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baltazarruiz154 Baltazar Ruiz

Una batalla decisiva y dos príncipes que desean lo mejor para sus pueblos...


Drama Todo público.

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El castillo de la península

—¿Has calculado cuántos soldados son?

—Son más de nueve mil, caballería, arqueros y magos a partes casi iguales.

—No parecen ser un ejército regular, ¿hay un comandante?

—En el campamento levantaron una tienda enorme, entendí que un Emir se encuentra ahí junto a un comandante de guerra, pero no me fue posible averiguar más sin exponerme.

—Hiciste bien, esa técnica de observación remota es valiosa, perderla sería un golpe que no soportaríamos, ve a descansar.

—Príncipe Aeduuard, es un honor escuchar sus palabras. Con su permiso, paso a retirarme.


—Walden, volviste de tu misión, ¿estás bien?

—Capitán, todo bien, entregué la información al Príncipe.

—Yo le explicaré todo al Capitán, no te preocupes.


—Príncipe, este chico, Walden, ha resultado un elemento valioso, quisiera recomendarlo para un ascenso.

—Claro, me parece, aunque debemos dejarlo para luego.

—¿Malas noticias?

—Si que el ejército enemigo nos supere tres a uno es una mala noticia, entonces sí…

—Tres a uno, ¿eh?

—Los refuerzos vienen en camino, llegarán aquí mañana al medio día.

—Pero si el enemigo decide atacar, no encontrarán nada más que un gigantesco charco de sangre.

—No lo pudiste decir mejor.

—Aun si tomamos una actitud más defensiva e intentamos aguantar el asedio, no lograríamos nada.

—¿Que propones?

—Que abandone este castillo con su hermana y que deje esto en nuestras manos.

—¿Quieres que abandone a mi gente?

—No, los llevará a un lugar seguro. Quemaremos la paja de los establos y a los establos también, haremos una cortina de humo que los cubrirá y podrán irse tranquilos.

—Capitán Percival Lorré, lo que propone es un insulto para mí.

—Perdone mi atrevimiento.

—Levántate, no tengo tiempo para eso. Acepto una parte de tu plan, sacaremos a todo aquel que no pueda luchar, mi hermana será quien los dirija, luego quemaremos todo.

—¿Todo?

—Todo…

—¿A que todo se refiere?

—A la paja de los establos, a los establos, a las casas, al puente, a las murallas y al castillo. Todo arderá, si perdemos, no quedará nada para que ellos celebren.

—Eso no era parte de mi plan…

—Bueno, improvisé.

—Empezaré a organizar todo…

—Percival, te conozco desde que éramos niños, ¿yo sería un buen rey?

—El mejor de todos…

—Entonces solo debemos sobrevivir a esto.

—Así es príncipe Aeduuard, los soldados y yo lucharemos por ello.

—Dile a mi hermana que venga.

—A la orden, con su permiso…



—¿Estaré haciendo lo correcto, Padre? No recuerdo la última vez que estuve ante tal peligro y fue porque tú siempre me cubrías con su sombra. Empiezo a perder la confianza en mí mismo...

—¡No vuelvas a decir eso!

—¡Heloise!

—¿Te tomé por sorpresa? Me encontré con Percival cuándo salía, te escuché murmurar algo y pues decidí esperar un poco para entrar. No sabía que tuvieras esas dudas.

—Nunca las he compartido con nadie, lamento que observaras un lado tan lamentable de mí.

—No es lamentable, sino la prueba de que eres humano. Debes entender que tus debilidades solo son muros los cuales debes encontrar la manera de librar, no están ahí para detenerte.

—Suenas como nuestra madre... eso me tranquiliza.

—Percival me contó lo de sacar a los aldeanos y a los demás nobles mientras ustedes resisten hasta la llegada de los refuerzos.

—Sí, ese es prácticamente el plan, ¿alguna idea?

—A eso venía, quiero presentarte a una chica, una hechicera de hecho.

—¿Una hechicera?

—Permaneció oculta, al parecer nunca ha combatido. Es hermosa, su cabello es dorado y sus ojos como esmeralda, es un buen partido para ti.

—Heloise... sabes que estoy comprometido, ¿verdad?

—¿Con esa altanera? no cuenta para mí, la haré pasar. ¡Melisende, puedes pasar...!

—Es un honor conocerlo, príncipe Aeduuard.

—Debes ser Melisende, dime, ¿qué clase de magia utilizas?

—Magia de fuego, esa es mi especialidad.

—Fuego, eso es interesante.

—¡Podría ser útil!

—Aunque nunca he luchado, no sé si podré hacer algo que valga la pena.

—Podrías, se me ocurren un par de cosas.

—Estoy dispuesta a hacerlo, no puedo soportar la idea de que esos bárbaros acaban con todo.

—Ve con Percival, estoy seguro de que le encantará saber sobre una hechicera de fuego entre nuestros aliados.

—La llevaré conmigo, ¿qué harás, hermano?

—Voy a revisar el mapa del terreno y ordenaré la retirada al pueblo y a los nobles. Además juntaré todo el aceite que pueda.

—¿Aceite?

—Tengo un plan que funcionará muy bien si me decido a atacar.

—Esa sonrisa tuya la conozco y me aterra un poco...



II



—El enviado observó movimiento en las filas enemigas, llegamos a la conclusión que intentarán escapar.

—Rahim, imagino que tienes en mente lo que deberíamos hacer.

—Sí, Emir, podríamos dividir nuestras tropas y atacarlos por los flancos para acabar con ellos.

—¿Nos conviene?

—¿Emir?

—¿Que tan beneficioso es para nosotros acabar con mujeres y niños que huyen del campo de batalla?

—Son enemigos, ocupa tierra sagrada que nos pertenece por derecho, nadie que no tenga sangre del sagrado Emiral debe vivir en este sitio.

—Es verdad, estas tierras nos pertenecen, pero, no es motivo para maldecirla con la sangre de inocentes. No soy un conquistador que asesine por placer, sin importar lo que haya hecho mi padre.

—Entiendo, Emir, perdone no haber entendido sus deseos.

—Descuida, aún piensas según mi padre. No es culpa tuya.

—¿Qué ordena que hagamos?

—Izarán una bandera celeste, según entiendo, es una costumbre de los occidentales al que significa un cese de hostilidades para atender a los heridos, espero que entiendan que les daremos tiempo para que los no combatientes escapen. Mientras tanto, que los soldados se preparen y que los djinn recarguen su maná para usar magia de alto nivel, una vez fuera los aldeanos, acabaremos con el ejército del príncipe Aeduuard hasta que no quede nadie con vida.

—Emir Yasir Ibraheem, eres tan magnánimo como el mismísimo Emiral, es un honor servirte como a tu abuelo y a tu padre...

—Levanta la cabeza, Rahim, y haz lo que te mando a hacer, los djinn deben ponerse en marcha lo más pronto posible si queremos acabar con esto rápido.

—A la orden.


—Emir, te ves cansado.

—Tío... Sí, estoy un poco cansado. Pese a tener ventaja numérica no creo que podremos vencer antes de que lleguen los refuerzos.

—¿Estás seguro de que vendrán?

—Claro que lo harán, saben lo que significa perder esta parte de la península. No solo perderán tierra y estas bastos campos de trigo, además de la ruta comercial y un puerto estratégico. Seremos capaces de desembarcar de forma segura cuando queramos y traer soldados y carrozas cuando nos plazca, perder este castillo significa perderlo todo.

—Si es tan importante no dudarán enviar un batallón entero.

—Es lo que temo. Pero si vencemos a Aeduuard, tomaremos las defensas para nosotros y resistiremos cualquier asedio.

—Piensas en tantos escenarios al mismo tiempo. Con razón mi hermano te entregó a ti el título de Emir por sobre Zaid, quien era el mayor.

—Mi hermano solo sabe de vinos y de mujeres, no sabe sobre reconquistar el mundo que Emiral dejó para nosotros. Creo que ni siquiera se molestó cuando perdió ante mí.

—Quería hablar contigo sobre aquel tema que nos ocupa.

—¿Será el momento para ello?

—Perdóname, pero participaré en la batalla y lucharé con todas mis fuerzas y moriré si es necesario por ti y por Emiral, por eso mismo, el destino de mi prole me interesa aún más, ¿piensas tomar por esposa a tu prima, mi hija mayor, Aminah?

—Aminah... ¿Sigue tan animada como cuando éramos niños?

—Y tan hermosa como entonces.

—No la veo desde que teníamos doce años... Ahora que lo mencionas, cuando pienso en ella no puedo evitar sonreír.

—Eso me llena de alegría.

—Si sobrevivimos a esto, si ganamos esta batalla, juro por mi vida que tomaré como esposa a mi prima. Es más, lo haré aún si tenemos que escapar con el rabo entre las patas, aunque no sé si mi prima aceptará a un cobarde...

—Ella te ama, piensa en ti todos los días, te aceptará y te hará feliz.

—Procuremos vencer... Tío...

—¿Dime?

—¿Seré un buen sultán?

—El mejor de todos...

—Dile a Rahim que también descanse cuando lo encuentres, hazlo tú de igual manera.

—Tu magia de viento es lo que nos dará la victoria, es más importante que descanses tú por sobre cualquier otro.

—¿Me harías un favor?

—Por supuesto.

—Si le escribo una carta de forma directa a Aminah podría ser demasiado para ella, ¿podrías enviarle la noticia por mí? quiero verla de inmediato.

—Querrá venir de inmediato, habiendo ganado o perdido, puedo apostarlo. Enviaré una carta en este momento, con tu permiso...



III



—Príncipe, han izado una bandera celeste, es una señal de cese de hostilidades.

—Temía que intentaran atacar a los que huían, pero veo que no harán nada mientras tengamos no combatientes entre nosotros, el Emir es más noble de lo que pensé.

—¿Podemos confiar en ellos? Si deciden atacar estaremos acabados.

—Han usado un sistema internacional de señales, incumplirlo será tomado como un crimen de guerra y se enfrentarían a la ira de todo el continente, desde los reinos galos, los prusios, los eslavos y hasta los herméticos reinos soviéticos no perdonarían tan cobarde acto, el Emir no estaría dispuesto a ser enemigo de todos los reinos que, según sus ambiciones, será vecino.

—Entiendo, sería contraproducente... No, sería su fin a la larga.

—Exacto.

—Teniendo eso en cuenta, aprovecharemos la ocasión, ordena la retirada inmediata de todas las personas en que no participaran en el combate, el castillo de la península debe quedar vacío a excepción de los soldados.

—Como ordene.


—Tienes una mente que siempre va un paso adelante.

—Debo hacerlo, Heloise, solo así saldremos victoriosos.

—Las defensas están siendo montadas, Percival hace un trabajo excelente.

—Hace frío, procura que todos lleven abrigos y mantas extra.

—¿Sabes dónde está Melisende?

—Puedo ir a por ella.

—Ve, necesito hablar con ella.



IV


—¿Príncipe?

—Melisende, ¿estabas ocupada?

—Me preparaba, había pensado en unas runas nuevas para agilizar el proceso de combustión y que las llamas no se apaguen.

—Eso suena peligroso.

—¿Ha escuchado del Fuego Griego? Es una idea similar.

—El fuego que no se apaga ni estando sumergido en el mar, hay historias sobre ello, ¿será posible?

—Creo que los griegos usaron magia para lograrlo, o al menos alquimia de alto nivel.

—Todos los hechiceros son iguales...

—¿Se está burlando de mí?

—Para nada.

—Su risa dice lo contrario.

—Mi madre era una hechicera sorprendente, era usuaria de magia de nieve, cuando se ponía a hablar de sus historias nada podía detenerla.

—He escuchado sobre ella, dicen que podía crear carámbanos del tamaño de un castillo con tan solo alzar su mano.

—Era única...

—Dígame, Príncipe, ¿que es lo que desea?

—Quiero que luches uno a uno con el héroe del Emir.

—¿Un duelo?

—Si, es la mejor manera de definir esto sin perder muchas vidas, ¿viste la bandera celeste?

—Los soldados me explicaron que es una señal de cese de las hostilidades.

—El Emir es una persona sensata, estoy seguro de que lo aceptará, pero antes, debo pedirte un favor, ¿me escucharás?

—Soy toda oídos...


V


—Rahim, ¿alguna novedad?

—Creo que tomaron a bien la bandera, hay mucho movimiento y han llevado los caballos a la parte de atrás del castillo. Los aldeanos abandonarán el campo de batalla.

—Sabe que no atacaremos a los que huyen porque sería un crimen de guerra, es cierto lo que dicen sobre él, siempre va un paso adelante.

—¿Atacaremos al salir el sol?

—Así es, pero quiero que hagas algo por mí.

—Tus palabras son órdenes.

—No creo equivocarme al suponer que ya habrá elegido a alguien para esto.

—¿A qué refieres?

—Un duelo, uno a uno, su héroe contra el nuestro, o sea, tú.

—¿Yo, Emir?

—Deberás enfrentarte a su héroe para decidir esta batalla, no quiero un derramamiento de sangre innecesario y estoy seguro de que el Príncipe tampoco.

—Ya veo... Acepto la misión que me encomienda.

—Gracias, sé que puedo confiar en ti.

—Pero, ahora me genera esto una inquietud. Los refuerzos vienen desde la capital, ¿acaso no atacarán sin importar el resultado de esta batalla?

—De ser así, si ganas, recurriremos al primer plan y usaremos las defensas el castillo para aguantar el asedio, si pierdes, nos consideraremos derrotados y escaparemos al desierto. Pero, sé que el príncipe no dejaría humillarse de esa manera, si ganas él mismo convencerá a los refuerzos que regresen a la capital.

—Entonces, todo recae en mis hombros...

—No pongas esa cara, no he terminado de contarte todo lo que he pensado.

—Soy todo oídos, Emir.


VI


—Soy el tío del Emir, Shafiq, su emisario.

—Soy la hermana del príncipe Aeduuard, Heloise. También soy su emisaria, ¿no vino el Emir? quería conocerlo.

—Al saber que vendría usted decidí tomar su lugar. Imagino que optaron por un duelo singular, ¿no es así?

—Está usted en lo correcto, los héroe de cada reino lucharán aquí, comenzarán con el primer rayo de luz al amanecer.

—Al parecer nuestros señores piensan igual.

—Eso veo... ¿no existe la posibilidad que solo se vayan de regreso a su reino y evitar todo esto?

—No lo creo, le pregunto lo mismo...

—No es posible.

—Entonces estamos de acuerdo en todo, menos en rendirnos. El duelo será justo, nadie intervendrá sin importar el resultado.

—Es lo mínimo que espero.

—Con su permiso...

—Gracias, caballero Shafiq...


VII


—Mi nombre es Melisende, seré el referí de este duelo.

—Mi nombre es Rahim, seré el referí en este duelo que enfrenta a el príncipe Aeduuard contra el Emir Yasir Ibraheem en duelo singular. Lucharán usando todas sus habilidades físicas y mágicas, exceptuando magia ilusoria y venenos.

—El héroe del reino, el príncipe Aeduuard, al frente.

—El héroe de Emiral, Yasir Ibraheem, al frente.


—Príncipe...

—Emir, un saludo.

—Al parecer llegamos a la misma conclusión.

—Eso veo...

—Como representante del Emiral, garantizo cumplir con las condiciones de este duelo.

—Rendición total ante la derrota.

—Exactamente, ¿comenzamos?

—Con el primer rayo del amanecer...


—El sol se acerca, como referí decreto este duelo... ¡iniciado!


—¡Rüzgar!

—¿Magia de viento desde el inicio, Emir?

—Lo siento, pero no pienso perder tiempo, te felicito por esquivar eso.

—Esquivaba cosas peores cuando entrenaba con mi madre... ¡Luz de centella!


—¿Qué es eso?

—Melisande, pensé que no vendrías, es magia de luz, es una especie de familiar que ayuda con cobertura divina al usuario, lo hará inmune a los ataques por unos segundos.


—Magia de luz, ¿eh?

—Espero que tengas algo contra esto...

—Andando príncipe, esto se pone interesante...



VIII


—Entonces, ¿por dónde comenzamos?

—No sé que decir, las cosas sucedieron demasiado rápido.

—El castillo quedó demolido, el campamento del Emiral fue reducido, la península quedó destrozada... vamos, hasta el muelle fue reducido a escombros.

—El príncipe Aeduuard y el Emir se pusieron un poco emocionados al combatir.

—¿Un poco?

—De acuerdo, se emocionaron mucho. La batalla comenzó al amanecer y terminó a un ritmo frenético hasta luego del medio día. Incluso pude ir a almorzar con el emisario del Emir, Shafiq.

—Heloise, las cosas que cuentas no tienen sentido.

—Rey Norbert, señor de Prusia, lo que cuento es totalmente verídico.

—¿Y cuál fue el resultado de todo aquello? Muchas vidas se perdieron en ambos lados, había odio legítimo en ambos lados, ¿como fue que firmaron la paz así como si nada?

—No fue así por así como parece. Durante la batalla, mi hermano y el Emir no sólo cruzaron sus espadas, sino que intercambiaron ideas. No fue un duelo a muerte, sino más bien un tratado de paz forjado en la batalla. Mi hermano llegó a aquella conclusión luego de ver la bandera celeste ser izada. Fue entonces que de percató que la tierra llena de sangre no sirve de nada y que luchar por algo así no valía la pena.

—Empiezo a entender... cuéntame eso del reinado compartido.

—La península ahora es una zona con un gobierno compartido, Melisende y Rahim controlan por partes iguales esas tierras, beneficiando a ambos reinos. De hecho, he escuchado que se casarán en breve.

—Magnífico... Dos jóvenes solucionaron un conflicto que llevaba siglos. El príncipe Aeduuard, ¿no pudo venir?

—Está de camino a la boda del Emir con su prometida Aminah.

—Las cosas brillan para bien, estoy seguro de que sus padres deben estar orgullosos.

—Me alegra escuchar eso.

—¿Qué harás ahora, princesa Heloise?

—Voy a los reinos Galos, mi hermano tiene interés en una idea que se le ocurrió, creo que la llamó Europa...



9 de Junio de 2019 a las 02:56 1 Reporte Insertar 3
Fin

Conoce al autor

Baltazar Ruiz ¡Hola! Soy Baltazar y este es mi espacio, acá encontrarán desde terror hasta ciencia ficción. Trato de dar lo mejor de mí en mis historia y me gusta ayudar a los demás, si puedo servirte en algo lo haré gustoso.

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K.H Baker K.H Baker
Increíble... Consigues que la fantasía comience a gustarme más ^^
9 de Junio de 2019 a las 00:51
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