Muertes metafóricas y otras enfermedades Seguir historia

u15625316061562531606 Anne Marie Poza Bleu

La muerte ha sido mi más vieja amiga a lo largo de los años. Siempre tan cercana, pero a la vez tan distante... Nunca me olvidaré de ella, y esto es para recordarle que la he visto, y que aún no me ha tocado irme con ella. Recopilación de relatos cortos.


Suspenso/Misterio Todo público.

#muerte #intriga #relato-corto
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La esperanza es lo último que se pierde

“Sé que escogí el camino que nunca quisiste para mí. Sé también, que te decepcioné muchas veces. Sé, que llevo sin dormir demasiado tiempo, siendo esclava de la noche, porque no puedes estar junto a mí. Pero no me arrepiento de nada de lo que he hecho, porque todo eso, me ha llevado hasta aquí, hasta ti.Recuerdo la primera, y hasta ahora última, vez que te dije que nunca más me verías. Fue justo después de que tu madre me hiciera un recorrido por tu árbol genealógico de sangre imperial. Nunca me importó mucho esa faceta de ti, en cambio el que me gritaras por mirarte a los ojos directamente, como a un igual, si me importó.Recuerdo como no llevaba ni dos minutos en aquella mansión y ya tenía claro quién dirigía a quién en ese lugar tan inhóspito y cerrado. La señora Mühlen, tu madre, parecía hasta histérica cuando hablaba con el señor Złoto, y yo, mientras, me dedicaba a observar aquel recibidor de madera bien tallada y barnizada, cosa que no había visto en toda mi vida.Yo ni siquiera quería estar ahí, pero no sé nada de burocracia o contratos, mucho menos de pertenecerle a alguien, y a saber cómo, terminé de friegasuelos para una familia adinerada, tu familia. Y no, no me pagaban a mí. Si lo hubieran hecho, ya habría recuperado mi libertad. Nunca te fíes de un señor con coche caro. Solo miran por sí mismos.Después, me vi acercándome vertiginosamente hacia el suelo y caí con un golpe seco. Mi mejilla ardía, pero ese era el menor de mis problemas.“¡Arrodíllate insolente! Estás ante una descendiente directa de la dinastía de emperadores Hohenzollern”, recuerdo que empezó a decir tu madre, pero mi vista ya estaba puesta en ti, y aunque parecías un ángel, en cuanto abriste la boca me di cuenta de que, más bien, parecías salida del mismísimo infierno. Tus insultos se pasaron de castaño oscuro, y no, no lo digo por jugar con la expresión y el color de tu cabello. Ojalá. Menos mal que tu padre, Henry me hacía llamarle, fue bueno conmigo. Me daba las sobras de comer y de vez en cuando me regalaba ropa. No quería matarlo, lo siento. En cambio, a ti, un poco si. O al menos al principio.Hay que reconocer que de las tres, la peor que me trataba era tu madre. Era como si yo portara una enfermedad y ella tratara de evitar a toda costa contagiarse. Luego, en cierto modo, llegué a entenderla. Limpiando y, con la ayuda de la señorita Blanchard, pude entender el alemán tan técnico de los documentos que tu madre tenía escondidos. ¡Tu madre llegó a ser tan pobre como yo de pequeña! Pero ella si tenía familia. Supongo que yo le recordaba a su “pasado pueblerino”. Vi unas fotos de ella con su padre dentro de un libro marrón con una gema roja incrustada. Nunca pensé que tu madre hubiera estado tan cerca de un animal, puesto que por cualquier ruido se irrita, excepto por el que ella misma hace al gritar. Una pena que su muerte no haya sido tan irritante como mi estancia en tu mansión. Hubiera sido más equitativo.En cuanto a tu hermana… No he conocido nunca a una bruja tan llena de envidia. Dios, es que solo le faltaba ser de color verde. Entiendo que me trate mal a mí que soy la criada, ¿pero a ti? ¿A su propia hermana? A ver que sí, que sois hijas de diferentes padres, pero tenéis a otra bruja por madre en común. Ya podría haberte mostrado algo más de respeto, que eres su hermana. Te juro que si no se me hubiera escapado, a ella también me la habría llevado por delante.Aún recuerdo cómo te hacía sentir, como todo lo que te hacía te dejaba llorando dentro de tu armario durante horas. Así fue como descubrí una parte más profunda de ti. Recuerdo que al abrir el armario te asustaste y trataste de lanzarme lo más cercano a ti para que te dejase tranquila, pero en vez de eso acabaste enroscada a mis piernas llorando a lágrima viva. Así me di cuenta de que tu no eras la personificación del infierno, sino la proyección que creaban los demás sobre ti. Eras esa coraza vacía que los demás rellenaban con expectativas sin dejarte ser quien eras en realidad. Nunca me dijiste nada acerca de esto, pero lo pude comprender al instante, porque yo también fui así.A partir de ahí dejaste de ser la bruja a la que quería matar por tratarme tan mal. Poco a poco te empezaste a abrir conmigo. Me enseñaste a leer y a escribir, me diste mi primer paseo a caballo, me hiciste volver a sonreír… Pero más allá de eso, me cambiaste. Gracias a ti dejé de ser esa persona con corazón de piedra, herida hasta lo más profundo y luchando por rendirse. Mi interior ya era demasiado oscuro, pero me hiciste compartir mi oscuridad para aligerarme de ese peso y así, poder divisar un poco de luz. Pero como todo, no duró demasiado y me vi forzada a elegir. Era mi libertad o la tuya, y te elegí a ti. Recuerdo cuando empezaste a mirarme a los ojos y te frustrabas porque no conseguías discernir su tonalidad exacta. Yo me reía de ti por querer controlar todo lo que pasaba a tu alrededor, pero tú no te dabas por vencida. Espero que no hayas perdido esa tozudez tan característica tuya. Era una de las muchas cosas que me gustaban de ti. Sin ella, no me hubiera visto envuelta en nada de lo que tú me enseñaste del mundo, y qué sería el mundo si me tocara experimentarlo sin ti.Se dice que dentro de poco saldré de aquí, pero nunca me dicen una fecha exacta. Me mantendré fuerte hasta que eso pase, y rezaré por volver junto a ti. Sé que escogí el camino equivocado, ese que nunca quisiste para mí, pero ya me arrepentiré con los años, no ahora, no aquí. El final se acerca, puedo notarlo. Voy a lograrlo, voy a por ti.Siempre tuya, la mujer de los ojos verdes a tu parecer sin un tono definido.”Cerré la carta y la doblé metiéndola de nuevo en aquel delicado sobre de caligrafía dudosa. - ¿Otra carta de la loca pirómana y asesina esa?- Sabes muy bien que no es nada de eso. Es la chica que me ha regalado la libertad, mi chica de los ojos verde esperanza.- Sabes que ha matado a dos personas, ¿no?- Bueno, ¿que son dos personas muertas más en el transcurso de una guerra?La esperanza es lo último que se pierde

“Sé que escogí el camino que nunca quisiste para mí. Sé también, que te decepcioné muchas veces. Sé, que llevo sin dormir demasiado tiempo, siendo esclava de la noche, porque no puedes estar junto a mí. Pero no me arrepiento de nada de lo que he hecho, porque todo eso, me ha llevado hasta aquí, hasta ti.

Recuerdo la primera, y hasta ahora última, vez que te dije que nunca más me verías. Fue justo después de que tu madre me hiciera un recorrido por tu árbol genealógico de sangre imperial. Nunca me importó mucho esa faceta de ti, en cambio el que me gritaras por mirarte a los ojos directamente, como a un igual, si me importó.

Recuerdo como no llevaba ni dos minutos en aquella mansión y ya tenía claro quién dirigía a quién en ese lugar tan inhóspito y cerrado. La señora Mühlen, tu madre, parecía hasta histérica cuando hablaba con el señor Złoto, y yo, mientras, me dedicaba a observar aquel recibidor de madera bien tallada y barnizada, cosa que no había visto en toda mi vida.

Yo ni siquiera quería estar ahí, pero no sé nada de burocracia o contratos, mucho menos de pertenecerle a alguien, y a saber cómo, terminé de friegasuelos para una familia adinerada, tu familia. Y no, no me pagaban a mí. Si lo hubieran hecho, ya habría recuperado mi libertad. Nunca te fíes de un señor con coche caro. Solo miran por sí mismos.

Después, me vi acercándome vertiginosamente hacia el suelo y caí con un golpe seco. Mi mejilla ardía, pero ese era el menor de mis problemas.

“¡Arrodíllate insolente! Estás ante una descendiente directa de la dinastía de emperadores Hohenzollern”, recuerdo que empezó a decir tu madre, pero mi vista ya estaba puesta en ti, y aunque parecías un ángel, en cuanto abriste la boca me di cuenta de que, más bien, parecías salida del mismísimo infierno. Tus insultos se pasaron de castaño oscuro, y no, no lo digo por jugar con la expresión y el color de tu cabello. Ojalá. Menos mal que tu padre, Henry me hacía llamarle, fue bueno conmigo. Me daba las sobras de comer y de vez en cuando me regalaba ropa. No quería matarlo, lo siento. En cambio, a ti, un poco si. O al menos al principio.

Hay que reconocer que de las tres, la peor que me trataba era tu madre. Era como si yo portara una enfermedad y ella tratara de evitar a toda costa contagiarse. Luego, en cierto modo, llegué a entenderla. Limpiando y, con la ayuda de la señorita Blanchard, pude entender el alemán tan técnico de los documentos que tu madre tenía escondidos. ¡Tu madre llegó a ser tan pobre como yo de pequeña! Pero ella si tenía familia. Supongo que yo le recordaba a su “pasado pueblerino”. Vi unas fotos de ella con su padre dentro de un libro marrón con una gema roja incrustada. Nunca pensé que tu madre hubiera estado tan cerca de un animal, puesto que por cualquier ruido se irrita, excepto por el que ella misma hace al gritar. Una pena que su muerte no haya sido tan irritante como mi estancia en tu mansión. Hubiera sido más equitativo.

En cuanto a tu hermana… No he conocido nunca a una bruja tan llena de envidia. Dios, es que solo le faltaba ser de color verde. Entiendo que me trate mal a mí que soy la criada, ¿pero a ti? ¿A su propia hermana? A ver que sí, que sois hijas de diferentes padres, pero tenéis a otra bruja por madre en común. Ya podría haberte mostrado algo más de respeto, que eres su hermana. Te juro que si no se me hubiera escapado, a ella también me la habría llevado por delante.

Aún recuerdo cómo te hacía sentir, como todo lo que te hacía te dejaba llorando dentro de tu armario durante horas. Así fue como descubrí una parte más profunda de ti. Recuerdo que al abrir el armario te asustaste y trataste de lanzarme lo más cercano a ti para que te dejase tranquila, pero en vez de eso acabaste enroscada a mis piernas llorando a lágrima viva. Así me di cuenta de que tu no eras la personificación del infierno, sino la proyección que creaban los demás sobre ti. Eras esa coraza vacía que los demás rellenaban con expectativas sin dejarte ser quien eras en realidad. Nunca me dijiste nada acerca de esto, pero lo pude comprender al instante, porque yo también fui así.

A partir de ahí dejaste de ser la bruja a la que quería matar por tratarme tan mal. Poco a poco te empezaste a abrir conmigo. Me enseñaste a leer y a escribir, me diste mi primer paseo a caballo, me hiciste volver a sonreír… Pero más allá de eso, me cambiaste. Gracias a ti dejé de ser esa persona con corazón de piedra, herida hasta lo más profundo y luchando por rendirse. Mi interior ya era demasiado oscuro, pero me hiciste compartir mi oscuridad para aligerarme de ese peso y así, poder divisar un poco de luz. Pero como todo, no duró demasiado y me vi forzada a elegir. Era mi libertad o la tuya, y te elegí a ti.

Recuerdo cuando empezaste a mirarme a los ojos y te frustrabas porque no conseguías discernir su tonalidad exacta. Yo me reía de ti por querer controlar todo lo que pasaba a tu alrededor, pero tú no te dabas por vencida. Espero que no hayas perdido esa tozudez tan característica tuya. Era una de las muchas cosas que me gustaban de ti. Sin ella, no me hubiera visto envuelta en nada de lo que tú me enseñaste del mundo, y qué sería el mundo si me tocara experimentarlo sin ti.

Se dice que dentro de poco saldré de aquí, pero nunca me dicen una fecha exacta. Me mantendré fuerte hasta que eso pase, y rezaré por volver junto a ti. Sé que escogí el camino equivocado, ese que nunca quisiste para mí, pero ya me arrepentiré con los años, no ahora, no aquí. El final se acerca, puedo notarlo. Voy a lograrlo, voy a por ti.

Siempre tuya, la mujer de los ojos verdes a tu parecer sin un tono definido.”

Cerré la carta y la doblé metiéndola de nuevo en aquel delicado sobre de caligrafía dudosa.

- ¿Otra carta de la loca pirómana y asesina esa?

- Sabes muy bien que no es nada de eso. Es la chica que me ha regalado la libertad, mi chica de los ojos verde esperanza.

- Sabes que ha matado a dos personas, ¿no?

- Bueno, ¿qué son dos personas muertas más en el transcurso de una guerra?

7 de Julio de 2019 a las 21:05 0 Reporte Insertar 0
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