Visitante nocturno Seguir historia

hollowwanderer Damian Ravenhart

Una noche, Eugenio Díaz Vélez al abrir la puerta de su habitación puede ver como un hombre escondido en la oscuridad lo amenaza con un arma "Entre, Eugenio, tenemos que hablar".


Horror Horror gótico No para niños menores de 13.

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Visitante nocturno

Ese 20 de mayo de 1930 hubo una noche silenciosa, las estrellas brillaban con intensidad en presencia de una luna llena que parecía emocionada, excitada, su luz entraba por la ventana de la habitación de Eugenio Díaz Vélez y se reflejaba levemente en el arma de un hombre que se escondía sentado en una esquina bajo un manto de tinieblas. Eugenio, aterrorizado, lo veía desde la puerta.


- “Cierre la puerta, Eugenio, y no grite, tenemos que hablar”.


El viejo hombre asintió con la cabeza y entro en la habitación cerrando la puerta detrás suyo, se quedó quieto delante de la puerta y dijo - “No le tengo miedo”.


- “Yo sé que no”. Le dijo el extraño. “Ahora siéntese”. Continuo.


Se movió lentamente y con cuidado hacia el sillón que se encontraba delante de la ventana. La luz de la luna iluminaba su pálido rostro arrugado de un hombre de más de 50 años mientras miraba fijamente al extraño en la oscuridad, a quien el viejo le dijo titubeando - “¿Qué… quiere usted de mí?”.


- “Eugenio” Respondió el extraño, callo por un segundo, y continuo mientras lo miraba a los ojos “Hace bastante que lo sigo con interés, investigue sus viajes por Europa, sus movimientos de dinero, incluso sé que esta por inaugurar su castillo cerca de Tandil”.


El señor ya se encontraba notablemente irritado por la situación y sobre todo por el ya bastante aparente conocimiento del extraño sobre él, lo cual le hacía sentir una molestia en su garganta.


- “¡Vaya al grano!” Dijo fuertemente Eugenio.


- “Paciencia, Eugenio” Contesto. “Yo sé que usted a estas horas tiene urgencias que satisfacer, pero puede esperar un poco”.


Eugenio, cuyo rostro era iluminado por la luz de la luna, cambio completamente, aquella cara de temor y confusión que tenía hace unos momentos, desapareció para dar lugar a unas facciones serias e inexpresivas, con una leve ira en su mirada.


- “¿Qué quiere decir?” Le pregunto al extraño.


El extraño hizo una mueca, una leve sonrisa camuflada en la oscuridad y dijo: - “Conozco de sus viajes por Europa, como ya le dije, conozco sobre su… incidente hace al menos un año atrás, donde, estando cabalgando entre los viñedos franceses, viniendo de una cacería que termino muy tarde, usted fue mordido por un murciélago inusual, el triple de un chupasangre común, pálido, probablemente albino. Dicen que estuvo una semana en cama, delirando, con brotes psicóticos incluso. Eugenio, usted está enfermo”.


- “¿Enfermo, dice? Nunca en mi vida, jamás, si quiera en mi juventud, me he sentido tan bien” Le dijo el viejo con un ligero tono de arrogancia.


- “Es una enfermedad, Eugenio, vírica y cruel, le hace sentir bien y le hace hacer actos horribles para mantenerse con vida, lo he seguido, sé lo que hace en sus salidas nocturnas, lo he visto desde la penumbra. También sé que esta enfermedad no tiene cura”.


Eugenio se relajó en el sillón, hizo una mueca y vio al extraño a los ojos, entonces le dijo en un tono arrogante: - “Y ya que sabe tanto, entonces sabe que eso no servirá ¿no?”.


- “Por favor, Eugenio, soy un profesional”.


Tras escuchar esas palabras, cubierto por la pálida luz de la luna, el viejo abrió la boca al punto de que sería imposible para un humano, su par de dientes medios superiores cayeron y en su lugar salieron unos colmillos grandes y ganchudos, sus orejas se hicieron puntiagudas y sus ojos se inyectaron de sangre, sus dedos, ahora garras, apuntaron al extraño mientras la criatura se mofaba con una inhumana risa, el extraño lo miraba serio, pero calmado. La criatura se abalanzo sobre él y este saco una daga de plata, la cual escondía en su abrigo sostenida por su mano izquierda, lo apuñalo en el estómago, lo que fue acompañado de un alarido de dolor. El extraño entonces tomo de donde se encontraba sentado un mazo y una estaca de madera, los cuales siempre escondió debajo de él, el ser vil se volvió a abalanzar, solo para recibir un mazazo en el rostro seguido de un apuñalamiento en el pecho con la estaca, el ser grito de dolor, y así con cada golpe del mazo en la pieza de madera saltaba sangre a borbotones y Eugenio se retorcía salvajemente, así fue, hasta que, en el cuarto mazazo, se retorció una vez más y grito de forma horrible y ensordecedora, solo para luego quedarse quieto.


El extraño tomo aliento unos segundos, cubierto de sangre vio el cuerpo inmóvil del viejo, ahora transformado en una criatura de la noche, solo una víctima más de una enfermedad que se arrastra por el mundo, deformando aquello que toca. El extraño se dio vuelta y saco de detrás del sillón donde se encontraba, un pesado bolso de cuero, saco un hacha de mano, con ella tomo el cadáver por la cabellera y de dos golpes con el pesado filo en el cuello corto su cabeza. Del bolso saco un montón de ajo, con el cual le lleno la boca hasta que no hubo más espacio, la metió dentro de una bolsa de cuero y la guardo en el bolso. El hombre junto sus cosas y huyo por la ventana, para así fundirse en la noche.


A la mañana siguiente, el cuerpo fue encontrado por su hija, y el castillo de Egaña jamás fue inaugurado, en él, solo habitan fantasmas sumergidos en tragedias.

16 de Julio de 2019 a las 15:31 0 Reporte Insertar 0
Fin

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Damian Ravenhart Una persona aleatoria a la cual le gusta escribir de vez en cuando.

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