Cuento corto
0
622 VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

El Espíritu del Taekwondoin

Cuando una persona decide practicar TaeKwonDo, sin darse cuenta al inicio, estará sembrando una semillita dentro de él. Una semilla de donde nacerá un nuevo espíritu. Y que yo siempre he pensado, es como comenzar a crear una nueva y mejorada versión de ti.

El espíritu del TaeKwondoin no tiene edad. Cuando se es cinta blanca sin importa si tienes tres, veinte o setenta años, serás como un niño que aprende de nuevo a caminar, a tener equilibrio de nuevas formas ya no solo de tu cuerpo sino de tu espíritu. Tendrás que desarrollar más tu coordinación motora, ya que no se tratará simplemente de correr o caminar.

Así como el niño que primero gatea, cuando vas avanzando por las demás cintas comenzarás a dar tus primeros pasos, después a caminar y hasta que finalmente un día puedes llegar a correr.

Aprendemos a realizar muchos movimientos y formas, que son como danzas entre el espíritu y el cuerpo, danzas que uno va comprendiendo y apropiándose más y más conforme va avanzando. Danzas tan bellas que dejan asomar el alma del TawKwondoin en esos instantes en que te mueves tan coordinadamente con tu mente y espíritu.

Me atrevería a decir que ahí radica la belleza del TaeKwonDo.

Es realmente emotivo ver una clase donde se pueden apreciar a Taekwondines en todas sus etapas, porque te hace darte cuenta de cómo te hace crecer realmente como persona el practicar un arte marcial de este tipo. Es como voltear a ver un jardín lleno de todos colores.

El practicante lo mismo puede ser un niño de kinder, un ingeniero, una chica de prepa, un repartidor, un ama de casa, un arquitecto...

En el Dojang todos somos TaeKwondoines. Y es tan curioso ver como chicos de cinco años pueden ser tus compañeros avanzados y uno a veces con más edad puede aprender tanto de ellos. En general de manera permanente, siempre tendríamos que estar aprendiendo unos de otros, pero es justo esta clase de situaciones que nos lo hace más evidente.

Los espíritus que apenas comienzan a germinar, quizás podrán parecer un poco inseguros al inicio. Como lo he expresado antes, es como la inseguridad y emoción que un niño siente cuando está dando sus primeros pasos; pero que cuando comienza a darse cuenta de todo lo que puede llegar a ser, empieza a sentir más motivación por lograrlo y esa emoción que logras ver en su rostro les da un brillo especial.

Esa chispa de entusiasmo que últimamente tan pocas veces me ha tocado ver entre nosotros los seres humanos...

Los espíritus de cintas un poco más avanzadas, siempre sirven de guía a los demás, porque ellos ya han recorrido parte de ese camino y entienden por el proceso que está pasando su compañero. Y más allá de ese esfuerzo por apoyarnos a los otros, siguen preparándose y retándose a si mismos para ser mejores cada día.

En ocasiones sucede que estos espíritus por algunas situaciones de la vida, tienen que permanecer dormidos por algún tiempo. Y el TaeKwondoin que habita dentro de uno se adormece temporalmente, pero casi siempre llega el momento en el que retorna a uno esa necesidad de volver a ese camino que de alguna forma brinda armonía y libera la mente.

Así es, aunque sea por algunos momentos. El TaeKwonDo nos enfoca, nos aparta de todas las distracciones que actualmente tenemos y hace que volteemos a mirarnos a nosotros mismos.

Sucede que este espíritu adormecido que portaba ya hermosos tesoros, al volver tiene que desempolvarse un poco. Quizás su cuerpo no le responda tan rápido o tan ágilmente como hasta hace un tiempo, pero si el espíritu ha permanecido intacto, es casi seguro que volverá a renacer y a brillar de nuevo.

Y finalmente, nuestros compañeros y profesores cintas negras, son nuestros pilares, siempre ejemplo y guía a los que venimos siguiéndolos. Ellos siempre estarán ahí, esperándonos... Justo al verdadero inicio del camino.

12 de Julio de 2019 a las 02:54 0 Reporte Insertar 0
Fin

Conoce al autor

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~