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tripzero Giancarlo Tripi

Un gran asteroide golpeó la tierra dejando a la humanidad al borde de la extinción. Una invasión comienza. ¿Podrán sobrevivir?


Ciencia ficción Sólo para mayores de 21 (adultos). © Todos los derechos reservados.

#accion #cienciaficcion #postapocaliptico
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CAPÍTULO 1: INVASIÓN

— "¿Por qué tengo frío?, ¿acaso no es verano...?", pensó Zeke, un hombre de cuarenta y cinco años, de tez morena, quien tenía unos ojos marrones, de cuerpo atlético, barba y unos largos dreadlocks negros. Él estaba flotando horizontalmente en el inmenso universo y abrió los ojos lentamente.

— "¿Qué es eso?", se preguntó, luego de darse la vuelta.

Debajo de él había una especie de portal en el que su cuerpo poco a poco iba entrando hasta que desapareció por completo. Se despertó agitado por la pesadilla, se cogió la cabeza y luego se sentó en el borde de la cama mirando hacia la puerta del cuarto de al frente.

— "¡Sophi!", gritó, mientras prendía su lámpara.

— "¿Todo bien amor?", respondió Sophi, una mujer de cuarenta años, de tez blanca, con unos hermosos ojos marrones. Su cabello era castaño, largo y ondeado, ella tenía un cuerpo delgado, y un punto pequeño de color naranja arriba de cada ceja; quien estaba en la entrada del otro cuarto.

— "Nada, sólo una pesadilla", respondió Zeke mirando fijamente a Sophi.

— "Eso no es novedad, acuesto a los niños y voy contigo".

Los minutos pasaban mientras que Zeke observaba el cielo estrellado desde el balcón de su cabaña. Unos árboles altos la rodeaban y un pequeño camino atravesaba el gran bosque. El silencio de la noche era tan perfecto que se podía percibir el sonido de los autos de la ciudad, que se encontraba a unos kilómetros de distancia. De pronto un sonido parecido al de un motor de avión se escuchaba cada vez más cerca.

— "No puedo creerlo ...", dijo Zeke mientras veía lo que parecía ser una nave espacial que avanzaba con dirección a la ciudad, muy por atrás del bosque.

Llegó Sophi al balcón, miró la nave antes de que se perdiera de vista por la altura de los árboles y le dijo:

— "Alistaré a los niños y…".

— "No, ustedes se quedan aquí, éste es el mejor lugar para que estén a salvo. Esa nave ni si quiera se percató que hay una cabaña aquí.", respondió Zeke mirándola a los ojos, quien luego se fue a su cuarto.

Sophi lo siguió y al llegar al cuarto se da cuenta que Zeke se estaba cambiando de ropa.

— "En la cabaña hay comida y agua potable para 6 meses por si no regre...", dijo Zeke quien fue interrumpido por Sophi diciendo:

— "Volverás pronto eso lo sé y yo estaré bien, cuidaré a los niños".

Zeke abrió una gaveta y dijo:

— "Toma este comunicador para que estemos constantemente comunicados y la llave de la camioneta vieja de mi padre que está en el garaje de la casa… Te amo.", terminó mostrando una cara de preocupación.

— "Estaremos bien, no te preocupes, te amo tamb...", decía Sophi con una sonrisa, siendo interrumpida por los labios de su esposo.

Zeke se puso su sudadera negra con capucha mientras bajaba las escaleras con dirección a la camioneta. Sophi lo miró y ambos sonrieron. Encendió la camioneta y empezó a manejar saliendo del bosque. Mientras manejaba por el camino que lo atravesaba, recordó haber conducido el día anterior hacia la cabaña, donde dejó a su esposa Sophi y a sus hijos, Jake y Selena. Antes de salir del bosque y tomar la carretera había un gran lago, lleno de peces y a donde llegaban aves a beber, el lugar favorito de Zeke quien recuerda haber pescado el día anterior con su familia. Estos recuerdos hicieron que su pie pisara el acelerador por la preocupación de dejar a su familia ante una amenaza desconocida. Al llegar a la salida del bosque entró a la carretera y frenó en seco, ya que casi salió volando por el barranco. Bajó la cabeza y dijo:

— "Ellos estarán bien. Ella es fuerte".

Zeke levantó su cabeza y empezó a manejar por la carretera. Mientras bordeaba una especie de montaña empezó a ver la ciudad que estaba rodeada de árboles. Las casas eran todas iguales, tenían un color blanco, de dos pisos, totalmente pegadas y con techos cuadrados. Muy al fondo se podía ver la central de NUEVA TERRA, una estructura, muy parecida a las antiguas catedrales francesas, la cual tenía a un lado un gran invernadero y al otro un galpón. Aún más atrás se podía divisar una pista de aterrizaje. En el cielo, suspendida en el aire, justo por encima de la gran pista había una nave gigante de la cual salían y entraban unas naves pequeñas. Zeke quedó totalmente estupefacto. Sacó el comunicador, cambió la frecuencia y dijo:

— "Código 0812, Sargento Lincer, cambio".

No hubo respuesta alguna.

— "Código 0812, Sargento Lincer, cambio".

Nadie contestó el mensaje.

— "Pensé que era sólo una nave de ataque como la de hace años, pero es toda una invasión...". dijo Zeke muy preocupado.

Las naves que estaban cerca de la carretera comenzaron a retirarse hacia la nave nodriza, un hecho que hizo pensar a Zeke que estaba llegando tarde. Finalmente logró entrar a la ciudad y mientras avanzaba entre las calles se percató que no había ni una sola persona, tampoco sangre ni rastros de disparos. Zeke no entendía absolutamente nada de lo que estaba pasando.

— "Demasiado real para ser un sueño", dijo un poco tenso mientras pasaba saliva.

El sol empezó a mostrar sus rayos y Zeke aún no llegaba a la central. Las puertas abiertas de las innumerables casas vacías, hacían que la preocupación de Zeke aumentara. Intentó hablarle a Sophi a través del comunicador acerca de que no había visto a nadie hasta el momento, pero no obtuvo respuesta alguna.

— "Vamos… contesta...", dijo Zeke que golpeaba el timón de la camioneta.

En la esquina estaba el cuartel de la GPH. Debajo del mismo, había un gran búnker, capaz de albergar a una gran cantidad de personas. Zeke se estacionó en la esquina y al bajar, vio una de las naves estacionada a la vuelta. Frente a él se encontraba un almacén de metales y diamantes para fines científicos. Sorprendido porque la puerta estaba abierta, dio unos pasos adelante para entrar.

— "Estuvo cerca…", dijo mientras esquivaba un rayo láser de color blanco que le rosó el pecho y atravesó la ventana de atrás de la camioneta.

— "Sal de ahí", dijo Zeke.

Salió por la puerta del almacén una especie de robot, el cual tenía un tipo de casco con un pequeño vidrio en forma circular y cuerpo esférico con cuatro extremidades flexibles. Todo el robot parecía estar hecho de acero, tenía una altura aproximada de 1.85 metros. Empuñaba lo que parecía ser una vara o lanza metálica que tenía una especie de hoja afilada en forma de hacha y en su punta un diamante de tamaño regular, el cual estaba unido a ella. Zeke metió su mano por la ventana rota y sacó una funda negra, cuya forma tenía un parecido a la de una katana. Separó el mango de la funda dejando ver la espada que estaba hecha de diamante y en su mango tenía un trenzado de color negro.

— "Te metiste con la persona equivocada chatarra", pensó Zeke un poco preocupado.

— "¿Dónde están todos?, dime y acabaré contigo rápid...", decía mientras se volteaba hacia el robot. Éste último, se movió tan rápido que Zeke no tuvo tiempo de esquivar el golpe y sólo pudo agarrar su puño antes de que llegara a su rostro, sin embargo, estampó a Zeke contra la camioneta haciendo que la espada saliera volando y hundiendo la puerta del piloto. El robot se alejaba mientras Zeke se apoyaba con una rodilla en el suelo riéndose. Se puso de pie y tomó impulso para poder darle un puñete en el casco, pero el robot contraatacó con su lanza tratando de golpearlo con movimientos rápidos y fuertes.

— "Sabes pelear hojalata", dijo Zeke mientras esquivaba sus golpes con facilidad.

El robot golpeó su lanza contra el suelo y Zeke vio la oportunidad para hacerse a un lado y le lanzó una patada a sus piernas, lo que hizo que cayera al suelo. Aprovechó la ventaja y se tiró encima de él para rematar con puñetes hasta rajar el vidrio del visor del casco. Luego se puso de pie mirándolo y le dijo:

— "¿Dónde están los demás?".

El robot no dijo ni una sola palabra, lo que hizo que Zeke molestara.

— "¡¿DÓNDE ESTÁN LOS DEMÁS CHATARRA?!".

Zeke se acercó al robot y empezó a desprender los trozos de vidrio de su casco para poder ver que son en realidad y así saber más de ellos, como sus puntos débiles o su estructura y composición.

— "No lo hagas por favor... no quiero morir... la armadura explotará y.…".

— "Pueden hablar nuestra lengua…", pensó Zeke.

— "¡CÁLLATE!", respondió Zeke gritando.

Logró meter su mano a través del visor para poder jalar el casco y desprenderlo de la armadura. El dolor que sentía Zeke al incrustarse los pequeños pedazos de vidrio del marco del visor se reflejaba en su rostro, pero su fuerza descomunal hizo que el dolor no durara mucho. Tiró el casco y su rostro enfurecido cambio rápidamente a uno completamente confundido.

— "Tarozet… aluk gikmuí (Imposible… un humano)", dijo el ser que estaba debajo del casco. Tenía el doble de tamaño de una medusa y físicamente similar a una, de color plomizo, su piel era dura y seca. Un gran ojo completamente negro que lo miraba directamente y una boca pequeña la cual guardaba muchos diminutos dientes afilados.

En seguida, empezó a emitir un sonido agudo, muy parecido a un grito de desesperación. Aquel sonido ensordeció a Zeke quien se agarró uno de los oídos con la mano izquierda mientras la otra intentaba quitar al ser que estaba dentro de la armadura. Se percató que tenía como cuatro tentáculos los cuales no se desprendían de la armadura y parecían manejar sus extremidades. Zeke estiró su elástico cuerpo, pero el líquido azul que salía de sus heridas por los cortes de los pedazos de vidrio, no ayudó a que pudiera sostenerlo y se resbaló de su mano haciendo que se tirara para atrás, éste se voltea para poder salir corriendo y poder estar lejos de la explosión, pero ya era tarde. La armadura explotó y esto hizo explotar la camioneta, la onda expansiva sacó volando a Zeke, quien se quedó inconsciente en la mitad de la pista.

Pasaron horas para que Zeke despertara, quien estaba adolorido a raíz de lo sucedido.

— "Que mal…", decía Zeke quien miraba su camioneta en llamas.

Se puso de pie, se acercó a la camioneta, recogió su espada, la metió en su funda y se la sujetó en su cintura. Entró por la puerta del almacén y se veía un pasillo largo con muchas puertas cerradas. Zeke siguió caminando de frente hasta que llegó a una puerta con un panel de control donde había un escáner de retina. Puso su ojo en el escáner y la puerta se abrió. Detrás de la puerta estaba la armería, la cual no tenía un gran stock de armas, ya que se habían dejado de producir muchos años atrás a raíz de su ineficacia contra la anterior invasión. Zeke se dio cuenta que todas las armas estaban, no faltaba ninguna, también estaban todas las granadas, cascos y prismáticos. Había espacios vacíos, los cuales se utilizaban para almacenar las espadas antes de ser entregadas a sus dueños. Zeke observaba los cinco agujeros y recordó haber estado arrodillado ante Sophi quien en su recuerdo vestía una camiseta negra, un pantalón de color negro y botines del mismo color. Ella lo apuntaba con una espada de diamante y le decía:

— "Para graduarte, deberás pelear conmigo soldado Lincer. No ganarás, pero si vales la pena, podrás ser miembro de la GPH".

Zeke se puso de pie y Sophi volteó la espada de diamante, la cual no tenía ningún trenzado.

— "Buena suerte, General", respondió Zeke mientras cogía la empuñadura de la espada mostrando una pequeña sonrisa mirándola y se preguntó:

— "¿Cómo estarán?, ¿Seguirán vivos?".

El recuerdo se esfumó y cogió un maletín de color negro donde guardó una pistola, un rifle de largo alcance con mira de francotirador y las únicas cuatro granadas. Salió de la armería por la otra puerta, la cual conducía a la recepción, donde tampoco había nadie. Abrió la puerta de su oficina esperando ver el panel de comando para así poder saber si abrieron la puerta del búnker.

— "Está cerrado", dijo Zeke mientras se acerca a su escritorio.

Zeke abrió uno de los cajones de dónde sacó una cajetilla de cigarrillos y un encendedor.

— "Si el panel no fue abierto, eso significa que no hay nadie en el búnker", dijo mientras prendía un cigarrillo.

Zeke salió del cuartel y se quedó observando y analizando la nave que estaba estacionada en la pista, la cual tenía un armazón de metal parecido al acero en forma de rombo. Tenía en la parte de adelante un tipo de vidrio con la misma forma que parecía ser una especie de parabrisas. A la mano derecha tenía algo parecido a un arma de rayo láser con un diamante en la punta. Tenía cuatro alas con tres pequeños propulsores detrás de cada una. Una puerta trasera por donde se ingresaba a la nave. Finalmente, dos barras de metal, en forma de cilindro, unidas a la estructura que servían para sostener la nave, muy parecidas a las que utilizaban los helicópteros.

— "Aquí solo caben cuatro o cinco de ellos… ¿Cómo hicieron para llevarse a todos?", dijo Zeke mientras apagaba su cigarrillo en la nave.

Zeke empezó a caminar con dirección a la central de NUEVA TERRA. Sabía que su cuerpo aún estaba adolorido como para mantener una batalla y moverse en carro por la ciudad lo haría un blanco más visible. Eran las cuatro de la tarde, había caminado unos cuantos kilómetros sin aún poder ver a una sola persona. El sol se iba ocultando por el horizonte mientras Zeke caminaba, pero un grito que venía desde la vuelta de la esquina lo hizo correr y cuando dobló hacia la izquierda vio a un hombre con vestimenta de doctor que estaba corriendo con dirección a la Gran Clínica asustado porque un alienígena lo estaba persiguiendo.

— "¿A dónde crees que vas basura inferior?.", dijo el alienígena mirando al doctor.

— "¿Me puedo unir a la fiesta?", respondía Zeke acercándose a él mientras disparaba su pistola, cuyas balas hacían un daño mínimo a su armadura.

— "Ja ja ja. Tu armamento es inútil contra mi armadura. Los Anellidans hemos estudiado sus defen...", dijo el robot mientras volteaba a mirarlo, pero Zeke no lo dejó terminar de hablar y le preguntó mientras dejaba el maletín de la armería en el suelo:

— "¿Ustedes mandaron el dron desde Kepler - 22B?".

— "¡QUÉ TE IMPORTA HUMANO INSIGNIFICA...!”, gritaba el Anellidan, quien recibió una patada de Zeke en la parte media de su esférico cuerpo. La patada fue tan fuerte que lo tiró al piso y hundió la armadura, salieron unas chispas y el Anellidan gritó:

— "¡MALDITA ESCORIA, DAÑASTE LA ARMADURA!".

El Anellidan al darse cuenta que no podía ponerse de pie, apuntó su lanza al doctor y disparó un rayo láser destruyendo la mitad de su pierna izquierda. El doctor gritaba intensamente por el dolor que sentía. Al ver tal desgracia, Zeke corrió hacia el Anellidan, desenvainó su espada y tan pronto como atravesó el vidrio del visor empezó ese grito ensordecedor. Zeke corrió logrando escapar de la explosión y cubrió el cuerpo del doctor. Lo cargó hasta la puerta de la Gran Clínica en la cual se encontraba el doctor del cuartel quien tenía una camilla preparada para su colega.

— "Ponlo en la camilla, gracias Zeke. Deberías hacer ver tus heridas también", dijo el doctor del cuartel, un hombre de 67 años de piel clara y cabello canoso.

— "Eso no es prioridad ahora Dr. Quatrini. ¿Por qué no hay nadie del GPH peleando?", preguntó Zeke.

— "No he visto ni he hablado con nadie del cuartel. Ésta semana me tocó trabajar aquí y las comunicaciones se cortaron desde ayer en la noche", respondió el doctor.

— "Por eso no pude comunicarme con Sophi", pensó Zeke.

Una enfermera se acercó al Dr. Quatrini y le dijo:

— "Lo necesitamos en la sala de emergencias. Llegó la Sra. Solí con su guardaespaldas".

— "Me necesitan hijo, nos vemos luego", le dijo el doctor a Zeke.

— "Ashelen y Vito están aquí. Ellos deben saber algo más", pensó Zeke.

25 de Mayo de 2019 a las 02:17 0 Reporte Insertar 2
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