Niña Pizza, Ya Cállate! Seguir historia

maram17 Mara Martínez

El verdadero amor puede pasar por una serie de pruebas rudas. Amaia siempre fue una chica dulce y extrovertida, quizá demasiado para Diego, el hermano mayor de su mejor amiga de la infancia. En el futuro, ambos vuelven a encontrarse. Amaia sigue siendo la misma, pero Diego no. Quizá los apodos, los empujones y las discuciones se hayan desvanecido con el paso de los años, ya que ahora, la tensión sexual, es mutua e innegable.


Romance Contemporáneo Todo público.

#Niña-Pizza #inkspired #Mara-Martínez #romance
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Te voy a extrañar

Dicen que las opiniones agenas, no definen quienes somos realmente. Es algo que definitivamente, siempre me resvaló por encima como si fuera mantequilla.


Siempre me han criticado por ser: Muy extrovertida, muy chillona, por mi voz aguda, por mi humor tan extravagante, por mis demostraciones de afecto tan empalagosas, entre otras cosas.


Nunca me he quejado de quién soy o lo que aparento. Sé perfectamente que las personas que me rodean y que realmente me conocen, me aman siendo como soy. Y sé que nunca las voy a perder.


—¡Maia!— Escuché a mi madre gritar desde la cocina. —¡Córrele! Baja rápido.—


Cerré el cuaderno dónde escribía y lo guardé en el cajón de mi escritorio. Me levanté de la silla rapidamente y salí de la habitación para bajar las escaleras como un rayo.


—¿Qué sucedió?— Le pregunté a mi mamá con la voz entrecortada y casi sin aliento. Estaba parada en el marco de la puerta a la entrada de la casa mirando hacía la casa de los Vecinos. Dónde vivía mi mejor amiga Daniella.


—Algo está pasando. Ven, acércate.— Dijo sin apartar la vista de la Casa. Por alguna razón mi pecho dio un vuelco brutal que me provocó escalofríos. Me acerqué con cuidado y observé en su dirección.


Había un camión de mudanza estacionado en la cera de enfrente y dos hombres robustos, estaban empacando las cosas de la Casa.


—¿Dani nunca te mencionó nada?— Escuché que me preguntó, pero decidí ignorarlo, no pude contener la curiosidad y salí corriendo en la dirección en la que mis ojos llevaban posados un buen rato.


Corrí a toda velocidad y de un salto, pasé la cerca blanca que dividía nuestras casas. Por la rápidez y la adrenalina que llevaba, accidentalmente aplasté todos los tulipanes que la Sra. Sofía había plantado.

Alcanzé a divisar que la puerta estaba abierta, entonces me apresuré a subir los tres pequeños escalones que había a la entrada, sin embargo, cuando estaba por cruzar la puerta, una fuerza sólida se me atravesó provocando un choque brusco que me hizo caer sobre mi espalda y rodando por lo tres pequeños escalones.


Quedé bastante atontada en el suelo con un fuerte dolor en la cabeza. La vista se me nubló y era capaz de ver casi nada. Simplemente pude escuchar a alguién gruñir.


—¡Maldita cara de pizza! ¡Dani!—


¡Demonios! Se trataba del idiota de Diego. El hermano mayor de Daniella.


Cuando recuperé el control de mis cinco sentidos, ví que sostenía una caja de cartón bastante pesada. Me observó durante unos segundos y sonrió burlonamente para luego, pasarme por un lado como si no tuviera nada de que preocuparse.


—¡¿No piensas ayudarme?!— Le grité molesta, pero como siempre, decidía ignorarme y continuar con su camino.


—¡Amaia! ¿Estás bien?— Escuché decir a Dani con tono preocupado. Aparté la vista de Diego y me concentré en ella.


—Tu hermano es un fastidio, le valió gorro a verme tirado por la escalera— Gruñí cuando me ayudó a levantarme y me sacudí el polvo de encima.


—No te preocupes, no volverás a lidiar con él—


Y fue entonces cuando ví su rostro ensombrecerse.

Sabía que algo no estaba bien, y lo confirmé cuando tomó mi mano y me acercó a ella para sentarnos en uno de los escalones.


—¿Te vas a mudar?— Me atreví a preguntar a pesar del nerviosismo que me consumía.


—No estaba planeado.


Se encogió de hombros y clavó los ojos en el suelo.


—Dani falta poco, ve con mamá.— Dijo Diego al pasar junto a nosotras.


—¿Por qué van a mudarse?— Le pregunté cuando apoyé la palma de mi mano sobre su hombro.

Suspiró lentamente y sus ojos vidriosos se encontraron con los míos.


—Mis padres van a divorciarse.— Lo soltó tan rápido como sus lágrimas comenzaron a caer que mi cerebro tardó tres segundos en procesar sus palabras. —Ellos comenzaron a discutir por la noche...—


A decir verdad, sus padres nunca se llevaron bien. Al menos desde que los conozco. No estoy segura de la verdadera razón, y siempre he sospechado que Diego sabe algo que no quiere que Daniella…


—Al final decidieron que era mejor que cada quién continuara con sus vidas— Esa frase consiguió sacarme de mis pensamientos. —Mamá, Diego y yo nos vamos a ir. Es íncreible que mi padre no quiera saber nada de nosotros.


Me paralizé. Ví que Dani se levantó y entró en su casa moqueando. Yo seguía estática. Estaba a punto de perder a mi mejor amiga, y la situación estaba fuera de nuestro alcanze.


Finalmente, cuando estaba sentada en la cera de la calle frente al camión, ví por última vez a los padres de Dani hablar en el marco de la puerta. Su madre estaba furiosa y con ganas de irse lo más pronto posible, pero su padre…estaba afligido, con una mezcla de impotencia y dolor. Eso pasa cuando uno de los dos todavía sigue amando.


Entonces ví a Diego pasar junto a sus padres molesto. Ignorándolos, tomó la mano de Dani que caminaba detrás de él con los hombros caídos y la apresuró para subirla al coche.


Me levanté y caminé hasta ellos cuando la puerta del auto se abrió. Y abrazé por última vez. Siempre me dolió ver a mis seres queridos tristes. Y aunque Diego no lo demostraba, también estaba mal.


—Te voy a extrañar— Susurró débil con la cabeza hundida en mi hombro. Eso me dolió, por que en el fondo, sabía que se estaba despidiendo. Y entonces la abrazé más fuerte. Para ser niñas, cuando las cosas cambian, son más duras de superar para nosotras.


—Cara de pizza…—


Escuché a Diego llamarme, entonces incliné la cabeza para encontrarme con sus ojos. Siempre fueron chispeantes, de ese color obscuro e imponente. Nada de verde sexy, ni azul irresistible. Solo café.


Puse los ojos en blanco y dije: —¿Qué quieres?


Me miró fijamente sin decir una sola palabra. Fue como leve estática entre el tiempo y nosotros. Por primera vez sus ojos no me transmitían burla, fue como si algo dentro de él extinguiera a esa persona bromista que tanto aborrecía.


Entonces, Dani comenzó a soltarme lentamente, y se metió en el auto. Su madre atravesó la cera como un rayo y de un portazo encendió el auto. Diego se metió al instante en que escuchó el motor arrancar.


Y solamente…ví como el auto se alejaba. Ví como el padre de Dani azotaba la puerta al cerrarla. Ví cuando mi padre estacionó el auto frente a la casa y al bajar me miró confundido. Hasta que también vió el camión de mudanza alejarse. Solamente lo ví extenderme los brazos. Y corrí hacía él.


Lo abrazé y seguí mirando al final de la calle. El auto ya se había pérdido.


10 de Junio de 2019 a las 00:01 1 Reporte Insertar 1
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Tania A. S. Ferro Tania A. S. Ferro
¡Hola! Tu historia se encuentra en revisión para ser verificada. Para poder lograrlo, sólo tienes que pulir un poco más tu historia, pues hemos encontrado algunos detalles de ortografía que pueden ser mejorados.
16 de Julio de 2019 a las 15:08
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