Intento de reconciliación Seguir historia

u15625730551562573055 Helio Díaz Martín

Nuestro hombre pensó, por unos momentos, que existiría una remota posibilidad de que aquella mujer volviera a sus brazos, y lo intentó a su manera, pero...


Drama Todo público. © Sí
Cuento corto
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Relato corto

Me disponía a salir de casa cuando, de pronto, oí un gran alboroto que provenía de la calle. Rápidamente me acerqué a la ventana y me asomé al exterior con verdadera curiosidad. Pude observar a dos agentes que corrían tras cinco chiquillos con la supuesta intención de detenerlos. Pocos segundos desaparecían de mi vista al doblar una esquina. Justo, en aquel momento, fue cuando advertí tu presencia. Te disponías a entrar en la cafetería de enfrente. No lo pensé dos veces. Quería verte. Necesitaba hacerlo. Debido a las prisas, me olvidé recoger las llaves de casa, y no tuve más remedio que volver por ellas antes de cerrar la puerta por completo.

Me costó bastante trabajo cruzar hacia la otra acera. El tráfico era intenso y, para colmo de males, esa zona no disponía de un semáforo que me permitiera atravesarla en condiciones. Una vez conseguido, me adentré en el bar.

Allí estabas tú, acomodada en una apartada mesa, pero con la vigilante mirada puesta sobre la puerta. Dabas la impresión de estar esperando a alguien. Inconscientemente desvié mis ojos hacia tus piernas que mantenías un poco entreabiertas y, aunque te noté distraída, enseguida te percataste de mi aviesa curiosidad y las cerraste rápidamente. Siempre me llamó la atención tu tardío decoro.

Me acerqué lentamente hacia donde te encontrabas. Tú me seguías con la mirada sin perder de vista mis ojos, que volvían, como por inercia, a posarse sobre tus largas y esbeltas piernas ya dispuestas en completa simetría.

Era temprano. La mañana era tibia y no me extrañó verte tomando un café. Lo que me dejó un poco confuso fue, al observar el interior de tu taza, que lo tomaras solo. Siempre lo consumiste con leche.

"–Hola –saludé con tal simpleza, que yo mismo me admiré.

Pareció, por unos instantes, que la duda te hubiera atenazado la garganta, aunque tu reacción no se hizo esperar. Fue como si un circuito en tu interior hubiera hecho contacto de alguna manera para que contestaras a mi saludo.

–Hola –respondiste con aparente desgana.

–¿Me puedo sentar? –Te pregunté, aun conociendo tu presunta respuesta.

–Haz lo que quieras –replicaste, rumiando las palabras.”

Si hubieras rechazado mi compañía, me habría ido por donde aparecí, por supuesto, pues no me gusta permanecer en un lugar donde no se me acepta.

Me senté frente a ti y pude comprobar, a pesar de que observabas, recelosa, la superficie de la mesa, cómo la tristeza adornaba tu bello rostro. Lo que ocurrió a continuación fue un raro impulso en mí. No me di cuenta, pero mi mano derecha fue, sutilmente, a situarse bajo tu barbilla con la pura intención de alzar tu rostro y me miraras, aunque sólo fuese un instante. Creí poder conseguirlo, pero en el último momento, una de tus manos —no me fijé cuál de ellas—, desvió la mía hacia un lado. Te juro que me dolió tu desaire. Pensé que aquel encuentro iba a ser una especie de pasarela hacia nuestra reconciliación, pero lo sucedido me hizo retractarme. No insistí. Desconcertado y perplejo ante lo sucedido, me levanté y dirigí mis pasos hacia la barra para pedir un café. Luego volví a la mesa y, durante el corto trayecto que me separaba hasta donde tú te encontrabas quise imaginar, por unos segundos, que lo nuestro sí podría tener arreglo. De modo que, cuando me hallé de nuevo frente a ti con mi taza de café en la mano, decidí entablar una nueva conversación. “¿Cómo nueva?”, pensé. Si en realidad no habíamos hablado de nada interesante.

En un momento dado, en el cual me disponía a sentarme, pude apreciar algo muy minúsculo, algo brillante que abandonaba tu rostro y se depositaba, con un sigiloso golpe, sobre la mesa. Aquello me sobrecogió. Era una lágrima.

–¿Estás llorando? –Te pregunté, un poco azorado.

–Sí –me contestaste, con un hilo de voz parecido a un susurro.

Luego cayeron dos lágrimas más y, en vista de aquello, te ofrecí mi pañuelo. Entnces levantaste la vista y me miraste. Tu exhaustivo examen me impresionó. Nunca conseguí definir qué fue lo que sentí en aquel momento. ¿Miedo o confusión? ¿Lástima o cariño? A pesar de ello no retiré mis ojos de los tuyos. Durante unos instantes, que me parecieron siglos, nos miramos los dos. Transcurridos unos intrigantes segundos, te enjugaste las lágrimas y estableciste de nuevo tus pupilas sobre tu taza de café, aún por consumir.

–¿Deseas que me vaya? –Ignoré de dónde salió tal pregunta. No fue mi intención el formularla, pero ya era tarde para volverse atrás.

Levantaste la cabeza muy lentamente y me miraste de nuevo. Pero aquella reciente mirada ya no era la misma de hacía unos momentos. Te pusiste seria, demasiado, diría yo.

–Sí, por favor –. Tu respuesta, aunque resultó casi inaudible, retumbó muy dentro de mi cabeza.

En mi interior me dije que aún podría rectificar, que estaba a tiempo de reparar lo que, sin darme cuenta, había estropeado con mi desafortunada actuación, pero no, proseguí con lo que ya había comenzado a componer en mi mente, es decir, levantarme y alejarme de allí.

Cuando me dirigía hacia la barra con intención de pagar ambas consumiciones, observé que el camarero me hacía un extraño ademán con la mano.

–No se preocupe –me dijo–. Invita la casa.

Debió de conmoverse de nosotros y no se molestó en cobrarme.

A pesar de todo, contesté a su gentileza con un leve asentimiento de cabeza y me dirigí hacia la salida. Mientras caminaba, sentí cómo se clavaban dos pares de ojos sobre mi nuca; los del camarero no me preocuparon en absoluto, pero los tuyos me quemaban a flor de piel. A pesar de todo, lo que más me dolía, mujer, era no haber sabido remediar aquel entuerto. Bien sabe Dios que mi sana intención fue la de volverme hacia donde tú te encontrabas, pero no me atreví, y allí te dejé con tu café, tu soledad y… mi pañuelo.

8 de Julio de 2019 a las 10:18 5 Reporte Insertar 4
Fin

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ana hoy ana hoy
Me encantó! Muy bueno!
19 de Agosto de 2019 a las 18:23

  • Helio Díaz Martín Helio Díaz Martín
    Muy agradecido por tu comentario, Ana. Espero que me sigas leyendo. Saludos. 20 de Agosto de 2019 a las 03:48
Stella Maris Stella Maris
Muy buen relato!!! <3
11 de Julio de 2019 a las 06:42

Stella Maris Stella Maris
¡Me encantó! Me gustaría que hubiera un segundo capítulo...
11 de Julio de 2019 a las 03:00
~