La delación Seguir historia

diegobabel Diego Babel

Un hombre despierta en una sala de interrogatorios. No sabe por qué está allí, no recuerda nada. Sólo siente una terrible punzada de dolor en la cabeza. Los interrogadores quieren saber la verdad. Pero ¿qué ha hecho? ¿Con quién se ha enfrentado? Quizás la salida esté en ese misma sala...


Crimen Todo público.

#interrogatorio #espionaje #delación
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El silencio amortiguó el grito de dolor que murió en sus labios. A veces la punzada en el cráneo se hacía insoportable. No remitía. Parecía como si el mismísimo corazón hubiera ido a parar allí. Sólo sentía esa parte del cuerpo y ligeras convulsiones que agitaban sus brazos. ¿Frío? No. Incertidumbre. Se retorcía en un colchón duro como el cemento mientras las horas pasaban. Lo sabía por las goteras de aquel antro y el latido de su corazón. A veces se fundían en un único martilleo, como si quisieran sonsacarle una confesión que desconocía. Se palpó tímidamente la cabeza y encontró la posible causa de su amnesia; una tierna costra en el lado izquierdo, cerca de la sien. “¿Qué me ha pasado?”. El hombre se puso en posición fetal y se cubrió con los brazos buscando una respuesta. Perdió la noción del tiempo.



Intuía ligeramente que estaba despierto por las escasas ráfagas que quedaban grabadas en su retina al intentar abrir los párpados. No sabía dónde se encontraba pero el lugar le había recordado a su adolescencia, cuando se quedaba hasta bien entrada la noche viendo películas policiacas. Aquella era una sala de interrogatorios. Intentaba despejarse aunque sólo lograba emitir gemidos guturales.

- Todavía no está preparado – comentó la dura voz de una mujer.

- Sabes que esto funciona así…

- Mírale, por favor, ni siquiera está completamente consciente – rogó otra vez.

- Está bien…lo aplazaremos hasta mañana, pero no más. Hay que acabar con esto cuanto antes.

Percibió unos pesados pasos que se acercaban y el chirrido de una silla. Como en un sueño sintió que dos hombres le levantaban y alejaban de allí por un largo pasillo demasiado iluminado.



- Muy bien, empiece a relatar los hechos cronológicamente desde la primera vez que contactamos con usted, el día 19 de octubre del año pasado, hasta hoy.

Reconoció aquella voz. Sus sentidos comenzaban a enviar fascículos de información al resacoso cerebro aunque su visión era todavía borrosa. Concentró su atención en la figura que había enfrente de él. Poco a poco volvió la nitidez. Era un hombre de unos cincuenta años. Vestía traje militar y llevaba una diplomática raya plantada en un lado de su pelo entrecano. Detrás de él había un policía de expresión bobalicona. Ciertamente no estaba muy interesado en aquel asunto. Le pareció que cualquier día podría confundir la porra que pendía de su cinto con una morcilla. Volvió su atención al interrogador, que le miraba con intensidad esperando una respuesta. Salvo los ratos de dolor en la celda no lograba recordar nada. En ese momento sintió la presencia de alguien más en la sala. Una mujer estaba recostada sobre la pared a su derecha. Los miraba con expresión expectante pero cautelosa. Un fugaz intercambio visual con ella le bastó para comprender que lo sabía todo y que era la única persona que podría sacarle de allí.

22 de Junio de 2019 a las 20:32 0 Reporte Insertar 1
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Diego Babel Acabé en las páginas y ellas me dieron sanación.

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