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carlenbooks Carlen Rodriguez

Paula Muñoz es una chica risueña, soñadora, responsable y un poco torpe que es despedida en la estación de radio luego de haber estado allí por casi dos años. Con los ánimos un tanto caídos pero sin perder la esperanza de conseguir un nuevo trabajo, esta chica será sorprendida por un golpe de suerte que le dará lo que más ha deseado. Una segunda oportunidad que pondrá a prueba su paciencia, coraje y sobre todo su corazón. Convertirse en la niñera de la familia Vélez no será una tarea fácil y mucho menos si su jefe es uno de los más codiciados de la ciudad. ¿Podrá resistirse a los encantos de su jefe? O ¿Pasará a ser una conquista más de la lista?


Romance Chick-lit Todo público.

#drama #niñera #amor #empleada #jefe
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Capítulo uno

—Dame una segunda oportunidad—Le rogaba a Erick teniendo las manos juntas como si fuera a rezar además de hacer puchero con los labios y los ojos cristalizados. El insensible de mi jefe, bueno… Ex jefe ahora, continúa arrastrando sus pies velozmente por el pasillo que hay antes de entrar a la cabina, me detengo al mirar que su movimiento se para y el voltea a verme con una sonrisa forzada en su rostro.

—Lo siento Paula. Pero ya tomé mi decisión—Sin agregar más a la conversación, Erick se da vuelta y dejándome con la palabra en la boca, entra a la habitación donde ocurre la <<Magia>>. Con el estomago revuelto, mi corazón destrozado y a punto de romper a llorar, visualizo por última vez mi “Segundo hogar” en el cual trabaje por casi dos años.

Durante unos segundos me quedo estática, admirando unas de las tantas fotografías que están colgadas a la pared siendo esa mi favorita y a un lado se encuentra un reconocimiento. Sale casi todo el equipo de trabajo con sonrisas enormes dibujadas en sus rostros y posando como ganadores.

Ahí estaba yo, esbozando una sonrisa gigantesca y con una camisa color azul que fue manchada minutos con refresco minutos después de haber recibido el premio a mejor programa de radio mañanera.

—Hola Paula—Al escuchar una voz dulce giro la cabeza hacia el lado izquierdo y me tropiezo con unos hermosos ojos redondos de color miel, nariz livianamente puntiaguda, labios caídos y resaltados con un labial de tono coral, cejas delgadas, un singular rostro ovalado, cabello corto a la altura de los hombros y castaño con unas cuantas canas.

—Hola Griselda—Saludo a una de mis compañeras, o mejor dicho, <<Ex compañera>> de trabajo. Le doy un fuerte abrazo y ella corresponde al gesto con gusto.

—Qué raro. No te escuche dar los buenos días al aire—Dice extrañada en cuanto se termina el abrazo. Bajo la mirada con desilusión para que no note mis ojos cristalizados por las lagrimas que quieren correr por mis mejillas—¿Qué ocurre? ¿Dije algo malo?

—Ya no trabajaré más aquí—Respondo con la voz quebrada. Griselda sorprendida, abre los ojos como platos y tapa su boca de inmediato con una mano—Esta será la última vez que nos veamos.

Un silencio se adueña del ambiente, Griselda tomas mis manos y las sostiene firmemente, me pide que la mire directo a los ojos y sin objeción alguna, obedezco sus órdenes.

—Eres una chica increíblemente talentosa, responsable, carismática, disciplinada y trabajadora—Hace una breve pausa para aproximar su mano a mi barbilla—Este no será tu último empleo, ya vendrá otro, también puedo asegurarte que será mucho mejor. Así que quita esa carita y sonríe, agradece la oportunidad que te dieron y las ventajas que esta te trajo.

Griselda tenía razón (como la mayoría de las veces), debo ser positiva y tratar de que la situación no me afecte. No será mi último trabajo y con la experiencia que tengo puede que sea fácil conseguir otro, solo es cuestión de ser optimista.

Me despido de Griselda con una sonrisa inmensa en mi cara y con un antojo de tomar café, salgo de la torre y seguidamente me dirijo hacia la cafetería del C.C.Líder que queda a pocas cuadras de donde me encuentro. Echo un vistazo al reloj que traigo puesto en la muñeca y me sobresalto al ver que faltan pocos minutos para que el turno de Fernando se acabe, por lo que trato de apresurar el paso lo más que puedo.

Al llegar al centro comercial subo las escaleras mecánicas hasta pisar el nivel de la feria, al principio no enfoco la cafetería sino después de haber viajado con la mirada a todas partes pareciendo desnortada. Justo al lado de una tienda de ropa para niños está (Coffee Explosion) Entro a la cafetería que posee un aspecto vintage con todos esos cuadros trípticos de estilo Pop Art, retro, vintage; las mesas al igual que sillas de pino están pintadas de colores vibrantes como rojo cereza, turquesa, amarillo mostaza, verde limón, violeta que contrastaban con el tono verde azulado de las paredes en las cuales en ciertos puntos tenían colgados teléfonos antiguos de los años setenta. La habitación era iluminada por lámparas de techo en forma de tarro de cristal que por algún extraño motivo me hipnotizaban cada vez que las volteo a ver, además de eso había jarrones vintage de estilo pastoral hecho de metal ce colores crema y rosa pastel que eran adornados con flores artificiales para darle vida a las mesas.

Me acerco paulatinamente a la barra en donde hay una variedad de dulces como: cupcakes de platano, nuez, vainilla; pasteles de chocolate, red velvet, naranja, bizcochos de maracuyá, café y canela; pie de limón, manzana, las clásicas polvorosas, quesillo y como no podían faltar, los inigualables golfeados.

Mi boca se hace agua al visualizar todas esas delicias y mi estomago aprovechando la ocasión comienza a rugir. <<No puedo gastar tanto, debo guardar dinero para las medicinas>>, pienso.

—¿Paula?— Una voz masculina revienta mi burbuja de pensamientos e interrumpe la atracción que estaba ocurriendo entre la comida y yo—¿Qué haces por estos lares?

Me recuesto de la barra y le regalo una sonrisa hermosa a mi mejor amigo quien sigue sorprendido al verme.

—¿No puedo venir a visitarte ahora?—Hago una contra pregunta y el apenado empieza a disculparse mediantes titubeos.

—Es que me parece raro que estés aquí. Sueles venir en quincena o en los últimos días del mes y que yo sepa es apenas cinco—Dice sumamente confiado, los papeles se han invertido porque ahora la que titubea soy yo.

—Bueno…Hummm…Me despidieron—Escupo con cierto dolor en mi tono de voz y sin fijarme en la expresión que debe tener en estos momentos me cubro la cara con ambas manos, aunque supongo que debe haberle impresionado la noticia.

—Wow…—Oigo emitir a Fernando con asombro, luego un resoplido sale de su boca y finalmente un tamborileo provocado por sus dedos me hace caer en cuenta de que no sabe que decir para levantarme los ánimos—¡Al diablo con ellos! Eres una gran persona y son unos idiotas por no valorar a una empleada tan exquisita como tú.

—¿Exquisita?—Cuestiono entre risas, retirando las manos de mi cara para mirar a mi mejor amigo.

—Es que estoy ampliando mi vocabulario…Ya sabes—Alzo una ceja mientras el carraspea e intenta cambiar de tema—En fin…¿Qué quieres?

A continuación le doy un vistazo al menú que está a espaldas de Fernando, en la pizarra negra están escritas a tizas los distintos tipos de cafés que van desde los calientes hasta los que son fríos. Trato de recordar el café que tomé la última vez pasada ya que no me gusta repetir, chasqueo los dedos y Fernando me mira intrigado.

—Dame un Frapuccino de Moca— Vocifera entusiasmada, Fernando asiente y se de media vuelta para ponerse manos a la obra.

Me siento en una de las sillas de la barra y enamorada de la canción que suena en los altavoces, comienzo a tararear Lego House de Ed Sheeran mientras espero a que mi mejor amigo aparezca con mi pedido, el castaño desapareció en cuanto cruzó una puerta de madera pintada de blanco.

Mi vista se direcciona hacia mi izquierda al percibir la presencia de alguien cerca, un joven de más o menos mi edad; alto, ojos cafés y unos delgados labios rojos me dedica una sonrisa tímida antes de dejar una taza vacía sobre un plato pequeño. Sonrío inconscientemente al ver que el chico ha salido del local, era muy apuesto.

—Aquí tienes—Anuncia Fernando al colocar encima de la barra un vaso de vidrio gigantesco lleno de café, azúcar, leche, cubos de hielo, jarabe de chocolate, crema batida y más chocolate—Que lo disfrutes.

Deleito mis paladares con una combinación de sabores increíbles que dan el resultado de perfección pura. Debo reconocer que esta ha sido mi peor y a la vez mejor mañana que he tenido.

—Creo que me casaré con esta bebida—Fernando carcajea al oír mi tonto comentario al mismo tiempo que recoge la acumulación de tasas y platos que hay en la barra.

—Tienes que contarme el motivo por el que te despidieron—Susurra Fernando al retirar el último plato que queda.

—Cuando estemos de camino a casa.

—Vale, vale.

Sigo disfrutando de mi bebida espiritual mientras que Fernando termina sus tareas para poder largarse. Al cabo de unos minutos, mi felicidad se acaba en cuanto veo el vaso sin una gota de café, solo tristes cubitos de hielo que poco a poco voy triturando con mis dientes.

—Vámonos— Exclama Fernando al arrebatarme el vaso de la mano, me toma del brazo y me conduce hasta la salida.

Al salir del centro comercial, caminamos unas cuantas cuadras abajo hasta llegar a la estación del metro. Bajamos las escaleras rápidamente y nos juntamos con las pocas personas que esperan a que el vagón abra sus puertas. Al entrar y permanecer cerca de la puerta, inicio mi trágica historia de cómo fui botada del trabajo injustamente.

—Espera—Exige el castaño al segundo en que finalizo de contar mis desgracias, el se rasca la nuca confundido y sin saber que decir al respecto—No entiendo.

—Había faltado muchos días—Digo con la mirada dirigida hacia mis pies, Fernando tarda unos segundos en hablar pero aun así escucho su respiración pesada.

—Tu abuela estaba enferma—Refunfuña mi amigo sin estar de acuerdo con la decisión que tomó Erick. Un silencio incomodo se adueña del lugar y al escuchar el nombre de la siguiente parada, Fernando y yo nos giramos, mirando la puerta que está a punto de abrirse—¿Qué harás ahora?

Al salir del vagón y ser despeinada por una ráfaga de aire originado por la partida del metro, me quedé resoplando al igual que arrastrando los pies con pesadez.

—Buscar trabajo, supongo—Fue lo único que se me ocurrió decir al momento. Fernando esbozo una sonrisa falsa en su rostro, sé que quiere decir algo más que pueda ayudarme pero no se le da muy bien dar palabras motivacionales.

Sin comentar más acerca del asunto, seguimos nuestro camino. Al transitar el Bulevar de Sabana Grande, siendo de mediodía, la gente sale y entra de las tiendas, otras sacan dinero de los cajeros automáticos, se dirigen simplemente a la plaza las Delicias, algunos toman fotografías de las diferentes esculturas que hay a lo largo del trayecto o se van a sus humildes hogares (como yo) para llorar y desahogarse con sus familiares.

Inmediatamente al concluir la caminata exhausta por gran parte de Sabana Grande, por fin me encuentro en el ascensor del edificio en el que resido. Fernando se queda en el quinto piso y yo sigo hasta el octavo, se abren las puertas del ascensor y salgo de este velozmente.

—¡Buenas!—Grito con alegría aunque solo esté fingiendo. Cierro la puerta detrás de mí y doy unos largos pasos en dirección a la cocina—Bendición abuela.

—Dios te bendiga—Contesta mi viejita en un tono melifluo que alcanza a sacarme una sonrisa de oreja a oreja—¿Cómo te fue hoy?

—Pues… Fu…Sí, bien—Tartamudeo. La abuela arquea una ceja y hace una mueca con sus labios sin estar convencida en lo que acabo de decir, ahí es cuando damos inicio al ciclo de preguntas que no quiero responder.

—¿Qué fue lo que paso?— Pregunta mientras le da vueltas a la sopa con un cucharon—¿Te trataron mal?

La idea de mentir se pasa por mi cabeza pero conozco muy bien a la abuela y sobre todo a mí que no soy muy buena engañando, así que dudo mucho que se trague cualquier historia que invente.

—Me despidieron—Confieso en voz baja pero lo suficientemente fuerte como para que mi abuela escuche, al principio no dice nada, solo me hace entrega de un plato hondo colmado de caldo de pollo el cual pongo sobre el comedor y justo al lado coloca mi abuela el suyo.

—No quiero que te sientas presionada por conseguir un nuevo empleo lo antes posible porque se lo que debes estar pensando “¿Cómo le podre comprar ahora las medicinas a la abuela?” “¿Cómo pagaré el alquiler del apartamento?”—Empieza a intervenir la abuela por primera vez—Tu madre nos ha mandado un poco de dinero como para sacarnos la pata del barro, como quien dice. No te sigas martillando la cabeza con pensamientos negativos, porque lo creas o no, si te lo quitaron es porque el universo está…

—En contra de mí—Interrumpo la abuela y seguidamente recibo un pisotón de su parte.

—No. Es porque te tiene preparado algo mejor.

No sé si lo han experimentado, pero en ese instante sentí una minúscula punzada en el corazón que me daba a entender que muy en el fondo en realidad confiaba en la palabra de la abuela aunque no lo quisiera reconocer y siguió siendo de ese modo hasta que ocurrió lo inesperado.

Lo conocí a él y pienso que eso era lo que me tenía preparado el universo.

23 de Mayo de 2019 a las 14:54 0 Reporte Insertar 0
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