Cuento corto
0
428 VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

Desenmascarado

Eran las 10:45 de la noche, esta noche en particular el publico en la arena estaba emocional. Tras varios años destruyendo su cuerpo por el placer del ojo del espectador, Cesar colgó sus botas. Cesar había visitado Machu Picchu, había estado cara a cara con la obra de Leonardo Da Vinci en el museo del Louvre y había visto todas las películas de Martin Scorsese y de Guillermo del Toro. A pesar de todas las cosas previamente mencionadas, Cesar seguía sosteniendo con el alma firme y el puño quieto, que el arte más bella, el arte más hermosa e irónicamente la menos reconocida era la lucha libre. Cesar podía recordar como de niño, con menos de cinco años, él se ponía la mascara de su papa para ver las luchas de el Santo o Blue Demon en el canal de repeticiones. Cuando su papá notó lo interesado que Cesar estaba por la lucha libre, se emocionó muchísimo, Cesar iba a entrar al negocio de la familia. El papá de Cesar fue a comprar una antena satelital, para que Cesar pudiera ver las luchas de Gorgeous George y mientras el tiempo fue pasando, Cesar tenía más y más héroes. Nombres como Hulk Hogan, André El Gigante, Eddie Guerrero, Bret “The Hitman” Hart, Shawn Michaels, El Undertaker y el inmortal Ric Flair. Poco a poco, mientras crecía, su papá lo entrenaba y el no se dedicaba a otra cosa que practicar lucha libre y ver lucha libre. Estudiaba cada movida tan meticulosamente que uno podría jurar que Cesar iba a hacer una tesis al respecto. Cuando

el momento fue el oportuno, Cesar debutó como un luchador de la dinastía Gladiadora que el padre de su padre había fundado. Habían pasado ya 27 años desde esa primera lucha. Los tendones, las vértebras, los discos y los huesos de Cesar no eran los mismos, pero el corazón que latía por la simple y sencilla razón de que él había tenido el privilegio de nacer en un mundo donde existía algo tan maravilloso y tan perfecto, algo tan trascendental, tan monumental y tan divino como el que, para él, era el deporte de reyes, la lucha libre, existía seguía latiendo de la misma manera. El seguía sintiendo las mismas mariposas en el estómago cada vez que estaba a punto de ver una lucha o de entrar a luchar. Pero esta noche, cada uno de esos 27 años de castigo no importaban, hoy era su última lucha, hoy iba a entregar su máscara. Cesar sabía que, en este arte, había que seguir las tradiciones y la mas constante y perdurable, era que uno tenía que retirarse en su escudo. Cesar había escogido cuidadosamente a su ultimo oponente, quien el estaba completamente seguro, era la próxima gran estrella de lucha libre en el mundo. Cesar usó los mismos colores que en su primera lucha, una máscara haciéndole tributo a su papá y unas botas especiales que le quiropráctico le había dicho que necesitaba si quería poder hacer las mismas movidas de antes. Cesar dio la lucha de su vida, peleó con todo lo que tenía y si Cesar hubiera sido Vincent Van Gogh, esta lucha hubiera sido su Noche Estrellada.

Por supuesto, perdió, pero ganó el corazón de todo el mundo, cuando veían al guerrero que, por los últimos 27 años, todos los lunes, a las ocho de la noche, les había dado todo el amor y el esmero que alguien podría tener, por fin iba a retirarse, para nunca más ser visto. Cesar antes de quitarse la máscara, felicitó a su joven oponente y le subió la mano al aire, en señal de respeto y victoria. Le entregaron el micrófono a Cesar para dar su despedida, antes de dar su máscara y caminar hacia los camerinos, para nunca más volver a bajar la rampa para luchar. Cesar puso el micrófono contra su boca y luego de que logro secar sus lágrimas, recuperar su aliento y luego de que le publico silencio sus cantos de “Gracias Cesar!” “No te vayas!” “Una lucha más!” “Te extrañaremos!”. Cesar dijo al público:

“Primero que nada, quiero agradecer a Dios por haberme dejado hacer lo que mas amo por tantos años, a mi esposa, por acompañarme en esta aventura que ha sido la lucha libre profesional, a mis amigos y familiares, al jefe y dueño de la compañía. Quiero darle un especial agradecimiento a mis compañeros de trabajo por haberme dado las mejores luchas que alguien podría pedir, al Chico Dinamita, por ser mi último oponente y por, sobre todo, a ustedes, mis fanáticos, mi familia... Ustedes son la razón por la que el sueño de un niño de cinco años, comiendo en

frente del televisor para no perderse las luchas, de un muchacho de un pueblo pequeño y una familia humilde pudiera cumplirse. No puedo decirles cuanto tiempo pasé en el gimnasio entrenando para esto, pero puedo decirles que, toda mi vida supe que para esto había venido yo al mundo. Amo a la lucha libre, mas de lo que amo a cualquier otra cosa en el mundo y para mí, darle mis años, mi salud, mi cuerpo, mi vida, mi alma y mi sangre sudor y lágrimas, fue todo un placer, no sé qué vaya a ser de mi vida después de esto. Pero sepan todos ustedes, que ustedes son mi familia, que a todos ustedes los llevo en mi corazón, aunque no los conozca. Que esta es la mejor vida que alguien alguna vez ha tenido y todo es gracias a ustedes. Porque la lucha libre, es como la vida, a veces es justa, a veces injusta, te hace reír, te hace llorar, te hace enojar y te hace sentir vivo, te hace sentir que puedes volar. Eso es la lucha libre, un arte en movimiento, que te hace sentir. Te hace vivir, te llena de emoción, te llena de odio. Pero no podés alejarte de ella, es demasiado hermosa, es demasiado perfecta para eso. A todos ustedes que a veces me abuchearon, a veces corearon mi nombre. Que me recibieron con abrazos o tirándome latas... Gracias, los amo. Amo a esta industria. Amo a todos en ella y les agradezco por haber sido el motivo de mi vida, todos estos años.” Mientras terminaba esa ultima oración, empezó a desamarrar su mascara y a decir su nombre real y el de sus padres, el lugar de donde venía y su fecha de nacimiento. Nada de eso importaba, porque en

el corazón de todo amante real de la lucha libre, él siempre iba a ser Cesar. Le entregó su mascara al Chico Dinamita, y levantó su mano. El Chico Dinamita, le entregó una espada de madera con inscripciones en ella, diciéndole que era libre. Cesar, con la índole de un emperador romano bajo del cuadrilátero, le dio un beso a su esposa, u n abrazo a sus hijos y caminó hacia la parte de atrás por una ultima vez.

19 de Junio de 2019 a las 07:54 0 Reporte Insertar 0
Fin

Conoce al autor

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~