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u15613446511561344651 Jacqueline Q-Herrera

Katy es una mutante, asombrada del mundo, de la ciencia, del mundo en ruinas que intenta salvar desesperadamente.


Ciencia ficción Todo público.

#biopunk #258
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El día que Desperté

La periodista acomodó las cámaras con ayuda de los asistentes. Ella en cambio, amamantaba ajena a su movimiento acariciando suavemente la cara de su niña. En el estar había acomodado elementos de bebé como mudador, e incluso un extractor cerca, cosa de no distraerse.


Finalmente la miró, expectante.


—¿Partimos? —Preguntó.


—¿Cómo haremos esto? —dejó la niña en una cuna cercana. —¿Qué tal si yo te cuento, y me preguntas? Así me encauzo, porque tiendo a irme por las ramas. —Hizo otra pausa— No sé cómo empezar... siempre los discursos son un un fin...


—Dale, mira, te haré preguntas y me vas contando, si quedo con dudas vamos resolviendo, y así. ¿Bueno?


—Bueno.


—La primera pregunta es ¿Cómo partió todo?


—Pfff... complicado. Porque tengo hartos lapsus de recuerdos en blanco, como si se hubieran borrado. Algunos días me parece que recuerdo todo, con detalles pero no logro hilarlos y otros días... tengo una idea de cómo fue de principio a fin, pero nos detalles no me encajan. La gente normal, suele recordar su pasado, las cosas que lo hicieron la persona que es en el presente. A veces no lo dicen, por el riesgo que significa para las emociones, pero otra cosa es de noche, a solas y a oscuras consigo mismo. Hay quien dice que la mente humana es capaz de borrar trozos completos de la misma historia, sustituyéndolos por recuerdos falsos para ayudarlos a vivir. Me pregunto si los mutantes compartiremos esa predisposición a la supervivencia plena que parecen tener los recuerdos que se ocultan o saltan inesperadamente a morder en el instante menos esperado.


—Mejor entonces... ¿Cuál es tu recuerdo más antiguo?


—Otro problema. Tengo flashbacks y relatos. Pequeños rayos donde puedo ver cosas, imágenes, o sentimientos, de los que siempre dudé por creer que eran implantados. Pero lo que recuerdo más real, es del día que desperté en el hospital, con la sensación que algo había olvidado, así con la mente en blanco. Estaba en una cama de una habitación muy grande y casi vacía, vuelta a un ventanal que cubría todo un lado y a través del cual se veía un árbol. Miré alrededor y no reconocí nada. No era la luz amarilla que bañaba mis cosas, aunque descubrí con estupor que no podía tampoco recordar cuáles eran, y me fui dando cuenta que esto no era normal, mientras el recuerdo de dicha normalidad se iba diluyendo. Era una luz blanca azulina la que bañaba el papel tapiz desteñido que cubría la pared que daba a mis pies, con un mueble solitario y un espejo arriba. Fui despertando, y por la puerta de la pared contraria a los ventanales, apareció una enfermera, que traía una bandeja. Vestida con falda larga, pechera y su cofia, me hablaba para chequear si estaba bien, supongo; y lo supongo porque no entendí ni una palabra de lo que me decía. Al extrañarse de que no contestara, asentí con la cabeza, y siguió hablando en ese idioma en que yo, hasta ese momento, no diferenciaba los sonidos.


Para qué decir, me sentí aterrada. Las paredes, tan lejanas en realidad, parecía que se me venían encima. Al ver que no contestaba sus preguntas, y que la miraba desorbitada, la señora corrió a llamar alguien, un hombre de bata blanca entró corriendo y siguió hablando en esa misma lengua. Intenté desesperadamente pensar en mi nombre, mi teléfono, cosas que estaba segura debía tener memorizadas siempre, pero por más que lo intentaba, más en blanco se ponía mi mente. Del susto empecé a preguntar qué me pasaba y dónde estaba, y su frenético río de preguntas se convirtió en una sorpresa mezclada con asco, mis palabras no salían. Miré mis manos, se veían diferentes, ya no eran pálidas y alargadas, tenían una suerte de líneas como rayos que las recorrían en la parte que se vuelve de la palma al dorso, y que continuaba por las manos por los brazos hasta el hombro. Noté que estaban más grandes, que había vendajes en algunas partes. El médico y la enfermera me miraron con aprehensión, y la puerta se llenó de curiosos. Mire mis piernas y las destapé, estaban normales. El mismo patrón de líneas azules, pero tres y más oscuras. Tenía puesta una de esas camisas de hospital.


Me senté en la cama y los miré. La enfermera, impávida, fue a cerrar la puerta para alejar los curiosos, otros pacientes a los cuales no les alcancé a ver el rostro, mientras el médico se trataba de calmar y pensar en algo. Al tiempo que se sentó en la cama, miré hacia afuera, y no reconocí nada. No era el color del cielo ni el tipo de árbol, ni el color de la tierra.


Estaba en otro país, con otra gente y otra lengua. Fue como nacer siendo adulta. Me tuvieron que enseñar a caminar, a ir al baño, a comer y hablar. Fui "muchacha" por varios días... cuando ya supe hablar, me nombré a mí misma Kat-E, como las letras grabadas en mi muñeca.


—¿Se pueden ver?


—No, sólo cuando me transformo, y ya no lo hago, por seguridad.


—¿Seguridad? —Pareció dudar de mi elección de palabras.


—No temas, me refiero a que mi sistema físico ya no está óptimo para proceder.


—¿Las lesiones de la última guerra fueron muy graves?


—No, las mutaciones nunca fueron exitosas. Yo soy una de las últimas, pero en la guerra y los últimos años he permanecido en franca decadencia. Ya he sufrido muchas cirugías para atenuar los efectos de esa locura.


—¿Cuándo te hiciste consiente que eras mutante?


—Fue durante mi estadía en ese hospital. Por lo que pude averiguar años después, alguien me habría ido a dejar. En realidad no era un centro hospitalario como se piensa, sino una clínica de lujo para gente con dificultades motoras y cognitivas, pero con El Fin Del Mundo había funcionado como uno de emergencia.


Paciente NN es entregada al portero, que la recibe sin mayores interrogantes. Se le dan cuidados mínimos y cura de heridas, pensando que podría tratarse de algún tipo de superviviente tardío del desastre, o alguien de paso que sufrió un accidente. Los días pasan y nadie la reclama, se da aviso al gobierno. La policía no encuentra búsquedas que coincidan. Es visitada por varios funcionarios, pero parece inconsiente o en un sueño profundo. Se le otorgan cuidados kinésicos, para lo cual le tomamos radiografías. Es durante esta etapa que nos damos cuenta que es una menor de edad. En medio de la discusión si se la lleva servicio de menores, despierta, pero permanece afásica por al menos dos días. Su transformación, una vez despierta, se desaparece a menos que sea sometida a estrés, y su aspecto puede ser el de una joven normal. No hay explicación para que exista, pese a ser claro que fue medicamente intervenida hasta poco antes de llegar acá.

Tras dos semanas de trabajo intensivo, kinesiólogico y de lenguaje, viene un tipo del ejército con una orden, y se la lleva. La visten de uniforme. No hice seguimiento, no tenía fe en que sobreviviera


Una noche que me desperté, seguía en la misma habitación. Caminé hacia el ventanal, me puse a mirar el árbol que daba a mi ventana, desde el jardín. El jardín era bonito, no era simétrico y tenía muchos caminos curvos y blancos, en contraste con el césped tan verde con bancas. Más lejos, había una gran puerta conectada por grandes matorrales. Nada más allá, se veían las luces que pasaban intermitentes. La enfermera estaba dormida en una silla que habían puesto junto a mi cama. El reflejo en la ventana me daba una idea de mi misma, de mi cuerpo que me llevó a poder hilar los golpes de recuerdos que tenía de la central de mutantes. De alguna forma sabía que preexistía, que la mutación presente –los escuchaba hablar todo el tiempo de sus descubrimientos en mi cuerpo- mostraba que había alguien antes, y ese alguien era yo.


—¿Estaban frescos los recuerdos sobre el proceso de mutación?


—Sí. Aún lo están, eso nunca se olvida. Es como un nacimiento.


—¿Cuánto tiempo estuviste ahí?


—No se sabe. No hay registros. Antes del Fin del Mundo hubo varias organizaciones paragubernamentales que experimentaron con mutaciones en humanos, para hacerlo en los soldados necesitaban gente de prueba y el tráfico de humanos salía más barato, así que mientras estábamos ahí éramos números y estadísticas nada mas. Igual hice hace unos días el ejercicio de calcular entre mi desaparición, y los documentos de este hospital y de mi "adopción" por parte del ejército de Alemania –Aún no era neo.


Lo que sí te puedo decir es que no había luz natural para saber los días y las noches. Creo que fueron los meses entre que se desató el caos y que se calmó con la primera paz, la que duró mientras los dos ejércitos se armaban. Es decir, cuando El Fin del Mundo se desató pero no había alcanzado el nivel de globalidad


Durante años sentí hartas dudas, porque recordaba como puras leseras, atardeceres, abrazos, olores. Pensaba que eran inventos míos, porque no eran nombres, o direcciones. Siempre soñaba con escenas chicas, estar en la fila del colegio, pero no veía el nombre, jugar en la playa, comer un helado junto a una señora feliz. Del periodo en la fábrica de mutantes sí me acordaba bien de todo. Del nombre bordado en cada bata blanca, y gritados en medio de la oscuridad.


Me costaba darle una forma temporal a los buenos recuerdos. Los malos eran los más abundantes.


—¿cómo recuerdas el laboratorio?


—Como estar colgada cabeza abajo, y que te pasen por un rallador las piernas y después de echen limón. Aún tengo pesadillas con ese lugar, me han perseguido por años. De esto recuerdo mucho más que imágenes, como el dolor de los procedimientos, muchos sin anestesia. Los procedimientos médicos y el dolor constante, además del miedo dejan marcas inenarrables. Incluso creo haber visto, mientras me hacían cosas menores a mí, reemplazo de órganos con el sujeto despierto. Lo que me hicieron a mi fue inyectarme en los nervios y los músculos, además del tratamiento de piel. Recuerdo haber llorado por caer inconsciente muchas veces, sentir que mi cabeza giraba y que iba a estallar, pero no tengo la noción de los ojos, cuando me deben haber injertado ADN, ni de cuando insertaron esos chips en mi cabeza y en ciertas partes de mi cuerpo.


Las secciones donde el veneno impregnó los músculos quedaron más marcadas. Parece que los músculos más reforzados son aquellos que muestran las líneas que nos caracterizan, no sé si porque el producto inyectado tiene ese efecto secundario, o como bengala, para mostrar que está activo. En todas partes tengo cicatrices, incluso en el interior de mi boca. Algo no resultó o quedó a medias, porque he visto a gente que le crecen los colmillos.


Lo médico no era lo más terrible, sino los guardianes que querían hacer de todo con las prisioneras. De distintas razas, las miraba cambiar según el animal que les elegían, supongo que ellas me miraban de igual manera. Mutando. Algunos se volvían más animales que humanos, otros morían lentamente, otros cambiaban su forma de caminar con los días. Cambiaban los rostros y las manos, las piernas se torcían o la espalda se curvaba. Abusaban de ellas, las prisioneras, como querían, quizá debido a que los científicos querían ver si tenían mezclas más o menos reproducibles. Así que en ese momento no me tocaron en ese sentido, pero se desquitaron golpeándome. Mi estómago era un saco de box para ellos.


El lugar era horrendo. Para dar una idea, era como los refugios de perros abandonados. Paredes muy altas, llenas de jaulas de plástico, hasta diez niveles hacia arriba. Entre experimentos nos dejaban descansar en esas jaulas que eran muy pequeñas, rectangulares de algo así como metro cúbico, de un ascético celeste y con las rejas color blanco. Las lavaban con mangueras cuando no estábamos. No sé qué era peor, quedarse en la celda incómoda y adolorida o ser torturado por los científicos. Doy gracias a que era casi una adulta joven, porque las mujeres mayores eran continuamente molestadas y los niños pequeños lloraban mucho, hasta que alguien o se aburría o sentía compasión y los dejaba dormir. Y no me refiero a dormir de acostarse en una camita y soñar con los angelitos.


Tenían una especie de escalera telescópica para bajarnos, siempre lo hacían dos de los esbirros de batas celestes, creo que eran asistentes. La comida era apestosa, como comida para perros en lata, y la servían en un plato muy similar al del agua. Solo cuando nos daban lavados íbamos al baño. No teníamos funciones físicas normales. Las jaulas estaban una pared frente a la otra, pero iban escalonadas por los niveles, supongo que por edad o peligrosidad. Yo no pasaba mucho consciente, creo que nos drogaban para que no recordáramos mucho y veía el paso del tiempo en el cuerpo de los otros. Varias veces vi que mis compañeros de infortunio luchaban con los de batas celestes. Ellos hablaban entre sí, pero había un carcelero que vigilaba que no se dijeran casi nada. Algunos podían gritar "Soy Nadia Bertoni, tengo 26 años, vivía en Suecia" con la esperanza que si alguien salía vivo de allí hablara o memorizara esos datos. No recuerdo nombres de mis compañeros de tortura, sino los rostros, al volver de las prácticas. Es difícil explicar el horror que aun me da el olor a desinfectante.


Tampoco sé cuántas veces me habrán intervenido quirúrgicamente, con químicos, los que comía y los que inyectaban o esparcían. Las celdas estaban dispuestas junto a las paredes de un domo, pero como un pasillo exterior, porque tomaban esa forma circular hacia la espalda, y más allá de esa curva, sin poder verlo desde mi jaula, había un quirófano con varias mesas, tan alto como la muralla que sostenía las jaulas de color azul también, donde podían torturar, sumergir en químicos por medio de poleas, y más allá no lo sé, seguro había más instalaciones.


—¿Alguna idea de cómo o porqué terminaste en el hospital?


Sí. En mis memorias quedó el olor a quemado, gritos, pero no me podía despertar, probablemente estaba muy medicada. Alguien me sacó a toda prisa. Después sentía frío, y tuve conciencia de permanecer sobre el pasto. Me acuerdo que sentía el olor de la tierra, gente llorando, quejándose, gritos. Luego me envolvieron en la frazada y el aroma de quien me salvó me quedó por años.


Nos reencontramos muchos años después, en el mismo lugar, pero esa es otra historia.

3 de Julio de 2019 a las 17:54 11 Reporte Insertar 2
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Sara García Sara García
¡Hola! Soy Sara, estoy revisando tu historia para poder verificarla. Te recomendaría que utilizaras espacios entre párrafos de ser necesario y también entre diálogos para facilitar la lectura. Intenta emplear el mismo guión en los diálogos, ya que parece que usaste de diferentes tamaños: se recomienda usar el guión largo, también llamado "raya". Revisa también algunos errores ortográficos. Cuando lo corrijas puedes contestarme a este comentario, así volveré para verificar la historia. ¡Un saludo!, cualquier duda puedes comentármela.
August 19, 2019, 19:33

  • Jacqueline Q-Herrera Jacqueline Q-Herrera
    corregido el espaciado - los guiones - algunos errores, los que encontré. August 20, 2019, 13:10
  • Sara García Sara García
    ¡Buenas tardes, Jacqueline! Gracias por corregir los errores que hayas encontrado, ahora está mucho mejor la ortografía y gramática. Te dejo un enlace para que puedas ver cómo se utilizan correctamente los diálogos: https://www.literautas.com/es/blog/post-10363/como-representar-un-dialogo-graficamente/ También me he dado cuenta de que al principio del capítulo, donde pones: ¿Partimos?, preguntó , debería de ponerse a parte como un diálogo con guión. ¡Un saludo!, estamos en contacto. August 20, 2019, 14:52
  • Jacqueline Q-Herrera Jacqueline Q-Herrera
    Ya, puesto aparte. ¿Que sigue? Cuentame. August 25, 2019, 22:00
  • Sara García Sara García
    Me sale que no tienes nada escrito en el primer capítulo, confírmame si es un fallo de mi ordenador. August 26, 2019, 20:05
  • Jacqueline Q-Herrera Jacqueline Q-Herrera
    Me acabo de fijar. Lo repararé! August 29, 2019, 22:55
  • Jacqueline Q-Herrera Jacqueline Q-Herrera
    corregido August 29, 2019, 23:05
  • Sara García Sara García
    ¡Hola de nuevo! Perdona la tardanza, el primer capítulo ya está mucho mejor, ahora échale un vistazo a los siguientes. September 11, 2019, 06:47
  • Jacqueline Q-Herrera Jacqueline Q-Herrera
    Eso mismo iba a preguntar, si era solo este o toda la historia!! Hay una forma de enviar DM?? September 18, 2019, 01:34
  • Sara García Sara García
    En principio no, pero tampoco te preocupes, cuando revises todo me avisas y te verifico la historia! September 18, 2019, 19:17
  • Jacqueline Q-Herrera Jacqueline Q-Herrera
    Creo que estamos!! October 10, 2019, 22:28
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