Insomnio Seguir historia

baltazarruiz154 Baltazar Ruiz

Camila llega a casa luego en un largo viaje de negocios, al llegar no encuentra a su esposo y el apartamento está hecho un caos y piensa que ha sido victima de algún crimen, mientras intenta averiguar lo que sucede encuentra una libreta con apuntes de Esteban donde se repite una y otra vez la misma palabra: Insomnio...


Drama No para niños menores de 13.

#TheDramaKing #drama #theauthorscup
3
450 VISITAS
En progreso - Nuevo capítulo Todos los sábados
tiempo de lectura
AA Compartir

DESESPERACIÓN - CAMILA

I


El vuelo tuvo un atraso de unos treinta minutos, aunque debido a mi cansancio acumulado luego de interminables charlas y apretones de manos y sonrisas fingidas, sentí que fueron horas. Me dolía la espalda de sobremanera y mi mal humor era más notorio de lo normal. Llegar a casa y beber del chocolate de Esteban y dormir dos días era lo que mantenía en pie, la única razón por la cual aún a esas alturas me mantenía civilizada.

Ser la directora de una multinacional no es miel sobre hojuelas y apenas ahora había caído en cuenta de lo arduo que puede llegar a ser el conservar un estatus en un ámbito voraz como el mundo de las farmacéuticas.

Estaba harta.

Tomé el primer taxi que tuvo la decencia de no dejarme ignorada y fui directo al apartamento que alquilamos en el centro. El plan era sencillo, vivir de forma precaria y ahorrar tanto como fuera posible para luego comprar una cabaña a las afueras de la ciudad y pensar en expandir la familia. Éramos prácticos y decididos.

Esteban trabajaba como consultor de marketing para algunas empresas importantes y además era un artista con cierta fama entre los conocedores, fue en el encargado del cambio de imagen en la plaza central y del bulevar y también creó los murales del palacio de gobierno y un cocinero como no había conocido jamás.

A veces pienso que no hay nada no pueda hacer.

Luego del tráfico de rigor, llegamos a eso del medio día. Fue una bendición encontrar a Pepe afuera para que me ayudara a subir las maletas. Era el cuarto piso, con vista al parque central y al bulevar que mencioné antes, podía ver diario las luminarias propuestas por Esteban y que le daban a esa concurrido paseo vial un toque de modernidad y elegancia. Deseaba contemplarlo esa noche mientras me quejaba sobre lo altaneros que suelen ser los médicos y las extrañas palabras que había aprendido. Tenía tanto que contar.

Aunque al abrir la puerta me quedé sin palabras.

El apartamento se encontraba de cabeza, era un caos total. Estaba revuelto, con todo fuera de lugar y regado por el piso.


—¿Qué sucedió? ¡Esteban!

Pepe, quien venía atrás de mí, corrió de inmediato a revisar las habitaciones.

—No hay nadie, señorita...

—Vuelve a revisar, ¡debe estar aquí!

—Buscaré de nuevo, debería llamar a administración y a la policía.


Fue inútil, Esteban no estaba en ningún lugar y no contestaba su celular.

Mis manos temblaban, al borde del colapso físico y emocional. Los agentes no tardaron mucho en llegar y hacer las preguntas de rigor, «¿cuando habló con él por última vez?», «¿tenía problemas con las drogas y el alcohol?», «¿tenía enemigos o rancias personales?».

Había hablado con él hacía dos días, no era bebedor y era amigo de cualquiera que lo conociera, respondí de forma autómata. Mi cabeza me dolía como jamás en la vida, era un dolor punzante y agudo.


—Camila, vine tan pronto escuché lo sucedido.

—Christian —era el administrador del edificio—, ¿qué fue lo que sucedió aquí?

—No tenemos idea, no hemos tenido reporte de nada extraño en estos días, ya entregamos a la policía las cintas de seguridad, ellos las analizarán. Aunque la última vez que lo vimos fue ayer, salió, déjame ver —dijo revisando los apuntes en una libreta— sí, ayer por la tarde, pero nadie lo vio regresar.

—¿No les pareció extraño que no regresara?

—Disculpanos, pero esta semana no estuvo durmiendo aquí, según me cuentan los guardias, pero no sabemos más.

—No me comentó que estuvo durmiendo afuera las veces que hablamos.

—No sé que decir, es lo que sabemos, los guardias tratan de estar pendientes de quienes salen y entran, pero más que eso.

—Perdón, no me siento bien... Gracias por colaborar, eres de gran ayuda.

—Te garantizo que haremos todo lo que esté en nuestras manos, hablaré con los demás guardias, tal vez averigüe algo...


Poco a poco las personas que andaban de un lado a otro en el apartamento fueron saliendo. Debía esperar a que pasaran veinticuatro horas para reportarlo como desaparecido. Así que quedé sola en medio de aquel desorden. Ni siquiera tenía fuerzas para llorar, así que solo me dejé caer sobre la cama y esperar que al abrir los ojos todo fuera una pesadilla. Sin embargo, a pasar mi mano por debajo de la almohada, encontré algo, una libreta.

Al abrirla, reconocí la letra de inmediato.

Esteban escribió en casi todas las páginas de la libreta la misma palabra una y otra vez, algunas de ellas más legibles y otras con una preocupante desesperación.

Insomnio.


—¿Qué era lo que querías decir?


Por la mitad de la libreta por fin encontré algo que no fuera aquella palabra que me empezaba a parecer horrorosa.


«Este es el día nueve sin dormir, estoy empezando a perder la cordura, nada de lo que haga me permite conciliar el sueño aunque sea unos minutos, ni siquiera los barbitúricos que compré ayer, no sé que hacer»


Fue entonces cuando por primera vez las lágrimas se apoderaron de mí. Si bien es cierto que debido a las extensas reuniones que atendía durante mi viaje hablamos más bien poco, no podía creer que nunca me contara lo que le sucedía. Nueve días sin dormir al momento de escribir esa nota, bebiendo drogas que solo son administradas bajo supervisión médica estricta. No podía dejar de llorar imaginando todos los escenarios posibles en los que Esteban podría estar sufriendo solo.

Luego de un momento de autocompasión fui al lavabo y lavé mi rostro.

Llamé a una agencia de renta de autos y pedí uno y saqué de mi caja fuerte el dinero que tenía para emergencias, mi esposo estaba en la calle, son un insomnio que no era normal y debía encontrarlo a toda costa. Mi primer destino era las calles de bajo mundo.


—¿Camila? No sé si sea buena idea que salgas así...

—Hay unas cosas de las que me debo encargar, si ves que mi esposo regresa no lo dejen irse por ningún motivo, ¿entiendes?

—¿Pretendes que lo detengamos por medio de la fuerza?

—De ser necesario, yo me hago responsable, Esteban necesita atención médica urgente.

—¿A qué te refieres?

—Él necesita dormir.

—No entiendo...

—Te explicaré luego.


Frente al edificio me esperaba una auto sedán negro, era hora de comenzar la búsqueda.

22 de Junio de 2019 a las 21:56 2 Reporte Insertar 3
Continuará… Nuevo capítulo Todos los sábados.

Conoce al autor

Baltazar Ruiz ¡Hola! Soy Baltazar y este es mi espacio, acá encontrarán desde terror hasta ciencia ficción. Trato de dar lo mejor de mí en mis historia y me gusta ayudar a los demás, si puedo servirte en algo lo haré gustoso.

Comenta algo

Publica!
Flor Aquileia Flor Aquileia
me encanta todo lo relacionado con el crimen, suspenso, misterio!!! excelente
K.H Baker K.H Baker
Que suspense... Me quedé con ganas de leer más para saber el por qué de todo
~