Historias de Terror en el campamento Seguir historia

u15519752281551975228 Ibán José García Castillo

Jorge va a un campamento muy especial, donde pronto descubre, solo, en medio del bosque, que las monitoras no son lo que parecen. Mientras va descubriendo que pasa, las monitoras van contando historias de terror a los pobres niños que tienen "atrapados".


Horror Horror adolescente Sólo para mayores de 18.

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El campamento

El campamento había empezado hacía unos días. Jorge era un chico de 10 años, moreno, pecoso y algo introvertido. Siempre le había dado miedo la oscuridad, sin embargo allí, poco a poco lo había ido superando. Sus nuevos amigos le habían ayudado en eso. Sobre todo Carolina, una chica de nueve años, pelirroja y con unos ojos verdes increíbles. No podías mirar de seguido a esos ojitos y decirles que no a algo. Era una chica muy revoltosa, no muy amiga de las normas, al contrario que él, pero sin embargo se divertía mucho con ella. Pedro también era uno de sus nuevo amigos, tenía ocho años, era el más pequeño de los tres, sin embargo sabía mucho sobre ciencia y sobre curiosidades. Le gustaba mucho leer.


El campamento se llamaba Aventura por el bosque. Llevaban cuatro días de excursión, durmiendo en tiendas de campaña por la noche, que aprendieron todos a montarlas y a caminar por el día.


El primer día Jorge lo pasó muy mal, allí solo, sin sus padres. En medio del campo con todos aquellos ruidos, era horroroso. Pero Carolina apareció. Le dio un susto apareciendo por detrás de él, haciendo un simple “Bu”, que casi hace que grite. Pedro se rio un poco de él y dijo que no había que tener miedo. Se tiro un rato explicando los diferentes ruidos que se oían allí, empezando por el búho, siguiendo por los grillos e incluso el ulular del viento. Mientras lo hacía, la chica ponía cara de aburrida, haciendo el gesto de poner los ojos en blanco.


—¡Lo ves!, así desde que nació… —Le guiñó el ojo a Jorge —¿Te apetece venir de excursión a ver los alrededores?, mi hermano hace que todo sea muy aburrido.


—Vale… —El tono de Jorge no era de muy convencido, se le ocurrían más de siete ideas para pensar en que eso sería una muy mala idea, pero aquellos ojitos mirándole traviesos y brillantes —¿No será peligroso?


—No, que va —La niña parecía silbar al aire, mientras cruzaba los dedos, sin intentar disimularlo.


Se movieron rápido, intentando que nadie los viera. Rodearon el campamento, evitando las luces que había allí. Jorge no paraba de mirar a los árboles y las sombras que aparecían amenazadoramente entre ellas. Pedro no dudaba, en cuanto detectaba su labio temblar le ofrecía alguna explicación a aquello que identificaba que podía estar asustándolo. Eso lo agradeció el chico mucho. Carolina parecía echa para la noche, no tropezó una sola vez. Se desplazaron lejos, buscando un sitio alejado, donde se veía una luz al fondo. Brillaba entre amarillenta y roja en el fondo. Las sombras se volvían grotescas en los árboles cercanos y olía raro.

A medida que se fueron acercando empezaron a oír sonidos extraños. Como tambores apagados y silbidos. Jorge imaginó seres golpeando el cuerpo del resto de los niños del campamento y rasgando su piel con sus garras mientras silbaban como si fuesen serpientes.


Cada vez estaban más cerca.


Intentó parar a Carolina, de verdad que lo intentó, pero fue tarde. Ella saltó detrás de esos matorrales y todo quedó en silencio. Hasta la luz se atenuó.


Pedro no encontró explicación a esto y por primera vez ante aquella noche tan oscura titubeó. Jorge seguía viendo a esos seres arrancando silenciosamente la carne de su amiga mientras clavaban sus garras en el tronco de los árboles, esperando que ellos aparecieran por entre esos matorrales para saltar con sus dientes por delante y arrancar la carne de sus caras hasta hacerlas irreconocibles.


Se decía que no podía avanzar. Se quedó paralizado. Pedro, se quedó esperándolo, pero también sin saber que hacer. Lo miró. Fue una intensa mirada, más como una despedida o una decisión sin retorno. “Es mi hermana”, decían sus pupilas.

Se giró y saltó detrás de los matorrales.


Oyó un golpe sordo y después nada. Todo en silencio de nuevo.


Jorge pensó que no podía hacer lo mismo que los otros dos. Así que decidió que tenía que ver que había allí. Sabía por las películas de miedo que había visto a escondidas que esa era la peor de las peores decisiones, pero ¿qué más podía hacer si no?

Rodeó el lugar e intentó acceder a aquel sitio con una tenue luz por otro lado. En vez de saltar o atravesar rápido la vegetación que ocultaba aquel misterioso lugar él sin embargo apartó lentamente las hojas y acercó la cabeza para meterla lentamente entre la vegetación. Lo que vio allí no se lo esperaba.


Había una hoguera en el centro, con todos los niños del campamento allí reunidos alrededor, mirando la entrada por donde esperaban que apareciera él. Las dos chicas que hacían de guía y de cuidadoras estaban también allí, con una sonrisa demasiado grande entre sus labios. Incluso una de ellas paso su lengua por sus labios. Eso le erizó los pelos de la nuca, sin saber muy por qué.


Se ve que aquello era un juego del campamento, pero algo no le cuadraba. ¿Por qué estaban allí todos los niños?, ¿le habían engañado Carolina y Pedro para darle una sorpresa?, no lo sabía. Pero sin embargo, no los vio por allí.


Ahora que los contaba mejor, no estaban todos los niños, pero sí los más revoltosos. Las dos monitoras, Laura y Natalia tenían veinte años y no esperaron más, simplemente se dirigieron a los niños e hicieron un corro con todos ellos alrededor del fuego, que le pareció que emitía unas llamas azuladas algo extrañas.


Laura, la más alta cogió un libro entre sus manos y empezó a hablar lentamente, con un tono sosegado e inquietante, mientras Natalia iba hacia uno de los árboles cercanos, allí, en la sombra y desapareció entre los matorrales, detrás de aquella otra pared vegetal, parecía haber otra fogata.


“¿Estarán allí el resto de niños? —pensó Jorge cada vez más asustado. —¿Por qué no están todos juntos?”

Podría haber salido, pero no terminaba de sentirse a gusto, prefirió desde las sombras observar que pasaba allí. Cerró los ojos y prestó mucha atención, esperando escuchar las palabras inquietantes con las cuales estaba hablando Laura al numeroso grupo allí reunido en torno al fuego.

Laura hablaba despacio, sin prisa. Su voz gutural, se dirigía a todos los chicos allí reunidos mientras continuaba hablando y mirándolos uno a uno a los ojos. Llevaba una linterna en la mano que enfocaba el suelo. De vez en cuando subía su atención al tronco de algún árbol o a las copas, donde ululaba algún búho.


Jorge escuchó con atención y empezó a entender las palabras.


“Apenas tenía doce años cuando desarrollo su gran afición como lo terminó llamando ella. Era el quince de Agosto, dos días antes de que empezara este campamento, chicos.”


Laura paró un momento sonriendo al ver alguna que otra mirada de temor. Continuó.


“Se encontraba en su casa muy aburrida, sus padres se habían ido acostar ya que eran los diez de la noche, muy tarde para ellos, eran una familia de horarios muy definidos y reglas muy estrictas. Al día siguiente madrugaban. Ojala sus padres hubieran pensado antes en haberle dado un hermano que la divirtiese, tal vez así no tendría que haber salido fuera a buscar la diversión…”


“Estuvo un largo rato, aburrida, haciendo zapping. Tardó dos vueltas a todos los canales para terminar descubriendo aquello que quería ver. Aparecía un niño de vuestras edades, chicos.”


Laura sonrió aún más de lo habitual y bajó el tono de voz.


”Los niños dispersos estaban gritando, algo los perseguía. Cuando eso los alcanzó y terminó su trabajo la niña cambió de canal.”


—¿Asustó la película, Laura? —La chica mayor miró al pequeño que se había atrevido a hablar y simplemente le susurró una respuesta que a Jorge le costó entender —Espérate y lo sabrás pronto…


Asustaba más su tono que la propia historia. La luz de la linterna se posó sobre la cara de la chica y la acercó por debajo de su barbilla.


—¿Seguimos?


Todos los niños asintieron y callaron. Laura continuó.


“Eran las tres de la mañana, cuándo terminó de escribir muchas líneas en su diario.


Al día siguiente, se levantó muy entusiasmada con las ideas que aun tenía rondando por su cabeza. Sentía algo de sueño, al tener que levantarse a las siete y haber dormido apenas cinco horas, pero pensó que era lo que le tocaba.


Como no debía ir a la escuela, había decidido pasar por la biblioteca pública para realizar una investigación más profunda sobre aquellos temas que la preocupaban. En su diario escribió mucho, pero también le surgieron muchas dudas. Su vida estaba cambiando sin que nadie lo supiese. Pensó en contarlo a su madre, pero tal vez no la entendiera, nunca lo hacía. Su padre sabía que no querría escuchar mucho de lo que dijese. Le había pillado un par de veces mirando sus pequeños senos que iban resaltando cada día un poco más, pero no le dio mucha importancia al asunto, seguramente su madre estaría haciéndose de nuevo la dura con él, pobrecillo.


En la biblioteca encontró varios libros.

Uno sobre anatomía le pareció muy interesante. Aprendió donde tenía ella el corazón y cada uno de sus órganos importantes, eso la emocionó.”


Laura los miró a todos y dijo elevando la voz : “¿Sabéis vosotros donde tenéis el corazón?”


Muchos de los niños se señalaron el lado izquierdo y otros el derecho. La chica de veinte años sonrió, luciendo sus dientes algo manchados de sarro, parecía, mientras miraba hacia el cielo, mordiéndose el labio. Continuó al poco la historia.


“Había pasado un año cuando tomó valor para hacerlo. Deseaba con todas sus fuerzas poder cumplir con las metas que se había propuesto. Había mirado muchos libros y visto algunas películas muy buenas sobre el asunto.


Esa noche agarró su mochila y colocó en ella algunas herramientas, como no quería hacerse daño o rozarse, puso también unos guantes de goma gruesos de su padre y un gorro oscuro, era muy feo. Eso casi hace que lo dejara allí.


Su madre, subía las escaleras, ‘¡no!’, pensó la chica, sus padres no dejaban que tuviera mucha intimidad con sus cosas. Escondió rápido la bolsa debajo de la cama y se sentó en ella, esperando que los tacones llegaran hasta la puerta y apareciera la cara rechoncha de su madre, con la mirada agria a decirle lo mucho que la quería o alguna cosa parecida.


— No te quedes mucho tiempo despierta, cariño — su mamá la quería mucho, ¿qué pensáis vosotros, chicos?”


Los niños no sabían que responder, estaban algo extrañados con esa historia. A jorge no le gustaba nada, la niña esa parecía rara, incluso más rara que él.


“La chica le dijo que se acostaría pronto a su ‘mamá’. Quería mucho a sus padres, al menos la mayoría de las veces. Siempre la cuidaban y le permitían hacer lo que más le gustara mientras no causara ningún problema. En realidad, los detestaba, pero debía intentar convencerse de lo contrario.


Ahora le tocaba al padre, subió al bajar su madre y se acercó tocando con los nudillos en la puerta.


— Se puede —dijo su padre, sin dejar de apartar la mirada de su camisón.


— ¿Si, papá?


— Me encanta que me digas papá. —le guiñó un ojo —Has estado muy concentrada en estos últimos días, ¿tienes alguna otra pregunta sobre anatomía cariño?


La cualidad que más destacaba en su familia siempre había sido la curiosidad y ella se incluía, pero eso no quería decir que todas sus curiosidades se pudiesen contar. Miró juguetona a su padre mientras notaba como su padre se ponía de lado y bajaba la mirada.”


—¿Se estaba haciendo pipí el papá de la nena? —dijo una de las niñas más pequeñas, otras solo se sonrieron y algunas miraron hacia la luna, respirando muy entrecortadamente, como si recordaran algo tenso de sus propias vidas.


—Sí, Violeta, seguro que se estaba haciendo pipí encima, es más puede que hasta manchara algo el pantalón. —Laura miró a la niña y lentamente giró la cabeza hasta casi parecer estar mirando a Jorge en la oscuridad. Continuó la historia.


“— Creo que de grande me gustaría ser doctora — le dijo la nena a su papá algo pensativa. —Serás mi primer paciente, ¿papi?


— Eso sería muy hermoso, pequeña — dijo con la cabeza agachada.


— Si, papi, muy muy cierto


Su padre se despidió de ella con un beso en su mejilla, muy lentamente, antes de retirarse a su cuarto, en la primera planta.

La chica esperó varias horas hasta que se durmieran ambos, aunque ese día escuchó algunos gemidos, saliendo del cuarto de sus padres.


Se hicieron las dos de la madrugada cuando el silencio se hizo completo en su casa. Se levantó, estaba vestida ya desde hace algunas horas. Una vez lista bajó las escaleras tratando de hacer el menor ruido posible. Una vez afuera comenzó a caminar. Se sabía de memoria todo el recorrido al parque donde tenía planeado ir. No tenía miedo, al menos en ese momento. A medida que fue llegando, las piernas empezaron a fallarle por la emoción.

2 de Julio de 2019 a las 10:42 1 Reporte Insertar 3
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Samantha G Samantha G
No puedo creer que ya este publicada!!!!! Esta historia fue realizada hace muchos años, su nombre original era "No seas una cobarde" y debí decir que la protagonista principal no era tan...dulce. Cuando conocí a Iban, un escritor increíble, decidí compartirla con él. Podrán ver que hemos realizado otra historia en conjunto y lo que hace con mis relatos es magia. Sabe como lograr el ambiente perfecto en ella y es por ello que decidí entregarle esta historia y ver que tal quedaría con sus modificaciones y, debo admitir, que no me ha defraudado. Iban es un escritor con el cual me he sentido unida desde que comencé a leer sus historias, que por cierto las recomiendo. Bueno, mejor no me extiendo ya que podría seguir escribiendo sobre ello todo el día. Solo quiero decir esto, si te gusta las historias de terror, se que esta te va a encantar. Gracias Iban por lograr mejorar mi historia, en realidad, NUESTRA HISTORIA.
2 de Julio de 2019 a las 12:01
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