Deméter Seguir historia

nels-smith Neus Luna

Deméter es una droga nueva y está de moda. Curiosamente, los efectos que produce varían según la persona y van desde el típico viaje por la nubes, hasta el desarrollo de poderes psíquicos. Esta es la historia de una modelo en horas bajas atrapada por la adicción.


Horror Sólo para mayores de 18.

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Tos

El polvo blanco es el único alimento que he tomado en tres días. Mi compañero de piso dice que estoy viva de milagro. ¿Qué sabrá él?

¿Acaso le he preguntado su opinión?

Ayer por la tarde lo encontré espiándome mientras dormía. Allí parado, a los pies de mi cama, parecía un puto fantasma.

Deméter es lo único que tengo, lo único tangible de mi vida. Es divertido pensar así, de una cosa que puede llevarse el viento tan fácilmente. Pero solo sonrío cuando la siento dentro. Todo es fascinante cuando ella sube. El mundo es como un escenario lleno de colores nuevos, de luces brillantes y gente guapa. Cuando me miro al espejo, por la mañana, sólo veo mi rostro, envejecido, coronado de ramas secas y lleno de manchas oscuras. Pero cuando cae la noche y me maquillo con kohl y polvo blanco, todo cambia.

La televisión habla de una droga nueva, menos peligrosa que la cocaína, pero que siega tantas vidas como ella. Pero yo me rio de esos expertos, que hablan idioteces sobre Deméter, porque ninguno, ninguno puede entender lo que ella nos hace sentir.

No tengo hambre, ni deseo, sólo un dulce vacío en el centro de mi estómago. ¡Soy como un ángel! Me tiraría por la ventana de nuevo y echaría a volar, si no viviera en un primer piso. Supongo que aquello fue bastante patético. Abrir la cristalera, poner los brazos en cruz y dejarme caer recta, estirada en todo mi esplendor, sobre el asfalto. Gracias a Dios, sólo fueron un par de rasguños, en el cuerpo y en el alma.

Marcus murió la semana pasada, pero no de sobredosis. Qué irónica es la vida. Yo tomo mucha más Deméter que él y aquí estoy, sigo viva. Tuve que reconocer su cadáver. Tenía la mitad de la cara deformada y supe que era él por su pelo característico: rizado y grasiento, de color pardo, igual que el mío. Es lo que tiene ser hermanos. Alguien le había apuñalado muchas veces en el pecho, pero había muerto definitivamente por estrangulación. Le encontraron cerca de una discoteca, con los pantalones bajados y tirado sobre un charco de su propia orina. Pensar que fue a mear y lo mataron con los calzones en los tobillos, me hace mucha gracia.

Por lo visto, eso ofende a mi compañero de piso. ¡Y yo creyendo que tenía sentido del humor!

Lo que nos mata, no es la droga, es la vida. Eso fue lo que pensé el otro día, cuando me maquillaba antes de ir al trabajo. Me da igual que la frase sea estúpida. Yo también lo soy. Lo enseño todos los días en mi cara, cuando poso en las sesiones de fotos. Me piden que ponga cara de inocente y yo lo hago. Me animan a poner cara de sorpresa y yo me sorprendo. Me exigen mostrar una cara excitación forzada y yo la fuerzo. ¿Qué más da? Todos los días muero un poquito y después Deméter me devuelve a la vida, recibiéndome entre sus brazos como si yo fuera la mismísima Perséfone.

Estoy pensando estupideces. Palabrería caótica. Me hace falta una buena dosis. Un poco más. Pero este idiota no me deja levantarme. Está sentado sobre mí, agarrando mis muñecas. Mirándome, desde su cara deforme. Le digo de todo, lo llamo Quasimodo y me rio de su apariencia de estúpido, aunque no puedo verlo bien. Nunca he podido. Siempre está escondido en las esquinas oscuras, mirando. Y ahora, justo ahora, ha tenido las agallas suficientes para impedir que me levante. Supongo que no quiere que tome Deméter.

¡Cómo si pudiera evitarlo!

Me lo quito de encima sin luchar demasiado. Siento la presión de sus manos sobre mis muñecas, cada vez más fuerte, pero pesa como una pluma. Lo dejó ahí tirado y voy tambaleándome hasta el baño.

¡Aquí estás, tumbada sobre el lavabo!

Estoy desesperada, así que meto la mano directamente en la bolsa. Me he gastado un buen dinero en un kilo de esta mierda, pero ha valido la pena. El mundo comienza a cambiar en cuanto su olor impregna mis sentidos. Pero he tomado mucha, demasiado rápido.

Toso.

Con el movimiento de mi cuerpo, cae un poco del polvo sobre el lavabo. Blanco sobre blanco.

Vuelvo a toser.

Rosa sobre blanco. Luego rojo. Rojo sobre un río de colores brillantes.

No puedo para de toser.

Mi estómago se llena de vacío. Me miro al espejo. Allí estoy. Con mi nariz y mi boca cubiertas de nieve. Y detrás de mí, está él, lleno de nada, como siempre.

¿Desde cuándo somos compañeros de piso? No consigo recordarlo. Mierda, apenas sé nada de él. De hecho, si me preguntaran qué aspecto tiene, no podría describirlo con exactitud.

Mi compañero se acerca a mí y por fin, después de tanto preguntarme por su verdadera apariencia, puedo ver su rostro a través del reflejo del espejo. Es el hombre más guapo que he visto en mi vida. Pero estoy completamente ida, en este estado todos me parecen querubines, así que intento no fiarme de mi primera impresión.

Un cacho de mi nariz se desprende y cae sobre el polvo blanco con un sonido húmedo.

¿Esto... esto está pasando de verdad?

Mi compañero se acerca a mí en silencio. Intento girar la cabeza para verlo, pero él me sujeta la cara por la barbilla y me obliga a mirar el espejo. Con su mano izquierda, tira de la piel de mi mejilla y comienza a desprenderla de mi cuerpo. Yo sólo siento el vacío de Deméter. No hay angustia, ni miedo, sólo tiempo que pasa, polvo blanco y rojo, que cae sobre el lavabo.

9 de Julio de 2019 a las 23:41 0 Reporte Insertar 1
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