La navaja (Historia asociada a la TRILOGÍA DE LOS DOTADOS) [ COMPLETADO ] Seguir historia

u15519752281551975228 Ibán José García Castillo

Esta es una historia marginal de un relato mucho mayor... Los dotados han existido durante decadas entre nosotros, nadie sabe quienes son, ni el peligro que suponen. "El incidente" una catástrofe que arrasó una ciudad entera en kilómetros a la redonda hizo que los cimientos de "la ciudadela" temblaran. Los dotados que había allí retenidos escaparon al exterior, intentando huir de aquella ciudad subterranea que los mantenía prisioneros, pero no es fácil escapar de aquellos que pueden intuirte. El grupo armado de la ciudadela, las postetades salió de caza.. Aquí comienza un pequeño relato sobre una familia de dotados fugitivos que solo tuvo la opción de vivir huyendo ... Si os intriga la historia, os atrapará el texto. Continuad leyendo ;)


Suspenso/Misterio No para niños menores de 13. © TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

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LA NAVAJA

Siempre la recordaré. El día más especial de mi existencia fue aquel, cuando ella entró en mi vida. Hasta entonces sólo era un objeto inanimado que mi padre utilizaba a menudo, pero después del "día" yo no volví nunca más a ser la misma persona. La navaja de mi padre se fundió con una parte de mi mismo, de alguna manera.

No sé quién leerá esto, ni siquiera sé si estará familiarizado con "nuestra" existencia, en caso negativo este texto le va a sorprender, traumatizar e incluso horrorizar; le abrirá las puertas a un mundo que no sospechaba que existiese hasta ahora.

Mi vida se ha pasado paulatinamente, poco a poco, huyendo. Huyendo de ellos, de la gran y tenebrosa Ciudadela Negra.

Toda mi familia ha sentido el yugo de esta opresión hasta que ocurrió, los exteriores lo llamaron "el incidente", eso nos liberó. Lo conseguimos mi madre, mi padre y yo. No sabíamos que pasaba, solo que el caos se había adueñado de la gigantesca ciudad subterránea que estaba excavada en la roca y que nos albergaba a todos nosotros. Oímos un gran estruendo y después de eso, los cimientos de toda la ciudad y la red de túneles, que eran todo el mundo que habíamos nunca conocido, se tambalearon.

Lo más terrible vino después, con el agua, que empezó a entrar por cada grieta y pequeña abertura a través de la tierra. Toda la ciudad se convirtió en una gigantesca trampa que atrapó a los cuerpos de cientos de los nuestros... Muchos túneles se derrumbaron, otros se inundaron y la construcción más grande que el hombre o cualquier dotado hubiera conocido, hasta este momento, empezó a enterrarse sobre sí misma.

Los miembros más altos de la jerarquía: el cuerpo de fuerza, las potestades y el círculo de los tronos, nuestros gobernantes, tuvieron que actuar. Eran los dotados de mayor habilidad y poder, eran nuestros opresores y captores, que durante breves instantes, desatendieron la labor de mantenernos encerrados. Los niveles superiores quedaron inutilizados y las puertas que nos retenían según nuestra capacidad, dejaron de funcionar. Unas cuantas decenas de nosotros, consiguieron salir a la superficie y huir del lugar, antes de que los grupos élite de potestades, salieran en nuestra busca.

Es difícil escapar de la Ciudadela.

Vimos como muchos dotados fueron capturados y masacrados lentamente mientras intentábamos huir, eso nos proporcionó el tiempo y la distracción necesarios, para poder alejarnos lo suficiente.

Los rastreadores de la élite eran temibles, nadie podía escapar de ellos, sólo la distancia te concedía un segundo de descanso, como para poder estar seguro de no hallarte en un peligro inmediato.

Ahí comenzó nuestra huida y hasta el momento, yo sigo huyendo. Mi familia ha muerto en el intento y hasta ahora solo hemos podido alejarnos de ellos una semana a lo sumo. Están por todas partes, integrados con los humanos. Pueden localizarte y sentir que estás en las proximidades de ellos... por eso... las grandes ciudades estaban vetadas para nuestra familia. Debíamos correr, andar y perdernos por montañas y bosques, por pequeñas localidades, donde pudiéramos controlar la gente nueva que llegaba al lugar.

Cualquier extranjero era un peligro para nosotros, debíamos siempre mantener una distancia de algunos kilómetros con cualquier extraño y a menudo eso, no era suficiente.

En todo ese tiempo la navaja de mi padre fue de gran utilidad. Era como parte de la familia, abría nuestras latas, las botellas que comprábamos, nos divertía en los pocos ratos de ocio, lanzándola contra un árbol e intentando que se clavara... nos mantenía unidos y ese "día", en el que mi poder se "impregnó" de su esencia, aun con mayor motivo.

Todo dotado tiene un poder latente, que suele materializarse en el conocimiento y uso de algún elemento o fuerza de la naturaleza. Nunca se sabe cómo va a ser este proceso, suele ocurrir en la adolescencia, sobre los 15-16 años, sin embargo a mi me ocurrió a los 10 años, una edad muy temprana para ello.

Estábamos en medio de un bosque, dos meses después de la huida. Mi padre había cazado una liebre y estaba pelándola y abriéndola con su navaja mientras yo le miraba absorto. Le estaba quitando las tripas y le había cortado la cabeza... a mi casi se me revuelve el estómago, pero no podía dejar de mirar como aquel filo se hundía rápidamente en la carne de ese animal. No podía dejar de mirar el metal que hasta en la oscuridad parecía deslumbrarme y... llamarme. Cuanto más me fijaba, más me concentraba en ello. Una sensación de familiaridad se adueñó de mi con gran intensidad... mis ojos acostumbrados a la oscuridad de la noche, empezaron a fijarse en el mango, de marfil, blanco y negro, en la hoja brillante y ensangrentada, en el engranaje que hacía que la hoja saliese o se escondiese al doblarla sobre si misma... todo, todo amenazaba con absorber mi completa atención, hasta que mi padre, se dio cuenta de algo y me dijo

-¿Hijo quieres continuar tú?

Sus palabras apenas llegaron a mi mente solo sé que alargué la mano, toque el filo de la hoja y un torrente de información invadió mi mente, parecía ver toda la estructura de la navaja, parecía saber hasta la más mínima imperfección que tenía, parecía como si fuera parte de mi cuerpo... ufff... me corté y chillé. De un manotazo tiré el utensilio lejos de nosotros.

Era de noche, no teníamos más luz que la de la luna y había muchos matorrales alrededor nuestro, jamás la encontraríamos. Me sentí abatido y exhausto... pero en ese momento mi padre se acercó a mí y me dio un beso - parece que mi niño es todo un hombre ya. Nunca pensé que la "impregnación" ocurriera tan pronto y menos a tu edad, pero estoy orgulloso de ti. Imagino que estás confuso hijo y sientes que te faltan las fuerzas. Ten cuidado, relájate, tu poder tiene la mala costumbre de coger la energía de tu cuerpo, de tu calor, si no controlas el proceso, puedes acabar con una hipotermia o algo peor...

Era demasiada información para mí en ese momento, pero su voz me tranquilizó. Cerré los ojos y empecé a notar como la temperatura de mi cuerpo bajaba, hacía frío. Noté la brisa del viento, oía los árboles crujir y zarandearse a su son y veía, veía con los ojos cerrados, con toda la claridad del mundo, la navaja de mi padre. Brillaba en mi mente, cerca nuestro, a unos pasos, entre unas matas. La veía y sabía dónde estaba. Así que me levanté y la cogí. Pero seguí sin calmarme, miré a mi alrededor y seguía viendo más navajas... intenté saber dónde estaban y empecé a sentir escalofríos, pero las vi, estaban tras un pequeño montículo de tierra, en el cinto de unos cazadores... iban con perros y brillaban, brillaban en mi mente en un azul intenso...eran dotados, nos habían encontrado.

Salí del trance, y miré a mi padre.

- ¡Papá, están aquí, nos han encontrado!

Mi advertencia no llegó a tiempo. Salieron de detrás del montículo, aparecieron 5 hombres vestidos de cazadores, con la mirada atenta a su presa, nosotros. Los perros no suponían una amenaza, los soltaron antes de acorralarnos.

Mi madre se lanzó sobre dos de ellos y tocó sus caras. Estas empezaron a arder, a calentarse hasta quemarles la piel... eso le dio algo de tiempo. Se agachó y tocó la tierra, las hojas, las cuales empezaron a prender rápidamente siguiendo un sendero que les llevaba a los dos individuos, entonces, milagrosamente las llamas se alzaron y rodearon sus cuerpos, prendiendo fuego a sus ropas. Aun oigo sus gritos.

Mi padre simplemente llamó al viento, como él decía, empujó sus manos hacia delante y una ola de aire, fuerte y potente golpeó a otros dos dotados que venían hacia él. Estos se desequilibraron y cayeron al suelo. Esto nos abrió un frente para poder huir. Me cogió a mí en brazos y gritó a mi madre - ¡VÁMONOS!

No le dio tiempo, el quinto hombre era una "potestad" del grupo de los élites. No teníamos ninguna posibilidad de salir de allí todos.

El poder de mi madre y de mi padre estaban casi al límite sólo con lo que habían hecho... su temperatura corporal había bajado mucho y un uso mayor de sus capacidades podría dejar sus cuerpos helados, sin embargo las potestades eran capaces de absorber la energía del ambiente. Eso les proporcionaba un mayor potencial y capacidad de uso de sus habilidades...

Nunca supe cual era la capacidad del quinto dotado, sólo sé que mi madre cayó con sus labios agrietados y la piel blanca y helada, mientras de su cuerpo brotaba la sangre por pequeños poros que atravesaban todo su cuerpo, como si finas agujas la hubieran atravesado. El aire a su alrededor estaba helado y sus ojos fueron perdiendo la vida mientras me miraba.

Nunca olvidaré su cara, me decía sin palabras que corriese, que me salvase por ella...y así lo intentamos hasta que un pequeño obstáculo de tierra se levantó ante nosotros. Mi padre tropezó y caímos ambos al suelo. El quinto hombre se acercó a nosotros poco a poco. Parecía que también necesitaba un descanso, pero aun así movió las manos y dos grandes surcos de tierra se movieron hacia nosotros, como pequeños cuchillos de tierra, que fueran avanzando, esperando cortarnos en dos. Al llegar a unos metros de nosotros, saltaron como si tuvieran vida, pequeños aguijones de tierra, afilados y finos...

Pobre iluso, el aire era de mi padre, todo lo que hubiera en él le pertenecía. Una pequeña corriente, fuerte y centrada en esos dardos mortales, lo envolvió y desvió de su trayectoria. Como si de una honda se tratasen los proyectiles nos rodearon y volvieron con fuerza hacia su dueño. La mayoría llegaron a su objetivo convertidos en simple tierra, excepto uno que se clavó en el hombro de nuestro perseguidor.

Vimos la sangre brotar y sobretodo la sorpresa reflejada en su rostro. Eso me dio el tiempo que necesitaba.

Había oído a mi madre muchas veces hablar sobre el control de su habilidad. El fuego, ella lo visualizaba y se imaginaba su trayectoria, se imaginaba como lo empujaba con la mente. Lo sentía como algo suyo y solo lo lanzaba hacía un objetivo. Era algo poco sutil pero efectivo. Lo recordaba e intenté hacer lo mismo. Me concentré en el calor que sentía en el ambiente, imaginé como si un torrente de esa energía se canalizara a través de mi, como si me prestara el calor y el bosque empezó a sentirse frío, no solo mi cuerpo, sino todo lo que me rodeaba, sentía la escarcha, la humedad del ambiente convertirse en pequeñas bolitas de hielo y entonces visualicé el objeto de mi "impregnación". Las navajas abiertas en todos aquellos cintos, eran ahora como extremidades de mi cuerpo, que con un sólo pensamiento dirigí hacia mi objetivo. Imaginé la línea que recorrían cada uno y con los brazos abiertos en cruz los cerré hacia el élite y esas puntas de metal afiladas respondieron. Las navajas de los cuatro hombres tumbados en el suelo volaron de sus cintos hacía el dotado. Este levantó como pequeños muros de tierra endurecida que frenaron cada navaja y sonrió, al igual que hice yo. No vio la quinta navaja, abierta y con mango de marfil, que se dirigió directa a su frente, incrustándose en ella con fuerza. La navaja de mi padre lo mató.

El hombre cayó como si fuera de plomo, sin volver a moverse, ni convulsionarse más.

El resto de nuestros perseguidores estaban fuera de combate, aunque no creo que fuera por mucho tiempo. Dos de ellos con quemaduras graves y otros dos que habían perdido el conocimiento al salir despedidos y golpearse con algo en la caída.

Estaba furioso y no podíamos permitirnos más riesgos. Seguramente este sería el grupo designado para atraparnos, por lo que, tardarían un tiempo en designar a otro y darse cuenta de que habían fallado. Por eso no los podíamos dejar con vida.

Extraje la navaja de la cabeza del "Élite", su sangre era oscura. El color de su sangre era la última de mis preocupaciones. Me acerqué uno a uno, clavando la hoja repetidamente en cada asaltante desvanecido. En mi mente, sólo veía a mi madre muerta, con los ojos sin vida, con su cuerpo atravesado y sangrando, la veía en cada puñalada que daba.

Terminé lleno de sangre y con el corazón endurecido. Nos entretuvimos, llorando la muerte de mi madre cerca de veinte minutos. No podíamos hacer mucho más, no teníamos herramientas para enterrarla y corríamos el riesgo de ser descubiertos con 6 cadáveres y sin ninguna explicación. Tuvimos que marcharnos. Escondimos los cuerpos como pudimos, entre unos matorrales, alejados de cualquier camino y seguimos nuestra marcha.

Este incidente nos dio tiempo a alejarnos mucho de aquella zona. La Ciudadela tardó tiempo en descubrir que es lo que pasó con su equipo, además de que estaban persiguiendo también a otros fugitivos, por lo que conseguimos que nuestro rastro se debilitara tanto, que no consiguieron seguirnos.

Han pasado 15 años de aquello y aún vivo con miedo. Mi padre ha muerto de un infarto al corazón. Lo enterré yo mismo, con mis manos.

Vivíamos en una cabaña alejada de la civilización, en medio de la montaña, a cientos de kilómetros de nuestro punto de huida. Solamente había una pequeña aldea cerca. Ahora me considero, día a día, un poco más a salvo.

Cada mañana me afeito con la navaja de mi padre, que sigue afilada, como el primer día. Cazo animales en la montaña y los destripo y cocino con ella, con la misma maestría que lo hacía mi padre y lo echo de menos con todas mis fuerzas, en cada momento de mi existencia.

Hace una semana conocí una chica, que vive en la pequeña aldea donde de vez en cuando compró algunos suministros, ella me miró y yo la perseguí con la mirada, hasta que... tuve el valor suficiente para hablar con ella. Había comprado un queso de oveja curado y no dudé en cortar un trozo y ofrecérselo. Fue una tontería, no lo quiso, pero conseguí hablar con ella. Cada vez bajo más al pueblo y nuestras charlas intrascendentales son más y más habituales. Creo que me gusta y empiezo a sentirme seguro como para poder hablar con alguien sin ponerlo en peligro. Necesito que esto quede por escrito, no quiero olvidar lo que pasó, pero debo avanzar en mi vida.

Esta será la última vez que recordaré todo el horror que he vivido hasta ahora, voy a intentar ser un humano normal, ¡Sé que lo conseguiré!

Si alguien lee esto, que sepa que la ciudadela es real, los dotados lo somos y la humanidad corre peligro, en algún momento esta, tendrá que enfrentarse a ello y espero que lo escrito aquí sirva a quien lo lea, de guía o de entretenimiento.

El hombre de la gabardina negra y los ojos oscuros, dejó de leer el escrito manchado de sangre mientras miraba los cuerpos sin vida de dos jóvenes. Uno de ellos tenía una navaja antigua, afilada, con un mango de marfil blanco y negro. La otra era una chica hermosa. Tenían el cráneo reventado y la sangre manchaba todo el suelo de la cabaña. Nunca más volverían a hablar, ni a reír.

El libro cayó sobre el suelo mientras el desconocido de la gabardina se reía como si le hubieran contado un chiste muy bueno, mientras se alejaba de la cabaña que había empezado a arder en llamas.

9 de Junio de 2019 a las 17:21 5 Reporte Insertar 2
Fin

Conoce al autor

Ibán José García Castillo Soy un pequeño alma errante devoradora de historias que quiera aportar su pequeño granito de arena a las cientos de palabras escritas para el deleite de las personas. La historia que traigo lleva muchos años en mi cabeza y algunos otros en el papel. Ya tenía cerca de 60 páginas escritas a máquina hasta que pasó lo impensable, me atasqué, la di de leer a más gente y decidí reestructurarla toda y dar más profundidad y un enfoque de tiempos a mi novela diferente.

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Paola Stessens Paola Stessens
Santo cielo que historia extraordinaria, y que final, ese giro nunca me lo hubiera imaginado, me ha dejado helada, aunque la risa después de ver día cadáveres no me convence. En fin, creo que ya soy fan de tus historias. Sigue así!!!
17 de Junio de 2019 a las 16:43

  • Ibán José García Castillo Ibán José García Castillo
    Si puede que la risa esté sobredramatizada.. está hecho también el guión de cine de esta historia que cambia algunas cosas puede que también te guste 17 de Junio de 2019 a las 16:58
  • Ibán José García Castillo Ibán José García Castillo
    Es más el principio está bastante cambiado para que pudiera adaptarse a una película 17 de Junio de 2019 a las 17:00
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