Los autores sin libro Seguir historia

clarita_pastorino Clarita Pastorino

En la Suiza de 1935, un grupo de muchachos se dedica a escribir historias y compartirlas en un club llamado Los autores sin Libro. Sus románticas, horrorosas y dramáticas historias te encerrarán en un nuevo mundo de fantasía y misterio. El amor tenderá sus lazos entre Philip y Mia, dos jóvenes participantes de este grupo, pero pronto desgracias y tragedias olvidadas caerán sobre ellos, haciéndolos ver la vida de una manera distinta.


Drama Todo público.

#1930 #aventura #literatura #romanticismo #drama #época
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Fiesta de Nochebuena

Suiza. Diciembre de 1935.

Eran las diez de la noche. En el jardín se oían los gritos de alegría, las estrellas adornaban y los niños alborotaban.

-Eh, ¡Déjame ver a mí! –Exclamó impresionado Jan.

-Hazte a un lado, ¡imbécil! –Respondió Sonja, con la cara roja de tanto movimiento y la frente sudada.

- ¡Yo! ¡Yo! ¡No he visto nada y estoy aquí desde hace una hora! –Gritó lloroso Lukas.

Los niños correteaban y empujaban de un lado al otro intentando ver algo de lo que sucedía. Saskia y Karin, fuera de lugar como siempre, estaban sentados en el banco de entrada suspirando y admirando las cabezas de los niños casi locos y los rostros llenos de emoción e ira incluso.

Era el 24 de diciembre y siempre en las reuniones en las que además de Nochebuena se festejaba la dulzura de la familia, solía haber alguna sorpresa especial para sorprender a los chicuelos muertos de vana emoción.

- ¡Eh! ¡Eh! ¡Por aquí, Sonja! –Exclamó un muchacho, el más alto de todos, vestido de chaqueta azul y pantalones negros. - ¡Salta la tapia! –Detrás de la tapia estaba el jardín, adornado de guirnaldas y rosas, donde se esperaba bailar después de la fiesta.

- ¡No puedo! Si ensucio mi vestido, mamá me matará. –Replicó Sonja al borde de las lágrimas.

-Ah, anda. ¿Por qué no saltas la tapia y ya? Los otros chicos lo harán antes.

-Está bien. Sólo espero que mamá no se enoje.

-No lo hará. Ven. –Dijo el muchacho y, tomando de la mano a Sonja, puso su espalda a modo de banco, y subió a la chica en sus hombros. Sonja pasó al otro lado y cayó con una risita.

-Ahora tú, imbécil. –Dijo riendo.

- ¡Va! –Exclamó el muchacho, y, escalando con facilidad, saltó al otro lado con una estrepitosa risa.

Se echó a reír de manera usual, inclinando la cabeza y dejando al descubierto una hermosa y peculiar sonrisa.

-Ya ves que te dije. Aquí no hay nadie y podremos bailar cuanto quieras…sin ser vistos. –Aclaró con mirada pícara.

-Ah no, no bailaré contigo. Preferiría hacerlo con Jan. –Dijo Sonja riendo.

-El problema es… ¿Jan lo haría contigo? –Exclamó el chico con una mirada de entre risa travesura.

- ¡Ay, ya! ¡Te mataré! –Exclamó la chica muerta de risa, persiguiendo al muchacho, que huía a toda prisa, siguiéndole el juego.

- ¡Philip! –Se oyó el grito en todo el jardín. - ¡Vuelve adentro y deja en paz a Sonja!

Cesaron las risas de parte de Sonja, quien lanzó una mirada entre asustada y extrañada al muchacho.

El chico la miró divertido y huyó, saltando la tapia de nuevo.

- ¡Philip Huwyler! –Se escuchó gritar a Cécile desde lo lejos. - ¡Vuelve aquí ya mismo!

Pero el chico ya había tomado demasiada distancia y se divertía con el resto de la gente.

Sonja, sola en el jardín, con el rostro enojado por la actitud de su hermana mayor, se acercó a ella y tomó su mano, dispuesta a irse.

-Sonja, escúchame, es por tu bien. ¡No te juntes con ese chico! Eres linda, lo tienes todo. No dejes que ese grupo de amigos tuyos te destruya, ¿sí? –Exclamó Cécile con rostro dulce, arreglando la puntilla del vestido de su hermana.

-Sí, sí. Lo intentaré. –Dijo menos dispuesta a hacerlo que gato a bañarse. - ¿Puedo ir a jugar?

-Sí. Ve, pero como una buena chica. –Y diciendo esto echó el larguísimo cabello castaño de Sonja hacia atrás, y le dio una palmadita en el hombro.

Sonja era la más bonita del grupo. De piel pálida, cabellos castaños, ojos enormes color azul mar, y era dulce y muy traviesa. Era la preferida de Philip. Tenía recién sus 12 años.

Luego estaban en el grupo Saskia y Karin Widmer, dos retardados de primera, siempre fuera de lugar. No seguían al grupo en todo, no cumplían las reglas, no insultaban a sus amigos, (Una de las cosas más corrientes entre los chicos) y siempre antes de cada travesura iban a donde sus padres a preguntar si eso era correcto.

Obviamente, quedaban excluidos de un noventa por ciento de las cosas por esa razón.

Eran mellizos. Ambos palidísimos, de labios gruesos apenas rosados, abundantes melenas rubias casi blancas cayendo de manera desagraciada, y siempre callados y serios.

Eso en un niño de once años…No es lo mejor. Y el grupo lo sabía.

Pero el peor de todos era Lukas. Y les aseguro que no se asemejaba en nada a los aburridos mellizos Widmer. Al contrario.

De carácter fuerte, irritable y violento, era un chico de doce años malcriado y pesado.

Poco le importaba tirar de los pelos a las damas, ensuciarle los vestidos, comportarse de manera maleducada, decirles “imbécil” o cosas por el estilo. Era Lukas Keller, y eso era más que suficiente para tratar así a todos.

Y eso, hablando de las damas. Una vez intentó ahogar a Karin en el lago, (Tarea fácil por otro lado) pero las súplicas del muchacho y los pasos de Philip llegando lograron que tuviese un mínimo de compasión y sólo le arremetiese a piñas.

Una enmarañada cabellera de color castaño cubría su frente y la mitad de sus ojos, cayendo de manera torpe. Cabe decir que sus ojos eran descomunalmente gigantes, de un color azul profundísimo. Era alto y robusto.

El siguiente era Jan. El casi más destacado del grupo. Tenía quince años, y eso lo convertía en alguien bastante importante. Sus cabellos eran de un rubio oscuro, su piel blanca, y sus ojos verdes, bien vivarachos. Digamos que a las chicas les agradaba bastante estar a su lado. Era uno de los más inteligentes también.

Luego, casi para finalizar, venía Khatarina, más conocida como Katja, una de las últimas en formar parte del grupo. Lo que tenía a favor Katja era principalmente que tenía catorce años. Eso la convertía, siendo mujer, en casi una capitana del grupo.

Ella era hermosa. Una suave cabellera color miel caía cubriendo casi la mitad de su rostro, y sus ojos brillaban como el agua en una tarde de verano.

En cuanto a Philip, ahí se veía diferencia entre los otros chicos. Era de tez pálida, alto, (el más alto), ojos castaños brillantes y cabello negro un poco revoltoso. Sus labios vivarachos siempre dibujaban una sonrisa traviesa y su nariz rectísima, según aseguraba él, era solamente digna de Apolo.

Era el más alegre y despierto del grupo. También el mayor de todos. Tenía los diecisiete bien puestos en su lugar, y llevaba esa alegre sensación de dirigir al grupo de chicuelos sin el menor inconveniente.

Y ahí finalizaba todo. Siete chicos en total. Un grupo primoroso.

El reloj ya había dado a las doce. Philip se movía entre la multitud tratando de encontrar a alguien con quien hablar.

Mientras tanto Sonja, después de comer cinco porciones de un delicioso budín alemán cubierto de glasé chorreante y pasas, beber tres vasos de gaseosa, probar la trenza navideña, ensuciar su vestido con pastel y danzar un baile primoroso a su tía, creyó necesario ir a buscar a Philip para que la regresase a casa.

Philip estaba sentado de manera poco educada sobre un taburete de los que había allí, y escuchaba a un hombre de ojos afilados tocar el violín.

- ¡Eh! ¡Eh! ¡Phil! –Exclamó Katja, que recién aparecía en la fiesta.

Philip corrió a saludarla y le ofreció su asiento, mientras se sentaba en la tierra polvorosa.

La fiesta era al aire libre, en las callejuelas del pueblo adornadas con guirlandas. Luego, saltando una tapia, estaba el jardín donde se bailaría después de la fiesta. La gente estaba desparramada por todos lados y los violines sonaban en cualquier lugar. Los chicos gritaban y los adultos conversaban.

En ese momento, Philip y Katja hacían el papel de los adultos, charlando tranquilamente, Katja sentada y Phil en el suelo.

Corrió un viento frío y Katja pasó las manos sobre sus hombros desnudos. Llevaba un vestido blanco sin mangas, adornado abajo y su cabello recogido en una primorosa trenza.

Philip no pudo hacer menos que ofrecerle su chaqueta azul bien limpia, mientras le guiñaba un ojo.

-Sí, es que está muy frío. –Exclamó mientras bajaba las mangas de su camisa.

Katja se limitó a mirarlo fijamente con sus ojos agua.

- ¿Sabes dónde diablos se ha metido Sonja? Siempre se separa del grupo. ¡Diablo de chica! Supe que su hermana la corrigió por juntarse con nosotros. Creo que fue más bien por los chicos, ya sabes. No le gusta tanto tacto con hombres. –Dijo Katja, como si fuese su obligación decir algo.

Esta vez fue Philip el que la miró fijo. Sus ojos castaños no parpadearon mientras admiraba la bella figura delante de él.

Luego sacudió la cabeza y exclamó:

- Ah, ¡qué sé yo! ¡Yo quiero saber dónde se ha metido Jan! Ese chico es tremendo… ¿Lo has visto?

No terminó de decir estas palabras cuando Jan, con el rostro agitado, el cuello de la camisa roto a un lado, terminando de engullir una porción de torta, exclamó:

- ¡Aquí estoy! –Luego tosió. Quizás había comido demasiado rápido la torta. - ¿En qué andas Katja? –Preguntó mientras quitaba una rosa blanca de la mesa y la colocaba detrás de la oreja de ella, intentando dar impresión de galán, cosa imposible por otro lado.

-En nada. Hablaba con Phil. –Respondió Katja, recogiendo un agraciado mechón rubio.

Philip, al ver que la música cambiaba a un ritmo rápido, tomó de la mano a Katja y la sacó a bailar.

Katja estaba que se moría de risa.

- ¡Eh, Phil, no te muevas tan rápido que me caigo! –Exclamó intentando seguir el ritmo rápido del chico.

El baile terminó cuando, al moverse a una esquina, se cruzaron con Sonja, sobre quien cayeron sin poder evitarlo, tropezando.

- ¡Sonja! ¡Sonja! Dios mío, ¿Te he lastimado? –Exclamó Philip con voz de entre risa y miedo.

Sonja se había caído y su vestido, inevitablemente, se había manchado con tanto polvo. Se había hecho un rasguño en la mejilla.

Lo único que dijo fue:

- ¡Imbécil! ¡Ya me las pagarás! Me has lastimado todo el cuerpo. –Y con cara entre enojada y divertida hizo una mueca altiva.

Philip, ante esta reacción inesperada, se echó a reír y le estampó un beso en la mejilla, subiéndola a sus hombros como recompensa.

Cabe decir que una chica menuda de doce no puede pesar mucho a un alto de diecisiete.

- ¡Yo que pensaba buscarte para que me lleves a casa! –Dijo Sonja subida en los hombros de Philip, con fingida expresión triste.

-Pero dime, querida Sonja –Exclamó Philip riendo. - ¿Te he hecho daño?

-No, para nada. Sólo un rasguño. Pero ahora me he enojado y me tendrás que cargar todo el camino. –Respondió sonriendo.

-Está bien. Allá vamos. –Exclamó Philip con voz de soldado obediente a su general.

- ¿A dónde?

- ¡Al lago!

- ¿Al lago?

- ¡Sí! ¡Vamos a ahogarnos!

- ¡No! Phil, ¡No! –Exclamó Sonja muerta de risa. - ¡Regrésame a casa!

- ¡Eso después! Ahora… ¡A morir! –Dijo el chico divertido.

No muy lejos de las callejuelas, donde todo era paz y silencio, había un pequeño prado con un lago al que solían ir los chicos a bañarse.

Phil llegó rápido, como buen corredor que era, y estaba a punto de echarse de cabeza al agua, (Cosa que nunca iba a hacer realmente) cuando se cruzaron con Saskia y Karin.

El jinete frenó en el momento justo.

- ¿Qué sucede chicos? –Preguntó.

-Nada. Creo que Saskia se siente mal. –Respondió Karin.

Philip bajó a Sonja de sus hombros y se inclinó junto a Saskia. No entendía el por qué se habían separado del resto.

- ¿Qué te sucede Saskia? –Preguntó con lástima.

-Estaré mejor. Sólo quiero regresar a casa, estoy mareada. –Exclamó esta.

Sonja contemplaba la escena, toda despeinada y acalorada, con una sonrisa que le había quedado guardada de cuando estaban con Philip a punto de morir.

-Te llevaré a casa. –Dijo Philip a Saskia. –Debo ir, Sonja. Espérame o que te acompañe Jan, ¿Vale? –Preguntó.

-Sí, Sí. Saludos. –Y se limitó a sonreír a Philip.

Philip sonrió también, y le hizo un guiño bastante significativo. Al otro día sí que había acción. ¡Fiesta de navidad! ¡Qué emoción para Sonja y los chicos!

Sonja caminó un poco decepcionada, a decir verdad. Además de todo, sabía que Philip no se retiraría y seguiría en la fiesta, y el hecho de tener que ser acompañada por Jan no le era muy agradable. A Philip lo consideraba un genio por tener sus diecisiete, pero Jan era otra cosa… ¡Todavía muy chico para mandarla y cuidarla! ¡Sólo tres años le llevaba!

Caminó por las callejuelas del pueblo adornadas y vestidas de fiesta. Buscó a Jan entre la multitud. Finalmente lo encontró, hablando con Katja en una mesa.

- ¡Eh, Jan! –Gritó a lo lejos.

Jan contempló la figura menuda de la chica, alzando su mano para ser vista.

- ¡Sonja! ¡Acércate! –Respondió entre el griterío.

Sonja, cansada y fastidiada, corrió hacia Jan.

-Jan, ¿Te importaría llevarme a casa?

-Eso depende. ¿Vas a hablarme todo el camino?

-No. Puedo ir sola si lo deseas.

- ¡Ya, Sonja! ¡No seas tonta, si sabes que te quiero! Espérame Katja. –Añadió y, tomando de la mano a Sonja, se marchó.

En el camino, Sonja calló todo el tiempo, y Jan, que lo notó inmediatamente, exclamó:

-Es una linda noche, ¿verdad?

-Cierto. ¿Quién es ahora el que habla?

- ¡Ay, Sonja! ¡Mira todo lo que te odio! –Exclamó el chico riendo. –Si eres bonita, no deberías estar con el ceño fruncido. Era una broma. Como las de Philip, ¿eh?

Sonja no pudo reprimir una sonrisa al oír el nombre de Philip.

- ¡No es lo mismo! –Exclamó riendo. –Además, si quieres ser como él, deberías llevarme.

- ¡Eh! ¡No vale! ¡Phil es mayor que yo! ¡Moriré aplastado!

Sonja se echó a reír de la locura del chico, y pasó uno de los momentos más divertidos del día con quien menos lo pensaba.

-Tienes el cuello de la camisa roto. –Dijo Sonja, y pasó sus dedos fríos por la ruptura.

- ¡Ay, no! ¡Estás fría! ¡No hagas eso! –Exclamó Jan riendo.

Finalmente pudieron divisar la casita humilde de Sonja.

-Bueno. Llegamos. Hasta mañana Sonja. –Exclamó Jan con una sonrisa de lado a lado.

-Hasta mañana Jani. ¿Te molesta que te diga Jani?

-Sí.

- ¡Ay, Jan!

Los dos se echaron a reír. Luego Jan la despidió.

Un beso en la mejilla. Un abrazo afectuoso. Y Sonja se durmió tranquila esa noche.

17 de Julio de 2019 a las 02:26 0 Reporte Insertar 5
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