Un mundo Feliz visto de otra manera Seguir historia

jose-rodriguez-ramos1524344520 Jose Rodriguez Ramos

Un investigador toma un caso que lo lleva a las zonas mas inseguras del planeta en busca de salvar una vida.


Cuento No para niños menores de 13.

#mercenario #378 #381 #punto-de-vista
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El fin justifica los medios

Nunca te has preguntado ¿Qué he hecho para llegar a donde estoy ahora? Bueno, esa es una pregunta que me hago ahora mismo mientras miro por la ventana del autobús, observando caer la lluvia en esta oscura noche de invierno. Acomodo mi sombrero, escucho el autobús detenerse, mi parada ha llegado.

Al salir del autobús, tomo una bocanada de aire, la lluvia es como sí de hielo se tratará, no me extraña que el nuevo mundo sea poco visitado. La zona parece más una gran fabrica, edificios enormes con grandes tubos de acero conectados entre cada casa o estructura cercana, me acomodo el abrigo y prosigo a seguir las instrucciones que me dieron. Camino por el pueblo, algunas personas se me quedan viendo con un semblante de sorpresa en su rostro, paso de ellos y sigo mi objetivo, un edificio pequeño y desolador. Me adentro en este territorio desconocido, la gente es cada vez más escasa y las conexiones entre edificios es cada vez mayor, solo escucho la lluvia y mis pasos, mantengo la calma y sigo buscando… He llegado, después de casi treinta minutos de andar deambulando.

Inspeccioné el edificio, solo con dos pisos, las ventanas clausuradas con madera, la pintura se veía desgastada. Suspiré. Busqué en mi bolsillo por un poco de ayuda, y saqué mi pequeña maquina [IA] voladora. Me enternecía que era solo una esferita con alas, al tenerla en mano, extendió sus alas, volando hasta estar a la altura de mi cara—Escanea el edificio—le ordene y sin cuestionar voló alrededor de este. Tardo solo unos minutos y luego regreso a mí, crea un holograma de aquel lugar, solo tres personas se encuentran dentro, dos en el primer piso y uno en el tercero. Respiro profundamente, cada vez me es más difícil estar calmado, la lluvia no ayuda mucho, sujeto mi pequeña esfera alada con una mano y con cuidado la guardo en mi bolsillo, mismo del cual saco una pistola. Camino hasta estar enfrente de la puerta, vuelvo a respirar, sujeto con firmeza mi arma con silenciador, intento abrir primero la puerta, esta obedece mis deseos, los dueños no la habían puesto llave, por una parte me cuestiono su inteligencia pero por otra entiendo que no esperaban ser rastreados y esperar visitas en un lugar como este. Abro la puerta con lentitud, escuchando el rechinido a esta y diciéndole adiós al sigilo. Escucho gritos dentro de la casa— ¿¡Quién está ahí!?—pregunta alguien nervioso desde la puerta de la izquierda. Me muevo con rapidez, mientras aún están desconcertados, me poso enfrente de la puerta con mi pistola sujetada con ambas manos, veo a ambos, un hombre y una mujer, él tiene un cuchillo en mano y ella un machete de carnicero, no lo dudo, primero él, tres tiros, dos impactaron en el pecho y uno en el corazón, ella se abalanza gritando, descargo lo que queda del cargador en su cuerpo, veo como cae cerca de mis pies, me alejo instintivamente, saco un cargador de mi bolsillo y recargo mi arma, mi corazón late agitadamente, debo asegurarme, en eso veo que ella débilmente posa su mano en mi pie, apenas siento su fuerza en su agarre, me mira y noto las lágrimas derramarse de sus mejillas, le muestro misericordia y le doy un tiro limpio en la cabeza a cada uno, miro la habitación en busca algo que la I.A no haya detectado, trozos de carne puestos en una mesa que yace en el centro de la habitación, me retiro del cuarto, avanzando al segundo piso.

Subo las escaleras pero no veo ni escucho nada, llego al segundo piso, viendo dos habitaciones al final del pasillo, camino hacia estas y en ello escucho el sonido de golpeteos contra el suelo, debe ser mi objetivo, pero no me confió, me acerco con arma en mano, abro la puerta lentamente, mientras lo hago escucho un suspiro proviniendo dentro de la habitación, veo lo que está del otro lado, con el dedo en el gatillo y veo a la niña, respiro profundamente, guardo mi pistola—Miriam Variz—le pregunto tratando de endulzar mi voz lo más que puedo. Ella asiente con la cabeza, nota su miedo y sus manos aferradas al juguete que sujeta con fuerza en su pecho. Me aclaro la garganta y le sonrío—Tu petición fue escuchada, he venido a sacarte de aquí—le digo mientras sonrió y me aclaro la garganta—ah, puedes llevarte tu juguete si quieres. Miriam sonríe mientras esboza lentamente una sonrisa y viene hacia mí, una misión exitosa.

Voy de regreso de donde vine, pero ahora llevando a la niña conmigo, ella juega con lo que veo ahora bien un caballito de madera algo viejo y maltratado, me causa algo de alegría verla tan feliz, pasan las horas de camino, Miriam se queda dormida, ya casi llegando a nuestra parada, la despierto con delicadeza y nos bajamos del autobús.

La pequeña baja primero que yo, se le ve llena de vida, a pesar de que tiene un atuendo parchado y sucio. La gente de alrededor la observa con nervios hasta que me ven bajar, y sus miradas cambian de dirección. De cierta manera prefería más aquel lugar con poca gente, ahora en esta ciudad donde a pesar de ser de noche la luz se encuentra en cada rincón, la ciudad de la luz, como me gusta decirle, siento como alguien tira de mis ropas, miro hacia abajo y es la pequeña, impaciente por llegar a su destino, suspiro y sonrió con gentileza, le ofrezco mi mano, Miriam la acepta y nos dirigimos a su nuevo hogar.

Llegamos tras media hora de caminata, me sorprendió que la pequeña aguantara todo ese tiempo sin quejarse, usualmente los pequeños solían quejarse o ya no podían caminar más debido a las pésimas condiciones de donde los sacaba. Por fin habíamos llegado, una casa de un solo piso, con una mano de pintura de pocos meses, un jardín lleno de vida y una cálida bienvenida al verme llegar con la pequeña. Miriam corre rápidamente a su nuevo hogar, la señora me invita a pasar. Tras pasar la puerta me quito el sombrero, me avergüenzo un poco al imaginarme como debo estar de despeinado, ella me invita a la cocina y me ofrece un café, Miriam y yo nos sentamos en la mesa, la señora me da el café y a ella una gran cantidad de galletas con chispas de chocolate —Usted puede agarrar galletas si quiere, señor Pyre— dice la señora con dulzura. Tomo una galleta, no me haría daño, doy un sorbo al cálido café amargo—¿Dónde está el señor Douglas? —pregunto curioso de ver a mi contratante. La señora Douglas ríe entre dientes—Él se encuentra trabajando a esta hora, pero me dejo el pago por si venia antes—se aleja por un momento y regresa con un paquete—siempre hay que estar prevenidos, señor Pyre—me dice con voz cantarina. Me entrega el paquete, veo el fajo de billetes, platico por un rato para no verme grosero y prosigo a despedirme, agarro mi sombrero, vuelvo a sentir un tirón y miro hacia atrás, veo a la niña quien me abraza —Gracias por todo señor Pyre—me dice—de no ser por usted…—traga saliva—yo seguiría en aquel lugar. Me enternece, veo a la madre contener las lágrimas, me agacho y acaricio su cabeza—Disfruta de tu nueva familia, pequeña—le digo y sin más me voy de aquel lugar. De la ciudad de la luz, donde si tienes buenas intenciones, y algo de dinero, yo puedo encargarme de hacer tus sueños realidad

Pasan unas horas desde mi despedida con los Douglas, llego a mi casa situada a las afueras de la ciudad de la luz, me detengo un momento para disfrutar del silencio hasta que escucho un zumbido familiar proveniente de mi bolsillo, la I.A se activa, vuela hasta estar en mi hombro, la acaricio un poco y entro en la casa.

Tras cerrar la puerta, la pequeña maquina vuela rápidamente a mi computadora, conectándose y activando la casa. Las luces se encienden, la radio se enciende y me pongo a escucharla mientras me quito mis ropas mojadas “el clima para esta semana sigue siendo nublado con altas posibilidades de lluvia, velemos por las colonias del nuevo mundo, ellos se arriesgan día a día para darnos un mejor futuro. En otras noticias, hubo una tragedia en las colonias del nuevo mundo, una familia fue encontrada asesinada en su humilde morada, hasta ahora solo se encontraron los cuerpos de los padres, identificados como Héctor Variz Ramírez y su señora Karina Variz Ramírez, el paradero de su hija Miriam Variz es desconocido”. Termino de cambiarme, me acuesto en mi cama mientras la I.A vuela hacia mí, empujando una mesita con ruedas que lleva arriba un puñado de cartas, suspiro y leo de ojo una de ellas para luego mirar a mi compañera—Tenemos que rescatar a otro inocente pequeño.

19 de Julio de 2019 a las 17:38 0 Reporte Insertar 0
Fin

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