco en el cuerpo. Quería llegar a mi casa luego abrazar a mi gato y quedarme dormida un rato.


Fue ese día nublado.


El maldito Transantiago para variar venía atrasado, eso sumado a lo mucho que me molesta malgastar una hora de mi vida en un viaje incómodo me pone de muy mal humor. Si hay algo que detesto es llegar tarde a la casa, por mí podría trabajar todo el día desde allá junto con el gordo peludo. Al parecer ese día pintaba para ser el más nefasto de mi vida como universitaria. Sentí como si el mundo siempre confabulara contra mí. Partiendo cuando noté que me quedaba 3% de bateria en el celu y el Ipod viejo que tengo se me quedó prendido en la práctica, por lo que ahora no tenía batería ni para ver la hora. Me esperaba una hora de viaje escuchando a los vendedores ambulantes y a las viejas peleando entre ellas, un asco de día.


Si hay algo que detesto de mí es que tengo una facilidad para interpretar las sensaciones de todo lo que me rodea. Mi viejo me dijo que mi madre era igual, que lloraba como magdalena cuando veía a las monjas llorando, o cuando se enclaustraba en los hogares de niño acunando huérfanos entre sus brazos. En mi caso, el estar haciendo la práctica en un lugar de mierda como un hogar de niñas abusadas sólo me hacía sentir más mal. ¿en qué momento se me ocurrió estudiar psicología?. Me tomé del fierro de la micro mientras el olor a encerrado en aquel vehículo empezaba a empañar las ventanas. Llovería pronto. Lo que me faltaba.


Fue el silencio, ese silencio que sólo pude percibir yo, el que heló la sangre en tan sólo unos segundos. Miré a mi alrededor y vi que los pasajeros de aquel bus seguían como siempre. Pero en mis oídos sólo había silencio. Me puse de pie y miré a todos lados mientras escuchaba como mi corazón latía fuertemente, era lo único que escuchaba retumbar en mis oídos.


En ese momento lo vi, al fondo de la micro, dándome la espalda con su cabello rojo y un fuego azul flotando en su espalda, intenté acercarme pero estaba tan petrificada que no conseguí moverme. Moví mi cabeza buscando ayuda en la mirada de otro pasajero pero cuando recuperé la movilidad ya había desaparecido.


Asustada me bajé en donde paró la micro, me senté en el paradero y noté que mis palmas estaban húmedas, me sequé las manos en mi pantalón mientras intenté calmarme. La lluvia empezaba a caer mientras el corazón me seguía latiendo a mil.


―Tranquila fran, fue una ilusión―me repetí a mi misma.


Repetí esa frase mil veces hasta que logré calmar la taquicardia que me había producido aquel suceso. Levanté mi cabeza y observé que el siguiente bus aparecía nuevamente. Temerosa lo tomé esperando no volver a experimentar lo mismo. Afortunadamente no pasó nada. Al llegar a mi casa, mi gato como siempre me esperaba con la cola parada mientras caminaba entremedio de mis piernas. Dejé mi bolso sobre el sofá de mi viejo. Todavia no llegaba del turno nocturno. Entré a la cocina y saqué del refrigerador el tupperware con fideos que tenía y lo metí al microndas. Mientras esperaba no le pude quitar mi mirada al árbol medio seco que teníamos en el patio. Mi viejo me había dicho que no lo sacaría porque las ramas secas nos servían para colgar la ropa. Pero ese árbol era muy raro, algunas veces florecía y unas maravillosas flores blancas aparecían sin aviso. Mi papá me decía que quizás era mágico porque siempre florecía en los momentos menos esperados. Para mí no era más que el resultado de las veces que la manguera de la lavadora se soltaba y mojaba todo el patio.


Me gustaba comer en la cocina, apoyarme en la encimera de la cocina y ver a los pájaros posarse en el damasco pequeño que teníamos. Miré el árbol y había florecido, era invierno, nunca había ocurrido en esa fecha. Dejé el envase de comida sobre el lavamanos y me quedé mirando el árbol atentamente mientras los recuerdos de aquel misterioso encuentro en el bus volvía a mi mente. Era tan clara la visión, era como si hubiese estado ahí mismo, ¿había sido una ilusión?. Cerré mis ojos un instante.


***


Los sonidos de una puerta cerrándose y los pasos de alguien me sacó de mis pensamientos, la voz profunda de un hombre habló fuerte y clara.


―Ethan Johnson, por fin nos conocemos.


Guardé silencio, quise simular que estaba dormida, no sabía si había conseguido copiar la voz de Ethan, no iba a arriesgarme a ser descubierta


―Ustedes son demasiado escurridizos, pero afortunadamente esta vez pudimos dar contigo, y la verdad que de tú patético grupo, eras el que más nos interesaba.


Los dedos fríos de aquel hombre apretaron mis mejillas levantando mi cabeza hasta quedar frente a él, mantuve mis ojos cerrados a pesar del dolor que me produjo.


―Sé que me escuchas pendejo, de una u otra forma nos haremos con tus poderes, aprovecha de descansar mientras puedas.


Soltó mi cabeza y esta se azotó contra la camilla metálica, la puerta se cerró y quedé nuevamente sola en aquel lugar. Abrí mis ojos suavemente y vi la luz que me apuntaba directamente, me acordé de la lamparilla que alumbraba mi mesa de dibujo.


***


Mi padre había construido todo el fin de semana mi mesa de dibujo. Las originales eran muy caras en el Homy y no teníamos dinero para comprar una. Él con su ingenio decidió ocupar las maderas que le sobraron del viejo comedor y me hizo la mejor mesa de dibujo que alguien pudiese tener. Saqué una hoja de mi block, encendí la lamparilla y empecé a trazar con grafito aquella figura femenina que hace unos días me visitaba en mis sueños.


Era hermosa, pero siempre lucía triste. Su mirada trataba de decirme algo que no entendía. Estaba ataviada con finas gasas que marcaban su silueta. Su piel era morena y su cabello caía lacio y negro sobre sus hombros.


No me daba miedo.


La cerradura se escuchó tras de mí, y vi a mi padre entrar agotado y con una bolsas del bazar de la esquina. Me miró con ternura y me habló:


―Frani llegaste antes de la práctica hoy—habló con dulzura.

―Si, terminamos antes con la Carmen, así que nos arrancamos nomas.

―Mientras no hayas dejado cosas pendientes—rió mientras abría las bolsas que traía consigo―Traje frutita y algo de mortadela para la once—noté que su mirada se dirigía al suelo, estaba buscando algo—¿y el pochoco?—me dijo preocupado.

―Está arriba calentándote la cama, es muy flojo ese gato―le dije ayudándolo con las bolsas.

―No les puedes pedir más, ellos ya vivieron las vidas más difíciles, ahora en esta le toca descansar—lo miré con una sonrisa, lucía agotado.

―¿quieres que te caliente fideos?, sobraron.

―No hija, gracias, ya me comí un sanguchito allá, tengo que dormir porque el Pedro no va a ir hoy al turno.


Se puso de pié y se acercó a mi dibujo y lo quedó mirando un instante.


―¿Sigues teniendo el mismo sueño?


Asentí, mientras cargaba el lápiz grafito sobre los bordes del rostro de aquella figura.


―Sí, solo que ahora tiene algo en su mano, mira.


Señalé la mano luminosa en donde se distinguía un símbolo similar a un rombo negro, con una flor en su centro, esta estaba formada con pequeños rombos blancos.


―Yo he visto ese símbolo antes—me dijo con voz pensativa— ¡ah! ¡Ya se! Espera aquí.

Sonreí extrañada mientras lo veía subir las escaleras. De seguro me traería algún chiche que había comprado en Meiggs a los chinos. Le encantaba coleccionar cachivaches.


―¡Lo sabía!—sus gritos se escucharon fuerte en el segundo piso.

―¿Qué cosa?, ¿pillaste algo de la mamá?—dije casi sin emoción alguna.

―No, más antiguo aún, era de tu abuela materna.


Lo miré curiosa. Mientras se me acercaba, limpiaba con la manga de su chaleco gastado la superficie de algo metálico. Me extendió su mano y pude ver un pequeño espejo con la misma inscripción que mi dibujo. Me pareció extraño pero a la vez sentí que ya lo conocía, fue una sensación extraña. Apreté el botón que lo mantenía cerrado, lo abrí como si se tratara de algo delicado y vi los dos espejos que contenía. Miré uno de ellos y ya estaba corroído por el tiempo. Mi mirada se fijó en uno de ellos y por un instante sentí que desaparecía en él.


La voz de mi padre me sacó del trance.


―Era de tu abuela materna. Fue una de las pocas mujeres que estuvo en la segunda guerra mundial, sus padres eran Franceses, no se mucho más de la historia de ella, pero sé que estuvo involucrada allá antes de venirse a radicar en Chile. Esa vieja siempre tuvo mil y una historias que ahora me arrepiento de no haberlas escuchado con atención.


―Algo me contaba la mamá, pero era tan chica que no recuerdo nada—le dije mientras acariciaba el dibujo que tenía sobre la superficie—igual es como misterioso el tema de los símbolos.

―Puede ser que tu madre te lo haya mostrado cuando pequeña y guardaste ese recuerdo hasta ahora—me dijo acariciando mi hombro.

―Quien sabe, anda a descansar viejo, yo tengo que terminar unas fichas para mañana.


Dejé el espejo junto a la mesita contigua en donde dejaba mis lápices y lo miré, noté su mirada aprehensiva.


―No te preocupes, de ahí voy a ir a acostarme―le mentí―, nos vemos en un rato, ¿te despierto?

―Si ves que me paso de las 21:30 despiértame.

―Ok, que duermas lindo.


La vibración de mi celular me distrajo, lo desconecté del cargador y noté que era un mensaje por whataspp de la Carmen. Seguramente ya me pediría favores para mañana. Abrí el chat y leí:


Carmen: qdó la caga´en la facultad, ¿supiste?

Fran: no, ¿q pasó?

Carmen: por lo q me contaron anoche se qdaron trabajando toda la noche en la sala de arte. El lucho salió a fumarse un cigarro y entró todo meao gritando que había visto un murciélago gigante.

Fran: ¿me estas webiando?

Carmen: No weona, en serio, obviamente nadie le creyó, pero la wea es q al rato se escucharon gritos y pillaron al Manolo muerto, estaba como seco, los pacos llegaron altiro y dijeron qe lo habían atacado unos tipos de un culto. El Lucho trató de contarles que había visto como un murciélago grande pero los pacos lo agarraron pal webeo

Fran: jajajajaj que mala, es como si hubiese visto un Piuchén.

Carmen: k es esa wea????

Fran: es como un murciélago mitológico que chupa sangre.

Carmen: wena po Crepúsculo.

Fran: ajajjajaja pesá, Qué mala igual, el Manolo me recordaba a mi viejo, quizás que pasó con el pobre guardia.

Carmen: no se pero ahora dejaron prohibido quedarnos en la facultad y pa que andamos con weas, no iría nicagando

Fran: Menos mal que tenemos práctica

Carmen: La suertecita, ya te dejo, estoy armando too pa mañna

Fran: vale, nos vemos.

Dejé mi celular en la mesa mientras el Pocho se subía en mi regazo, seguramente mi papá lo había pateado sin querer mientras dormía. Le acaricié las orejas y lo miré mientras pensaba en lo que me había contado la Carmen.


Recordé al Manolo con cariño, innumerables fueron las veces, cuando nos dejaba tomar en la U los días que nos quedábamos terminando los trabajos en la noche. Todo lo hacía a cambio de un completo y una porción de papas fritas. Nosotros accedíamos y a fin de año nos encargábamos de armarle una cajita con productos no perecibles de regalo. Sin duda era extraño,traté de ser racional al respecto pero no lo conseguí, era extraño, ¿estaría relacionado a lo que había visto en la micro? El Pocho paró las orejas cuando escuchó a mi padre moverse, miré la hora y ya eran las nueve y media. Miré las fichas terminadas, me estiré en el escritorio y tomando mis cosas seguí al gato que subía al segundo piso, era hora de su comida


―¿dormiste bien? — Le pregunté abriendo la puerta de mi pieza.

―Si hija, vaya a acostarse mejor, ¿le fue bien con su tarea?

―Si, fueron hartas fichas pero ya están listas pa mañana―lo miré preocupada―el Manolo se murió anoche―le conté lo que había pasado a grandes rasgos, el se rascó el cabello aún somnoliento.

―Bueno por las noches siempre pasan cosas raras, una vez pillé a un par quemando gatos vivos dentro de un tarro

― ¿pero tu crees que fue tan así?

―Las cosas están tan malas hija que me espero cualquier cosa―lo vi abrir la puerta del baño―,anda a acostarte mejor.

―Ten cuidado viejo.

―Tranquila, estaré bien.


La sensación de desagrado me seguía dando vueltas en la cabeza, eso sumado lo que la Carmen me había contado hacía todo más misterioso. Quizás me estaba pasando películas como siempre. Dejé la mochila sobre mi escritorio y saqué el espejo de mi bolsillo. Me acerqué a la ventana que daba al patio y miré el árbol. Había dejado de llover. Entre las nubes que ya abandonaban el cielo apareció la luna que iluminó las flores blancas del árbol del patio. Por un instante me pareció que brillaron más de lo usual. Lo quedé mirando un instante y me maravillé por la belleza inusual de aquellas flores.

Fue en aquel momento en el que todo comenzó…

Ábrelo


Me sentí atraída por algo que me rodeaba, me llamaba, el espejo vibraba en mis manos, lo miré y el misterioso símbolo brillaba.


No tenía miedo.


Ábrelo


El broche que lo mantenía cerrado luchaba por abrirse, mi mano tiritaba.


Ábrelo


Su calidez me llamó.


Apreté el pequeño botón y el espejo flotó frente a mí. Frente a él me vi reflejada, no pude moverme, mi imagen se transformó en la cara de una mujer de rojos labios carmesí y un gorro militar.


La conocía.


Una luz me cubrió por completa mientras sentía que una calidez me llenaba el corazón.

No tuve miedo.

Abrí mis ojos, estaba frente a un árbol, se parecía al de mi casa, miré asustada a mi alrededor y ahí estaban.

Fue la primera vez que nos vimos.

Fue el comienzo de nuestra aventura.

20 de Julio de 2019 a las 02:59 4 Reporte Insertar 2
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Pamela R. Núñez Pamela R. Núñez
💜💜💜💜

Yéferson Muñoz Cardona Yéferson Muñoz Cardona
olle. Felicitaciones, me has cautivado. Esperaba algo mas tranquilo y es bastantes emocionante. hay muchos errores de ortografía, pero es solo edición.

  • Arianne Tactis Arianne Tactis
    Muchas gracias por tu comentario :D estoy muy contenta que te hayas tomado el tiempo de leerla :)!!! tomaré en cuenta tus comentarios, gracias! 2 weeks ago
~

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