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bernardette-larrain1559801735 Bernardette Larrain

Una herencia provoca un quiebre en una adinerada familia, una niña de cuatro años deberá aprender a sobrevivir incluso sacando lo más oscuro de su ser.


Paranormal Vampiros Sólo para mayores de 18.

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Capítulo I "Mi mundo hecho cenizas"

Jamás olvidaré aquel día, hace doce años atrás cuándo mi padre Edward van Euwen agonizaba en la cama que había compartido con mi madre por cinco años, las negras ojeras y el pálido rostro de mi padre hacían un contraste tétrico, sus labios amarillentos y agrietados se movían al compás de su lenta y dolorosa respiración. Mi madre Harley van Euwen sollozaba arrodillada a su lado, con la cara aplastada entre su rubio cabello y las sábanas, yo sólo miraba la escena sin emitir sonido ni lágrima alguna, pues la rabia podía más que mi dolor, algo dentro de mí me decía que esto no eran cosas de la vida nada más, ningún doctor pudo explicar como fue que una persona tan sana había caído en cama y ahora agonizaba sin remedio alguno en tan sólo una semana. Mi madre vendió casi todo lo que había en la casa, salvo su cama, la mía y la estufa, trabajó haciendo costuras día y noche para pagar medicinas y doctores pues ella nunca perdió la esperanza, pero más pudo la enfermedad que sus esfuerzos y aquél frío y gris día de noviembre la vida le fue arrebatada a mi padre.

En su funeral vino el pueblo entero, pues era una persona muy querida por todos, los carpinteros le hicieron un ataúd de roble en cuya tapa tenía tallada una cruz y su nombre Edward, su imagen decrépita se me quedó grabada en la mente, parecía que la muerte se hubiera llevado consigo todo rastro de su juventud. Fue en ese momento cuándo cerraban su sepultura en el cementerio que llegaron mis diez tíos, ocho varones y dos mujeres todos envueltos en elegantes pieles, pasaron empujando a todos como si se tratara de seres insignificantes, se dirigieron sin dudar hacia mi madre y dando un paso adelante una de las mujeres la tomó por la muñeca derecha y se la llevó hacia el cementerio, la gente del pueblo hizo el ademán de ayudar a mi madre pero el hombre más alto se volteó y los fulminó con la mirada, hombres fuertes de anchos hombros quedaron plantados al suelo temblando de miedo, luego de esto se dio media vuelta y siguió al resto hacia dentro sin percatarse que yo siendo una niña pequeña de cuatro años les seguía de fondo.

- ¡Vinimos a darte el pésame, querida Harley! -, siseó la mujer mientras azotaba a mi madre contra la pared de cemento de una tumba antigua, ella en el suelo logró darse cuenta de mi presencia y con un disimulado gesto me indicó que me quedara callada en donde estaba, intentó levantarse a duras penas pues estaba exhausta, pero nuevamente tomándola de la muñeca la levantó con fuerza y dijo : - ¿Acaso no le advertimos a Edward que sino renunciaba a la herencia que le dejó nuestro padre, terminaría en la tumba? -, los nueve individuos detrás de ella rompieron en una horrenda risotada. Mi madre sollozando le gritó en la cara - ¿Qué fue lo que le hicieron a Edward?, ¿Qué no ven que él sólo quería una vida feliz aquí con nuestra hija? - sollozando prosiguió, - ¡Él ya había abandonado la hacienda, las tierras, solamente vivíamos felices de nuestro molino y cosecha! – La mujer la detuvo en seco con una cachetada bestial y escupiéndola le dijo – Mira ramera de quinta, mi hermano pudo haberse ido de la hacienda detrás de tu trasero pero él nos desafió, hace una semana llegó con la carta notarial que le habían despachado a nuestra casa, diciendo que quería su parte de la herencia de nuestro padre, para irse del país y llevarte a ti y a su bastarda a otro lugar y darles la vida que "ustedes merecían"- soltó una carcajada y azotando en el suelo a mi madre prosiguió - ¿De verdad creyeron que permitiríamos que saliera de este pueblito que un miembro de la familia van Euwen se casó con una prostituta de cabaret, y que encima lo dejaríamos irse con nuestro dinero? – tomando el rostro de mi madre por el mentón y acercando su cara a la de ella exclamó - ¡Jamás!, y hoy nos aseguraremos de que ya no nos avergüences más, y luego de esbozar una tétrica sonrisa hizo un gesto con la cabeza para que la levantaran del suelo.

Entre cinco hombres levantaron a mi madre, ella intentaba forcejear pero le era imposible, estaba demasiado agotada y no tenía fuerzas, miró hacia la dirección en que estaba yo, con una lágrima cayéndole resignada, sabía lo que su mirada intentaba decirme, no vengas, pero mis pies se movieron solos mientras caminaba escondida entre las tumbas hacia lo que parecía un enorme panteón lujoso, al abrir la reja el chillido de metal oxidado logró que un escalofrío recorriera mi espalda, no alcancé a entrar al panteón antes que cerraran la pesada reja detrás de ellos, me quedé ahí parada sin saber qué hacer, rodeé el edificio buscando desesperadamente una forma de entrar, fue ahí cuando encontré una pequeña rejilla de ventilación que daba al sótano de la enorme estructura, una vez que logré mirar hacia dentro, pude ver a mi madre encadenada con grilletes en sus muñecas y tobillos, las cadenas de sus pies estaban tan tirantes que mantenían sus piernas abiertas; el más alto de mis tíos que había intimidado a los aldeanos se quitó el gorro y la bufanda, era moreno y corpulento, sus facciones eran toscas y su mirada oscura y penetrante, movió el cuello de lado a lado y se tronó los nudillos, con una sonrisa sínica en sus labios se dirigió hacia mi madre y rasgó sus ropas con una cuchilla dejándola completamente desnuda, podía ver que movían sus labios y mi madre parecía gritar suplicante pero no salía sonido de las gruesas paredes, la desesperación me pudo cuándo vi que el hombre abofeteaba a mi madre furiosamente, comencé a sentirme débil y mi vista se nubló, lo último que vi fue que a mi madre le daban a beber algo de una botella y perdí el conocimiento.

Un viento helado me despertó, estremeciéndome cuándo reaccioné y recordé la última escena me incorporé como pude, mi corazón saltaba a mil por hora agolpando la sangre en mis sienes, ya había perdido a mi padre, no podía perder a mi madre ahora.

Al mirar por la rejilla, mis ojos no daban crédito a lo que veían, mis tíos estaban todos sentados en sillones de terciopelo rojo formando un círculo, mi madre en medio completamente desnuda y con la mirada perdida, se contorsionaba de una manera grotesca, deslizaba sus manos por sus senos y bajaba lentamente con ambas manos a su sexo, en ese entonces no lo entendía hoy después de tantos años lo hago e intento mantener esta escena asquerosa en mi mente, para jamás borrar este rencor de mi vida.

Mi madre se arrastraba por el piso, mirando hacia el más alto de los hombres, se agarraba de su pierna y comenzaba a subir con sus manos, frotando su cuerpo con la ropa de este y abriendo su boca le dijo algo al oído, el hombre la tomó del cabello y la lanzó al medio del círculo de nuevo, dónde mis dos tías se acercaron a ella una por delante tomó su rostro y la besó introduciendo su lengua, no hubo resistencia al contrario parecía disfrutar aquello, soltó el beso cuándo la otra mujer comenzó a masajear sus senos moviendo sus dedos circularmente alrededor de sus pezones, la escena me era hipnotizante, siendo una niña sin entender la naturaleza de ello sabía que no estaba bien pero no podía dejar de mirar, cuándo la mujer que estaba delante bajó al sexo de mi mamá e introdujo sus dedos moviéndolos a la par con que la otra por detrás le lamía el cuello y jugaba con sus senos, el rostro de mi madre era placer puro, su boca estaba abierta en un círculo, sus ojos entre abiertos y su cuerpo temblando del éxtasis, los dedos de la mujer estaban empapados en un líquido transparente y cada vez salía más y más, no sé cuánto tiempo habrán estado así, sólo sé que en un momento dado mi madre comenzó a convulsionar y con los ojos en blanco cayó desmayada al suelo. Mis tías se levantaron del suelo y regresaron a sus asientos mientras que el más alto de todos se levantó y tomando una cuchilla se realizó un corte en la mano derecha, se acercó a mi madre y con una mano debajo de su cabeza la alzó lo suficiente para poner su mano sobre la boca de ella, dejando caer su propia sangre dentro. Los ojos de mi madre se abrieron de par en par, parecía como si se fueran a salir de sus cuencas, levantó el brazo derecho en dirección hacia dónde yo estaba sentí que logró verme, estoy segura de que pude ver un brillo de tristeza en su expresión de desesperación y dolor enorme, parecía que en lugar de sangre le hubieran dado veneno, las venas en su brazo y mano se veían salidas y se retorcía del dolor y desesperación, la mandíbula apretada mientras su piel iba perdiendo el color rosado palideciendo poco a poco sin nada que yo pudiera hacer. Las lágrimas recorrían mis mejillas, corrí un par de metros lejos del panteón buscando gente, gritando pidiendo ayuda que alguien la salvara pero no había nadie alrededor, el cielo ya estaba volviéndose oscuro y el viento silbaba por entre los árboles y las tumbas, pero no sentía frío, mi corazón estaba destrozado, había perdido a mi padre el día anterior y ahora en el día de su entierro perdía a mi madre, una niña de cuatro años no logra entender a esa edad la magnitud de la muerte, la soledad y la impotencia de no poder hacer nada por mi madre, caí de rodillas con las manos apoyadas en el suelo y lloraba toda la tristeza que me había negado a llorar, por mi padre y ahora por mi madre. Torpemente me devolví aún sollozando, aún esperaba un milagro que la salvara pero este no llegó, al llegar a mirar mi madre ya no se movía y su piel estaba pálida como la nieve, mis tíos se pusieron todos de pie y se colocaron sus bufandas y abrigos nuevamente, cerraron el círculo haciendo que solo pudiera verlos apretados uno al lado del otro como una sombra oscura, el hombre principal tomó un puñal que estaba colgado en la pared y desenfundándolo se acercó nuevamente al centro del círculo, el puñal volvió a aparecer empapado en sangre, estaba más que claro para mí. Habían terminado de matar a mi madre, me incorporé lentamente y orientándome como pude salí del cementerio en dirección a mi casa, sabiendo que no habría nadie esperándome allí más que la horrible soledad.

6 de Junio de 2019 a las 06:27 0 Reporte Insertar 0
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