Los números de una nueva vida Seguir historia

robertberl Robert Berl

Esperando el abogado de la familia, los cuatro hermanos esperan la noticia que les va suponer entender una cosa que nadie de ellos se espera…


Cuento Todo público.

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Una noticia inesperada

Los cuatro hermanos, estaban en la sala de invitados esperando que llegara el abogado de la familia. Sólo hacía unos cinco días, que su padre había fallecido en los mismos aposentos, de la casa donde se encontraban. Robert, el más grande, había estudiado una licenciatura en la ciudad de Berlín y, además de ser el más inteligente, siempre había destacado por tener un carácter humilde y agradable dentro de la familia. Sentado en uno de los sofás comenzó a conversar con sus hermanas Verónica, Anna y su hermano pequeño, Miquel.

—¿Tenéis idea de qué hora va llegar el abogado?

—No—dijo Anna mirando el reloj y continuó—.Son las tres de la tarde, según lo que dijo la última vez que nos vimos, nos subrayó que fuéramos puntual y que posiblemente llegaría un poco tarde.

—Esto parece una reunión de antiguos alumnos de la universidad—dijo Miquel.

—Tener paciencia, no creo que tarde mucho—dijo Verónica.

En ese instante Miquel, fue al lavabo saliendo de la sala y por casualidad mirando la entrada de la casa, vio como el abogado abría la puerta.

—Hola señor Miquel ¿Dónde va?

—Voy al lavabo.

—¿Están todos sus hermanos?

—Sí—dijo Miquel y continuó—.Sólo tardaré unos minutos.

—De acuerdo—dijo delante de él sonriendo en verle—.Le esperaremos, cuando llegue, comenzaremos la reunión.

—Vale, señor Truman, solo son dos minutos.

Miquel se dirigió al los aseos y el abogado abrió la puerta encontrándose con el resto de la familia esperando su llegada.

—Hola señor Truman—dijo Verónica.

—Hola, lo siento mucho si les he hecho esperar, tenía que encontrarme con otro cliente a las dos y, como les dije podría tardar un poco en llegar.

—No se preocupe, solo son las tres y cinco—dijo Robert.

El abogado dejó su maletín en la mesa, que había en un extremo de la sala y abriéndola dijo después de bufar un poco.

—Esperaremos a Miquel, que ha ido al lavabo.

—Para hacerme una idea, ¿Qué es lo que vamos a hacer?—preguntó Verónica sentándose delante de la mesa.

—Sólo es una carta, que escribió su padre hace muchos años y dejó como herencia…

En ese momento abrieron la puerta y apareció Miquel. Cerró detrás suyo y mirando a sus hermanos, el abogado, les hizo sentar los cuatro delante de él. Se apoyó en la mesa y dijo:

—Bueno, señores y señoritas. Como saben ustedes hace pocos días se les dejó parte de la herencia a consecuencia de la muerte inesperada de su padre. Básicamente cada uno de ustedes se han repartido el noventa por ciento de la fortuna que tenía y como me dijo mucho antes de morir, les tengo de informar sobre un asunto que se relaciona con el diez por ciento restante.

—¿Qué es?—preguntó impaciente Miquel.

—Tranquilo Miqui, es una carta que escribió nuestro padre—dijo Robert mirándole.

—Vale…

—Tengan paciencia—dijo Truman girándose abriendo el maletín—.La carta es sólo un pequeño escrito que hace referencia…o más bien habla de un asunto que nadie de ustedes se puede esperar.

Sacando un sobre de color amarillo, abrió y sacó unos cuantos folios que estaban escritos en tinta negra. El abogado leyendo sus nombres en cada papel les dio a cada uno su propia carta y les dijo:

—Sí se fijan, cada carta, está dirigida con vuestro nombre y realmente todas ellas dicen casi lo mismo. Como quería su padre, solo tienen de leérsela en voz baja y personalmente. Cuando acaben lo hablamos—dijo el abogado cruzando los brazos.

Cinco minutos después…

En pocos minutos, los cuatro hermanos acabaron de leer y el abogado les dijo:

—Han acabado.

—Sí—dijeron.

—Como les he dicho, básicamente el primer párrafo de cada carta dice lo mismo para todos. Pero el segundo y tercer párrafo es concreto para cada uno de ustedes. Antes de que hablen de la diferencia que hay. Voy a leer en voz alta la carta que me dejó a mi, para que entendieran un poco de que les está hablando en particular.

Truman, el abogado se giró y cogiendo uno de los papeles que había en el sobre amarillo dijo leyendo en voz alta:

—Estimados hijos. Como saben ustedes he tenido problemas de salud desde hace bastantes años y, realmente sabía que me quedaba poco tiempo de vida. Por esta razón hace unos meses, decidí escribir esta carta y explicarles un asunto que con vuestra madre, que falleció hace años, tenia de explicar como ella quería. En cada carta que tienen ustedes, hay una numeración. Ya que quiero remarcarles, que todo lo que van oír de nuestro abogado Truman, les será un poco incomodo, pero, recuerden que aunque sea difícil de entender o haga cambiar su posición familiar, siempre serán mis hijos—dijo acabando de leer el abogado, mirando a los cuatro hermanos y continuó—.Están preparados para saber lo que significa esta numeración.

—Claro, explíquese señor Truman—dijo Anna.

—Bueno, según lo que me explicó vuestro padre, les tengo que decir que no son hijos de la madre que conocen ustedes.

—O sea, ¿Me está diciendo que nuestra madre, Gloria, no es quien nos tubo hace años?

—No, todos ustedes son hijos de judías del campo de concentración de Treblinka, cada número de referencia que tienen ustedes en la carta es el número que les tatuaron en los brazos de sus madres.

—Pero...—dijo Robert.

—Discúlpeme señor Robert por interrumpirle—dijo el abogado—.Según lo que me explicó antes de casarse con vuestra madre, erais de los pocos niños que pudieron sobrevivir.

—¿Quién era nuestro padre?—preguntó Verónica.

—Su padre llamado, Ernest Heins era de la comandancia de dentro del campo de concentración de Treblinka en el año 1943. Su nombre real era general Tenger Uldrich.

—Me está diciendo ¿Qué nuestras madres eran judías que estaban en ese campo de exterminio?

—Sí, y vuestro padre os pudo acoger sin que se dieran cuenta y, logró salvaros la vida antes de que los doctores de ese lugar os hicieran las pruebas médicas para comprobar vuestro parecido a la raza judía.

—¿Cómo podemos entender esta situación?—preguntó Robert.

—Sólo tienen de aceptar que su padre os tubo y os salvó la vida. Él me dijo antes de morir que entendería completamente que rechazaran su ideología, por esa razón él solo quería cuidaros lo mejor posible sin que nadie supiera quienes eran en realidad.

—Pero esto parece de película, ¿Cómo es qué no supimos nada de lo que escondía nuestro padre?

—Eso es una buena pregunta. Las razones que tenía, era que ustedes los hubieran matado y él se arriesgo como pocos, que los descubrieran, no solo en ese momento sino en la actualidad.

—¿Estaba buscado?

—Sí, pero piensen una cosa señores y señoritas vuestro padre era del partido Nacional Socialista y sus ultimas palabras fueron que vosotros decidierais que hacer al respecto. Sólo quería que tuvierais lo mejor.

—¿Este secreto lo sabe alguien más?

—No, sólo ustedes y yo.

—Como ha dicho señor Truman, ese diez por ciento que nos ha comentado que faltaba de la herencia ¿Cuál es?

—Son estas cuatro cartas. Con este número sabrán quienes eran sus madres y su historia en los archivos que hay en la ciudad de Varsovia.

—Y, ¿una ultima pregunta?

—Dígame señor Miquel.

—Nuestro padre, aunque lo conocimos sin saber su secreto, que ahora se nos a sido desvelado, ¿Mató a gente en ese campo de exterminio?

—Sí, claro. Por esa razón, ustedes, se quedaran con ese diez por ciento, con la finalidad del recuerdo de su padre, sin tener de quedaros algún bien que indirectamente fuera de esa procedencia. De este modo en este momento se les ha dado algo, que siempre podrán mantener en secreto, si ustedes quieren.

—Gracias señor Truman.

—De nada.

—Espero encontrar aun que sea, el nombre de mi madre.

—Claro, de algún modo podrán saber quienes eran.

5 de Junio de 2019 a las 04:05 0 Reporte Insertar 0
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