Belial, en busca de un alma Seguir historia

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Belial es uno de los sietes príncipes que gobiernan el infierno y es rey de su propio averno, pero en un momento determinado de su escura existencia, se halla con la necesidad de buscar un alma que lo acompañe en sus tinieblas. Emprende una huida a la tierra, para buscar aquello que necesita y termina en Italia. A su llegada se encuentra con una joven que, rápidamente cautiva su interés. Descubre que ella es maltratada por quien es su novio, y a pesar de que es un demonio donde la oscuridad y las buenas intenciones carecen como agua en un desierto, él no puede evitar sentir lastima por ella e instantáneamente le guarda un lugar en sus tinieblas a aquel ser humano tan despreciable para él. Pero Belial no solo se halla con aquella chica, sino que también en su camino encuentra a otra que también logra cautivarlo, y es ahí donde pondrá a prueba la resistencia de ambas hasta dar con la merecedora de su corona. "Ahora seré aquel amante que puede o no mostrarse, mientras busca entre los humanos aquella alma que pueda sostenerme en su lecho. Ahora seré esa oscura sombra en el sueño de quién me importa, para entonces corromper su espíritu hasta que halle lo que necesito y sacie mi sed."


Fantasía Épico No para niños menores de 13. © Todos los derechos reservados

#+18 #258 #infierno #371 #Belial
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Prólogo

Diciembre, nueve meses atrás

Al llegar al hospital, el demonio se encarga de estacionar la motocicleta tan rápido como le es posible, sin el menor interés de tomarse el tiempo necesario para buscar un lugar adecuado donde hacerlo. Entra corriendo a toda velocidad por la entrada principal del edificio, sin importarle en lo absoluto si se lleva a un par de personas en el camino, él solo anhela verla y percatarse de que se encuentre en las óptimas condiciones.

No le hace falta preguntarle a nadie en el lugar por ella, porque el corazón que antes parecía no existir en las profundidades de su pecho, sabe exactamente hacia donde debe llevarlo; hacia aquella habitación en donde sus ojos la han visto la última vez, pero cuando llega allí y empuja la puerta abruptamente, se detiene en seco; sus ojos solo se enfocan perplejos sobre la chica extraña que yace recostada sobre la camilla, su mirada oscila entre ella, la enfermera que se encuentra de pie a un lado de la cama y entre el doctor, que está revisándola.

Cuando se percatan de la presencia del intruso, las miradas de los tres presentes se dirigen hacia el demonio disfrazado de humano. Tanto la enfermera como el doctor, lo contemplan con los rostros llenos de confusión, tal y como se encuentra el suyo.

—¿Se le ofrece algo, joven? —pregunta el médico, mientras se acerca a pasos lentos hacia al que es un completo extraño para él.

El atontado ser, sin embargo, no puedo apartar la vista de la chica desconocida, que ahora ha tomado lugar en la camilla donde solía estar la persona a quien busca.

—¿La chica que estaba aquí? —cuestiona sin apartar la vista del rostro de la joven que permanece inmóvil sobre la cama de sábanas blancas.

—¿Qué joven? —interroga nuevamente el hombre de barba, haciendo que los ojos del demonio se lo enfoquen en su campo visual.

—La que esperaba un bebé —responde sin un atisbo de simpatía.

—¡Oh! —exclama el médico, mientras percibe la extraña aura del ser que lo mira, como si quisiera sacarle los ojos—. Ella ha sido dada de alta hace un par de horas.

Se da la vuelta sin pensarlo dos veces y sin quisiera tener la cortesía de despedirse o dar gracias por la información proporcionada. Vuelve a correr frenéticamente por los pasillos del edificio, para salir de este cuanto antes. La capacidad que posee para teletransportarse de un lugar a otro sin ser percibido por el ojo humano, ha desaparecido durante su batalla y cuando finalmente llega al lugar en donde ha dejado su motocicleta, no demora en encenderla en un parpadear.

Su objetivo y prioridad en estos momentos, es encontrarla. Acelera a la máxima velocidad sin afectarle el hecho de que puede ocasionar un accidente en el proceso o si el vehículo que maneja pueda estrellarse. Pasa por alto unos cuantos semáforos en rojo, mientras a su paso se oyen las quejas y bocinas de algunos automovilistas molestos.

Su oscura mente trabaja a una velocidad incomprensible, mientras piensa, los recuerdos de que aquella casa a donde se dirige en busca de la chica, ha quedado sumida bajo un montón de cenizas azota su mente y comprende que allí no puede estar ella, aunque así lo deseara.

Extrae del bolsillo de su chaqueta negra el aparato llamado celular y mientras lo sostiene con una mano, con la otra mantiene el equilibrio. Busca en su escasa lista de contactos el número de Bianca, por supuesto que ella sabría darle razón de donde podría encontrarla, sin embargo, no ella no contesta la llamada. Su mano se ciñe sobre el manillar y sus dedos se aprieta entorno a este, guarda el celular en el bolsillo de donde lo ha sacado, para acelerar otra vez, mientras maldice mil veces por no poder hacer lo que antes solía.

Consumido por la desesperación y la inopia, se detiene a un lado del camino, para volver a marcar el número de Bianca, la impaciencia lo está carcomiendo, como gusanos a la carne podrida. Pega el aparato sobre su oreja y este empieza a timbrar del otro lado de la bocina, un tono, dos, tres, cuatro, cinco y cuando cree que no escuchara la voz de la joven, finalmente deja de timbrar y ella responde, instantáneamente cierra los ojos, llenando su cuerpo de alivio.

—¿Dónde está ella? —interroga sin ganas de emitir un saludo.

—¿Belial? —para la joven, escucharlo es desconcertante.

—Bianca ¿Dónde está ella? —vuelve a preguntar, mientras miles de pensamientos se tejen en su cabeza.

—Pensé que... no volverías... —dice ella y ambos se quedan en silencio.

Él se había despedido, tanto de Bianca, como de ella y todo a causa de la batalla que debió confrontar, con quienes alguna vez convivio. Al igual que la joven del teléfono, él también llego a pensar al igual que no volvería a estar aquí, para ver a aquellos ojos ámbar otra vez, sim embargo, el corazón que parece comenzar a cobrar vida dentro de él, le ha entregado mucho más de lo que pudo haber imaginado; dándole a ver y comprender que, si quiere y anhela con la vehemencia suficiente permanecer en la tierra, lo puede obtener siempre y cuando de lo mejor de él, sin esperar algún resultado en concreto y sin llevarse a nadie hacia su oscuridad.

Así sea lo peor o lo mejor que pueda obtener, al menos será algo que tendrá para seguir viviendo.

—Pero volví —dice rompiendo el quejumbroso silencio—. Lo he logrado y he venido en cuanto me ha sido posible, pero ella ya no estaba en el hospital —entierra una mano entre su cabello cobrizo—. ¿Dónde está? Necesito verla.

El tono con el que ha dicho esas últimas palabras, es casi de imploración y nunca imagino que llegaría a tal punto en su existencia, en donde imploraría por una humana.

—Lo he imaginado —dice Bianca, entretanto deja escapar un suspiro—. Mi madre y yo decidimos que era buena idea que ella y la señora Crystal se quedaran con nosotras.

—Dame la dirección, estaré ahí cuanto antes.

En el averno, todas las emociones posibles son capaces de sentirse con una intensidad desmesurada, a tal punto que llega agobiar y agotar a los propios demonios que habitan el lugar, pero cuando Belial decidió abandonar el averno, esas emociones se redujeron y mientras más tiempo pasa entre los humanos, más rápido irán desapareciendo con el tiempo y teme que pronto deje de sentir cualquier cosa

A diferencia de los ángeles que deciden caer a la tierra, un demonio por más que permanezca al igual que ellos aquí, no puede ser capaz de llegar a sentir, lo que con el tiempo ellos sí; al contrario, perdería todo lo que en un principio ha sido capaz de sentir, volviendo a un estado de desconocimiento, en donde su mente solo sería capaz de desconocer lo bueno.

La primera vez que su oscuridad hizo acto de presencia en la tierra, sus emociones y sentimientos se intensificaron de la misma forma que en el averno, sobre todo cuando la vio a ella desde las sombras. Todo se volvió caos tan rápidamente, así como ahora va desapareciendo de a la misma velocidad. Pero él lucha contra ello, pues su profanada alma y mente perturbada claman por estar a su lado, haciéndole desearla de mil y unas formas; la belleza de los hijos de Dios es irresistible ante cualquiera e incluso antes los buenos hijos del cielo y los del averno. Los demonios son seres temibles, vistos como aberraciones e incapaces de sentir cosas buenas, sin embargo, no son la excepción. A pesar de que el creador había tomado la decisión de despojar a los desobedientes de su reino y enviarlos al averno, convertidos criaturas déspotas, en rechazados sin perdón, en vigilantes de las tinieblas, para Belial nada de eso ha sido en vano.

En cuanto Bianca le proporciona la dirección de su casa, el demonio de ojos negros y cabello cobrizo, no duda en subir nuevamente a la motocicleta y salir disparado como cañón a toda velocidad.

Suziel, la segunda humana de la que él demonio se había enamorado al punto de ser capaz de luchar contra el mismo; Rosalie había sido la primera, sin embargo, no tuvo el valor suficiente para decírselo y tampoco el tiempo. Sabe más que nadie que tarde o temprano Suziel sufrirá el mismo destino que Rosalie y que tampoco podrá hacer nada para impedirlo, pero esta vez se arriesgaría, porque su estancia en la tierra le ha permitido ser capaz de comprender que, más vale tener recuerdos junto a ella, que vivir una eternidad sin ellos, lamentándose cada segundo el hecho de no haberlo consumado.

Al llegar a la dirección propiciada por Bianca, apaga y estaciona la motocicleta en cuestión de segundos, camina a pasos agigantados hacia el edificio, empujando la pesada puerta de cristal como si lo fuera una basura en su zapato. El hombre que vigila la entrada detrás de un mesón, le pide que se detenga, sin embargo, el demonio hace caso omiso a su orden, tomando las escaleras, no desea desperdiciar los valiosos segundos que posee, esperando un viejo ascensor.

Sube los gruesos escalones de dos en dos, sin señales de perder el aliento o sentirse abatido por la prisa, pero si comprender del todo la desesperación por llegar tan pronto, sin embargo, esa desesperación le propicia satisfacción de una forma muy peculiar, sin vacilación, se acerca a la puerta con el número que Bianca le ha dado y toca levemente a pesar de su frenético afán. Desde adentro escucha las voces femeninas parlotear tan claras como el agua y segundos más tardes la puerta se abre frente a él; no espera a ser invitado y se toma la atribución de hacerlo por su propia cuenta.

Camina por el pequeño departamento, dando con la habitación en donde se encuentra ella, entonces la ve, con los ojos cerrados, descansando plácidamente sobre la cama, con el cabello corto, recogido en una pequeña coleta baja; siente ganas de lanzarme sobre ella y besarla, pero eso es imposible y lo mata. Su amiga Bianca se encuentra sentada en una silla al lado de la cama, custodiando a ambas como un ángel guardián.

—¡Dios santo! —exclama en susurros en cuanto se percata de la presencia de Belial—. ¿Acaso vuelas? —manifiesta con evidente asombro.

—Tienes que despertarla —dice él, sin quitar los ojos del rostro dormida de ella.

—¿¡Qué!? —Bianca se levanta con sumo cuidado de su asiento, vigilando que su amiga ni la bebé a su lado se hayan despertado.

—Necesito hablar con ella —su cuerpo permanece quieto.

—Pues vas a tener que esperar a que despierte —habla una tercera voz.

Lucy, la madre de Bianca lo toma del brazo y se apresura a sacarlo de la estancia.

—Estas demasiado extasiado, calmate —pide la mujer en voz baja.

—Mi madre tiene razón, Belial —interviene Bianca, haciendo aparición en la escena—. Suziel no ira a ningún lado y si sigues así, solo conseguirás asustar a su madre.

Los hombros cargados de tensión de Belial, se relajan en cuanto sopesa las palabras de las mujeres que lo observan y sabía que en absoluto, ellas tienen razón. Hay cosas que puede soportar y una de ellas es mantener la serenidad.

—¿Mamá cuando encontrare a alguien como Belial? —interroga Bianca con un gesto burlesco en el rostro.

Lucy se limita a sonreír ante las palabras de su hija, pero la voz de Crystal responde a su pregunta, haciendo que Belial dirija su mirada hacia ella.

—Cuando encuentres a alguien por quien puedas ser capaz de darlo todo, sin esperar nada a cambio —agrega la mujer.

Trae en sus brazos a la niña que Suziel hatraído a este mundo, una niña que ha llegado sin previo aviso a su vida. Belialse queda quieto, mientras observa con detenimiento al bebé que yace en brazosde su abuela, visualizando aquella luz que la rodea. Esa niña tiene más verdady pureza, de la que carece su padre o la que cualquier demonio es incapaz devolver a tener, pero no es eso lo que asombra al demonio que yace desconcertadoy atónito, sino el hecho de no comprende cómo es eso posible, dando quién es elpadre de la criatura.

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18 de Julio de 2019 a las 07:16 0 Reporte Insertar 0
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