un rayo de sol entre las nubes Seguir historia

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Neus Garcia


Alex, un chico muy inseguro a razón de su esquizofrenia, decide cambiar totalmente su vida al perder a sus padres en un trágico accidente de tráfico. Sin quererlo, descubre el amor, del cual intenta huir porqué cree no merecerlo y por miedo a poder hacerle daño a ella. Pero juntos descubren, qué no será un camino fácil, pero no hay camino que se resista a la fuerza del corazón.


Romance Suspenso romántico Todo público.

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El primer contacto

Hoy me he vuelto a despertar de muy buen humor. Estas semanas pasadas en mi "lugar de vacaciones" particular me han venido muy bien. Hacía mucho, mucho tiempo que no me encontraba tan bien y a gusto conmigo mismo.

Parece que no hace mucho que ha llovido. Abro la ventana para que entre el olor a lluvia en casa, es un olor que me encanta. A pesar de vivir en un lugar donde no se huele mucho a humo de coches y a polución y que estamos rodeados de valles y bosques frondosos, el olor a lluvia, en particular, me encanta. Puedes saborear el olor a tierra mojada, a hojas frescas, a humedad, a cielo...

Cada día que pasa me alegro más de haber tomado la decisión de venir aquí a vivir. El estrés de ciudad, los horarios estrictos, las multitudes de gente y todo lo que conlleva vivir en lugar donde estamos tan engullidos que parecemos robots, no me estaba ayudando demasiado.

Aquí todo es diferente, todo son pueblos de casas de piedra o madera con pocos edificios, los cuales son de máximo tres alturas y suelen ser hostales para los turistas que vienen huyendo de la ciudad. Solo llevo aquí unos meses, pero ya estoy enamorado del lugar, de sus gentes, de su forma de vida... A veces, me da la sensación de que he atravesado una puerta y he viajado en el tiempo. Cosa que se me pasa en cuanto recibo un email o whatsapp de algún cliente... Qué por cierto, para el poco tiempo que llevo en el pueblo, no me está yendo nada mal. Parece ser que al ser un entorno un poco más rural, la gente tiene bastantes muebles para restaurar, prefieren repara a tirar.

Ya va siendo hora de darse una ducha e ir a la cafetería de Pedro y Ana. Son un matrimonio joven, de uno treita y cinco - cuarenta años, y muy simpáticos, me han ayudado mucho a encontrar clientes gracias a que les restauré un par de cosas.

Parece que he llegado a tiempo.

- ¡Hola! Buenos dias.

- ¡Buenos dias Alex! - Ana, como siempre, con su contagiosa sonrisa en la boca - ¿Lo de siempre en la mesa de siempre?

- Si Ana, Gracias.- Un buen tazón de café con leche y una tosta de tomate con jamón serrano. Hay muchas variedades, pero siempre termino pidiendo lo mismo. Y mi lugar de simpre, es una mesa de dos que hay junto a un a de las ventanas. Me gusta observar las mañanas del pueblo.

Después de saludar al resto de clientes y vecinos, me siento en mi silla habitual y mientras miro mi reloj, Ana llega con el desayuno.

- Tranquilo chico, todavía no es la hora, has llegado bien. - Me dice mientras deja el desayuno sobre la mesa y sonríe traviesa.

- ¿Como? - Pregunto un poco desconcertado. - ¿La hora de qué?.

- De que llegue Neila.

- No te entiendo Ana. - Le respondo sorprendido. Sorprendido por que no me esperaba qué nadie hubiese notado qué me había fijado en ella.

- Alex, después de tantos años detras de una barra, viendo a miles de personas, relaciones, reacciones, conversaciones y un montón de cosas más que acaban en _ones y que tienen que ver con la gente, te puedo asegurar que tu cara es un libro abierto, por lo menos en este aspecto. - Al ver que no soy capaz de responder y que mi cara se está poniendo roja cómo un tomate, continua deciendo. - Hablando claro, se te pone una cara de enamorado cada vez que ella entra por la puerta qué se ha dado cuenta hasta el perro del vecino.

Después de que Ana suelte una carcajada y me dé un apretón en el ombro, soy capaz de reaccionar.

- Así qué Neila es su nombre... es precioso, ¿verdad? - Justo antes de que Ana pueda responder, suena la campanilla de la puerta y entra ella, Neila.

Neila, por fín le pongo nombre, bueno, averiguo su nombre.

A pesar de qué ya llevo unos meses en el pueblo, nunca la había visto por aquí antes, pero parece ser de aquí, ya que en pocas ocassiones la he visto sola y alguna vez la he visto con una mujer que parece ser su madre, o eso he deducido yo por cómo las veo relacionarse. La he empezado a ver cuando he llegado de la ciudad, Pamplona, de mis "vacaciones especiales".

No es que esté enamorado ni nada parecido. Sí es cierto que siento atracción hacía ella y me gusta cuando entra por la puerta con una expresión distraida , pensando en sus cosas, lejos de aquí, pero en cuanto alguien la saluda, o alguien le entabla conversación, aterriza en el presente y deja su mundo para más tarde.

Hoy lleva el pelo recogido en un moño alto, pero no estirado, se le sueltan algunos mechones por la nuca y por la sienes que le da un aire muy desenfadado. Suele llevarlo de varias maneras, pero como más la he visto es con el pelo suelto. Melena castaña por la altura de los ombros y las puntas unos cuantos tono más claros. Lleva unos vaqueros, zapatillas de deporte, camiseta negra de manga corta y un cortavientos fucsia que se ha quitado antes de sentarse en su mesa habitual, justo al otro extemo de la mía. Nos separan una mesa, la puerta del local y otra mesa contínua a esta.

Me doy cuenta de qué me he quedado anonadado mirnadola y recuerdo mi corta conversación con Ana de hace unos segundos atrás y noto que me vuelvo a sonrojar. Le doy un par de bocados a mi tosta, me bebo el café con leche casi sin respirar y dejo lo que debo en la mesa mientras me levanto para irme. Me he puesto nervioso al pensar de qué puede que haya más gente, a parte de Ana y el perro del vecino, qué se percate que Neila me atrae, o se dé cuenta ella y me rechace. Tengo que dar un paseo por el bosque y relajarme.

- ¿Alex? - Oigo una voz masculina justo detrás de mi cuando me dispongo a abrir la puerta. Me giro y él cuntinua, es un vecino del pueblo. - Perdona qué te moleste.

- No te preocupes. ¿Te puedo ayudar en algo?

- Sí, bueno, espero que sí. He visto un par de trabajos tuyos de algunos vecinos y justo me estaba diciendo Pedro - dice señalando a la barra - que eres tú el artista. Me preguntaba si tendías tiempo de restaurar un mueble tocador que perteneció a mi abuela y, bueno, está un poco deteriorado, no sé si podras...

- Supongo, espero que sí, mandame fotos por whatsapp y te voy diciendo.

- ¡Estupendo! - responde con una sonrisa - En unrato te las mando, si te parece bien...

- Sí, cuanto antes mejor. - No sé qué más responder. Normalmente, como es un tema del trabajo les hago más preguntas respecto a la pieza por restaurar, pero ahora necesito dar mi paseo.

- Te mando las fotos entonces. Pero, tienes una tarjeta con tu número de teléfono o...

- Sí, claro, disculpa. Pedro, - le hago un gesto a este, nos está observando desde la barra - Pedro te lo dirá sin ningún problema. Ahora tienes que disculparme, tengo que hacer un recado.

- Muy bien chico. - Me dice dandome la mano. - Que tengas un buen día.

- Igualmente.

Por fín me dispongo a salir de la cafetería. No calculo bien la distancia hasta la puerta, pensaba que estaba más lejos, así que me choco contra ella dandome cocorrón. Escucho una risita a mi izquierda. ¡Lo que me faltaba! Mi sorpresa llega cuando me giro, por inercia más que por curiosidad, y mis ojos se encuentran con los de Neila. Sus ojos enormes, pero almendrados, de un color ambar precioso con unas tupidas pestañas oscuras y un lunar al final de la ceja del ojo derecho, el cual le da más personalidad a su mirada. Una mirada qué me dice que no era una risita de burla, más bien de complicidad.

- ¿Estás bien? - Me pregunta en un susurro. - Me has recordado a mí, me suelen pasar este tipo de cosas.

- Gracias. - Le digo, y salgo disprado por la puerta, directamente hacia el puente arqueado de piedra que hay justo enfrente de la cafetería, el cual pasa el rio por debajo y da a una calle inclinada donde está la iglesia y el inicio del sendero que me dispongo a hacer.

Llego al inicio del sendero sudando. Es principios de Julio, pero aquí, en el corazón de la selva de Irati, antes del medio día de una mañana nublada, no está de más llevar un cortavientos o una sudadera. Aunque yo llevo la sudadera en la mano desde que me levanté de la mesa en la cafetería. Todavía me siento un poco agitado, así que intento seguir sin pensar y me centro en el camino. Me encanta este recorrido. No es una ruta muy larga, pero es preciosa. Los arboles se entrelazan en sus copas y vas andando por dentro de un túnel de vegetación. Se oye la vida que hay en él. Ves sus insectos y bichitos haciendo su función en el entorno: una araña terminando su tela, un pajáro llevando un gusano a su nido, el susurro de la brisa en las ojas de las hayas, un corzo joven, qué sin querer, se cruza en mi camino, o yo en el suyo, me mira y sigue su camino. Y, así, escuchando al bosque, llego a otras vistas preciosas. Termina el túnel y solo se ven prados. Prados con rebaños de obejas con sus perros, mastines, guiandolas, y el pastor, no muy lejos, disfrutando de su almuerzo. Más allá puedo ver otro rebaño, este es de vacas rubias.

Respiro hondo, disfruto el momento, y entonces lo recuerdo.

"Gracias"

Mi primer contacto con ella, en el cual me pregunta cómo estoy y yo, con mí inseguridad, no se me ocurre otra cosa que decir gracias y salir corriendo. Me pongo a reir y casi que comprendo porqué el perro del vecino se ha dado cuenta de que Neila me gusta. Si, me gusta.

Con una sonrisa en los labios me dispongo a deshacer el camino e ir a casa a trabajar un poco.





8 de Julio de 2019 a las 19:43 1 Reporte Insertar 1
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Annh Jauregui Annh Jauregui
Espero actulices
11 de Julio de 2019 a las 16:22
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