Dime Jeff Seguir historia

chioban J. Olivo

Jeff The Killer el asesino de Wisconsin murió, el hijo del alcohol y la lejía ya no atormentaría a los inocentes. Nadie conoce los detalles exactos: rumores dicen que fue incapaz de soportar el remordimiento y lo encontraron colgado en un granero; otros que un enemigo del pasado se vengó de él, una mujer aseguran; la versión oficial dadas por las autoridades es que el Teniente de la Policía Edmund Hopkins puso punto y final con un balazo bien dado. Nadie extrañaría ni lamentaría la muerte del desequilibrado Jeffrey Allen Woods, y toda la sangre de su historia fue lavada por el tiempo. Año 2008. Josh y Daniel, amigos, amantes y cómplices, están atormentados por el aburrimiento. Víctimas de un profundo vacío donde debería estar el alma que los incomoda, e intentan llenar con el supremo de los placeres. El problema es descubrir cuál es. O si existen algo más allá de la carne que los haga sentir completos. La búsqueda ligara sus vidas al legado del asesino serial.


Horror Horror adolescente Sólo para mayores de 18.

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Prologo: Ve a dormir.

El portón del almacén quedó entre abierto y expulsó una fetidez hedionda a muerte. Las ventanas tan oscuras que no se pudo espiar dentro, pudieron pasar por cuencas vacías en el cráneo de un fiambre. Los ladrillos rojos bajo la luna menguante palidecieron dándole un aspecto tal similar a la piel humana que incomoda. Todo en esa noche fue una señal para horribles augurios y el destino no estuvo desencaminado.

La cinta policial limitó el perímetro y mantuvo a raya a los curiosos, poderes demasiado grandiosos para un simple listón amarillo. Si eso no funciona, los policías de cara brava con el rostro pintado en un segundo de azul y en otro de rojo por las sirenas de las patrullas, espantaron a los husmeadores. Edmund no supo quienes llegaron primero, las mujeres cotillas eran tan rápidas como los rumores que esparcen, pero tampoco se pudo menospreciar a los periodistas, son unos sabuesos para las historias morbosas. En cualquier caso la policía se les adelantó, según respecta Edmund ganaron el primer round.

La curvatura de sus labios se elevó y reveló los dientes, no mucho pero si lo suficiente para mostrar confianza sin importa que esta esté por los suelos. Para las 50.000 habitantes de La Crosee él fue un hombre al que tener fe, solo superado por el tipo en la cruz y el anciano en las nubes. El Kill The Killer, ese apodo le produjo urticaria cada vez que lo escucha. El Capitán de la policía tuvo su propia cruz y la consideró más pesada que cualquier trozo de madera. Ser el tipo que libró a Wisconsin de su último asesino serial le ganó un ascenso y buena reputación, fue la manera en que el estado le agradeció por hacer segura las calles de nuevo, y permitir a los niños volver a dormir tranquilo sin orinarse encima con la idea de que Jeff les rebanaría el pescuezo durante la noche.

Salió de la patrulla y atravesó la cinta con rapidez, como deseando zamparle el diente a la escena del crimen, pero en realidad lo que más anheló fue escapar de las miradas de la multitud y las preguntas de la prensa. La peste del almacén lo golpeó antes entrar y se detuvo, ya presumió lo que venía. Su sonrisa se estremeció pero sin desaparecer. Él fue el Capitán, el mata-asesinos que nunca duda ni nunca duerme más por su extremo insomnio que por un ansia de justicia. No, mata-asesinos es demasiado violento, acaba-criminales suena como algo más aceptable que podrían decir los adolescentes en la misa o la escuela.

Ojeó de reojo a la multitud y se preguntó por qué los vecinos lucían tan pasmados por el alboroto. ¿De verdad se creyeron que las calles son seguras? ¿Qué con él pululando nada malo podría pasar y ninguna bolsa negra con sorpresa aparecería flotando sobre el Misisipi? Sí creyeron eso y Edmund maldijo en sus pensamientos.

El interior del almacén exudó el aroma intenso de la carne y el metal, como de sangre estancada mucho tiempo en un frasco. Los oficiales lo saludaron con habitual respeto y luego después, y solo después, entraron en detalles: El viejo Turner vino a revisar la propiedad para hacer arreglos y ponerla en alquiler, pero encontró más que filtración en las paredes y moscas verdes revoloteando.

— Sí, sí, un asunto enervante sin duda— Asintió sin prestar demasiada atención. Otros harían más preguntas sobre Turner, pero Edmund consideró que gastar tiempo en ese viejo tacaño sería intentar asesinar un caballo a pellizcos: tardado, difícil y estúpidamente inútil. Turner jamás mataría a nadie en su propiedad, eso reduciría el precio del terreno—. ¿Hay café?

Le trajeron uno tinto y sin azúcar. Ningún oficial alzó una ceja por el aparente desinterés del superior, el Capitán siempre actuó y se movió a su manera. Es el héroe sonriente que los salvó del psicópata sonriente.

Edmund recordó el rostro de Jeff, jamás entendió que le hacía tanta gracia al sujeto, incluso medio muerto se andaba riendo y después de estirar la pata siguió con esa espantosa sonrisa. Le echó la culpa a la cara desfigurada. Edmund rezó a Jesús, a Buda, o a cualquier entidad lo bastante desocupada para cumplir la petición, que los próximos asesinos sean más agradables de ver. ¿Por que vendrían más, no? Ya contaron con Ed Gein y el primer Jeffrey, el Dahmer, no el Woods. Quizás los locos ambientalistas tengan razón y la contaminación del Misisipi causada por las plantaciones de maíz genéticamente modificado, este convirtiendo a la gente en monstruos desalmados. Más trabajo y papeleo. Edmund deseó el día que lo balearan tres días antes de su jubilación, pero faltó unos 20 años para eso.

Natalie Parker era una muchachita encantadora, algo promiscua pero menos que la mayoría, estudiante de secundaria y flautista del coro, con el pelo corto enmarcando su rostro bronceado y labios como cerezas, pero lo más llamativo de ella fueron sus ojos de hermoso color violeta. Ahora Edmund solo pudo reparar en la carencia de estos. Se los robaron, dos agujeros sangrantes les devolvió la mirada a los policías. Sobre ella un solitario bombillo se meció por el viento que entró por una ventana rota y regó su luz azulada sobre el cadáver. Por los cortes y el charco de sangre que empapó su ropa y las patas de la silla donde fue atada y amordaza, el que lo hizo tardó bastante en aburrirse.

Un policía murmuró el nombre de Eyeless Jack y Edmund se palmeó la cara exasperado. Otro oficial dijo que ese estaba preso y el Capitán soltó un respiro de alivio. Se hubiera sentido más tranquilo si quien lo arrestó le hubiese vaciado el cargador en el rostro al amantes de riñones, el mundo sería un lugar más bonito si se hiciera eso. Pero no pudo cambiar la historia y comprendió de primera mano que matar trae demasiado papeleo. Dio un sorbo al café y se sintió renovado.

— Capitán, mire esto.

Observó al oficial que lo llamó, luego a la dirección donde todos apuntaron con las linternas. El papel que revistió los ladrillos se desprendió como jirones de carne debido al poco cuidado del almacén, y en lo que quedo fue escrito en letras grandes, rojas, y llorosas:

GO TO SLEEP.

Los policías contuvieron el aliento. El Capitán se acercó a la pared y se le quedó admirando como si evaluara una obra de arte abstracto e inentendible. Bebió más café.

— Damas y caballeros— Sonó como un tipo del telediario queriendo venderte una aspiradora como el próximo milagro del siglo 21. Se giró y su sonrisa se hizo más grande e incómoda de mantener—. Tenemos un imitador.

Por dentro Edmund gritó como loco.

10 de Julio de 2019 a las 15:32 0 Reporte Insertar 1
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